Patricia Juárez: la ciencia es una expresión del arte


“Cada día me siento más una jarocha ensenadense…”


Semblanzas

Durante 2014 y 2015, el CICESE fortaleció su plantilla científica con la incorporación de 25 nuevos investigadores. Parafraseando a nuestra entrevistada, podemos afirmar que todos y cada uno de ellos poseen el conocimiento, el talento y la creatividad como para complementar el trabajo que otros especialistas han venido realizando aquí en los últimos años.

Tal es el caso de Patricia Juárez Camacho, una muy joven investigadora que se sumó hace año y medio al nuevo Departamento de Innovación Biomédica, un departamento tan reciente que apenas protocolizó su integración en abril del año pasado.

Más allá de su formación académica y del trabajo que desarrolla en su laboratorio, hay otros rasgos que definen su personalidad, su esencia como ser humano. Veracruzana originaria de Xalapa, desde niña estudió música y ya de adulta llegó a cantar en un coro profesional internacional. El gusto por la biología y la medicina lo desarrolló en los libros, en las revistas y ¡hasta del cine! En esta fusión entre el arte y la ciencia, está completamente segura que de no ser científica se dedicaría al arte, después de todo, en sus palabras, la ciencia es una expresión del arte.

En esencia, Patricia es una bioquímica apasionada por entender los mecanismos que regulan el establecimiento del cáncer metastático, por contribuir al descubrimiento de nuevas moléculas terapéuticas, y generar nuevo conocimiento en el área de las enfermedades óseas. Pero al mismo tiempo es una persona sencilla, a quien le fascina cantar, bailar, bucear y correr, y que tiene un excelente sentido del humor.

Nuestra cita se lleva a cabo en la oficina de Patricia, ubicada en el segundo piso del edificio de Innovación Biomédica, con una vista espectacular de la Bahía de Todos Santos, en medio del ruido y el ajetreo que provocan las cuadrillas de trabajadores que construyen aceleradamente el cuarto piso de este edificio.

Siempre amable, nos ofrece un cafecito. Enciendo la grabadora y comenzamos a platicar. Y así, sin notarlo siquiera, en menos de una hora Patricia Juárez le dio un repaso a las emociones y vivencias a lo largo de su vida.

Su historia comienza en Xalapa, en el seno de una familia sencilla sin antecedentes de alguien que se haya dedicado a las ciencias. “Mi papá murió cuando yo era pequeña, mi tío fue la presencia paterna en mis primeros años quién me ponía a repasar las tablas de multiplicar y quién celebraba cada una de mis buenas calificaciones en mi boleta. Mi mamá trabajaba y estudiaba para sacarnos adelante. No había mucho dinero, pero si un gran ejemplo de lucha y fortaleza. Recuerdo que cuando niña no podíamos pagar clases particulares de ballet cómo el resto de mis amiguitas, entonces pasaba mis vacaciones en la biblioteca pública infantil. ¡Ahí fue donde no hubo límites! Fui la protagonista de cada libro, viajé a muchos lugares y mi mente no dejó de soñar.”

- La primera decisión importante: ¿Qué hizo que te decidieras a estudiar Químico Farmacobiólogo (QFB)?

“Me gustó está carrera porque conjuntaba tres área en una: química, farmacia y biología. Estuve muy cerca de estudiar medicina, pero un día estaba en la sala de urgencias en el hospital cuando llegó alguien apuñalado, y me espantó. Cuando lo vi convulsionar entendí que no tendría los nervios para ayudar a la gente en ese estado. Lo que más me atraía de la medicina era la posibilidad de entender los procesos biológicos del cuerpo humano, así que busqué una carrera cercana y me convertí en QFB por la Universidad Veracruzana. Nunca ejercí como química, porque inmediatamente comencé mis estudios de posgrado. Sin embargo, como estudiante de posgrado desarrollé proyectos biomédicos y ahora como investigadora el objetivo final de mis líneas de investigación está enfocado a mejorar la vida de los pacientes con cáncer y enfermedades óseas. Es muy chistoso cómo la vida es un círculo, hay siempre varias maneras de llegar al mismo lugar.”

