Marcela Rodríguez: Cómo no perderte en el complejo camino de ser investigador


Destaca su trayectoria como egresada del posgrado en Ciencias de la Computación


Egresados distinguidos

De su formación en el CICESE, Marcela Rodríguez Urrea reconoce haber aprendido aspectos que podrían considerarse básicos, como qué es un proyecto de investigación, la diferencia entre hacer una maestría y un doctorado, desarrollar una tesis, hasta aspectos académicos relevantes y complementarios, como aprender a establecer redes de colaboración con colegas, escribir y revisar artículos científicos, elaborar propuestas de fondeo para proyectos, aprender a cuestionar y responder interrogantes, cómo asesorar estudiantes y, sobre todo, a enfocarte en tu trabajo de investigación y no perderte en este camino que a veces puede resultar complejo.

De los 3 mil 433 egresados que ha tenido el CICESE desde su creación (hasta el 15 de junio de 2022), solo 284 obtuvieron aquí su maestría y su doctorado. Tal es el caso de Marcela Rodríguez, quien egresó del programa de maestría en Ciencias de la Computación en 1998 con la tesis “Memoria organizacional para revisiones técnicas en salas electrónicas de reuniones”, bajo la dirección de Josefina Rodríguez Jacobo, y del doctorado en 2006, con la tesis “Agentes autónomos en ambientes de cómputo colaborativos ubicuos”, dirigida por Jesús Favela Vara.

Profesora investigadora en la Facultad de Ingeniería de la UABC en Mexicali, miembro del cuerpo académico en Tecnologías para Ambientes Inteligentes con status Consolidado de PRODEP-SEP y de la Red Temática Envejecimiento, Salud y Desarrollo Social del CONACYT, el desempeño académico de la doctora Rodríguez es muy destacado.

Presidió de 2014 a 2016 la Sociedad Mexicana de Ciencias de la Computación (SMCC), al tiempo que fungió como tesorera de la Asociación Mexicana de Interacción Humano-Computadora A. C. (AMexIHC). Ha organizado congresos nacionales e internacionales, como el Encuentro Nacional de Computación, el International Workshop on Ambient Assisted Living, el International Ubiquitous Computing on Ambient Intelligence, el Latin American Web Congress, y el Taller de Informática Médica, en diversos años y sedes.

Cuenta con más de 100 publicaciones de artículos arbitrados publicados en revistas, libros y congresos, y una patente. Por su trabajo de investigación obtuvo en 2015 el Mérito Académico en el área de las Ciencias e Ingeniería de la UABC y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT con el Nivel 2.

Sus áreas de investigación incluyen inteligencia ambiental, interacción humano computadora, y arquitecturas de sensado. Sus publicaciones presentan resultados en estas líneas de investigación aplicadas en dominios de la informática médica, vehículos inteligentes y plataformas de videojuegos. Los métodos que aplica para su investigación se basan en el enfoque de diseño centrado en el usuario. Utiliza técnicas etnográficas para estudiar el contexto del problema y obtener una visión de soluciones tecnológicas que resulten útiles y eficientes. Al utilizar este enfoque, investiga cómo las soluciones tecnológicas mejoran el desempeño de las personas, modifican sus comportamientos, sus rutinas diarias y sus prácticas colaborativas dentro del contexto de estudio.

Estudió Ingeniería en Computación en Mexicali, y reconoce que al terminar su carrera en 1996 “sabía que quería continuar mi preparación pero no sabía lo que implicaba realizar una maestría. Cuando era estudiante de licenciatura, la mayoría de mis profesores no tenían maestría ni doctorado, a diferencia de hoy. Por eso para mí (llegar al CICESE) fue toda una experiencia porque, para empezar, no sabía qué era una propuesta de tesis, pues en la licenciatura no tuve que hacer una ya que mi titulación fue automática, por promedio. Tampoco me había enfrentado y no comprendía el sentido que tiene que otros cuestionen tu trabajo, de una manera diferente a como se hacía en la licenciatura; para mí eso también fue un aprendizaje. No es a lo que estaba acostumbrada como estudiante de ingeniería, donde los proyectos tienen que funcionar o ‘correr’, o no pasas los cursos.  Aquí era muy diferente; había que hacer una propuesta de tesis, aprender a escribir de forma puntual, apegándonos a un tiempo definido, los deadlines, dirigida por los asesores”.

