Carlos Reinoza: de Venezuela a México con escala en Francia




Semblanzas

A sus 38 años, Carlos Eduardo Reinoza Gómez ha transitado de hurgar secretos en enciclopedias y una biblioteca pública, al rigor científico por desentrañar complejas zonas de deformaciones en los límites de placas tectónicas. Ingeniero geólogo, doctor en Ciencias de la Tierra y maestro en Ciencias Geológicas, así, en ese orden de obtención de grados, Carlos Reinoza confía en las segundas oportunidades.

De nacionalidad venezolana y con deseos de lograr a futuro su naturalización mexicana, este joven investigador que aportará a la ciencia de frontera en México nos ofrece una panorámica de su desarrollo personal y profesional, declara su gusto por el estudio riguroso, las reuniones sociales, la cerveza fría, las caminatas en buena compañía y su recuperado entretenimiento por rascar las cuerdas de la guitarra y el cuatro venezolano.

Niño bibliotecario

Carlos Reinoza entró como investigador en el Departamento de Sismología del CICESE en junio de 2018. Desde su nacimiento (1983) hasta concluida la universidad, Carlos vivió en el centro de la Mérida venezolana sin dimensionar que esa ciudad pequeña y lejana era en realidad un semillero educativo y cultural por la presencia de la Universidad de los Andes. “Nos quejábamos mucho de Mérida, la veíamos como un pueblo, pero cuando salí a Caracas y al exterior, dimensioné el nivel cultural e internacional que teníamos. Incluso nuestra ciudad fue sede del encuentro de las tres Méridas del mundo: Extremadura, España; Yucatán, México, y Venezuela. La universidad daba vida a la ciudad con cursos y diversas actividades culturales. Hoy no, muchos profesionales han emigrado”.

De niño, Carlos tuvo acceso a muchos suplementos coleccionables y enciclopedias en casa –por influencia de su abuelo materno que incluso lo enseñó a leer y lo preparó para comenzar la primaria a los 5 años–, y una biblioteca pública localizada a media cuadra de su hogar. En ese ambiente de lectura creció el mayor de dos hermanos y dos hermanas, que vivía con su papá, su mamá y sus abuelos maternos. “De niño me encantaba perseguir los suplementos coleccionables (de atlas, dinosaurios o lo que fuera) de los periódicos El Universal y El Nacional. En mi cuarto no había televisión, pero sí un librero (allá le decimos biblioteca) y yo era el bibliotecario. Todo libro en casa paraba en mi cuarto. Así, tuve un buen desempeño en primaria, secundaria, preparatoria, siempre me gustó la ciencia, el conocimiento en general. Estudié en colegios católicos y por mi desempeño académico, incluso un padre me vio como candidato para ir al seminario... pero no, por mi mente estaba la arquitectura, la historia, la geografía y las ciencias en general”.

Boom petrolero

A fines de los años 90, Venezuela apostó por una estrategia económico política caracterizada por la apertura petrolera, la cual favoreció convenios de participación con industrias del ramo y el otorgamiento de muchas becas para carreras como ingeniería geológica, entre otras, para apuntalar el mundo del hidrocarburo. “Cuando estaba en el bachillerato sonaba mucho esto, había un bombardeo de información del gobierno, los colegios organizaban concursos para otorgar becas, lo cual sumado a mi curiosidad científica me hacía pensar en un futuro interesante en un país con fondos petroleros...”

En ese contexto, Carlos Reinoza culminó el bachillerato en 1999, y al año siguiente ingresó a la Universidad de los Andes, a ingeniería geológica, con profesores que también trabajaban en Petróleos de Venezuela (PDVSA). Cursó la ingeniería del año 2000 al 2006, periodo que nuestro entrevistado recuerda complicado con Hugo Chávez en la presidencia (1999-2013). Como estudiante le tocó vivir El paro petrolero (diciembre 2002-febrero 2003) que consistió en una huelga generalizada de la industria del ramo que prácticamente paralizó todo. “No había gasolina, la universidad cerró puertas, no había cómo funcionara el país. Eso generó despidos masivos en PDVSA; más de 20 mil trabajadores se fueron llevándose miles de años de experiencia. Así comenzó la primera gran emigración de muchos profesionistas petroleros”.

Como universitario, Carlos participó en marchas contrarias al gobierno porque consideraba que había cosas injustas. “Eso me marcó mucho porque en la propuesta de nueva constitución de Chávez se propuso el referéndum revocatorio, el cual firmé, pero no se dio una revocación de mandato sino un censo de opositores. Esa lista negra fue utilizada (quizá aún) para sesgar el ingreso de personal a muchas instituciones, entre otras, a la industria petrolera. A mí me pegó porque impidió mi ingreso a PDVSA y a cualquier empresa internacional que tuviera contacto con Petróleos de Venezuela”.

