Entre nubes, cafetales y rocas antiguas




Ciencias del mar y de la Tierra

Como continuación del proyecto "Historia geológica del Bloque Maya, su relación con Oaxaquia (México) y con Los Andes de Mérida (Venezuela), con énfasis en el Neoproterozoico y Paleozoico" a cargo del Dr. Bodo Weber, tres estudiantes del posgrado en Ciencias de la Tierra  –dos de maestría y una de doctorado– realizaron una campaña de campo en la Sierra Madre de Chiapas, del 18 de abril al 1 de mayo de 2021. En las siguientes líneas, Eduardo Monreal Roque nos regala una crónica de viaje. (N.E.)

El 18 de abril, Daniel, Tatiana y yo partimos del aeropuerto de Tijuana, Baja California, hacia Tapachula, Chiapas, donde, por la falta de transporte local a nuestro destino tuvimos que pasar una noche. Antes del amanecer partimos a Mapastepec, Chiapas, donde nos reunimos con Celso, personal vinculado a la Reserva de la Biosfera “El Triunfo”, asociación cuyo apoyo fue fundamental para el desarrollo, gestión y organización de este trabajo de campo.

Una vez que compramos los víveres necesarios para la semana que pasaríamos en la sierra, iniciamos en vehículo el ascenso a Ampliación Lagunas, localidad con la mayor elevación en el municipio de Mapastepec. Gracias a la gran hospitalidad y disposición de los habitantes locales pudimos dormir en la casa ejidal que contaba con todo lo necesario y consideramos un lujo: techo, bancas para no dormir en el suelo y luz eléctrica.

Además de la amabilidad de sus habitantes, el mayor lujo de esta localidad es la privilegiada vista panorámica, que bien podría ser el puesto de un centinela, vigilante de la costa. Desde este sitio, según el tiempo y la cantidad de neblina, puede verse a lo lejos la línea de la costa, o bien, vivir la sensación de estar en un pueblo entre las nubes. Aquí, los amaneceres evolucionan del naranja al amarillo, anunciando el comienzo de un nuevo día.

Con esta gama de colores despertamos a lo largo de cuatro días para comenzar las caminatas hacia el interior de la sierra; madrugamos para alcanzar a regresar a tiempo con la luz del día. Para un geólogo educado entre tunas y magueyes, resulta extraño caminar sobre una cubierta vegetal espesa y que se extiende por kilómetros; caminamos varios tramos sin encontrar un solo indicio de roca.

Vagar entre la neblina, al lado de árboles de más de 10 metros de altura, resulta una experiencia única y misteriosa que sólo puede encontrarse en un bosque mesófilo. Los días transcurrieron y tras visitar zonas de derrumbes, interminables bosques de neblina y sinuosos arroyos, completamos el área de estudio. El cuerpo no perdona, particularmente cuando caminas de 10 a 20 km diarios, cargado de rocas en la espalda; para el final de la semana estábamos agotados.

Nuestro pequeño respiro llegó cuando Don Manuel y Roxana, miembros de la Reserva de la Biósfera, fueron a recogernos a la localidad. Después de una noche lluviosa, comenzó el descenso en vehículo. El trayecto desde Ampliación Lagunas hacia Mapastepec dura de 3 a 4 horas (según las condiciones del camino); sin embargo, el CD de éxitos musicales de Don Manuel, su sesión de karaoke y las interpretaciones de una cantante que gusta entonar su desprecio al clan varonil… aceleraron las horas en nuestra máquina del tiempo. Esa noche pudimos dormir en una cama y darnos un baño antes de partir a Las Palmas, con un nuevo objetivo: cruzar la sierra.

Por las faldas de la Sierra Madre de Chiapas

La segunda área de estudio, mi zona de tesis, corresponde al transecto de Las Palmas (falda sur de la Sierra Madre de Chiapas) a Toluca (falda norte). Nuevamente fue Celso quien nos llevó desde la cabecera municipal de Mapastepec hasta la localidad de Las Palmas; ahí nos despedimos con agradecimiento de él, pues, otro agente de la Reserva de la Biósfera nos esperaría 4 días después al otro lado de la sierra.

En esta ocasión rentamos mulas de transporte para que llevaran nuestras maletas y víveres a la cima de la sierra, en la localidad fantasma de Laguna de Londres, la cual fue fundada hace aproximadamente 40 años por una familia que años después migró hacia zonas de menor altitud para poder cultivar café, en la naciente comunidad de San José. Don Agustín, el jefe de esta familia, respondió al llamado de la Reserva, y no dudó en recibirnos con las puertas abiertas en su antigua casa en Laguna de Londres.

Las mulas no tardaron mucho en dejarnos atrás: ellas avanzaron sin parar hasta la cima; nosotros nos tomamos el camino con calma porque debíamos ir tomando muestras y datos estructurales. Esta vez era un viaje de un solo sentido. Subir hacia la cima de la sierra no es una tarea sencilla, aun para los locatarios resulta un ascenso intenso, pero subir con rocas en la mochila se convierte en toda una proeza.

El nombre de la Reserva de la Biósfera “El Triunfo” tiene su origen precisamente en que era un triunfo llegar a la cima; nosotros pudimos sentir en carne propia ese sentimiento. Tras casi 5 horas caminando logramos llegar a la cima (¡triunfo!) para encontrarnos con el vestigio de un incendio ocurrido hace 3 años. A pesar del suceso, el lugar poco a poco se vuelve a pintar de verde y promete renacer.

Laguna de Londres es la localidad con mayor elevación en esta porción de la sierra y se encuentra a escasos metros de la zona núcleo de la Reserva de la Biósfera, en dichas zonas el control de la fauna y vegetación es extremadamente cuidado por los biólogos y todo el personal de la Reserva.

