Tras año y medio, el «Alpha Helix» vuelve a navegar




Ciencias del mar y de la Tierra

Tras una pausa de año y medio provocada por la contingencia sanitaria, el Buque Oceanográfico Alpha Helix propiedad del CICESE, reanudó operaciones con un crucero que sirvió para calibrar un perfilador de corrientes, capacitar personal técnico y para obtener muestras de agua de mar para dos proyectos de este centro de investigación.

Un poco más lento en su navegación debido a las adherencias en el casco, pero con todos los sistemas hidráulicos, electrónicos y de navegación al 100 por ciento, y lo más importante, con una tripulación feliz por reanudar actividades en el mar, el buque zarpó a las 8:08 horas del miércoles 23 de junio al mando del capitán Pedro Núñez Cota, llevando como jefe científico al Ing. Juan Carlos Leñero Vazquez, quien es coordinador de Operaciones del Departamento de Embarcaciones Oceanográficas (DEO) del CICESE.

Después de las campañas oceanográficas realizadas en 2019, todo indicaba que 2020 sería un año exitoso para el barco luego de que se le instaló una nueva ecosonda multihaz que permite mapear el fondo marino en alta resolución. Este equipo es muy sofisticado y fue adquirido por el Centro Mexicano de Innovación en Energía Geotérmica (CeMIE-Geo), para un proyecto de exploración geotérmica en cinco cuencas marinas del Golfo de California que lidera el doctor Antonio González Fernández.

Como esta ecosonda multihaz necesita colocarse separada del casco pues al navegar, éste genera burbujas y turbulencia que pueden afectar negativamente las lecturas de sus transductores, se instaló en una góndola metálica bajo el casco del buque. En ella, además de la ecosonda multihaz, se reubicaron los equipos hidroacústicos que ya se tenían y que se localizaban en nichos construidos especialmente para cada uno de ellos. De esta manera, en una sección de la góndola se instaló la ecosonda multihaz y en otra sección el perfilador ADCP (perfilador de corrientes acústico Doppler) y otra ecosonda científica con arreglo de cuatro transductores.

Todo ello diversificó la capacidad analítica del barco y lo hizo más atractivo para investigadores de instituciones mexicanas y extranjeras, así como para la iniciativa privada. Pero llegó la pandemia y todo cambió.

2020 fue un gran agujero negro, señala el Oc. Daniel Loya Salinas, jefe del DEO. A principios de marzo ya se veía venir el problema de la situación sanitaria. Un crucero que estaba programado el 18 de marzo se tuvo que cancelar por la misma situación y todo el año pasado se fue en blanco.

“Los barcos de investigación no son barcos de lujo, no son amplios internamente; los pasillos son estrechos, los camarotes son pequeños y no hay amenidades porque nuestro barco es de trabajo. Por lo mismo, adentro de la embarcación no puedes mantener la sana distancia. Un pasillo de menos de un metro de ancho no te lo permite; no puedes andar caminando y mantener la sana distancia; o en los laboratorios si varias personas se juntan a ver pantallas de las computadoras de los equipos de a bordo tampoco pueden respetar la sana distancia; en el comedor se tuvieron que cancelar lugares e instalar unas barreras de acrílico para evitar que más de 10 personas lo ocuparan al mismo tiempo (tiene espacio para atender a 15 personas al mismo tiempo). Todos estos cuidados, aunque se estuvieron realizando conforme fueron saliendo las políticas del CICESE para el regreso seguro a actividades, de todos modos no nos permitió realizar ningún crucero porque había mucha incertidumbre.

“Otra cosa es que adentro del barco no puedes tener una ventilación eficiente. Puedes abrir las claraboyas cuando el barco no está navegando pero hay muy poca ventilación porque no hay el flujo libre de aire, y cuando hablas de aire acondicionado lo que hace es recircular el aire que ya hay y eso tampoco es ventilación. Esos dos conceptos, el de la sana distancia y la falta de ventilación, complicó mucho la situación”, señaló Daniel Loya.