15 días que se transformaron en para siempre

En su faceta estudiantil universitaria, Carlos tuvo como profesora de geofísica aplicada a Stephanie Klarica, que tenía relación con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). Hasta su graduación, Carlos se convirtió en profesor asistente de la Dra. Klarica, y por ella salió de su natal Mérida.

Becado por esta fundación y bajo la dirección de los doctores Klarica y Javier Sánchez (Funvisis), Carlos realizó su tesis para obtener el grado de ingeniero en geología participando en un proyecto de microzonificación sísmica de cuencas urbanas de Mérida. “En abril de 2005 me fui a Caracas a conocer la fundación, iba por 15 días que se transformaron en un para siempre. La fundación me becó para hacer la tesis allá y como tengo una tía y amigos en Caracas, me quedé. De día escribía la tesis y de noche trabajaba en una casa hogar de niños, de algo sirvió estudiar en colegios católicos”.

En 2006 Carlos recibió el título de ingeniero en geología, y los siguientes 12 años (de 2006 a 2018) trabajó en Funvisis donde había un Departamento de Sismología con una sección de Geofísica Aplicada que pronto se transformó en un departamento. Ahí trabajó ininterrumpidamente por cuatro años y medio haciendo gravimetría, principalmente. Realizaba trabajo técnico, operativo, administrativo y él se autoimpuso la disciplina para investigar y publicar artículos; “nos llamaban profesionales de investigación”, y comenzó a estudiar una maestría en la Universidad Central de Venezuela. Por sus trabajos de investigación, recibió una mención honorífica en los Premios Nacionales de Ciencia, Tecnología e Innovación (PNCTI) como mejor trabajo en ciencias naturales y otro premio nacional (PNCTI 2016) como Grupo de Investigación Consolidado, siendo miembro del Departamento de Geofísica de Funvisis.

En ese inter, se abrió un programa de becas de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho que apoya a estudiantes venezolanos para que estudien en cualquier parte del mundo, con un único compromiso: estudiar y volver al país. “Yo quería aprender más; por eso, investigaba, publicaba, comencé la maestría y cuando salió el programa de becas de la Fundación Ayacucho solicité una para estudiar un doctorado en Francia (el país permite el doctorado directo). Apliqué en 2008 y no quedé, pero en 2009 recibí la beca y a finales de 2010 me fui a Francia”.

En su camino hacia la investigación científica, Carlos Reinoza reconoce a dos pilares dentro de Funvisis: a Michael Schmitz, su primer jefe en el Departamento de Geofísica Aplicada, y a Franck Audemard, geólogo venezolano muy reconocido, quien le abrió puertas con contactos franceses con quienes trabajaba desde finales de los 90. Audemard influyó para que Carlos estudiara en Francia investigando sobre un tema venezolano. Así, con beca y con Audemard como codirector de tesis, en 2014, Carlos concluye el doctorado en la especialidad: Tierra, Universo y Ambiente, en la Université de Grenoble Alpes, Francia.

De falla en falla

Durante su doctorado, Carlos Reinoza trabajó en la aplicación de GPS para el estudio de la falla El Pilar, ubicada en el nororiente de Venezuela y responsable de terremotos importantes y con gran potencial destructivo, como el último de 1997. “Empiezo a aplicar GPS para estudiar el potencial de esta falla que Funvisis, en conjunto con  los franceses, ya habían estudiado en 2003 y 2005, pero que por cuestiones político-sociales no pudieron continuar… así que yo hice los cursos en Francia y el trabajo de campo en Venezuela, en 2011 y 2013, con el apoyo de colegas venezolanos”.

Luego de cuatro años viviendo en Chambery, Francia, Carlos regresó a Venezuela en marzo de 2015 y se reincorporó a trabajar en Funvisis. “Retomé mi cargo con muchas ganas de trabajar, realizamos muchos proyectos como la instalación de estaciones permanentes, escribí artículos derivados de mi tesis de doctorado. Tras la muerte de Hugo Chávez (2013), con Nicolás Maduro en el poder, aún seguía la crisis, pero yo sentía que trabajando podía seguir adelante. A la par de mi trabajo en la fundación, empecé a dar clases en la Universidad Central de Venezuela porque quería compartir mis conocimientos y experiencia. A pesar de tener un contrato de dedicación parcial, en dos años no me pagaron ni un centavo por las clases, pero fue una experiencia grata y me preparó para lo que venía. En Funvisis mi sueldo era de aproximadamente 10 dólares al mes, ¡la supervivencia neta! Nos manteníamos con vivienda y despensas dadas por el estado, pero era imposible pensar en ahorrar para un carro, viajes o ayudar a la familia. La economía estaba tan deprimida que 10 dólares significaban mucho”.

