Propiedad Intelectual: el negocio del conocimiento



Vinculación

 

 

No hay peor escenario de terror para un científico que perder muchos años de trabajo en unos cuantos instantes. Y a manos de un oportunista.

Las historias de terror sobran. La más reciente que recuerda el doctor José Luis Solleiro le sucedió en el 2006 a dos investigadores del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

“La historia todos se la saben en ese instituto. Los doctores, cuyo nombre olvido, no estaban convencidos de solicitar la patente de una investigación en la que habían trabajado años, y a la que habían colaborado recientemente con un profesor visitante extranjero. Cuando al fin se decidieron meses después, el profesor ya les había ganado la carrera para solicitar la patente del producto,” recuerda el académico.

Ante un grupo de 20 estudiantes de posgrado e investigadores con varios numerales romanos en sus títulos del SNI de  la tarjeta de presentación, el discurso de Solleiro puede parecer muy enfático. Pero los números son crueles y no distinguen ni doctorados ni improvisados. Sólo 1 de cada 10 patentes que se inscriben cada año en el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) pertenecen a mexicanos. Es claro todavía que la propiedad intelectual y el agua son dos conceptos que tienen el mismo problema en México: todo mundo reconoce su valor, pero pocos hacen un afán por conservarlas.

De 500 patentes que mexicanos solicitaban en nuestro país cada año en promedio ante el IMPI, en 2012 los registros excedieron las mil solicitudes por primera vez, aseguró el especialista.

Solleiro sólo toma tiempo para remojar un poco la garganta. Transcurre el minuto veinte de una racha de anécdotas con la que se ha adueñado del estrado del Auditorio Institucional del CICESE para ilustrar una pregunta tan simple: ¿por qué es importante la propiedad intelectual?

Especialista en el tema de propiedad intelectual adjunto al Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico en UNAM, Solleiro hace referencia a la triple hélice, la fórmula donde interviene la ciencia, el gobierno y la iniciativa privada. Particularmente cuando una se aprovecha de las otras.

“Este tema se extiende hasta las fronteras de la ética. La propiedad intelectual actúa a favor del inventor, pero con prácticas abusivas esto puede atentar contra la sociedad.”

Es algo así. ‘A’ está en pruebas finales de una investigación farmacéutica que pudiese poner en los estantes una medicina 20% más efectiva contra ‘x’ padecimiento que los que hay en el mercado. Sin embargo, ‘B’, la competencia, quien estuvo observando de cerca en el desarrollo, demanda a ‘A’ para entablar un juicio civil por violación de patente, algo que será un caso perdido, pero que tomará unos tres años para resolverse, periodo en el cual la autoridad evitará que se lancen al mercado los productos de ‘A’, al grado de incautarlos.

Tras perder el juicio civil, ‘B’ estará listo para otra demanda penal que tomará cuatro años resolver, y aunque pierda ambos juicios, habrá ganado 8 años de tiempo de permanencia como el líder de mercado, a detrimento de la sociedad en general.

“Existe un reporte muy completo de la Comisión Federal de Competencia sobre el mercado farmacéutico antes y después de la entrada de medicamentos genéricos. Esto es sólo un caso de los escenarios que se dan en los que nos preguntamos si es preferente que prevalezca el derecho humano a la salud o la propiedad intelectual,” explicó.

Y el tema continúa pintándose con 50 tonos de grises.

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“¿Quién paga después de todo por las investigaciones que hacemos en el CICESE? Pablo Pueblo. En teoría, los resultados de las investigaciones financiadas con recursos públicos son para fines del bienestar público,” continúa Solleiro, mientras intenta reponerse de una falla de PowerPoint.

Sin embargo, ese paradigma ha cambiado en los últimos 20 años.

“Cada vez más hay una mayor conciencia de apropiación de los resultados de tu investigación, aún y cuando los quieras regalar.”

Y es que en un mar de información científica disponible, siempre hay tiburones al acecho.

