Naturaleza

El potencial biorremediador de la planta de Typha latifolia y sus hongos asociados

La investigación realizada por CICESE y UASLP busca entender cómo los hongos ayudan a la planta a enfrentar ambientes contaminados 

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Por Jazmín Félix

14 septiembre, 2026

Plantas de Typha latifolia en campo en el Estado de San Luis Potosí

La simbiosis entre hongos que viven en las raíces de la Typha latifolia, una planta semi-acuática que en algunos lugares es comunmente conocida como Tule cola de gato, es capaz de “purificar” el agua de algunos metales pesados o contaminantes tóxicos presentes en las aguas residuales. De eso se trata el proyecto sobre biorremediación en el que investigadores del CICESE y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) colaboran.

Esta línea de estudio surgió en la UASLP y a ella se sumaron especialistas del Departamento de Microbiología de este centro, lo que amplió las posibilidades del proyecto: iniciaron estudiando la dinámica entre la Typha y metales pesados como el cadmio, por lo que hoy buscan analizar el papel de la simbiosis hongo-planta en el arroyo Ensenada, donde abunda la Thypa latifolia y se han registrado problemas de contaminación por descargas de aguas residuales.

El antecedente de San Luis Potosí

La línea de estudio es desarrollada por la doctora Candy Carranza Álvarez, de la UASLP, quien desde hace años estudia la planta y su capacidad para acumular metales. Entre las referencias de los artículos se encuentran publicaciones de 2008 y 2009 sobre la acumulación y distribución de metales pesados en Typha latifolia y sobre su capacidad para removerlos y bioacumularlos.

En 2025, Candy Carranza junto a Amauri Ponce Hernández (entonces estudiante de doctorado en la UASLP) y el doctor Domingo Martínez Soto, investigador del Departamento de Microbiología del CICESE, formaron parte del equipo que publicó un estudio para establecer condiciones de cultivo de la planta semi-acuática en laboratorio y conocer su respuesta ante la exposición al cadmio.

El trabajo permitió hacer pruebas con las plantas en condiciones controladas y conocer su capacidad para remover y bioacumular el metal en sus raíces. Si la Typha latifolia era capaz de crecer en ambientes altamente tóxicos y concentrar metales, la pregunta fue qué más la estaba ayudando.

“En las raíces tenía otros organismos que le estaban ayudando a manejar todas esas concentraciones”, explicó el Dr. Martínez Soto. Agregó que decidieron ampliar la investigación y trabajar con el microorganismo más presente en la raíz de la planta: hongos del género Neosartorya fischeri.

Neosartorya Fischeri, hongo con capacidad de tolerar concentraciones tóxicas de metales pesados.

El equipo se enfocó en el cadmio, un metal tóxico incluso en bajas concentraciones y utilizado en productos como baterías, plásticos y pinturas. Una vez procesadas las muestras para su análisis en laboratorio, descubrieron que el hongo no solo resistía su presencia, también retiraba parte del metal del agua y lo retenía.

Aunque por sí sola la Typha latifolia ya es capaz de acumular y retirar este metal pesado, la evidencia demostró que al crecer el hongo dentro de sus raíces, éstas acumularon cerca de 85 por ciento más cadmio que las plantas sin el microorganismo, es decir, ayudó a fortalecer el “filtro natural” de la planta.

El hongo también mostró tolerancia a la plata y el cobre. Los resultados fueron publicados en 2026 en el Journal of Environmental Sciences. Este trabajo también contó con la colaboración de las doctoras Ernestina Castro Longoria y Rufina Hernández Martínez, investigadoras del Departamento de Microbiología del CICESE.

Cultivo in vitro de Thypa latifolia.

La búsqueda en las raíces no terminó con ese hongo. Domingo Martínez compartió que, posterior a los hallazgos con Neosartorya fischeri, decidieron estudiar hongos del género Talaromyces, también aislados de las raíces de la planta.

El investigador explicó que al aislar los microorganismos de las raíces, encontraron varios que pertenecían a una misma “familia”. No era un solo hongo viviendo dentro de la planta. Había especies diferentes del mismo género conviviendo en la raíz.

“Resulta que todos ellos, como unos 10 hongos diferentes, estaban juntitos dentro de las raíces ayudando, digamos, a las plantas. Entonces, nosotros pensamos que ellos trabajan en consorcio”, explicó.

El equipo todavía no sabe con certeza cómo funciona esta dinámica familiar. Si uno ayuda a otro a resistir, si cada especie cumple una función distinta o si juntos ayudan a la planta a sobrevivir y limpiar el agua.

Después seleccionaron dos de los hongos que mostraron mayor capacidad para bioacumular o “almacenar” metales y secuenciaron sus genomas para conocer mejor los mecanismos detrás de esa capacidad. Martínez agregó que actualmente se prepara un nuevo artículo con parte de esos resultados.

La investigación continúa con nuevos proyectos: María Fernanda Gutiérrez Alvarado, alumna de la Maestría en Ciencias Químicas de la UASLP, codirigida por Domingo Martínez y Candy Carranza, trabaja en su proyecto de tesis para conocer en qué organelos de las células de los hongos y de la planta se bioacumulan los metales, mediante técnicas avanzadas de microscopía de transmisión. También busca conocer qué genes expresan los hongos y la planta para responder y manejar ambientes contaminados.

El Dr. Domingo Martínez (centro) y parte del equipo de investigación, conformado por estudiantes y técnicos.

Ahora, la búsqueda continúa en Ensenada

Los resultados obtenidos en San Luis Potosí dieron paso a una nueva investigación que pretende realizarse en el arroyo Ensenada, donde crece Typha latifolia y se han registrado problemas de contaminación por descargas de aguas residuales y vertidos ilegales.

La idea es replicar el estudio realizado en San Luis Potosí, pero con las condiciones de la ciudad de Ensenada. El investigador explicó que primero necesitan recolectar plantas del arroyo, identificar los contaminantes a los que están expuestas y conocer qué organismos viven en las raíces.

El muestreo todavía no se ha realizado, pues el proyecto apenas comenzó con el análisis de información y la preparación de esta nueva etapa. Después vendría el aislamiento de esos microorganismos y las pruebas en laboratorio para conocer su capacidad de resistir o retirar los contaminantes encontrados en el sitio.

Domingo Martínez adelantó que una de las aplicaciones que podría explorarse está relacionada con las aguas residuales.

Para ello, planteó dos posibilidades. Una sería trabajar con plantas de Typha latifolia a las que se les hayan inoculado los hongos y, una vez que acumulen los metales, retirarlas para procesarlas. La otra sería mantener los hongos contenidos en alguna matriz para colocarlos en el agua contaminada y recuperarlos fácilmente después

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