Junio de 2015. VIII Campaña de investigación científica a Isla de Aves, a bordo del Buque de Guarda Costa CG-23 “Naiguatá”. De izquierda a derecha: Carlos Reinoza, Franck Audemard y Ricardo López, entonces, compañeros de Funvisis.

La segunda es la vencida

Entre 2016 y 2017, Carlos Reinoza fue testigo de la segunda ola masiva de migración, sobre todo de profesionistas y él mismo empezó a ver hacia afuera. En 2016 concursó por una plaza en el CICESE, pero no quedó; un año después, exploró una nueva oportunidad y tras enviar documentación, presentar un seminario y sostener entrevistas –todo desde la virtualidad– en abril de 2018 ganó la plaza de investigador asociado C y comenzó a perfilarse su camino a México. “Otra vez, me resultó la segunda oportunidad”.

Los meses de mayo y junio de 2017 fueron terribles en Venezuela, recuerda nuestro investigador de Sismología. Por protestas, manifestaciones de todo tipo y disturbios murieron más de 170 personas; había una zozobra fuerte, los horarios de trabajo se parcializaron a días, a horas; el ambiente estaba enrarecido, pero el objetivo de Carlos era claro: emigrar.

Agradecido con el CICESE

A México, entrando por el norte vía San Diego, Estados Unidos, Carlos Reinoza llegó con su maleta y un cúmulo de conocimiento, ideas, hipótesis y experiencias relacionadas con la falla El Pilar que estudió por años en Venezuela y que, dice, tiene características similares con las fallas en México porque “no es tan importante la ubicación geográfica de la falla, sino el conocimiento específico de ésta”. Por ello, ya en el CICESE, Carlos se dedicó a escribir y publicar acerca de ese conocimiento acumulado que enriquece a México y a Venezuela porque la geología no conoce fronteras geográficas.

Pero volvamos al 28 de junio de 2018 cuando Carlos Reinoza arribó a Ensenada. Aunque tenía algunas referencias por Claudia Quintero, su excompañera de trabajo en Venezuela y egresada del CICESE, llegó a conocer la institución prácticamente de cero. Al día siguiente comenzaría a trabajar en el CICESE, pero ante la falta de contexto, solo con el paso de los días logró dimensionar la institución a la cual había llegado. 

“No era consciente de la importancia, la capacidad, la infraestructura del centro. Ya en Ensenada, algunos amigos venezolanos creían que llegaba a cursar una maestría o un doctorado, pero cuando les dije que tendría una plaza de investigador se sorprendieron mucho. Un amigo me dijo: tú no estás entendiendo qué está pasando, con el tiempo lo entenderás. Y sí, con el tiempo he entendido la dimensión de la institución a la que llegué, mi posición, mi cargo… y es una de las sorpresas más bonitas que he vivido. Y mi primer agradecimiento hacia la institución es porque me permitieron de manera virtual atender y seguir el curso de la convocatoria de oposición. Salir de Venezuela era sumamente complicado”, dice Carlos Reinoza.

Con la experiencia labrada en Venezuela y con los pies sobre suelo mexicano, Carlos empezó a estudiar la sismología y la geología de México, a atender el activo calendario de seminarios de la División de Ciencias de la Tierra, a impartir los cursos de sismología observacional y geodesia satelital, a reforzar conocimientos, encontrarse con estudiantes y a fortalecer sus intereses de investigación que incluyen varios aspectos de la geodesia espacial como mediciones GNSS, la instalación de estaciones permanentes, InSAR, así como estudios de deformación superficial, neotectónica, geodinámica, amenaza sísmica y sismología en general.

“Así fueron mis primeros meses en el CICESE. En Venezuela tenía muchas cargas operativas, administrativas y la del país… Yo podía estar trabajando a las 2, 3 de la tarde, pero si alguien llegaba y decía ´llegó harina, llegó arroz´ botábamos todo para ir a la tienda… Antes de llegar acá hice filas de tres horas para comprar tres kilos de sardina; era una situación difícil que ya no estaba disfrutando”.

Llegar al CICESE, a un cubículo solo para él y la libertad para investigar significó mucho para Carlos: “En Venezuela compartía cubículo con tres personas, sus problemas, el confesionario, las visitas. Aquí, contar con mi propio espacio favorecieron meses muy productivos, tanto que escribí, publiqué y hasta terminé la maestría que había dejado inconclusa en Venezuela. En febrero de 2020, de manera virtual, presenté el examen para obtener mi grado de maestro. ¡Es una curiosidad: primero fui ingeniero, luego doctor y al final maestro! Pero, bueno, tenía tiempo, espacio, motivación y tranquilidad”.