Monsanto, una trasnacional conocida por su trabajo con semillas genéticamente modificadas, tiene todo un sistema de inteligencia corporativa que monitorea todas las publicaciones, patentes e información relevantes a sus actividades publicadas en revistas científicas, incluso antes de que se publiquen, expone Solleiros.

“Básicamente, dan una ‘shineada’ digamos a una tesis desarrollada en el CICESE que termina convirtiéndose en un bien privado apropiable, y no sólo pasa en México, sino en varios países,” explica Solleiro, quien asegura haber aprendido esto de un colega suyo relacionado con la dirección de este corporativo en el país.

Por eso y 49 razones más, Solleiro asegura que la práctica de facto hoy en día es solicitar la patente para el instituto, o bien para sí mismo y ofrecer licencias gratuitas a quien se desee, o incluyendo el cobro de regalías a usuarios corporativos.

“Si la patente le pertenece al CICESE, vamos a garantizar que los beneficios caigan para el bien público, digamos, utilizando las regalías para financiar más investigación, pago de recursos y otras cosas. Pero si se patenta a nombre propio, ese bien se pierde. Esto es el negocio del conocimiento.”

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Cada año, el CICESE ingresa algunos millones de pesos en conceptos de asesoría científica, consultoría y comercialización de diversas formas del conocimiento de sus investigadores.

 

Es difícil desglosar quién produce más. Pero según un documento del Presupuesto de Egresos de la Federación 2012 obtenido del IFAI, el CICESE obtuvo $122.8 millones de pesos el año pasado por concepto de ingresos por proyectos con otras instituciones  y servicios, que aún sin desglosar es una cantidad que representa el 22.3% del total del presupuesto de CICESE, que alcanza los 549 millones de pesos. 

Si se le suman los proyectos CONACYT, que suman otros 114.5 millones de pesos, se obtiene un total de $237.4 mdp en ingresos no fiscales, lo cual representó el 36.21% de los ingresos al cierre del 2012, según datos proporcionados por el Departamento de Programación Presupuestal y Estadística de CICESE. Al cierre de esta edición no se había obtenido información relacionada con ingresos por concepto de patentes y licenciamientos.

En contraste, Solleiro asegura que hay instituciones donde esto ha cambiado. El Instituto de Ingeniería de la UNAM, por ejemplo, obtuvo 2 de cada 3 pesos de su presupuesto de 2011 por ingresos extraordinarios derivados de sus servicios de investigación.

Sin embargo, aunque consultorías y proyectos hechos por científicos del CICESE generan buena entrada de recursos a la institución, la realidad es que a la fecha sólo hay nueve patentes registradas oficialmente por personal de esta institución y otras nueve en trámite, de acuerdo con el Centro de Patentamiento de CICESE.

Sólo dos proyectos del CICESE han resultado en la generación de ingresos provenientes de licenciamientos por transferencia de tecnología y patentes del instituto, ambos proyectos desarrollados por Alexei Licea, actual director de la División de Biología Experimental y Aplicada.

Existen al menos 40 proyectos de investigación susceptibles a comercialización, pero sólo un puñado ha tenido seguimiento activo, asegura Concepción Mendoza, Jefa del Departamento de Promoción y Administración de Proyectos.

Una de las pocas referencias que hay para revisar estos avances es el proyecto Fortalecimiento del Sistema de Propiedad Intelectual de CICESE, realizado con dinero del Fondo de Estímulo a la Innovación (FINOVA) y CICESE, cuyos resultados generaron seis documentos relacionados con crear recomendaciones para lineamientos de cómo se distribuyen los recursos, cómo motivar el trabajo en Propiedad Intelectual, y la gestión y comercialización en materia de propiedad intelectual para el CICESE.

Sin embargo, lo más fácil y práctico para no desviar mucho la atención de los tubos de ensayo es que los investigadores interesados acudan al Centro de Patentamiento de esta institución y pidan a Óscar Rivas que se ponga a chambear a favor de la décima patente de CICESE.

 

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