Con 300 campañas oceanográficas, cierra operaciones el B/O Francisco de Ulloa


Un mejor conocimiento de los mares mexicanos, su legado...


Ciencias del mar y de la Tierra

No son las 300 campañas oceanográficas que completó en febrero de 2013, o los 20 años de operaciones que pudo haber alcanzado en el próximo mes de julio. Tampoco el total de millas náuticas navegadas, o el promedio por año o lo moderno (o no) de su equipamiento. Para entender la importancia del buque oceanográfico “Francisco de Ulloa”, que a punto está de concluir operaciones para el CICESE, debemos prestar atención a otras cifras.

Por ejemplo, los 117 artículos arbitrados que se habían generado hasta agosto de 2011 a partir del trabajo científico realizado en esta plataforma de observación; o las 17 tesis de doctorado, 39 de maestría y 21 de licenciatura que se gestaron en el mismo periodo, o los 93 informes técnicos y 10 artículos no arbitrados derivados de su operación. Ahí radica una parte, la más explícita, la cuantificable, de la importancia que tiene para la comunidad científica una embarcación como el “Francisco de Ulloa”.

O más claramente, como dijera hace cinco años el entonces jefe del Departamento de Embarcaciones Oceanográficas, Joaquín García Córdova, con motivo del aniversario 15 del barco, “… (el ‘Ulloa’) ha desempeñado un papel fundamental e indispensable en las investigaciones que se realizan en el mar territorial mexicano. (…) Ha navegado intensivamente en los mares a ambos lados de la península de Baja California y a pesar de ser un buque pequeño, ha extendido sus cruceros hasta las costas de Sinaloa, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. Los artículos científicos, la formación de recursos humanos y, sobre todo, el mejor conocimiento que tenemos de esas regiones de los mares mexicanos debido a las investigaciones realizadas a bordo del ‘Ulloa’, son la prueba de que este buque ha contribuido de manera fundamental al desarrollo de la investigación oceanográfica en México.”

El “Francisco de Ulloa” es una embarcación de 28 metros de eslora (largo), siete de manga (ancho) y desplazamiento de 222 toneladas, que se construyó en Ensenada en los años 80 en el astillero “Industria Naval de California”, S.A. de C.V., como parte de una flotilla de barcos atuneros de vara denominados “Delfín”.

Gracias a un apoyo puntual otorgado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), durante 1992 y 1993 se reconvirtió y equipó para que pudiera realizar operaciones como buque oceanográfico. Sus principales características incluyen autonomía por 15 días (se ha llevado hasta 20 o 21 días en algunos cruceros), velocidad crucero de 7.5 nudos, un laboratorio seco (14 m2), otro húmedo (21 m2 originalmente; se redujo a 12 m2 en 2012) y otro más para manejo de muestras (12 m2, pero se tuvo que eliminar recientemente), una área de trabajo a popa de aproximadamente 55 m2 (incluye área para el malacate de CTD y una grúa articulada) y tripulación originalmente de seis personas compuesta por un capitán, dos oficiales de cubierta, un jefe de máquinas, un motorista y un marinero/cocinero.

Por disposición de Capitanía de Puerto, a partir de 2013 la tripulación se incrementó a siete tripulantes (se tuvo que contratar a un ayudante de máquinas), reduciendo así el espacio para el personal científico, que de 11 pasó a 10 solamente.

Las características de equipamiento de este buque han ido cambiando según las necesidades de la investigación y el avance de la tecnología respecto al equipamiento disponible. Hasta su último crucero contaba con:

Un perfilador de corrientes fijo (ADCP), un perfilador de corrientes lanzable (LADCP), un fluorímetro y un perfilador CTD con sensores de temperatura, conductividad, oxígeno disuelto (2), flourímetro y altímetro. Contaba también con una roseta para 12 botellas de 5 litros, un termosalinógrafo, una estación meteorológica y una ecosonda científica (la estación y la ecosonda se dañaron en noviembre de 2012).

En cuanto a maquinaria de cubierta, el B/O “Francisco de Ulloa” se equipó con un malacate de CTD hidráulico con 2 mil 500 metros de cable electromecánico (CTD) y tres conductores, de 4 mil libras de tracción a 325 pies/min; un malacate de arrastre para draga hidráulica y 2 mil metros de cable de acero, de 6 mil libras de tracción a 325 pies/min; una grúa hidráulica de brazo articulado de una tonelada de capacidad, con grúa extendida a máximo alcance horizontal de 7 metros, y un marco “A” hidráulico a popa en la cubierta de trabajo, con capacidad de carga de 5 toneladas, para operación con los malacates de arrastre y de CTD.

Nada mal para un barco que estaba destinado a capturar atún con vara y carnada, una de las artes de pesca más rudimentarias que todavía se utilizan.

El B/O “Francisco de Ulloa” fue bautizado y abanderado el viernes 23 de julio de 1993 en el mismo astillero donde fue construido, en una ceremonia donde estuvieron presentes el entonces secretario de Educación Pública, Ernesto Zedillo Ponce de León; el director del CONACYT, Fausto Alzati Araiza; el gobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel; el rector de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Luis Llórenz Báez; el entonces director general del CICESE, Mario Martínez García; el capitán de puerto Marco Antonio Vinaza Martínez, y numerosos invitados.

