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Sara Ceccarelli: insectos, arañas y una travesía por el mundo

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10 octubre, 2026 11:00 pm

Sara Ceccarelli: insectos, arañas y una travesía por el mundo

Al entrar al estrecho cuarto es difícil imaginar todo lo que resguarda y las cuantiosas horas dedicadas a colectar, identificar y preservar miles de especímenes, pero solo es necesario deslizar un gabinete y ponerlo ante los ojos de los múltiples visitantes para que eso comience a cambiar.

El Museo de Artrópodos de Baja California tiene una colección integrada principalmente por insectos y arácnidos de la región y es un punto de encuentro para biólogos, estudiantes y aficionados.

La atención a este recinto, junto con las necesidades de estudio de los artrópodos de la península de Baja California, fue uno de los principales motivos por los que la doctora Sara Ceccarelli, responsable del museo, se integró al CICESE a principios de 2017. 

El interés de Sara por los artrópodos está muy lejos de la casualidad: es hija de una bióloga y un biólogo. Aunque esto pudo no haber sido garantía de que ella también se interesara por el campo de la biología, Sara recuerda cómo su madre les inculcó a ella y a sus dos hermanas el amor por la naturaleza.

Cuenta que de pequeña tenía hormigas y tortugas como mascotas. En una ocasión en la que tortugas bebés estaban por salir del huevo, su mamá invitó a todo el grupo de preescolar de Sara para que presenciaran el acontecimiento.

“Siempre nos explicaba fenómenos de la naturaleza”, recuerda. La madre de Sara falleció cuando ella todavía era una niña, pero la pasión por observar el mundo vivo ya había sido sembrada.

Sara se mudó a Siria con su padre, donde estudió la secundaria y la preparatoria. En esta etapa, su hermana mayor estudiaba biología marina en Australia y en una ocasión que estaba de visita la invitó a sus prácticas de zoología. Así decidió que esa sería su formación profesional.

Cuando llegó el momento, dado que había crecido hablando inglés, buscó universidades en países angloparlantes y optó por estudiar zoología en la Universidad de Reading, en Inglaterra.

“En Siria no hay educación superior de calidad, casi todos mis compañeros de escuela salieron a otros países a estudiar la carrera y yo decidí irme a Inglaterra porque quería quedarme en Europa”, platicó.

Arañas miméticas

Ya confirmada su vocación por el estudio de los animales, en su último año de licenciatura descubrió que tenía un interés especial por la entomología y dedicó su proyecto de tesis al estudio de los áfidos, llamados comúnmente pulgones.

El último semestre de su carrera lo dedicó a este proyecto de investigación que desarrolló con la asesoría de uno de sus profesores.

“Me gustó la entomología, los insectos, y había una materia muy interesante de biología de arañas y así decidí, cuando obtuve mi licenciatura, hacer un proyecto de doctorado con arañas”, narró Sara.

Incentivada por la estancia de su hermana, en 2003 se mudó a Australia para estudiar su doctorado en la Universidad de James Cook, en Townsville, y profundizar su interés por las arañas.

Ahí se dedicó a estudiar específicamente la conducta de arañas que se mimetizan con las hormigas: se ven y se mueven como hormigas, pero son arañas.

“Quería investigar sus conductas, cómo reaccionaban cuando se encontraban a las hormigas o cómo reaccionaban con otros individuos de su misma especie”, relató.

En el mismo campus de la universidad identificó a cuatro especies diferentes de arañas miméticas que imitaban a su correspondiente especie de hormiga.

Sara explicó que a este fenómeno se le conoce como mimetismo batesiano y es un mecanismo de defensa utilizado por algunas especies para engañar a sus depredadores.

En el caso de las arañas miméticas, indicó, el parecido a una hormiga les confiere protección porque las hormigas tienen ácido fórmico, pueden ser agresivas y son muchas en número. 

Entonces un depredador, como una lagartija o un ave, tiende a evitar las hormigas. Las arañas sí son sabrosas para ellos, comentó, pero si ven una araña que parece hormiga tienden a evitarla.

Después de avanzar en el estudio de la conducta, Sara pasó al campo de la taxonomía para describir a las especies que no estaban formalmente descritas. En medio de ese trabajo surgió la pregunta acerca de cómo habían evolucionado las arañas miméticas.

Usando datos moleculares, pudo descubrir cómo se relacionaban las especies de araña que estudió con las hormigas a las que imitaban y observó que las hormigas tenían una historia evolutiva mucho más antigua y el mimetismo de las arañas fue posterior.

