Océano

Ahondando en el estudio del krill antártico

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Por Dra. Karla Navarro

29 de junio de 2024, 18:30 pm

Krill antártico. Fotografia por Jaime Farber

Aunque no hay un registro histórico de científicos mexicanos en misiones a la Antártida, una consulta a la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA), este marzo de 2025, a través de Norma Ávila Jiménez, de Comunicación de la agencia, confirma que el Dr. Jaime Farber Lorda ha sido el primer mexicano realizando trabajo científico en aquel continente.

El hoy investigador del Departamento de Ecología Marina del CICESE fue parte del First International Biomass Experiment (FIBEX) a la Antártida, en 1981. Terminado su primer año de doctorado, su asesor, Hubert J. Ceccaldi, lo invitó a la campaña oceanográfica. El trabajo de Farber allá derivó en su tesis “Estudios biológicos, energéticos y bioquímicos de krill antártico Euphausia superba y Thysanoessa macrura, recolectados en la campaña FIBEX”.

En la AMEA, la doctora Patricia Valdespino es la científica que lleva el control de las
misiones de científicos mexicanos. “Ella se puso en contacto con Jaime, y tras platicar de su trabajo de investigación confirma que, con la información recabada hasta el momento, Farber es el primer científico mexicano allá. Diez años antes, en 1971, el periodista Oscar del Rivero, fue el primer mexicano en pisar la Antártida”, comenta Norma Ávila.

Reunión internacional

Desde la década de los ochenta, memorando el reto que aquella expedición científica representó en su deseo de conocer y entender parte de la naturaleza que registraban sus ojos a bordo del buque francés R.V. Marion Dufresne, Jaime Farber ha continuado estudiando los eufáusidos (krill), participa en reuniones de expertos en krill antártico y es revisor de publicaciones sobre temas antárticos.

Por ello, del 10 al 12 de marzo de 2025, Farber Lorda participó por vía remota en el SCAR Krill Expert Group Science Symposium, con la ponencia A comparative study on body proportions in euphausiids.  Relationships with the physical environment y habló acerca de la morfología de los eufáusidos en diferentes zonas, incluyendo al krill antártico.

La reunión, explica Farber, es organizada por los países que explotan comercialmente el krill, a través del Comité Científico de la CCAMLR (Commission for the Conservation of Antarctic Marine Living Resources), en Hobart, Australia. Se analiza qué zonas seguir estudiando y cuáles explotar, entre otros temas.

El krill, eslabón esencial en la cadena trófica del ecosistema

El krill antártico (Euphausia superba) es un crustáceo relativamente pequeño (hasta 6 cm de largo y 2.5 gramos de peso) que forma enormes y densos cardúmenes. Se alimenta de fitoplancton y otro zooplancton, por lo cual constituye un eslabón esencial en la cadena trófica del ecosistema antártico​ y es, a la vez, alimento de varias especies: peces, pingüinos, petreles y ballenas, entre otras. Quizá, el referente que más conservamos en mente es el de ballenas engullendo cardúmenes de krill.

Dos temas destacan en el interés científico de Jaime Farber: el estudio del krill antártico y la zona del mínimo de oxígeno (ZMO) en el Pacífico mexicano, que implica una mirada multi e interdisciplinaria desde la física, la biogeoquímica, la ecología y la fisiología de los animales para, entre otros estudios, saber cómo se están adaptando al medio natural.

“Lo que nos interesa conocer ahora es la respuesta del zooplancton en las zonas mínimas de oxígeno. Estas zonas son muy interesantes porque tenemos muy poco oxígeno a partir de unos 50–60 metros, lo que también reduce el pH del agua de mar. Nos interesa saber, entre otras cosas, cómo el krill tropical entra y se adapta en estas zonas, y hacer un balance de carbono de la trama trófica de la ZMO. Nos interesa investigarlo; por ello, estamos invitando a estudiantes a desarrollar tesis de posgrado en el tema”, explica el investigador del CICESE.

Conocer, entender, reanalizar

Estoy reanalizando datos, continúa Jaime Farber, “y también quiero tener acceso a nuevas muestras de krill antártico, a través de colegas españoles, peruanos, alemanes o australianos que hacen cruceros allá. Una parte importante de mi tesis era sobre la morfología de dos especies de eufáusidos (Euphausia superba y Thysanoessa macrura); después, hicimos lo mismo con especies tropicales y de la corriente de California”.

Orgullosamente agrega: “En 2020 logré una buena publicación sobre la relación entre pigmentos carotenoides y la morfología; se publicó en Scientific Reports que está entre las primeras cuatro mejores revistas del mundo”.

