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Diego Ruiz Aguilar: de la curiosidad por la naturaleza a la geofísica

La curiosidad por la naturaleza, el gusto por recorrer el campo y el interés por entender cómo funciona la Tierra trazaron el camino del investigador

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Por Jazmín Félix

21 agosto, 2026

El doctor Diego Ruiz, jefe del Departamento de Geofísica del CICESE.

Cuando Diego Ruiz Aguilar explica qué hace un geofísico, evita términos complicados y opta por un lenguaje sencillo. Lo describe como hacer una radiografía del subsuelo. Esa imagen resume una trayectoria dedicada a estudiar una ciencia que influye en fenómenos como los sismos, o recursos como minerales, agua y energía, aspectos esenciales para la prevención de desastres y la existencia humana.

Desde el Departamento de Geofísica Aplicada del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), donde actualmente es jefe de departamento, desarrolla proyectos que combinan trabajo de campo, análisis de datos, colaboración internacional y formación de estudiantes, con especialidad en métodos electromagnéticos.

Diego explicó que su interés por la ciencia  surgió antes de saber exactamente en qué consistía la investigación:

“Desde la primaria sabía que quería dedicarme a la ciencia, y aunque todavía no entendía muy bien qué hacía un investigador, sabía que quería ser científico”, recordó.

Oriundo de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, siempre fue un niño con curiosidad por las ciencias exactas y la naturaleza: impulsado por su padre, paseaba por el campo, subía cerros o recorría cuevas, cualquier actividad que acelerara el corazón o los sentidos. Fue esa combinación de gustos lo que definió su personalidad y carrera.

Su madre, quien es orientadora educativa, le aplicó un examen vocacional y entre los resultados aparecieron física, matemáticas, ingeniería geológica e ingeniería geofísica. Diego empezó a revisar planes de estudio en diversas universidades y tomó la decisión. 

“Lo que terminó de convencerme para estudiar geofísica fue que podría salir al campo, tomar datos y trabajar con ellos, lo que yo no quería era un trabajo tan rutinario”, compartió.

Diego Ruiz haciendo cañonismo en Tepoztlán, Morelos.

A los 17 años dejó Chiapas para mudarse a la Ciudad de México e ingresar a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante sus primeros años como universitario se sumó a un grupo de montañismo, lo que estimuló su gusto por el trabajo en el exterior.

El investigador detalló que durante la licenciatura descubrió que la geofísica puede aplicarse a problemas como la exploración de agua subterránea, recursos minerales, petróleo, geotermia, volcanes o sismología, pero en un principio fue el agua subterránea lo que captó su interés.

Desarrolló su tesis dentro de un proyecto de impacto social impulsado por la facultad para apoyar a comunidades con estudios técnicos. En Alfajayucan, Hidalgo, un equipo integrado por hidrogeólogos y geofísicos buscaba identificar sitios con potencial para perforar un pozo de abastecimiento. Años después encontró una noticia que informaba sobre el hallazgo de agua.

“Cuando vi que el pozo había funcionado gracias a los resultados del estudio entendí que nuestro trabajo realmente podía servir, fue muy satisfactorio ver que una investigación terminaba beneficiando directamente a una comunidad”, contó.

El doctor Diego compartió cómo fue que decidió enfocarse en un conjunto de técnicas geofísicas, como lo son los métodos electromagnéticos.

“Si te haces experto en el método, puedes aplicarlo a muchos problemas, puedes estudiar agua subterránea, geotermia, minería, sismos o deslizamientos, esa variedad fue definiendo más y más mi carrera”, contó.

Tras terminar la licenciatura, cursó la maestría en Geofísica, en la Universidad de Barcelona, España, donde se enfocó en el método magnetotelúrico y participó en un proyecto para caracterizar un diapiro salino en Burgos, España. Diego señaló que esa etapa la recuerda por la forma en que sus profesores concebían la formación de investigador:

“No te resolvían todo, te orientaban, te dejaban trabajar y una o varias semanas después regresaban para discutir lo que habías logrado. Esa forma de supervisar me enseñó mucho y hoy trabajo de manera similar con mis estudiantes.”

Después de la maestría decidió conocer la realidad profesional e ingresó a una empresa dedicada a la exploración geofísica para la industria minera. Durante año y medio participó en proyectos desarrollados entre México y Estados Unidos, principalmente en Chihuahua y Coahuila, mientras recibía capacitación en California y Nevada.

Esta experiencia le ayudó a saber que la investigación aplicada requiere de habilidades como la logística, la administración de recursos, la importación de equipos especializados y los tiempos de grupos multidisciplinarios de trabajo.

Posteriormente regresó al Instituto de Geofísica de la UNAM para integrarse como técnico en proyecto sobre recursos geotérmicos en la península de Baja California. Fue durante ese periodo cuando conoció la región y obtuvo los datos que más tarde utilizaría para desarrollar su doctorado.

En 2014 recibió una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán) para realizar estudios doctorales en la Universidad de Colonia, Alemania. Su investigación se enfocó en la integración de metodologías electromagnéticas para generar imágenes más precisas del subsuelo con aplicaciones en sistemas geotérmicos.

Además del trabajo académico, esa etapa también lo ayudó a consolidar una manera de comprender y ejercer la investigación desde la colaboración interdisciplinaria.

“La ciencia no se hace solo, tener buenas relaciones con colegas, hacer colaboraciones y estar abierto a nuevos proyectos ha sido una parte muy importante de mi carrera”.

Diego y equipo, terminando campaña de LOTEM (Long-Offset Transient Electromagnetics) en Schleiz, Alemania.

La investigación que Diego realiza en este centro ha contribuido a estudiar acuíferos, identificar zonas con potencial geotérmico, conocer mejor la estructura de volcanes activos y comprender el comportamiento de fallas geológicas en distintas regiones del país.

En 2024 participó en el desarrollo de Odisea Electromagnética, un videojuego educativo desarrollado junto con  otros colegas del CICESE y del Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes.

El videojuego recrea una campaña de exploración geofísica para que estudiantes aprendan, de forma interactiva, cómo se investiga el subsuelo y cómo estas herramientas ayudan a encontrar agua subterránea, complementando la experiencia del trabajo de campo.

El artículo sobre este desarrollo puede consultarse aquí.

Después de más de veinte años desde que dejó Chiapas para estudiar en la UNAM, Diego encuentra en la geofísica la combinación de aquello que capturó su atención desde niño: la ciencia, la naturaleza y el deseo de entender cómo funciona la tierra.

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