Día a día
Fortaleza del cuerpo y la mente: expedición al Picacho del diablo
Relatan el ascenso de 3 mil 96 metros sobre el nivel del mar
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29 septiembre, 2026 6:18 pm
Un grupo de 15 personas que forman parte del equipo de senderismo Pelícanos Viajeros del CICESE realizaron exitosamente una de las rutas más complicadas en su deporte: la subida al cerro La Encantada, también conocido como el Picacho del Diablo, la cima más alta de la península de Baja California, ubicada a 3 mil 96 metros sobre el nivel del mar (msnm) en la Sierra San Pedro Mártir.
Este grupo selecto estuvo conformado por técnicos y estudiantes de posgrado del CICESE, así como un par de estudiantes de la UNAM y la UABC. En este relato comparten desde los preparativos hasta llegar a su meta.
Los preparativos
La aventura inició el mes de febrero con la invitación formal a todo el grupo para realizar el reto del 1 al 3 de mayo. En las primeras reuniones de organización y logística se definió el calendario de entrenamientos a realizar. La emoción, la expectativa, el gusto y – por qué no decirlo- el temor, de lograr el objetivo se percibe entre los pelícanos que se registraron a la aventura.
La convivencia es importante y se obtiene durante los entrenamientos, ya que ahí se afirma la confianza entre los pelícanos para lograr y desarrollar buenos hábitos. Algunos de éstos se realizaron en los cerros Mira cielo falso y verdadero, el Toro, de las Antenas por el cañón Tilín, el Centinela, Sierra Blanca, de las Flores, el coronel Engorilado.
Dichos entrenamientos se realizaron los sábados previos a la gran subida, y consistieron en el ascenso de cerros de mil metros sobre el nivel del mar, con distancias amplias para lograr adquirir resistencia y fortaleza del cuerpo y la mente.
Por ejemplo, se utilizó la ruta “el río de piedras”, para subir rocas y caminar sobre ellas, primero cargando peso ligero en la mochila; después fue incrementándose en cada entrenamiento hasta llegar a los 12 kilos.
En los entrenamientos el grupo fue tomando forma y adquiriendo compromiso, lo que consolidó el trabajo en equipo.
El día del ascenso
A las 4 de la mañana, el grupo ya estaba listo en el punto de salida para viajar en caravana de cuatro vehículos llenos de “picaceros” entusiastas. Durante el trayecto, se tomaron la fotografía tradicional en el letrero de San Telmo y en el registro de entrada al Parque Nacional Sierra San Pedro Mártir.
Tras el registro, salieron rumbo a Vallecitos comenzó la caminata, no sin antes decir la oración de la montaña y hacer los últimos ajustes a la mochila antes de iniciar.
Después de tres horas de caminar, los “picaceros” llegaron a Botella Azul para un merecido descanso: “el peso de las mochilas se reciente, pero la vista del picacho nos reconforta. Vamos a buen tiempo dice el guía” y eso animó al grupo.
A partir de ese punto comenzó el descenso de 4 kilómetros de distancia a Campo Noche, donde pernoctaron para al día siguiente hacer cima. Despertaron temprano, a las 5 de la mañana para prepararse y salir.
Tras seis horas de ascenso en el segundo día y a más de mil metros de altura desde el campo base se logró la meta. El esfuerzo realizado les devolvió la sonrisa y recargó de energía. “La vista del paisaje y la panorámica no cabe en tu mirada. Disfrutas la cima, te hidratas, comes, descansas, observas, aprecias, contemplas, te tomas solo una fotografía. El tiempo en la cima transcurre muy rápido. Cuando más cómodo y pleno estás en la cima, el guía con voz fuerte da la instrucción ¡Vámonos!”.
El resultado aproximado de ida y vuelta fue de 39.92 km para alcanzar la cima de 3 mil 96 msnm y un desnivel positivo de 4 mil 722 m con un tiempo en movimiento de 12.21 horas y un tiempo transcurrido, desde que dio inicio la aventura, de 53:51 horas, equivalentes a 66 mil 108 pasos caminados.
La aventura que arrojan los números no refleja las sonrisas, las risas, las carcajadas, los buenos momentos compartidos, las vistas hermosas del horizonte, el sudor, el esfuerzo, las subidas, las bajadas, los saltos, la fortaleza para continuar caminando, la paciencia para no claudicar mentalmente, el aguantarse de preguntar cuánto falta y de a qué hora viene el descanso.
En el mismo sentido, pensar sobre el peso que traes en la mochila, pensar en validar si lo que cargas es congruente con lo que requieres para hacer el reto, si esto o aquello valió la pena para llevarlo a la aventura.
