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Ciencia que cruza la frontera: la experiencia formativa entre CICESE y SDSU

Estudiantes de ambas instituciones comparten su experiencia en el curso de campo realizado en sitios de Baja California

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Por Karla Navarro

7 abril, 2026

Estudiantes de CICESE y SDSU visitaron Punta Mazo, Sierra de San Pedro Mártir y el Estero de Punta Banda. Fotografía: José Ángel Ortega

La colaboración académica entre el CICESE y la Universidad Estatal de San Diego (SDSU, por sus siglas en inglés) está generando resultados concretos en la formación de estudiantes de posgrado.

Además de los encuentros institucionales y las presentaciones formales, esta alianza ha permitido construir experiencias de aprendizaje en las que el trabajo en campo, el intercambio de conocimientos y la convivencia entre comunidades científicas de ambos lados de la frontera han cobrado un papel central.

Para el doctor Rodrigo Méndez Alonzo, investigador del Departamento de Biología de la Conservación del CICESE, uno de los principales aciertos de esta colaboración ha sido abrir espacios de interacción directa entre estudiantes y docentes de ambas instituciones.

En una región como la que comparten Baja California y San Diego, explicó, fortalecer estos vínculos resulta estratégico no solo por la cercanía geográfica, sino por la intensidad de los intercambios humanos, ambientales y académicos que ya existen entre ambos territorios.

Como parte de esta colaboración, estudiantes e investigadores de ambas instituciones participaron en noviembre de 2025 en un curso de campo en el que durante cinco días visitaron tres sitios de Baja California: Punta Mazo, Sierra de San Pedro Mártir y el Estero de Punta Banda.

En dichos sitios realizaron recorridos de observación, intercambio de conocimientos y ejercicios de registro colectivo sobre los ecosistemas visitados. La experiencia integró miradas diversas —desde la biología, la botánica y la geología hasta la observación de aves y otros componentes de la biodiversidad— y permitió que el territorio se convirtiera en un espacio compartido de aprendizaje.

Fotografía: José Ángel Ortega

La experiencia fue especialmente significativa para las y los estudiantes. Katia Chávez Elizalde, estudiante de la maestría en Ciencias de la Vida del CICESE, destacó el valor de aprender en campo junto a personas con trayectorias y temas de investigación distintos. “Había personas que eran de geología, vegetación, botánica, muchos que sabían de animales, de aves, especies marinas”, recordó.

Ese intercambio, señaló, enriqueció tanto la observación del entorno como la comprensión de una región cuyos ecosistemas comparten continuidades más allá de la división política. “Las fronteras son mentales porque los animales, las plantas, son iguales” en ambos lados, expresó.

Desde la perspectiva de SDSU, Karina Cerda, estudiante del doctorado en Biología Evolutiva, coincidió en que esta experiencia de campo superó lo estrictamente académico. Dijo que sus expectativas fueron “cumplidas y superadas” y valoró la posibilidad de aprender sobre humedales, sucesiones ecológicas e identificación de aves, así como de conocer de cerca procesos de formación científica en Baja California. Uno de los momentos que más recuerda fue una jornada de observación de aves junto con el resto del grupo, una actividad que, comentó, despertó en ella un nuevo interés.

Fotografía: José Ángel Ortega

Otro de los aportes de esta colaboración ha sido el componente bilingüe y multicultural. Karina señaló que la experiencia fortaleció su confianza para desenvolverse en español e inglés, mientras que Katia subrayó que convivir con colegas de San Diego ayudó a mirar con mayor cercanía una realidad científica que, a veces, puede percibirse como lejana por razones culturales o de idioma.

En esa interacción, el aprendizaje no se limitó a contenidos disciplinares: también incluyó habilidades de comunicación, apertura a otras formas de trabajo y construcción de redes entre estudiantes e investigadores.

Con las aportaciones de las y los estudiantes que participaron en el curso de campo, alumnas de SDSU elaboraron un mapa narrativo donde plasmaron sus experiencias, el cual está disponible para consulta pública en el sitio https://arcg.is/0GfiG8. 

Rodrigo Méndez señaló que, aunque el propósito inicial estaba centrado en el aprendizaje dentro de las ciencias biológicas, la experiencia rebasó esa meta y abrió posibilidades más amplias.

Además del fortalecimiento académico, observó una integración social importante entre las y los participantes, así como oportunidades para ampliar este tipo de ejercicios hacia otras áreas del conocimiento.

Fotografía: Emmanuel Ávila Cárdenas

Consideró que promover una interacción binacional y multidisciplinaria enriquece la formación de quienes participan y permite pensar la ciencia desde problemas y territorios compartidos.

La colaboración también empieza a traducirse en nuevas rutas de trabajo conjunto. De acuerdo con Rodrigo Méndez, ya surgieron propuestas de proyectos de investigación impulsados por participantes de ambas instituciones, con apoyos semilla para fortalecer trabajo previo, visitas recíprocas y futuras postulaciones a financiamiento mayor. A ello se suma el interés de repetir y ampliar este tipo de experiencias, con la posibilidad de incorporar nuevas disciplinas e incluso otras instituciones.

Enfatizó que esta alianza ya está dejando huella en la formación de estudiantes, en la creación de vínculos académicos y en la construcción de una mirada compartida sobre una región donde los retos ambientales, los ecosistemas y las oportunidades de investigación rebasan cualquier frontera.

Cabe mencionar que tanto el curso de campo como el Simposio Binacional “Retos Transfronterizos CICESE–SDSU” fueron posible gracias al financiamiento de la Convocatoria de Eventos Académicos Internacionales 2025 de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).

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