Para cuidar los océanos debemos, como científicos y como país, pasar a propuestas de soluciones


Conversatorio “El océano que queremos: vida y medios de subsistencia”


Ciencias del mar y de la Tierra

Una de las acciones más importantes que tenemos que implementar como científicos, es ampliar nuestra capacidad de informar sobre un problema, como puede ser el caso de las arribazones de sargazo previstas en el caribe Mexicano este verano, y con base en ese conocimiento alumbrar cuáles son las soluciones. Los modelos numéricos de pronóstico que desarrollamos no valen nada si no hay alguien que tome esa información y organice cómo y en dónde se va a interceptar ese sargazo.

Por ello, uno de los problemas que tienen los científicos en este momento es la falta de conexión con la sociedad (y con los gestores de bienes comunes) para que ese conocimiento, esos pronósticos, por ejemplo, lleven a acciones; es decir, que el conocimiento sirva de sustento para que los gobiernos puedan tener estrategias que permitan atender problemas, mitigarlos y prevenirlos.

Esto fue comentado durante el conversatorio “El océano que queremos: vida y medios de subsistencia” que organizó el CICESE como parte de las actividades del Día Mundial de los Océanos, una iniciativa de Naciones Unidas que se celebra el 8 de junio, y en el cual participaron los doctores Adolfo Gracia Gasca (ICML-UNAM), Víctor Vidal Martínez (CINVESTAV-Mérida), Julio Sheinbaum Pardo y Juan Carlos Herguera García (CICESE), bajo la moderación de Sharon Herzka Llona, investigadora de este centro. Todos, además, miembros del Consorcio de Investigación del Golfo de México (CIGoM). 

Cuatro fueron los tópicos que abordaron los especialistas: un océano productivo (recursos pesqueros, métodos de producción, pesca ilegal, gestión de recursos, inspección y vigilancia); un océano limpio (contaminantes: plásticos, hidrocarburos, metales pesados); un océano predecible (modelación numérica, pronósticos), y un océano sano (tendencias emergentes: aumento de temperatura, acidificación, desoxigenación).

Y lo hicieron en tres rondas a lo largo de casi una hora y media: en la primera cada uno se enfocó a presentar el estado que tienen nuestros océanos desde la perspectiva de su especialidad (o tópico), en la segunda plantearon los retos que nos aguardan, y en la última esbozaron las acciones que hacen falta implementar.

El estado actual de los océanos no es muy alentador: varía de estar “en peligro” a tener una “condición precaria”.

Con una captura mundial alrededor de 96 millones de toneladas ya alcanzamos el nivel máximo sostenible en las pesquerías silvestres, y esto ocurrió porque mejoró la tecnología empleada en las artes de pesca, por explotar recursos a mayor profundad y con el aumento de la flota. Con este aumento excesivo del esfuerzo pesquero que ocurrió a partir de la segunda guerra mundial, 60% de los recursos pesqueros se encuentran en niveles sostenibles, 34% están sobre explotados, y solo 6% tienen una buena posibilidad de explotación, señaló Adolfo Gracia.

A esto hay que agregar las condiciones que guardan los océanos en cuanto a contaminación, eutroficación, acidificación, aumento de temperatura con el cambio climático y pérdida de hábitats, lo cual en conjunto afecta la sostenibilidad de los recursos. Afortunadamente, agregó, éstos tienen alta resiliencia y es posible implementar acciones que lleven a su recuperación, pero ello implica que deban interactuar varios actores de la sociedad.

Víctor Vidal, que ha trabajado por más de 25 años en el Golfo de México, dijo que especialmente en la zona costera se traslapan las actividades de extracción de hidrocarburos con la pesca (tanto artesanal como comercial). Al muestrear en la sonda de Campeche ha encontrado pesticidas, PCB’s, metales pesados asociados a perforaciones petroleras y otros contaminantes en camarones o en peces que viven en los fondos marinos. Estos organismos están sujetos a una exposición crónica de estos contaminantes, los cuales desde luego que pueden pasar a los seres humanos.

Por eso uno de los retos es garantizar la viabilidad de que el personal académico entrenado pueda seguir monitoreando estos recursos marinos, y para ello planteó como necesidad el que exista en México una agencia oceánica nacional que agrupe a expertos no solo para seguir con los monitoreos, sino que establezca regulaciones estrictas respecto a la cantidad de contaminantes que estamos arrojando al mar, entre otros aspectos.