Ciencia de frontera

Ya empapado un poco más en el contexto mexicano y con muchas ganas por hacer cosas aquí, Carlos empezó a plantearse algún problema científico por resolver. Debido a que la sismicidad en el sur de California y el noroeste de México ha sido ampliamente estudiada por investigadores del CICESE y de Estados Unidos, Carlos Reinoza clavó su mirada en la falla de Agua Blanca. Observó que existe una zona poco estudiada hacia el sur de la península de Baja California; si bien ha habido esfuerzos de algunas personas del CICESE, de la falla de Agua Blanca a la punta peninsular hay mucho por investigar y aprender. “Entonces, empiezo a leer y ver la llamada microplaca de Baja California, a pensar en el límite entre las placas Pacífico, Norteamérica y otros bloques, y veo que es un lugar ideal para comenzar un proyecto de investigación”.

Con esto en mente, Carlos sometió la propuesta “Hacia una mejor definición del límite de la placa Pacífico-Norteamérica en Baja California Centro y Sur” en la convocatoria Ciencia de Frontera 2019 del Conacyt, la cual fue una (dos del CICESE) de las 139 propuestas aprobadas, en su modalidad individual. ¡Esta fue otra grata sorpresa que marcó mi año!, sonríe nuestro entrevistado.

Este financiamiento a dos años, la obtención del grado de maestría de su primera estudiante en el CICESE y su ingreso como Candidato al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), en enero de 2020, fueron claves para que Carlos pidiera y obtuviera su promoción a investigador Titular A, que gozará a partir de enero de 2022.

Sociable, cafetero y melómano

Entrevistado en su cubículo, el 236 del edificio de Ciencias de la Tierra, Carlos Reinoza me recibe y tras los saludos habituales, me invita una taza de café que acepto. “Yo soy muy cafetero; de chiquito no me daban biberón, sino café”, bromea. Rodeados de dos escritorios sobre los cuales yace equipo de cómputo, un librero, una pizarra y un mapa de la República Mexicana cuya geografía ya comienza a serle familiar, este investigador de Sismología se esfuerza en narrarme uno de sus días cotidianos. 

“Me levanto y lo primero que quiero es salir de la casa, me pica la casa, creo que esto es por los muchos años de vivir con horario; antes entraba a trabajar a las 8 de la mañana, pero tenía que levantarme a las 5, para atravesar la gran metrópoli que es Caracas. Soy una persona nocturna, nada madrugador. Desayuno, tomo café y llego al CICESE donde paso mucho tiempo. Me gusta la tranquilidad.”

En la tarde, Carlos regularmente visita a su mamá y a su hermana, quienes también emigraron de Venezuela en 2019 y aquí hallaron tranquilidad, una vida más apacible y su hermana la matrícula para estudiar ingeniería mecatrónica en la Universidad Autónoma de Baja California. A tres años de estadía en el puerto, Carlos ha hecho varias amistades. “Soy muy amiguero, me gustan las reuniones, tomar cerveza, hacer comida, caminar y escuchar y tocar música. Es parte de mi herencia cultural, mi abuela tocaba la guitarra y yo el cuatro venezolano. Acá he retomado la música. Antes de la pandemia, en la división, con algunos investigadores nos reuníamos a tocar guitarra; con ellos me tocó reconocer la música que escuchaba mi abuela porque ella creció con la música y el cine de México. Recuerdo el sonido nostálgico de la radio que escuchaba. México posee una cultura transversal hacia toda Latinoamérica.”

No es amante de la literatura, pero desde niño Carlos disfrutaba de los suplementos coleccionables, enciclopédicos, que ahora lee en el celular, y durante muchos años coleccionó la revista National Geographic. “Tengo mis etapas de lector asiduo; por ejemplo, cuando estuve en Francia, leí a Julio Verne en su idioma, francés, porque me gusta mucho. También me gusta el cine, sobre todo porque es uno de los pocos lugares donde me concentro; suelo ser disperso y multitareas, pero el cine me enfoca, me abstrae de todo. Estoy contento y agradecido con México por todas las oportunidades que estoy aprovechando al máximo. Aún no tengo Grammy, ni Óscar y menos Nobel, pero ya pertenezco al SNI, lo cual –descubrí– es algo muy importante aquí”.

Con la familia dividida entre México y Venezuela: Carlos, su mamá y su hermana más pequeña en Ensenada; su padre, sus hermanos y sobrinos en Mérida, en la casa familiar que no quieren abandonar, pero tampoco pueden rentar o vender, en medio de la crisis, nuestro entrevistado se muestra orgulloso por pertenecer al CICESE y optimista porque sus esfuerzos académicos contribuyan a la generación de ciencia de frontera, a la formación de recursos humanos y a la comunicación del conocimiento.

 

Palabras clave: Carlos Reinoza, Venezuela, sismología, Francia, ciencia de frontera, fallas geológicas

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