Su incorporación como buque oceanográfico fue significativa, pues como reportan el M. C. Arturo Iván Ocampo Torres y el Ing. Juan Carlos Leñero Vázquez en su informe técnico Productos académicos derivados de cruceros realizados a bordo del B/O “Francisco de Ulloa”, 1993-2011, “…en nuestro país son pocas las instituciones dedicadas a la investigación que cuentan con embarcaciones para poder hacer este tipo de estudios: La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuenta con 2 Buques Oceanográficos, uno de ellos opera en las aguas del Pacífico mexicano (B/O “El Puma”, con puerto base en Mazatlán, Sinaloa), mientras que el otro es empleado en las aguas del Golfo de México (B/O “Justo Sierra”, con puerto base en Tuxpan, Veracruz). Otras instituciones que cuentan con Buques Oceanográficos son: La Secretaría de Marina (B/H “Mariano Matamoros”, B/O “Dragaminas 20”), el Instituto Nacional de Pesca (con los Buques de Investigación Pesquera, o BIPs) y el CICESE.”

En resumidas cuentas, México no tiene suficientes barcos oceanográficos como para cubrir la demanda de todas las instituciones de educación superior o entidades públicas y privadas que requieren este tipo de plataformas. Y no la cubre porque, además, el costo del tiempo de barco es un factor limitante: “El Puma”, por ejemplo, cobra tres veces más que el “Francisco de Ulloa”, y no todas las instituciones pueden pagarlo, por más que quieran (o necesiten) medir la parte oceánica con una malla más fina en la parte costera, por citar un caso.

Luego están las limitantes propias de un barco como el B/O “Francisco de Ulloa”: su área neta de trabajo en cubierta (aproximadamente 20 metros cuadrados) resultaba ya insuficiente para proyectos que requieren instalación de anclajes instrumentados, pues se necesita el doble de espacio. Lo mismo la capacidad de la grúa, cuyo límite de trabajo es de una tonelada, cuando a veces se requieren 2.5 toneladas, con extensión total del brazo.

Incluso el número de participantes científicos era ya una limitante. Para ciertos proyectos multidisciplinarios como el denominado Flujos de Carbono (FLUCAR), que busca definir con precisión lo que ocurre con los flujos de dióxido de carbono en los márgenes continentales para así alimentar modelos de predicción climática, o el IMECOCAL -ambos fueron usuarios muy frecuentes de este barco-, necesitan espacio para más de los 10 participantes científicos que pueden viajar a bordo del “Francisco de Ulloa”. A manera de comparación, en “El Puma”, que tiene 50 metros de eslora, caben 20 investigadores, técnicos y estudiantes.

Aún así, el “Ulloa” cumplió con 300 cruceros en sus casi 20 años de servicio. Algunas de las instituciones que usaron regularmente sus servicios son la UABC (tanto el Instituto de Investigaciones Oceanológicas como la Facultad de Ciencias Marinas); el Centro Interdisciplinario de Ciencias del Mar (CICIMAR), del Instituto Politécnico Nacional y el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), ambas con sede en La Paz, B. C. S.; el Instituto Nacional de la Pesca, a través del Centro Regional de Investigación Pesquera (CRIP) de Mazatlán, Sin., el Instituto Tecnológico del Mar, también de Mazatlán, la Universidad de Sonora (el Departamento de Investigaciones Científicas y Tecnológicas), la Universidad de Colima y algunas instituciones extranjeras como la Naval Postgraduate School (NPS) de Monterey, California; la Nature and Biodiversity Conservation Union (NABU) con sede en Alemania, en coordinación con la National Geographic Society, las universidades estatales de San Diego y Oregon, y el Lamont Doherty Observatory, de la Universidad de Columbia, entre otras.

La relación de campañas oceanográficas, artículos arbitrados y no arbitrados, tesis de doctorado, maestría y licenciatura, informes técnicos, artículos sometidos y en proceso, así como tesis en proceso, pueden consultarse en el informe técnico de Ocampo Torres y Leñero Vázquez (técnico del Departamento de Oceanografía Física el primero, asistente de operaciones en el Departamento de Embarcaciones Oceanográficas el segundo) para el periodo 1993 a 2011, publicado en el repositorio de informes técnicos de este departamento.

El primer crucero de esta embarcación, el FU9311-01, se realizó en noviembre de 1993. Tuvo como jefe de proyecto y de campaña al M.C. José María Robles Pacheco, entonces investigador del Departamento de Oceanografía Física del CICESE, quien fue pieza clave para la adquisición y reconversión de este barco. Por lo mismo, encabezó el Departamento de Embarcaciones Oceanográficas del CICESE desde su creación, en 1993, a 2001, para luego ser nombrado nuevamente jefe de septiembre de 2007 hasta su jubilación, en 2011.

El último crucero de 2012, el FU1211-298, del 14 al 16 de noviembre, estuvo a cargo de la Dra. Paula Pérez Brunius, para el proyecto Factores físicos que influyen en la aparición de florecimientos algales nocivos en la Bahía de Todos Santos.

En 2013, los últimos cruceros que se realizaron a bordo del B/O “Francisco de Ulloa” fueron uno más del programa FLUCAR, el 5 de febrero, teniendo como responsable al Dr. Rubén Lara Lara, y el número 300, con el que concluye sus faenas de investigación, coincidentemente al servicio de su usuario más frecuente: el programa IMECOCAL, que debió arribar al puerto de Ensenada el primero de marzo.

Con el último atraque en el muelle 240, puede darse por concluida una etapa brillante, la primera, de hecho, en la historia de los barcos oceanográficos del CICESE. No más despachos de salida para el B/O/ “Francisco de Ulloa”; los siguientes seguro se tramitarán para el nuevo barco que está por incorporarse a este centro de investigación: el "Alpha Helix", una embarcación de 40.5 metros de eslora, 9.4 metros de manga y 522 toneladas de desplazamiento que pronto comenzará sus travesías en aguas del Pacífico mexicano.

Palabras clave: Francisco de Ulloa, buque oceanográfico, embarcaciones oceanográficas,

siguiente