Al final, queda la satisfacción del logro y el recuerdo de permanecer en la cima. “Recuerdas la vista panorámica, pero más la carta que te envió tu familia con los sentimientos de apoyo y que en la cima leíste. La sorpresa o el asombro de que hay personas que te quieren, y que a veces no te lo dicen. Sin embargo, creen en ti o lo ratifican al escribirte unas palabras desde el corazón. Entonces te das cuenta de que, quienes te rodean te conocen y saben de tus capacidades y habilidades”.
Las y los participantes agradecieron a los organizadores por el detalle, pero más a la familia que te impulso a bajar de la cima pues el reto aun es mayor porque debes de bajar con bien.
Una vez concluida la aventura, evaluaron si hizo falta. “Olvidas los raspones, caídas, vuelos y torceduras, malas decisiones o pasos, si debía o no sujetar la mano que me ayudaría a subir seguro, o habría utilizado la cuerda, entre otras dificultades por las que pasaste. Validas que el compromiso que hiciste contigo mismo al estar contento y feliz”.
“Luego piensas si volverías a ir al Picacho del Diablo. No por ahora dijeron algunos. Otros en cambio se apuntaron al siguiente para cumplir el objetivo con mayor entereza, salud y vitalidad”.






La reflexión del grupo Pelícanos Viajeros
Antes que nada, y primero que todo. Gracias a la comisión que se formó: Elizabeth Rubí, Carolina Álvarez, Miguel Cuevas, Griselda Sánchez, Alberto Fernández, así como a la familia Ojeda para ir a recibirnos al Parque Nacional Sierra San Pedro Mártir después de concluir el reto. Se agradece el asado, la hidratación, pero más por hacernos llorar en la cima con sus cartas. Nos dieron valor y energía para bajar ésta. Gracias 3 mil 96 veces.
Las palabras que siguen van con amor para no extinguirnos como grupo de senderismo. Lo anterior, debido a que el amor nos fortalece a todos. Para la generación o picacheros 2025:
Nos gusta su sonrisa en la cima, sus lágrimas de felicidad, el sentimiento que cada familiar escribió para cada pelícano. Afirmamos que valió la pena sacarte esa sonrisa, que valió la pena que pagarás por ir a sonreír a este lugar. Nos gusta que los pelícanos hacemos nido para protegernos, alimentarnos, hidratarnos y recalcular el vuelo, ajustar detalles y revisar las condiciones de cada pelicano viajero.
Nos gusta sin duda el entrenamiento, la mentalidad, el compromiso que cada uno puso para que todos subiéramos y bajáramos, esta vez más que nunca con bien. Todos golpeados, todos raspados, todos heridos, pero más fuertes que nunca. Nos gusta que te levantaste de la caída, del golpe, de la torcedura lo cual exigió levantarte y continuar más fuerte que cuando aceptaste ir a cumplir el reto.
Nos preguntamos si volveríamos al mismo lugar; el lugar que te recibe por primera vez y que te sorprende más cuando ya has ido a verlo en repetidas ocasiones. También, ahora sabemos que todo lo que cargo en mi espalda pesa y que soltar me hace avanzar más ligero. También, agradecer que nos adentramos a la montaña, recorrer sus caminos y veredas escondidas. Sobre todo, le diríamos gracias por fortalecernos al salir de ésta.
Ahora comprendemos cuando el guía enfatiza qué es apretar y mantener la distancia de dos metros, que estar juntos nos hace avanzar y cuidarnos, que volar como pelícanos viajeros en la cima del Picacho del diablo es un gusto adquirido.
Senderistas
Mario H. Mendoza López, Recursos Humanos. Responsable y guía del grupo, 6 cimas.
Marina Mondragón Rojas, Oceanología. Responsable y guía del grupo, 5 cimas.
Edgardo Vásquez Lara, egresado del posgrado. Guía de la expedición, 2 cimas.
Jhordan Ojeda González, estudiante del doctorado en Ciencias de la Vida, 2da. cima
Alejandra Martínez Mondragón, Biología UABC, 2da. cima
María Fernanda Sánchez Elguera, Oceanología, 2da. cima
Humberto S. Benítez Pérez, Ciencias de la Tierra, 1 cima y campo noche
Luis Enrique López González, postdoctorado en CNyN, 1ra. cima
David Rojas Lara, CNYN, 1ra. Cima
Pedro Pérez Ruiz, Dirección de Telemática, 1ra. cima
Laura Marcela Pérez Sampablo, Oceanología, 1ra. cima
Juan Francisco Regalado Heras, Maestría en Ciencias de la Computación, 1ra. cima
María Camila López Posada, Maestría en Ecología Marina, 1ra. cima
Constanza Zúñiga Villarreal, egresada del posgrado, 1ra. cima
Karla Gabriela Chacón Anguiano, estudiante de maestría, campo noche
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