- Su primera experiencia en investigación

“Mi entrada a la investigación fue claramente influenciada por el programa del Verano de la Investigación Científica que patrocina la Academia Mexicana de Ciencias. En Xalapa no existía este programa, y yo nunca había estado en contacto con la investigación, y a decir verdad, nunca había vivido fuera de mi estado. Realicé mi estancia de verano en el Instituto de Biotecnología (IBT) de la UNAM, en el laboratorio del Dr. Xavier Soberón Mainero. La Dra. Gloria Saab dirigió mi proyecto de verano, y fue la persona que por primera vez me enseñó a tomar unas pipetas, y a hacer mi primer gel de agarosa. En mi carrera yo no llevaba biología molecular, así que la primera vez que vi el DNA en un transiluminador, ¡me cautivo! Y al finalizar mi carrera tenía clarísimo que yo quería hacer investigación científica.” Y así ocurrió: Al termino de su carrera en 1998, empacó y se fue a Cuernavaca.

- La oportunidad de la educación gratuita en México

“No voy a decir que me lancé a la maestría ‘como el Borras’, pero sí un poco inocente, porque recuerdo que presenté el examen de admisión en el IBT y de pronto me percaté que no había preguntado cuánto me iba a costar. Yo sabía perfectamente que no podíamos pagar educación privada, sin embargo no pensé en los costos de vivir en otro estado. Solo pensaba en la oportunidad de estar en un instituto de investigación, así que fui y presenté el examen de admisión en la UNAM. Fue muy chistoso cuando fui seleccionada y tuve que regresar y preguntarle al secretario académico ‘¿cuánto me va a costar?’ jajaja. Necesitaba saber el costo porque a lo mejor no iba poder pagarlo. Pero me respondió que en la UNAM el pago era simbólico: ¡10 pesos! Súper agradecida con la UNAM y la educación pública en nuestro país, que me permitió realizar mis estudios de posgrado con excelentes científicos.”

- A finales de los 90, la biología molecular era un área emergente en México. ¿Por qué no hacer un posgrado en el extranjero, habiendo becas CONACYT y las facilidades a personas que, como tú, tenían buen promedio?

“En ese tiempo porque no lo pensé. Mi familia era conservadora, en mi ambiente no era lo más común, yo era de las pocas que había decidido continuar estudiando y para mí era ya un gran paso irme a vivir sola a otro estado aún en el mismo País. Cómo mujer, no fue fácil dejar el nido, yo añoraba estar con mi familia mientras luchaba contra no deprimirme y aprovechar la oportunidad al máximo. Ahora con más experiencia, después de conocer el sistema en México cómo en el extranjero, sé que mi decisión fue la correcta. En México tenemos instituciones de muy alto nivel que no le piden nada a universidades extranjeras. Durante mis años trabajando en Estados Unidos pude constatar que mi nivel académico estaba a la altura y muchas veces que era aún superior. Así que yo le recomiendo a mis estudiantes aprovechar las oportunidades y el nivel académico de nuestro país, y por supuesto complementar su entrenamiento con estudios postdoctorales en el extranjero. Ahora con la facilidad de hacer estancias académicas en el extranjero durante los estudios de posgrado, puedes vivir la experiencia antes, y tener parte de los dos mundos mientras contribuimos a fortalecer la ciencia en nuestro país.”

- Y durante tus estudios de posgrado, ¿cuál fue tu tema de estudio y por qué te atrapó?

“Durante la maestría trabajé con tráfico vesicular en Entamoeba histolytica en el laboratorio del Dr. Alejandro Alagón Cano en el IBT, y quedé fascinada por el estudio de las vías de señalización celular, por lo que en el doctorado busqué ampliar este conocimiento pero ahora en células eucariotas. Realicé mis estudios de doctorado caracterizando los efectos de un inhibidor de la vía de señalización del Factor de Crecimiento y Transformación Beta (TGF-beta) en el laboratorio del Dr. Fernando López Casillas, en donde por primera vez realicé investigación aplicada en modelos animales, en este caso un modelo de nefropatía diabética. Estos años los recuerdo con mucho cariño, porque ambos tutores me dejaron madurar a mi tiempo, me guiaron por el bosque y me dieron el mejor ejemplo: su excelencia académica y su amor por la ciencia.