Al final, los jefes científicos de los proyectos que ya tenían asignado tiempo de barco para 2021 solicitaron retrasar las fechas los cruceros. La mayoría prefirió pasarse a 2022 excepto dos: uno del programa IMECOCAL que está proyectado a mediados de agosto (el doctor Tim Baumgartner será el jefe científico), y el crucero Batimetría 2021, del doctor Antonio González, para finales de septiembre, principios de octubre.

En esta coyuntura se programó el crucero Calibración ADCP, ahora en junio, que permitió retomar actividades y dar un soplo de aire fresco a todos alrededor del barco.

La historia de cómo se fue armando el crucero, por espontánea, es digna de mención. Comenzó con la necesidad de calibrar el ADCP del buque pues pasó del nicho a la góndola y era necesario asegurar que todos los parámetros y mediciones de ese equipo, los datos que va a generar, sean confiables. El Ing. Leñero Vazquez tiene experiencia en este tipo de calibraciones por lo que se designó como jefe científico.

Daniel Loya cuenta: Estaba platicando una mañana con el doctor Tim Baumgartner en la recepción del edificio de Oceanología sobre unos equipos que quiere instalar en el barco para su crucero de agosto, cuando sale el doctor Juan Carlos Herguera de su cubículo y los tres nos ponemos a platicar de cómo estaba la situación, de sus proyectos, de cómo hemos estado por año y medio quemando llanta pero con los frenos puestos. “En un momento el Dr. Herguera comentó que necesitaba una muestra de agua de fondo, profunda, pero apenas poco más de un litro, para unos análisis que quería hacer. Le dije que si le parecía podíamos verlo como un servicio de cortesía del crucero que estábamos por realizar, porque no se trataba de hacer actividades formales de investigación, sino una cosita de nada. Para esto anteriormente nos había estado solicitando la doctora Sharon Herzka que si había posibilidad de hacer una hidrocala en este crucero para entrenamiento de un nuevo técnico del Departamento de Oceanografía Biológica (DOB), Ernesto Ortiz, y al mismo tiempo probar un CTD (un perfilador de la columna de agua para temperatura, salinidad, conductividad, oxígeno) de ese departamento. Viendo que ya íbamos a hacer una hidrocala también como un servicio de cortesía, porque no era una actividad 100 por ciento académica donde hubiera una red de estaciones y todo eso, pensé que en esa hidrocala podíamos sacar una muestra de agua de mar para Juan Carlos Herguera, con mucho gusto, considerando que una de las actividades que siempre debe tener en cuenta la jefatura del DEO es pensar de qué manera se puede optimizar el uso del barco. Después resultó que el doctor Helmut Maske, quien tiene programado un crucero en 2022, también necesitaba una muestra de agua de mar. De manera que al final se unieron tres técnicos académicos al crucero: Doreny Bobadilla Gámez, del laboratorio de Juan Carlos Herguera; César Almeda Jáuregui, por parte del grupo de Helmut Maske, y Ernesto Ortiz Huerta, en entrenamiento para el DOB.

El crucero estaba programado para dos días. Cuando se elabora un derrotero se ven las actividades, y los tiempos asociados a cada actividad se asignan con algo de tiempo de sobra para no estar demasiado ajustados. Si por algo se complican las actividades tienes un “colchón” para atender eso y si sale bien pues vas ahorrando tiempo. Esto fue lo que pasó en esta ocasión en que la lista de actividades estaba programada para x número de horas y les fue muy bien en todo. De hecho se comunicaron en dos ocasiones con Daniel Loya: la primera para decirle que en lugar de llegar el viernes a las 8:30 de la mañana iban a llegar el jueves por la tarde, y la segunda vez para decirle que a las 2:30 de la tarde iban a estar pasando por escolleras para ingresar a la rada portuaria. Las actividades salieron muy bien, no hubo contratiempos, no hubo mal tiempo. Todo tranquilo.

