Océano

Evalúan la calcificación de los arrecifes coralinos en el Pacífico mexicano

Registraron el impacto del cuarto evento masivo de blanqueamiento

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Por Stephannie Lozano

2 marzo, 2026 12:50 pm

Medición de talla del arrecife coralino. Fotos: cortesía del Dr. Rafael Cabral.

Cuando se habla de un arrecife de coral abundan las noticias de alerta: la degradación de este sistema submarino pone en peligro la salud del océano y todos los servicios ecosistémicos relacionados.

Por lo general, estas alertas recaen en los arrecifes del Caribe mexicano o de la Gran Barrera de Coral en Australia, ambos hogares de una inmensidad de especies. Sin embargo, en las aguas tropicales del Pacífico mexicano también hay arrecifes coralinos importantes. ¿En qué estado se encuentran estos y cómo se determina su salud?

Ante este panorama, un grupo de académicos y estudiantes del CICESE, la Universidad Autónoma de Baja California Sur, la Universidad de Guadalajara y la Universidad Autónoma Metropolitana, realizaron una evaluación de las funciones geo-ecológicas de los arrecifes coralinos del Pacífico mexicano para conocer su estado actual.

Este proyecto, que inició en 2020 y se extendió hasta el 2024, coincidió con el cuarto evento de blanqueamiento masivo que se ha registrado a nivel global, el cual ocurrió en 2023 y 2024. Aunque en un contexto desafortunado, el grupo de investigación tuvo la oportunidad de evaluar el impacto de esta catástrofe en los arrecifes de coral de La Paz, Baja California Sur, Huatulco, Oaxaca, y las Islas Marietas, Nayarit.

Foto 1: Matriz arrecifal rota por mortalidad
Foto 2: Arrecife coralino durante el blanqueamiento masivo.

¿Cómo se evalúa un arrecife de coral?

Además de ser el hogar de muchas especies marinas, los arrecifes de coral tienen diversas funciones ecológicas ancladas a su crecimiento, como la formación de playas, la protección contra huracanes y tormentas, así como un valor cultural y económico relevante.

El grupo de investigación se dedicó a adaptar la metodología Reef Budget para compilar una base de datos sobre el crecimiento y calcificación de corales en las tres áreas mencionadas, su complejidad estructural, aprovisionamiento de hábitat y el balance entre la producción de carbonato de calcio y la bioerosión.

Para conocer el estado de un arrecife de coral se consideran diversas variables, pero lo elemental es conocer cuánto carbonato de calcio produce para crecer y compararlo con los procesos de erosión del coral, informó el doctor Rafael Andrés Cabral Tena, investigador del Departamento de Ecología Marina del CICESE y líder del proyecto.

Compartió que la estimación del estado de estos arrecifes inició con una búsqueda literaria de los datos más actuales para tener un punto de referencia, y posteriormente se visitaron los arrecifes a través de varias sesiones de buceo.

El investigador describió que al sumergirse hicieron mediciones de tallas y conteos de las especies que habitan el arrecife, como algas, peces, erizos y corales. Hay especies que producen más carbonato de calcio que otras y también se tiene registrado cuánto erosiona cada especie de manera natural.

“Toda esa información la registramos y creamos un indicador, considerando los kilogramos de carbonato de calcio, por metro cuadrado, por año. Básicamente lo que buscamos fue conocer cómo era el estado de esas funciones geo-ecológicas en algunos arrecifes a través del balance de fuerzas de procesos que construyen un arrecife, es decir, cuánto material de carbonato de calcio está entrando al sistema y cuánto sale por la bioerosión”, compartió Cabral Tena.

En un arrecife las fuentes principales de la calcificación son los corales que, a través de su crecimiento, precipitan carbonato de calcio. A este le acompañan calcificadores secundarios que aportan material en menor proporción, como algas y algunos otros animales incrustados en el arrecife de coral y en las rocas.

En este sistema submarino las algas coralinas incrustrantes, de color rosa, son muy importantes porque se encargan de un proceso que se llama cementación, es decir, generan una especie de cemento que pega los esqueletos de carbonato de calcio en el arrecife. “Estos aspectos generan la matriz arrecifal, esa roca coralina que le da estructura a todo el sistema, es una roca caliza”, explicó el investigador.

En contraste, hay procesos que lo erosionan, algunos químicos (como la acidificación) o biológicos, provocados por organismos que en alguna parte de su ciclo de vida desgastan la matriz arrecifal. Estos pueden ser erizos, esponjas perforadoras, moluscos y peces que se alimentan de algas y raspan poco a poco el coral; además de los protozoarios que son considerados microperforadores.

