Naturaleza

Aparece el “fantasma de los humedales” en Punta Banda: rascón negro de California

Tras años de búsqueda, un equipo de investigación del CICESE obtuvo el primer registro visual y sonoro de la especie en México

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Por Jazmín Félix

5 noviembre, 2026

R. negro, cal
Rascón negro de California (Laterallus jamaicensis coturniculus) fotografiado en el Estero de Punta Banda el 27 de mayo de 2023. Foto: Hiram Moreno y Héctor Sánchez. Cámara: GoPro.

En el Estero de Punta Banda, entre la media luz y la vegetación del humedal, un ave de apenas unos centímetros se mueve veloz, emite un llamado. Hiram Rafael Moreno Higareda reconoce el sonido. Es lo que tanto ha esperado. Recién concluyó uno de los muchos monitoreos de su doctorado para ubicar a la especie; uno más de los intentos que por años ha realizado, y aquí está, llamándolos, el esquivo y escurridizo “fantasma de los humedales”.

Es el rascón negro de California (Laterallus jamaicensis coturniculus) y fue documentado en video por primera vez en México. El hallazgo fue fruto de un estudio realizado por investigadores del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), en colaboración con la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

“Nos llamó”, recuerda Hiram Moreno, como si el ave hubiera cedido a la insistencia científica de dejarse ver.

El encuentro ocurrió por primera vez en el Estero de Punta Banda, en 2023, casi un siglo después de un hallazgo en el Arroyo San Ramón, en el municipio de San Quintín, que ocurrió en 1925.

Estero de Punta Banda.

El estudio en torno a esta ave se basó en la reconstrucción de la presencia del rascón negro en Baja California a lo largo de 120 años, y en la revisión de los resultados de monitoreos realizados entre 2000 y 2025 en humedales del oeste del Estado y en el delta del río Colorado. El estudio encontró 35 registros documentados en Baja California, con un mínimo reportado de 56 rascones a lo largo de más de cien años.

Regiones de estudio del rascón negro de California en Baja California.

La investigación fue realizada por un equipo binacional integrado por Hiram Rafael Moreno Higareda, estudiante del posgrado en Ciencias de la Vida, y el doctor Horacio de la Cueva, investigador del Departamento de Biología de la Conservación, en colaboración con investigadores de la UABC, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de California y el Servicio Geológico de Estados Unidos; con la participación de Courtney J. Conway, Héctor Manuel Sánchez, Osvel Hinojosa, Enrique Zamora, Hans Sin, Gorgonio Ruiz Campos, Justyn T. Stahl y Eduardo Palacios.

Producto de esta colaboración fue publicado el artículo Black Rails in Baja California.

Hiram Moreno, próximo a obtener el doctorado en Ciencias de la Vida, se involucró con el rascón negro gracias a su trabajo de tesis, pero su búsqueda comenzó desde la infancia. Creció cerca de Punta Banda y llevaba años intentando hallar al ave. La había “cazado” desde sus años de licenciatura sin conseguir una fotografía ni una grabación que confirmara su presencia. Y lo consiguió, casi como algo accidentado.

Para dimensionar el hallazgo, el doctor Horacio de la Cueva recuerda que encontrarla se había convertido en una especie de reto entre quienes observan aves: “Era como la estrellita  inalcanzable de los pajareros”. 

El rascón negro es una de las especies más difíciles de encontrar e identificar. Es pequeño, rápido y se desplaza entre vegetación densa, donde puede pasar inadvertido incluso para observadores experimentados. Además, algunos registros históricos o de ciencia ciudadana pueden confundirse con los polluelos negros de otras especies de rascones.

Al revisar los registros de 120 años, el equipo encontró que el rascón no había sido documentado únicamente en los humedales. También aparecía en sitios interiores, como los arroyos San Telmo y San Ramón.

“Esto nos indica que el Rascón Negro tiene una ecología y un hábitat mucho más amplios del que se creía”, explicó Horacio de la Cueva.

Los registros aumentaron después del año 2000, pero los investigadores no interpretan ese incremento como evidencia de que la población haya aumentado. En ese periodo también mejoraron las técnicas de monitoreo, aumentó el número de biólogos que trabajan en campo, comenzaron a utilizarse protocolos estandarizados y crecieron las plataformas de ciencia ciudadana, por lo que el alza se debió más al incremento en herramientas y técnicas de búsqueda.

La diferencia entre un año y otro también muestra lo difícil que es medir su presencia. En 2022 no hubo detecciones durante los monitoreos, mientras que en 2023 se registraron varias aves.

Los investigadores aseguraron que esta variación puede deberse a factores como cambios en las condiciones del humedal, lluvia, inundación, disponibilidad de alimento, comportamiento reproductivo, movimientos locales de las aves o diferencias en los propios métodos de monitoreo. Una ausencia durante una visita, por sí sola, no demuestra que la especie haya desaparecido de un sitio. 

El rascón negro de California está catalogado como especie en peligro de extinción en México. Frecuenta humedales de agua dulce, con vegetación baja y alta alrededor de los cuerpos de agua para revelarse o refugiarse.

La presencia de esta especie devela la estabilidad del humedal, resaltó Horacio, en ambientes que han estado bajo distintas presiones. El trabajo con esta y otras aves permite construir una visión más amplia de lo que ocurre en esos hábitats, y por eso se ha planteado al rascón como una especie sombrilla, su protección impacta indirecta y positivamente a otras especies.

La conservación de estos ambientes depende de mantener suficiente superficie de hábitat, una dinámica adecuada entre el agua dulce y el agua de mar, evitar la contaminación, controlar las especies invasoras y reducir el disturbio humano.

Los humedales también amortiguan tormentas, pueden funcionar como sumideros de carbono y forman parte de las actividades económicas de las comunidades que viven alrededor de ellos, como la pesca, la acuacultura y el turismo. De ahí la importancia, señalaron los investigadores, de que quienes dependen de estos sitios participen también en su conocimiento y protección. 

Después del hallazgo en Punta Banda, la investigación continuará con monitoreo, y a futuro, se pretende estudiar los movimientos de las aves mediante dispositivos de seguimiento. También buscan conocer, a través de estudios genéticos, qué tan relacionadas están las poblaciones que pueden encontrarse en California y zonas de Ensenada y San Quintín.

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