Al terminar su doctorado Sara se quedó un año más en Australia para colaborar en un proyecto con el investigador que la asesoró en filogenética molecular para su tesis. Después de ese año comenzó la búsqueda.

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En la búsqueda

Tras las experiencias vividas durante su formación académica, llegó el momento de buscar trabajo. La búsqueda no fue sencilla y al no encontrar nada en Australia optó por regresar a Suiza, su país de origen.

“Ahí regresaba a menudo cuando no tenía nada, a hacer trabajos… a ‘meserear’. Aparte del trabajo para ganar dinero, con tal de no dejar de producir, de publicar, iba de voluntaria a un laboratorio, para que me incluyeran en sus trabajos y colaborar, aunque no me pagaran”, recordó.

Al mismo tiempo, ella continuaba buscando convocatorias para postularse como investigadora o investigadora posdoctoral, con la ventaja de que tenía la flexibilidad de mudarse a otro país si era necesario, siempre y cuando pudiera continuar realizando el trabajo que le apasionaba.

Tres años después, tras aplicar a múltiples convocatorias, finalmente obtuvo una posición como investigadora posdoctoral en el Instituto de Biología de la UNAM, donde estuvo dos años en la colección de insectos, trabajando con filogenética y biogeografía de avispas parasitoides.

“Nunca había venido a México y fue una experiencia muy bonita descubrir toda la cultura. México es una buena mezcla de todo lo que yo viví en la infancia porque tiene elementos de las culturas que conozco con cosas diferentes añadidas”, resaltó Sara.

Además de su agrado por el país, la estancia la impulsó académicamente, hizo amistades y conoció a su esposo. Sin embargo, al término de la estancia, en 2012, nuevamente se enfrentó al desempleo y regresó a Suiza.

En esta ocasión se unió como voluntaria con un grupo de biogeografía de anfibios. Sara esbozó una sonrisa y reconoció que no era lo que a ella le gustaba estudiar, pero consideró que tenía que ser flexible para seguir vigente en el área académica hasta que consiguiera otra oportunidad para trabajar con artrópodos.

Y así sucedió cuando obtuvo su segunda estancia como investigadora posdoctoral, esta vez en Argentina, en el Museo de Ciencias Naturales y trabajando con arácnidos, específicamente filogenética y biogeografía de arañas y escorpiones de Sudámerica.

De península a península

Al terminar su estancia en Argentina, Sara y su esposo decidieron regresar a México y buscaron asentarse en Yucatán. Estando ahí ella fue seleccionada como investigadora del programa Cátedras Conacyt (ahora investigadoras e investigadores por México) para incorporarse al CICESE. 

“Fuimos de península a península”, describió Sara. Llegó al CICESE con la encomienda de darle mayor atención al Museo de Artrópodos de Baja California, que hasta ese año era atendido por el doctor Horacio de la Cueva Salcedo y el doctor Stephen Bullock, investigadores del Departamento de Biología de la Conservación.

Después de cinco años como investigadora del programa Cátedras, en 2022 fue contratada formalmente como investigadora del CICESE y, paralelamente a la responsabilidad del museo, continúa desarrollando proyectos de investigación sobre insectos y arácnidos.

Tras sus estancias y vivir en múltiples países, Sara formó su familia y se convirtió en madre de dos hijos; consideró que Ensenada es un buen lugar para asentarse de forma permanente.

Además de los motivos personales y familiares, observa que en esta región hay “una infinidad de posibilidades de estudio” para el desarrollo de proyectos de investigación, pues hay una gran variedad de insectos y han sido poco estudiados: “podría uno pasar 100 vidas estudiando y no terminaría”.

Reconoció que su travesía antes de establecerse en un lugar fue retadora y cansada, pero nunca se conformó con hacer un trabajo distinto al que su vocación le dictaba, además de mostrar siempre flexibilidad, incluso para colaborar sin retribución económica con tal de mantenerse vigente.

“Estaba cansada de mudarme, de cambiar de lugar y dejar amigos, que es lo más difícil, pero sabía que no tenía otra opción, a menos de que me conformara con hacer otro trabajo y justo eso decía ‘no, no quiero estar haciendo otro trabajo’, ese deseo era más fuerte que el cansancio de estarme mudando”, reflexionó.

Y es esta la principal lección que ahora comparte con sus estudiantes. Les recomienda tener paciencia, no rendirse, ser flexibles y no perder el impulso hasta que encuentren un trabajo y un lugar donde les inspire establecerse.

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