Reconoció que otro aspecto que la motivó durante sus estudios de maestría fue la convivencia con los estudiantes de doctorado, pues “al convivir con ellos empecé a darme cuenta de cuál es el alcance y las diferencias entre una maestría y un doctorado”. Así, concluyó su maestría en 1998 y obtuvo una plaza docente en la UABC.

En esos años, la universidad estaba motivando a sus profesores a que cursaran ya no solo un grado de maestría, sino el doctorado.

“Cuando decidí regresar al doctorado apoyada por la UABC (en 2002), contacté a Jesús Favela porque me interesaba su área. En ese momento ya tenía tres años de haber terminado la maestría, trabajando como profesora y en actividades administrativas. Me envió un artículo y comenzamos a platicar sobre cuáles podían ser mis posibles temas de tesis. También me compartió artículos respecto a lo que implica ser un investigador. Creo que esa fue una de las grandes experiencias, y lo que noto ahora con mis estudiantes de licenciatura, es que desde la carrera tienen la posibilidad de ver a compañeros que están trabajando en sus tesis de posgrado, pueden platicar con ellos directamente o pueden involucrarse con profesores en la materia de investigación.

“Mi experiencia en los temas que desarrollé, en maestría y doctorado, es que tuve el apoyo de asesores, del comité de tesis; todos me ayudaron en su momento con sus observaciones, y lo que fomenta mucho el CICESE, sobre todo Computación, es que los estudiantes convivan en torno a los temas de tesis.

“Mis compañeros y yo sabíamos qué estaban haciendo otros compañeros. Por ejemplo, cuando Jesús Favela nos pedía ensayar nuestros avances, siempre invitaba al resto de sus estudiantes, y eso es otra manera de aprender porque los estudiantes cuestionan al compañero que está preparando su avance de tesis y, así, aprenden a cuestionar. Y eso es algo que debemos de aprender, que debe estar en la formación de cualquier estudiante de maestría y de doctorado: que estemos dispuestos a retroalimentar y a aceptar los cuestionamientos de otros.”

Marcela Rodríguez tiene una activa participación en sociedades científicas de México y el extranjero; organiza y asiste regularmente a congresos, talleres y reuniones académicas, por lo que conoce bien el panorama de sus áreas de interés. ¿Se podría decir que esto surgió de su formación en el CICESE?

“Como estudiante del CICESE, la preparación que tuve estuvo muy enfocada a que no me distrajera en otras actividades que no aportaran a mi proyecto de tesis: cualquier etapa del proyecto, preferentemente tenía que detonar en una publicación; cada capítulo de mi tesis tendría que haber sido, o fue, un artículo de memoria de congreso o de revista. Esa fue la dirección que me dio mi asesor de doctorado: muy enfocada en el proyecto y en mi formación como investigador. Hacia el final, cuando ya tenía un poco más de preparación, me dio otras oportunidades que contribuyeron a mi formación. Por ejemplo, apoyaba a revisar artículos. A él lo invitaban como revisor, a mí me pedía ese apoyo y yo aprendía cómo hacer la revisión de un artículo.

“También hubo un periodo en que mi asesor se convirtió en mentor. En cuanto terminé mi tesis de doctorado tuve una plática con él en la que me dio consejos acerca de cómo escribir una propuesta al CONACYT. Siendo estudiantes, sabemos cómo hacer propuestas de proyectos orientadas a tesis, pero ya un proyecto al CONACYT, tener esa primera experiencia, no es fácil. Mi primera propuesta para obtener fondos del CONACYT ni siquiera estaba ligada a mi tesis doctoral, sino a hacer diseños tecnológicos para adultos mayores. Me dio algunos consejos, la elaboré y tuvo bastante éxito en cuanto a la procuración de fondos.

“Esa parte del CICESE, centrada primero en que el estudiante se forme como investigador, y posteriormente no perder ese contacto para que los investigadores se conviertan en mentores, me parece que es importante. Ya después seguí con otra relación más de amistad, no solo con mi asesor sino también con varias personas del grupo de Computación, con estudiantes que se formaron igual que yo y con quienes sigo teniendo contacto. Eso es algo que también se fomenta mucho en el CICESE: el que aprendamos a colaborar entre nosotros como investigadores. A algunos estudiantes los conocí porque estuve en sus comités y esto ha detonado en colaboraciones cuando ya todos estamos trabajando en alguna institución.