Durante dos días permanecimos en Laguna de Londres, caminando los alrededores para conocer la geología del lugar y tomar muestras. La elevación de la sierra en esta región es ligeramente menor respecto a los bosques de niebla de Ampliación Lagunas, aun así, las mañanas con neblina son una constante. Durante estos días caminamos cerro abajo hacia las comunidades del Ayotal y San José, identificando grandes volúmenes de rocas volcánicas.

Al amanecer del tercer día reanudamos nuestro camino en descenso hacia la comunidad de Toluca, el trayecto fue considerablemente menos demandante que la subida a Laguna de Londres, aun así, el cansancio acumulado se hacía notar. El clima, la fauna y la vegetación fueron cambiando poco a poco a la par de la altitud; el camino de Laguna de Londres a Toluca fue más cálido y nos permitió observar arroyos y saltos de agua al lado del sendero.

Una de las partes más atractivas de estudiar y ejercer una profesión de campo es, sin duda, conocer lugares como éste, ocultos en el espacio y tiempo, conocidos sólo por sus habitantes y por algunos cuantos afortunados, como nosotros. El descenso tomó de 3 a 4 horas, y pudimos observar una transición de bosques de neblina a cafetales, que anunciaban nuestra llegada a Toluca. Poco antes de arribar a Toluca, la litología cambió, exponiendo gneises y anfibolitas, rocas que han permitido reconstruir parte de la compleja evolución de este bloque a lo largo de la historia de la Tierra hace más de mil millones de años.

Después de trabajar algunas horas en estas rocas, reanudamos el camino hacia Toluca donde encontramos personas muy amables que nos facilitaron comida y un cuarto para dormir. Nuestra llegada coincidió con el festejo del Día del Tapir que, entre otros atractivos, ofreció un show de títeres, venta de artesanías y elotes que no dudamos en degustar. Durante la cena, una estudiante de biología y su familia se interesaron por el trabajo que estábamos realizando y propusieron otra posible área de interés.

Al día siguiente nos guiaron sierra adentro hacia una cascada con más de 15 m de caída. Este sitio escondido entre la sierra no sólo contenía una sorprendente vista sino también un excelente afloramiento de gneises donde pudimos trabajar buena parte del día. Después de descansar unos minutos, emprendimos el camino de vuelta. Es importante mencionar que para llegar a este lugar no existe un camino como tal, por lo que fue necesario bajar (y subir) inclinadas pendientes de suelo cubierto por hojarasca, caminar por estrechos caminos entre ramas y saltar de vez en cuando para pasar desniveles. Estas pequeñas dificultades no hicieron más que volver más interesante el área y valorar doblemente la presencia de nuestras circunstanciales guías sin quienes jamás podríamos haber llegado a este lugar.

De regreso a Toluca continuamos con el muestreo y recolección de datos estructurales. Durante todo el camino fuimos testigos de las impactantes vistas que atesora la Sierra de Chiapas, pero fue gracias a la presencia de nuestras guías, expertas en el tema, que pudimos ser conscientes de la fauna y flora que estábamos viendo a nuestro paso. Finalmente volvimos a Toluca al atardecer, ahí ya nos esperaban con más elotes y agua para refrescarnos. Al día siguiente fuimos rápidamente a tomar los últimos datos cerca de Toluca, ya que a las 11 de la mañana nos iría a recoger personal de la Reserva. Así fue. Llegada la hora de partir, nos despedimos completamente agradecidos por la hospitalidad del poblado de Toluca donde dejamos buenas amistades y recuerdos.

El agente que nos recogió resultó ser el hermano de quien inicialmente nos transportaría, él nos informó que su consanguíneo había tenido que ir a atender un incendio registrado días anteriores. Como estaba previsto, nos llevó a la cabecera municipal de Jaltenango de la Paz.

La vida es curiosa y el mundo, pequeño: tras comer en un restaurante, una mujer nos abordó y nos preguntó si nosotros éramos los geólogos del CICESE (la ropa llena de tierra y los costales llenos de rocas debieron ser una pista), asentimos y se presentó como la bióloga Janette González, principal gestora en nuestra salida de campo y quien se encargó de hablar con cada comisariado ejidal de las localidades que visitamos a lo largo de las dos semanas anteriores. ¡Qué fortuna! Pudimos agradecer de primera mano todas sus atenciones.

Esa noche dormimos en Jaltenango de la Paz y a primera hora partimos a Tuxtla Gutiérrez donde enviamos por paquetería las muestras recolectadas y al día siguiente abordamos el avión de regreso a Baja California. La campaña de campo fue fructífera en cuestión de muestras y datos recolectados, así como objetivos cumplidos; ahora, debemos continuar con el procesamiento de la información en gabinete y laboratorio. No menos importante será asimilar todo este aprendizaje que va más allá de lo académico porque forma parte de nuestro crecimiento personal.

Agradecimientos

Aprovecho este espacio para agradecer a todas las personas involucradas para que esta campaña fuera posible: al Conacyt, al CICESE y al Dr. Bodo Weber, como primeros actores; a la Reserva de la Biósfera “El Triunfo”, por su gran disposición e inmejorable gestión; a Celso, Manuel, Roxana y a cada una de las personas de las diferentes localidades que nos abrieron las puertas de su hogar y nos brindaron comida y techo. ¡Gracias a cada uno de ustedes, sin su apoyo no habríamos logrado cumplir nuestro objetivo! También agradezco a Norma Herrera, por la lectura, revisión y edición de esta crónica.

Reportaje gráfico: Eduardo Monreal Roque y José Daniel Rendón Vázquez

Palabras clave: Sierra Madre de Chiapas, geología del bloque maya, posgrado ciencias de la Tierra

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