Lo que no se ve, no existe; visibilizar para erradicar




Vinculación

Visibilizar prácticas machistas para erradicarlas; trabajar comunitariamente por la igualdad de género bajo la filosofía de equidad emanada de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y como prerrequisito para el desarrollo sostenible, toda vez que los Objetivos de Desarrollo Sostenible consideran la igualdad de género como un eje fundamental para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible, así como establecer en todas las organizaciones protocolos específicos de atención en actos de violencia de género, fueron las principales propuestas del panel “Micromachismos y microagresiones en el ámbito académico”, realizado el 23 de septiembre.

Este panel fue el primero de la serie de webinarios denominada "La perspectiva de género en el ámbito científico académico", impulsada por el grupo "Mujeres en la Ciencia", cuya fundadora es la Dra. Lydia Ladah, investigadora del Departamento de Oceanografía Biológica, y cuenta con el apoyo de la Dirección de Estudios de Posgrado del CICESE, cuyo titular es el Dr. Pedro Negrete Regagnon. El grupo nace con el objetivo de poner el tema sobre la mesa, pensarlo, analizarlo y actuar para erradicar desigualdades y consolidar una comunidad institucional más próspera y respetuosa.

Sensibilizar y visibilizar

Durante el panel “Micromachismos y microagresiones en el ámbito académico”, Lydia Ladah explicó que los micromachismos son acciones y actitudes violentas cotidianas, muy comunes, que de tanto repetirse parecen “naturales”. “No son micro porque sostienen un problema enorme y sistemático que a veces generan mayor violencia. Están tan interiorizadas que incluso las mujeres podemos ejercerlas. La violencia sutil del micromachismo suele pasar desapercibida, aunque refleja y perpetua la desigualdad”.

Los micromachismos son expresiones y preconcepciones de lo femenino: lo emocional versus lo racional, considerar el cuerpo femenino como objeto o propiedad privada, ejercer superioridad masculina, disyuntivas para la mujer que a veces tiene que escoger entre trabajar o ser mamá. Otras formas de micromachismo son: Mansplaining (man - hombre,  explaining - explicar), que se da cuando un hombre explica algo a una mujer, de una manera condescendiente o paternalista; interrumpir o desestimar las opiniones e intervenciones de las mujeres y sobreestimar las de los hombres; bullying; gaslighting (luz de gas) que alude a manipular la percepción de la realidad del otro, con expresiones como “no hagas drama”, “estás loca”, “exageras”, y la revictimización. “Al identificar estas prácticas, al hacerlas visibles, las personas pueden sensibilizarse e ir rompiendo con roles de género y estereotipos. Hay que cerrar ciclos de violencia. Por ello, es importante reconocer los micromachismos y frenarlos”, enfatizó Lydia Ladah.

En las aulas

Durante su participación, Rosa Guadalupe Mendoza Zuany, investigadora del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana, doctora en Políticas, por la Universidad de York, Reino Unido, con nivel 2 en el Sistema Nacional de Investigadores y pertenencia a la Academia Mexicana de las Ciencias, se refirió a los micromachismos en el aula desde su experiencia como alumna, en su momento, y docente, en la actualidad.

Lupita Mendoza contó que hace un año y medio tuvo una catarsis, una inflexión, y escribió acerca de situaciones cotidianas que afectaban su desarrollo personal y su actividad docente. “Hemos tolerado prácticas académicas machistas en espacios que idealmente han sido pensados como lugares de reflexión y aprendizaje entre iguales; igualdad no solo de lo que puede emanar de lo racional sino también lo emocional; pareciera que el pensar no da cabida a la empatía, el amor, la convivencia en igualdad. Hemos normalizado prácticas machistas de docentes y de estudiantes que impactan negativamente el aprendizaje y la convivencia: mansplaining, acaparamiento del tiempo y la palabra, valoración solamente de lo dicho por los hombres”.

Son prácticas tan normalizadas, dijo, que hay que visibilizarlas para erradicarlas de las aulas y cualquier espacio dentro y fuera de las instituciones, en el campo, los congresos, etc. No son tomadas en serio en las instituciones porque están normalizadas. “Lo cotidiano no puede canalizarse a través de protocolos, hay que hacer énfasis en la dimensión cotidiana, que erosiona bastante el clima académico”.

Sin ofrecer una receta de qué hacer, la investigadora de la Universidad de Veracruz, propuso: Primero hay que nombrar estas actitudes, para mover interacciones; desmantelar esto deconstruyéndolo, mostrándolo, visibilizándolo, en una práctica consciente; propiciar que en las aulas no se generen ambientes hostiles. Hay que explorar múltiples vías, incluyendo las artísticas; por ejemplo, hay tendedores feministas donde se exhiben a personas que ejercen violencia. No hay una sola ruta, sino múltiples vías, las más significativas, creo, son las artísticas. En algún momento, más que una conversación racional entre hombres y mujeres, un performance podría ser más poderoso.

Y para concluir recordó a Bell Hooks, discípula de Freyre, desde una perspectiva femenina, negra, quien pugna por una pedagogía comprometida, una práctica docente que sea, también, un lugar de resistencia.