Considerando que, por la falta de recursos, un problema fundamental es la necesidad de medir lo que sucede en el océano (porque hay que hacerlo de manera continua y exhaustiva), un reto que destacó Julio Sheinbaum es combinar el conocimiento y las observaciones que se tienen de aspectos químicos, biológicos y cualquier otro, e integrarlas en modelos numéricos que lleven a predicciones.

Como también señaló Juan Carlos Herguera: Observar las tendencias emergentes (aumento de temperatura, acidificación, disminución de oxígeno disuelto) y llegar a pronósticos a través de modelos es fundamental para cualquier país. “Tenemos los elementos para hacerlo, pero no tenemos financiamiento. Cuando lo hemos tenido, como ocurrió con el CIGoM, hemos hecho cosas extraordinarias”.

El gran reto que trae la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sustentable que comenzó en enero, agregó, es ¿cómo hacemos para que este conocimiento cuantitativo y cualitativo llegue a acciones concertadas que beneficien al público? “Hay que dar a conocer cuáles son los problemas y también hay que dar soluciones para estos problemas. Y para ello hay que establecer alianzas con los gobiernos, con la industria pesquera, la marítima, con los sectores involucrados y afectados. A todos les interesa dar con soluciones”.

En cuanto al aprovechamiento de los recursos pesqueros, Adolfo Gracia indicó que por estar al límite el principal interés es llegar a a la sostenibilidad en las capturas. Por ello consideró necesario que los países regulen las actividades de las embarcaciones menores, tomando en cuenta que de la flota mundial de pesca, integrada por 4.6 millones de embarcaciones, 80% son embarcaciones menores; en el ámbito local, de las 103 mil embarcaciones registradas en México, 100 mil son menores, y la regulación de este esfuerzo debe hacerse considerando cómo impactan sus actividades a los habitantes.

Otra acción es utilizar integralmente los recursos, porque en la actualidad se desperdicia un tercio de todas las capturas ante la falta de prácticas adecuadas o de capacidad tecnológica. Por ejemplo, no tener una cadena de frío provoca que 30% de las 100 mil toneladas que captura México se desperdicien. Y 30% es una cifra enorme.

Otro aspecto que requiere acción inmediata es atender las prácticas destructivas, particularmente la pesca no reglamentada ni declarada, la pesca ilegal, que ocurre incluso fuera del ámbito de los países.

Desde 1995 existe un código de conducta de la pesca responsable, pero se requiere la voluntad política de diferentes niveles y de todos los países para que éste se aplique, así como también depende de la inspección y vigilancia. Si no se atienden los lineamientos, si no hay un seguimiento o gobernanza no habrá resultados en términos sociales, ecológicos o económicos. El manejo tiene que estar basado en estos términos porque son los pilares de la sostenibilidad.

En cuanto a acciones para controlar la contaminación, Víctor Vidal reconoció que su visión no es muy optimista.

Al no contar con una regulación propia, México toma regulaciones internacionales para aplicarlas aquí, pero las condiciones ambientales son diferentes. Por ejemplo, en el Golfo de México se presentan emanaciones naturales de hidrocarburos, por lo que existe un intervalo de concentraciones en el que los organismos viven y se requiere, por lo tanto, una regulación específica. Pero ésta debe estar basada en observaciones, en programas de monitoreo que generen estrategias e indicadores que de verdad se puedan aplicar. El CIGoM, agregó, estandarizó los métodos para medir contaminantes, algo que es fundamental y que ahora se puede compartir con otros países.

Sharon Herzka integró la visión de los participantes en cuanto a las acciones prioritarias que se avecinan para tener el océano que queremos: que el conocimiento generado por los científicos sirva como sustento para la toma de decisiones. Esto lleva a revisar el papel que los gobiernos deben tener para desarrollar estrategias que permitan atender problemas, mitigarlos y prevenirlos.

Por ello Julio Sheinbaum remarcó la necesidad, como científicos y como país, de pasar a propuestas de soluciones. Juan Carlos Herguera lo resumió así: Modelos predictivos como los que desarrolla Julio Sheinbaum y su grupo de investigación son comparativamente mucho más baratos que atender problemas. “¿Cuánto cuesta la destrucción de un arrecife? Y aun así no somos capaces de destinar recursos para mitigar ese problema. Necesitamos comunicar el valor que tiene el océano comparado con el valor que tiene el no hacer nada”.

Para ver el video del conversatorio, siga esta liga.

 

Palabras clave: Conversatorio, Día de los Océanos, Década de los océanos

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