En una nueva publicación, recientemente sometida, Jaime Farber comparó especies del Pacífico tropical mexicano, de la corriente de California y el Antártico, analizando el gradiente de norte a sur: “aparentemente hay una diferenciación por la temperatura del agua, es algo que no se había dicho antes. Encontramos que la especie Euphausia superba, que es posiblemente la especie más abundante de todos los seres vivos y que se explota comercialmente, tiene un grupo de machos que es diferente morfológicamente, uno se pregunta por qué, cómo, cuáles son las razones y de qué sirve”

Hecho el análisis con Euphausia superba, ahora quiero comparar con la otra especie –Thysanoessa macrura–, continúa el investigador del CICESE, porque son dos géneros, dos especies importantes y tienen diferentes adaptaciones. Una tiene muchos lípidos, otra menos; una tiene más pigmentos que otra; Thysanoessa macrura es más chica. Desde el punto de vista ecológico, sería muy interesante entender cómo se están adaptando estas dos especies, ya que conviven en el medio natural.

También tiene mucho que ver con la distribución de los animales porque estamos hablando de un grupo de machos que tiene una cola más grande, que los provee de una mayor capacidad de natación y tendremos una discriminación por sexo en los enjambres de krill (¿Por qué enjambres y no cardúmenes? Porque son artrópodos como los insectos).

En pos de trabajo colaborativo

Actualmente, Jaime Farber está trabajando para someter un proyecto de investigación al Antarctic Wildlife Research Fund, en colaboración con colegas del CICESE y de España, para tratar de obtener apoyo económico y desarrollar un trabajo que le permita comprobar sus hipótesis sobre el krill antártico.

Hay implicaciones importantes porque este krill, Euphausia superba, es una especie que se explota comercialmente aprovechándola en la acuicultura, para elaborar dietas, y en la industria farmacéutica, por sus altos contenidos de ácidos grasos omega 3 y algunos pigmentos.

Es interesante comparar krill por zonas: la del Antártico, la corriente de California y la del mínimo de oxígeno en el Pacífico Tropical. Estudiarlos desde la boca del golfo de California hasta la corriente de Humboldt, áreas donde a partir de los 50 m casi no hay oxígeno. Hay implicaciones muy importantes en lo que se llama la bomba biológica y en los ciclos biogeoquímicos.

Para los ecólogos marinos, reflexiona Jaime Farber, interesados en el todo y sus
interrelaciones, resulta difícil aceptar que hay modas en temas de estudio en países
desarrollados. “Lo interesante de la ecología es que debes estudiar muchas variables diferentes para poder interpretar lo que estás encontrando”.

Para estudios en la ZMO, Farber explora la columna de agua con una red de muestreo “única en el país, que muestrea hasta por nueve capas. Tomas muestras, por ejemplo, a 500 m, la vas subiendo en forma oblicua (con un ángulo de 45°) y la cierras; luego abres otra red a 400 m, vuelves a cerrar y así hasta la superficie. Tú decides las profundidades. Entonces sabes a qué profundidades están las especies y su relación con la hidrología, ya que, además, contamos con un CTD que mide la temperatura, la salinidad y el oxígeno”.

Ecológicamente, en el balance de energía y de carbono en los océanos, el zooplancton juega un papel muy importante, es la base de la cadena alimenticia. Cambios estacionales, condiciones meteorológicas, alteraciones en la hidrología y la cantidad de nutrientes, todo impacta. Eso es lo interesante de la ecología, estudiar toda la cadena alimenticia (o trófica).

Los muchachos no ven bien eso. Se deslumbran por especies mayores. No hay dinero suficiente para hacer investigación de punta, lo que haría falta en México que posee una extensa zona del mínimo de oxígeno, con pesquerías importantes como la del atún y el camarón, comenta Jaime Farber.

En el país hacen falta investigaciones a largo plazo que estudien los ecosistemas
holísticamente, por ejemplo, la física, la química y la biología del océano para un manejo sustentable de los recursos marinos en un contexto de variabilidad y cambio climático. Ya hemos hecho parte de ese camino y quisiéramos seguir haciéndolo.


En Estados Unidos, un programa ejemplar es CalCOFI (California Cooperative Oceanic Fisheries Investigations) y en México un programa similar es Imecocal, pero nos haría mucha falta un programa similar en el trópico.

En las costas mexicanas, tenemos una de las zonas del mínimo de oxígeno más amplia en el mundo, tiene un espesor de alrededor de 1000 m. No se está estudiando lo suficiente porque casi no ha habido dinero para hacerlo, nos hemos quedado a medias y es imperdonable en México con mar por ambos costados. “Los invito a colaborar conmigo”, concluye Jaime Farber.

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