Un ejemplo de igualdad

En su intervención, Neyra Solano, licenciada en Ciencias Ambientales y Desarrollo Sustentable, y en educación, maestra en ciencias en el Manejo de Zona Costera, con experiencia en la aplicación de estudios de género en comunidades pesqueras mexicanas, quien trabaja en la asociación civil Comunidad y Biodiversidad (COBI), donde lidera desde 2017 el programa “Igualdad de Género en el Mar”, se refirió a la participación igualitaria en las ciencias marinas.

Neyra Solano apuntó algunas cifras que revelan la baja participación de las mujeres en la ciencia: a nivel mundial menos de 30% de las personas que hacen investigación son mujeres; en el Sistema Nacional de Investigadores, el Conacyt señala que 37% son mujeres; en investigación en ciencias marinas, dos datos: en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, solo 32% son mujeres; en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC, sólo 21% corresponde a investigadoras.

Si bien, dijo, en los últimos años ha habido un mayor involucramiento de las mujeres en ciencia, desde el impulso de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, aún falta, y compartió la experiencia del trabajo en campo que impulsa COBI para generar una participación igualitaria. Lo primero es considerar diferentes situaciones poniéndose los lentes de género. ¿Por qué hablar de igualdad de género? Neyra Solano apuntó dos razones: los derechos humanos y el desarrollo sostenible. “La Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo establece en sus artículos 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” y 2: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición…”

Además, agregó Neyra Solano: “La igualdad de género es prerrequisito para el desarrollo sostenible. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible consideran la igualdad de género como un eje fundamental para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible. En términos de conservación marina, algunos estudios han identificado que la participación igualitaria en grupos mixtos de trabajo (50% mujeres / 50% hombres) son más efectivos y tienen mejores resultados”.

La meta del programa “Igualdad de Género en el Mar” es que, dijo la ponente, mujeres y hombres participen de manera igualitaria en las ciencias marinas, y para ello hay que generar las condiciones para que esto pueda darse: “Quienes hacemos trabajo de campo y colaboramos con distintos actores somos responsables de prevenir cualquier tipo de discriminación, exclusión, así como acoso sexual y moral a mujeres y hombres”

Entre las recomendaciones que sigue COBI en el trabajo de campo destacan: desarrollar protocolos de prevención y atención ante acoso sexual y moral, no subestimar las denuncias, no pasar por alto ninguna acción que conduzca a desigualdades, considerar las necesidades propias de cada género en las actividades de campo, utilizar lenguaje inclusivo y no sexista para no reforzar estereotipos de género, mantener una comunicación respetuosa entre hombres, mujeres y diversidades. Para finalizar, reiteró: “Es responsabilidad de todas las personas trabajar para asegurar la igualdad de género; los micromachismos conducen a situaciones más graves”.

En las IES también existen brechas de género

Sheila Delhumeau Rivera, profesora investigadora de la UABC en Ensenada, con doctorado en Ciencias Sociales por El Colegio de la Frontera Norte y coordinadora del Programa de Equidad de Género de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales y del Observatorio de Comunicación y Género de Ensenada, habló del “machismo encubierto en las instituciones académicas”.

Recordó que la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007) define la violencia contra las mujeres como cualquier acción u omisión, basado en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte, tanto en el ámbito público como privado.

Dijo que la violencia de género ocurre en todos los espacios, incluido el ámbito académico, porque sus miembros suelen producir y reproducir los patrones de desigualdad entre hombres y mujeres de las sociedades donde se encuentran.

Citando como fuente a la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia (CONAVIM), Sheila Delhumeau aseguró que en las instituciones de educación superior, incluyendo las de los países desarrollados, existen brechas de género relacionadas con la tendencia a la segregación vertical y horizontal de las mujeres en los nombramientos académicos, en los puestos de toma de decisiones, en los cuerpos colegiados y en ciertas áreas de conocimiento.

La ponente expuso ejemplos de respuestas institucionales que reproducen violencias machistas: “es una situación entre adultos”; “se pasa con el tiempo”; “si no hay agresiones físicas, no hay acoso o es de menor gravedad”; “sólo existen acosos en espacios académicos en el alumnado adolescente”; “el acoso escolar ayuda a las víctimas a hacer más fuerte y a forjar el carácter”; “hay personas que se merecen sufrir acoso”. No, dijo Sheila, la violencia de género existe en todos los espacios y niveles. Nadie merece ser maltratada o maltratado.

Finalmente pugnó por la incorporación de la perspectiva de género en la cultura organizacional de las universidades e instituciones de educación superior, y generar protocolos para erradicarla y dar atención a las víctimas.

Próximos temas de análisis

Para concluir este primer panel, Lydia Ladah agradeció la participación de sus colegas, coordinó la sesión de preguntas de la audiencia que mostraron su empatía por el tema y su discusión en una institución de tanto prestigio como el CICESE; informó sobre la realización de próximos paneles el último jueves de cada mes y temáticas como “maternidad y paternidad en la academia” y “lenguaje inclusivo”, e invitó a la comunidad a externar sus opiniones y enviar propuestas de temas al correo (mujeres@cicese.mx ).

Palabras clave: Igualdad de género, micromachismos, Lydia Ladah, Grupo Mujeres en la Ciencia

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