Aclaró que los procesos de erosión no son malos, siempre y cuando exista un equilibrio. Por ejemplo, la erosión que provoca el pez loro, así como sus desechos orgánicos, son una parte del carbonato de calcio que crea la arena en las playas, contribuyen a su formación. Los sedimentos de la erosión también se quedan dentro del arrecife de coral.

El estado de los arrecifes del Pacífico mexicano

Lógicamente, en una evaluación como esta se espera que un arrecife coralino tenga todas estas funciones y que incremente su tamaño, es decir, que crezca tanto hacia arriba como hacia el frente (desde el punto de vista del arrecife).

Cabral Tena compartió que a la mayoría de los arrecifes les encontraron en buenas condiciones los primeros dos años del proyecto. Sin embargo, en 2023 se registró una onda de calor muy importante en todo el mundo, la cual generó el cuarto evento de blanqueamiento masivo que se ha registrado.

En esta catástrofe se combinaron varias cosas: el fenómeno de El Niño, la radiación de gases de efecto invernadero y una erupción volcánica ocurrida en el Hunga Tonga-Hunga Ha’apai que generó una masa de agua anómalamente caliente, la cual irradió hacia el Pacífico oriental. Esta masa de agua llegó a los mares mexicanos en julio de 2023 y generó un blanqueo masivo en los corales del Pacífico.

Los corales son animales, pero dentro de sus células tienen un alga, un dinoflagelado. Esta alga les permite hacer fotosíntesis para obtener nutrientes y la energía que requieren. Normalmente esta relación simbiótica está en equilibrio, pero cuando algo sucede en el ambiente y hay un desequilibrio, el coral se estresa y no puede sostener esa relación.

“Entonces se ve en la necesidad de expulsar esas algas que son la que le dan su color verde o café distintivo. Al soltar esas algas, se ve blanco: lo que vemos es el esqueleto de carbonato de calcio”, describió el investigador.

Agregó que si un evento que genera estrés térmico y lumínico dura demasiado tiempo, el coral no puede subsistir, es decir, si perdura 2 o 3 semanas, el coral muere. Esto pasó con la anomalía térmica de 2023.

En Oaxaca registraron un blanqueamiento cercano al 90 por ciento, donde la mortalidad llegó al 90 por ciento también. En Zihuatanejo se registró en 95 por ciento, y en las Islas Marietas también fue severo.

La excepción fue el golfo de California, en los arrecifes de Cabo Pulmo y La Paz, donde la ola de calor del agua coincidió con el huracán Norma, el cual alcanzó la categoría 4 en octubre de 2023. Esto provocó que toda esa masa de agua caliente que estaba encima de los arrecifes, se mezclara con nutrientes levantados por las mareas que provocó el huracán; salió agua fría del fondo y eso benefició a los corales. A largo plazo, se registró una mortalidad de aproximadamente 30 por ciento en los corales.

Entonces, al grupo de investigación le tocó presenciar este fenómeno a mitad del proyecto y les permitió evaluar cuál fue la magnitud en términos de los balances: observar, medir y analizar cómo estaban antes y después los arrecifes de coral.

“Quiero decir que esto es multifactorial: si tú tienes un ambiente contaminado, con constante estrés humano, mal manejo costero y sobrepesca, al momento de suceder un evento de este tipo, la posibilidad de que se degrade el arrecife sube muchísimo”, aclaró el investigador.

En cambio, si el arrecife está libre de todas estas fuentes de estrés local, su probabilidad de recuperación va a ser mucho más alta.

Actualmente, el equipo de investigación trabaja en un proyecto complementario, el cual consiste en un programa de restauración en el arrecife de Huatulco. El objetivo es continuar la evaluación, pero implementando viveros para crecer corales en áreas de menor estrés.

En este proyecto participaron investigadores, investigadores posdoctorales y técnicos del CICESE: Omar Valencia, Rafael Cabral y Esmeralda Morales; Rebeca Granja, Alma Rodríguez y Amilcar Levi, de la UdG; Andrés López, de la UAM; Lorenzo Alvarez, de la UNAM y Chris T. Perry, de la Universidad de Exeter.

Además, se contó con la valiosa participación de los estudiantes Sandra Pareja, Christian Martínez, Lucero Luna, Jazmin Cosain, Iskra Galarza, Evelyn López, Luis Montalvo, Adahara Muñoz, Claudia Navarrete, Mariana Salazar, Jesús Rodríguez, Pablo Ortega, Alexa Rojo, Edson Smith y Tania González, del CICESE; Maria Fernanda Mendez y Alejandra Robles, de la UABCS; Sergio Guendulain, de la UAM; Francisco Medellín, de la UNAM, y Cassandra de Abla, de la UdG.

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