La tripulación del Buque Oceanográfico Alpha Helix la componen ocho miembros, liderados por el capitán Pedro Núñez Cota, más un ayudante de cocina. Como en esta ocasión el jefe científico coincidió que fuera el coordinador de Operaciones, el personal del DEO que concurrió a este crucero fueron 10 en total.

- Después de año y medio sin tener actividad en el barco, ¿cómo está en sus sistemas hidráulicos, de navegación? ¿qué te reportaron en este crucero?

Lo primero que reportaron y es algo que esperábamos, fue que el barco navega lento porque el casco está lleno de algas y bichos del mar que se le pegan. El casco para motivos de navegación debe estar finito, y cualquier cosa que tenga adherida lo vuelve como una lija. Mientras más objetos tiene, más gruesa la lija y esto representa más resistencia a la navegación. En principio le quitó aproximadamente un nudo de eficiencia. En vez de navegar a 8 navegó a 7.2 nudos, una cosa así. Hace falta hacerle una limpieza completa al casco para que pueda aprovecharse lo mejor posible la eficiencia de las máquinas, el combustible, y sea la medida más óptima entre desempeño y gasto.

- ¿Y cómo está el ánimo de la tripulación? ¿Cómo se sintieron de volver a trabajar en un crucero?

Muy bien en general, todo muy positivo. Sí, hay una serie de cosas que estuvieron realizando, de revisiones eléctricas, revisiones de conexiones hidráulicas, cuestiones muy de rutina, pero su objetivo principal, que es que el barco esté navegando, no lo podían hacer.

Fue beneficioso para el barco porque muchos detalles no se esperaron a que fueran críticos sino que se empezaron a revisar desde antes; se cambiaron refacciones, piezas y se mandaron hacer piezas especiales; se contrataron proveedores para hacer algunas cuestiones de aire acondicionado, de sistemas hidráulicos y de soldadura. Cosas de rutina para el barco. El técnico electrónico estuvo revisando los equipos del puente, se mandó un CTD a calibración y ahorita está en Estados Unidos.

Todas esas cosas que normalmente tenemos que hacer aceleradamente entre cruceros las hemos hecho con más calma. Y tienes que hacerlo con más calma porque hay menos de la mitad del personal administrativo apoyándonos, hay la mitad del personal de la tripulación a bordo hasta hace poco, entonces todo tenía que hacerse con mucha paciencia.

Cabe destacar que una vez que zarpó el Buque Oceanográfico Alpha Helix se posicionó en un punto de fondeo frente al estero de Punta Banda, dentro de la Bahía de Todos Santos, para limpiar mediante buceo autónomo las tomas de fondo del casco y los transductores de los equipos hidroacústicos instalados en la góndola metálica, pues había que dejar limpias de fauna incrustante esas superficies.

Por último, Daniel Loya dijo estar muy agradecido con el comité de seguridad del CICESE, en especial con la doctora Rosa Mouriño y su personal por las sugerencias para realizar este crucero de manera segura y porque, aunque casi todos los miembros de la tripulación ya estaban vacunados, como parte de las medidas de seguridad para evitar contagios a bordo del barco, a todos los que participaron se les hizo la prueba PCR, fueran personal científico o personal del DEO, y todos salieron negativos. Si hubiera habido algún problema, quien no saliera negativo simplemente no sale, porque el barco es como un medio de cultivo: si uno anda mal, todos caen.

Del mismo modo agradeció a la Dirección General, la Dirección Administrativa, la dirección de la División de Oceanología y a su personal de apoyo, así como al personal administrativo de las subdirecciones de Presupuestos, de Recursos Financieros, de Recursos Humanos, y de Recursos Materiales, por toda su colaboración durante los preparativos para este crucero.

 

Palabras clave: Alpha Helix, zarpe, reanuda actividades

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