“Durante el doctorado, me enamoré de la vía de señalización del TGF-beta y mis estudios posdoctorales se basaron en la caracterización de inhibidores de este factor pero ahora aplicados a cáncer. A finales del doctorado asistí a mi primer congreso internacional, y ahí conocí a mis futuros mentores de postdoctorado: la Dra. Theresa Guise, y el Dr. John Chirwing. Theresa me invitó a Charlottesville y con todo el miedo en el corazón fui a dar mi primer seminario en ingles a su grupo, y conseguí un contrato postdoctoral. El grupo se mudó posteriormente a la Universidad de Indiana y yo con ellos. En Indiana fui parte de un grupo muy fuerte en el estudio de enfermedades óseas, que continúo inspirándome no sólo académicamente sino me llenó de experiencias personales que contribuyeron a mi crecimiento como científica.”

- La vida afuera del país

“Se resume en mucho trabajo, mucha nostalgia y mucho amor. La nostalgia me acompañó desde aquella mañana en que tomé el autobús para comenzar mi estudios de posgrado en Cuernavaca y ya no me soltó. Y durante los años en Estados Unidos se hizo aún más puntiaguda. He tenido la oportunidad de vivir experiencias únicas y maravillosas, pero también he pagado un costo alto. Desearía mucho haber vivido cerca de mi familia, pero así es la ley de la vida, hay mujeres inquietas que cómo yo, siempre quieren vivir experiencias nuevas y aunque doloroso, sé que volvería a escoger el mismo camino. Y del amor, en los años en Estados Unidos encontré a mi compañero de vida, suavemente llegó a complementar mi vida, de tal modo que cambió mi plan original de vivir dos años allá, y terminé quedándome por casi siete.”

- De premios y regalos de vida

“Además de enriquecer mi preparación académica en un laboratorio en Estados Unidos, y de encontrar mi otra mitad, la vida me reservó una gran sorpresa: volví a cantar. Durante mis estudios universitarios en Xalapa, además de la carrera de QFB estaba en la carrera de canto en la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana. Al termino de mi carrera, tuve que elegir entre la ciencia y la música, necesitaba volverme profesional al menos en una, decidí quedarme con la ciencia y la música se detuvo en mi vida por más de ocho años. Hasta que un día estando en Indiana llegó a mis manos una aplicación para audicionar y formar parte del Indianapolis Symphonic Choir, un coro profesional formado por cantantes de todos los niveles con un alta preparación musical. Así que me preparé para la audición y estoy segura que mi excelente pronunciación del idioma en la pieza extranjera que elegí (una canción mexicana por supuesto) me dio el lugar. La música de vuelta en mi vida ha sido un regalo de vida muy generoso; su influencia tocó mi vida académica y florecí aún más. Mi trabajo académico se consolidó y me hizo acreedora de varios premios, así como el reconocimiento como nueva investigadora joven en el área de cáncer y metástasis ósea.

- Me platicas de una vida muy buena, que estaba despegando en Estados Unidos. ¿Cómo fue que decidiste volver y cómo se dio tu llegada al CICESE?

“Yo siempre quise volver. Pero se me cruzó un francés en el camino y la decisión de regresar y encontrar dos trabajos en investigación se tornó más difícil. A ambos nos iba muy bien en Estados Unidos, y sí la vida era bastante buena. Sin embargo trabajar como investigador en aquel país es muy inestable. No hay definitividad, tu salario viene en su mayoría de los ‘grants’ y te sientes en la cuerda floja. Fue progresivo, pero ambos queríamos hacer nuestra vida en alguno de nuestros países de origen, y dejamos el vivir en Estados Unidos como plan B, en caso de que no encontráramos trabajo en otro lugar.