“Esa parte me gusta mucho del CICESE, que te dan motivación para que no nos perdamos, porque puede ser muy fácil perderte cuando nos integramos a una universidad y no a un centro de investigación, como es mi caso. Yo estoy en una facultad en donde la prioridad es la licenciatura, y no el posgrado. Tengo que cuidar mucho no distraer mi investigación, el no descuidar mi formación como investigador, en darle cierta prioridad porque es un interés personal y profesional; en mantener mi productividad, en seguir teniendo estudiantes de posgrado, y a la vez cuidar lo que me piden en la Facultad de Ingeniería para apoyar la licenciatura. Creo que, si no mantengo esa relación con grupos del CICESE y grupos que han estado surgiendo en torno a este centro, sería para mí muy fácil desviarme y concentrarme solamente en mis clases o en las actividades administrativas que me están pidiendo en la universidad.”

- Nos han llegado comentarios y críticas respecto a que nuestros posgrados están centrados en formar nuevos investigadores, y que no atendemos, en las maestrías, las demandas y necesidades laborales de la industria, del sector productivo en el campo computacional. ¿Compartes esto?

“No lo comparto porque la maestría y el doctorado del CICESE están en el PNPC, igual que en la UABC, enfocados en formar investigadores. Hay otros posgrados que también pertenecen al padrón del CONACYT, en la categoría de profesionalizantes, donde las maestrías sí que están enfocadas en resolver problemas de la industria. Esa parte, lo que significa hacer investigación, creo que no se ha logrado entender entre los que están en la industria.

“Me queda claro que lo deseable es que de alguna manera la investigación permeara a las necesidades de la nación y de la industria, pero no al revés; no necesariamente los problemas de nuestro tipo de industria son los que marcan la agenda de investigación. Eso creo que no se comprende. Desde hace años hay gente que cuestiona el porqué se da tanto dinero a la investigación si no se ve en la solución de problemas. Esa sensibilidad que se debe tener en la industria para entender el alcance de la investigación es algo que todavía se debe trabajar, y probablemente también en el área de investigación.”

Otro asunto que aborda Marcela Rodríguez, pero como asignatura pendiente, es cómo abordar la transferencia tecnológica.

“Cuando estudié en el CICESE me enseñaron a escribir artículos, a hacer investigación y darla a conocer a través de los artículos, pero no me enseñaron cómo redactar una patente, por ejemplo. Llego a la universidad y veo que hay interés en la institución de que también se empiece a patentar; empiezan a darnos cursos y a mí me da curiosidad el tema de propiedad intelectual.

“Terminando su tesis de doctorado, uno de mis estudiantes se fue a hacer una estancia en el Tecnológico de Monterrey, donde tienen esta parte mucho más sólida. Entonces me dijo que, según la oficina de patentes del Tec, identificaba que una parte de lo que hizo en su tesis doctoral se podría patentar, y que el registro de la patente se podría solicitar vía el Tec de Monterrey, no por la UABC. Entonces aquí en la universidad me decían ‘¡vamos a subirla por la UABC!’, a lo que reiteradamente les contestaba que yo no sé escribir patentes, y tampoco me ofrecían el apoyo para escribirla. Mientras que en el Tec tenían un agente que nos apoyaría con la escritura. Finalmente, la patente la registramos por el Tec en colaboración con la universidad, y se aprobó recientemente.

“Para mí esos son aprendizajes adicionales. Finalmente, el CICESE me dio esa base que necesitamos si nos queremos mover y seguir haciendo investigación, o si queremos movernos hacia la transferencia tecnológica. Y es una buena base. La transferencia tecnológica finalmente se ve en una patente, pero no se ha llevado a otro nivel en el que ya se produzca, que entiendo es lo deseable. Tenemos una experiencia que no detonó en más, porque escribir patentes es un proceso de cuatro años, desde que se somete hasta que la aceptan, y la manera en cómo nos evalúa el CONACYT internamente es basada en una productividad anual. Suena atractivo, pero no reditúa mucho (o pronto) estar haciendo esta actividad.”

 

Palabras clave: Marcela Rodríguez Urrea, Ciencias de la Computación, egresada

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