“Aunque la opción de irnos a Francia estaba abierta, yo deseaba internamente que fuera México nuestro destino. Me gusta mucho Francia, pero la tierra llama, aún con todos los problemas, pero este es mi hogar. Y nuevamente un regalo más de vida: vimos anunciadas las posiciones en el CICESE, una nueva área de investigación biomédica se había creado, y parecía estar hecha anillo al dedo para nosotros. Mandamos nuestra aplicación, ambos fuimos seleccionados para dar un seminario y aunque teníamos dudas, porque nunca habíamos estado en Ensenada, nos lanzamos a conocer Ensenada y por supuesto ¡también a ver a las ballenas!”

- ¿Qué impresión te causó Ensenada y el CICESE?

“Excelente. La verdad es que por eso estamos aquí. Es cierto que añoraba venirme a mi país, pero después de que estás en un buen lugar, es difícil que te quieras ir a comenzar de cero. Me aterraba irme a lugares donde las instalaciones están completamente vacías, ó que el lugar no te inspira. Llegamos a Ensenada de noche y no vi nada. Pero en la mañana que nos trajeron para el seminario, me bajo del carro y veo esta vista tan hermosa, no me la creía. Dije ‘¿qué es esto? ¡Es bellísimo!’ Y pensé ‘¡yo quiero vivir aquí!’ y ni siquiera había visto nada. Ya después fue impactante cuando vimos la unidad. Alexei (Licea) ha hecho un esfuerzo tremendo. Es de reconocerse. Él puso toda la casa y solamente estaba esperando por los habitantes. Tanto Pierrick (Fournier, su esposo) como yo nos quedamos impresionados en cuanto a las facilidades. El área de trabajo contaba con la posibilidad de realizar biología molecular, biología celular, cuartos de cultivo, área de animales, genómica, proteómica ¡todo en un mismo lugar! No fue difícil decidirse, teníamos todo para comenzar y tendríamos el apoyo para conseguir lo que nos falta. Trabajar en un reconocido centro de investigación, con la oportunidad de colaborar con los centros vecinos de la UNAM y UABC, con una vista maravillosa y una ciudad muy gourmet.

- A la fecha, ¿has notado cambios en tu área?

“Claro que sí cuando llegamos hace un poco más de año y medio, nuestro edificio era de tres pisos, ahora vamos con el cuarto. Poco a poco, junto con el resto de los investigadores vamos creciendo y haciendo equipo. Empezamos a tener presencia como área biomédica en la región, tenemos mucha demanda de estudiantes, y nuestra investigación comienza a ser reconocida con donativos de CONACYT que hablan de la calidad de nuestras propuestas y nos estimulan a seguir creciendo y fortaleciendo nuestra área y nuestro centro de investigación.”

- Fuera de la parte académica, aparte del canto, ¿qué otras aficiones tienes?

“Me gusta correr, me gusta mucho bucear; si alguna vez has buceado sabes que es una sensación extraordinaria estar ahí abajo. Solamente te tienes a ti mismo y los latidos de tu corazón. También me gusta bailar. Ahora estoy aprendiendo danza africana, y adoro el son de los tambores. Algunas veces también canto con el coro Pro-música, para alimentar mi espíritu científico-musical.”

Por si a estas alturas todavía hubiera alguna duda sobre quién es Patricia Juárez, un par de líneas escritas por ella misma la retratan de cuerpo entero: “Me encanta mi trabajo, el formar estudiantes, el querer conquistar al mundo cada día haciendo ciencia, y me encanta ser parte del CICESE. Y aunque la vida del científico es muy estresante, cada día agradezco la oportunidad de estar aquí. Después de vivir en Estados Unidos por largo tiempo, puedo decir sin lugar a dudas que la vida en México es mucho más bonita y que cada día me siento más una jarocha ensenadense…”

• Para conocer más sobre el trabajo científico que Patricia Juárez realiza en el CICESE, lea el reportaje "Cuando la ecología se encuentra con la biología del cáncer".

 

Palabras clave: Patricia Juárez, metástasis ósea, biología del cáncer

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