¿Cómo organizar la ciencia en México bajo un esquema exitoso?


Diferencias abismales entre México y los países donde la ciencia es prioritaria



Vinculación

Luego de presentar modelos exitosos de cómo se organiza la investigación científica en otros países, principalmente en Alemania, donde su sistema educativo, su sistema de centros de investigación y sus procesos de innovación industrial son los pilares que, a su vez, se sustentan en un pacto federal y una sólida estructura tributaria, se puede concluir que México requiere un sistema de centros de investigación similar, un verdadero pacto federal en educación e investigación, y abogar en estos momentos por la independencia y fortalecimiento de los centros públicos de investigación mexicanos.

Esto lo señaló el doctor Raúl Rojas, profesor de Inteligencia Artificial en el Departamento de Matemáticas y Computación de la Universidad Libre de Berlín, durante la conferencia “La arquitectura de la investigación científica” que ofreció en el CICESE el 6 de mayo.

Consideró que las bases del sistema de investigación exitoso que tiene Alemania son su excelente educación primaria, secundaria y preparatoria; la descentralización de la educación, que no es federal sino estatal; la oferta de una educación dual basada en escuelas de oficios en la industria y que es pagada por ésta; el tener universidades competitivas y autónomas; responsabilidad compartida en la investigación; el contar con sistemas de investigación científica y grandes centros de investigación privada, así como una orientación estratégica a través de grandes retos (grand challanges).

Esto ha llevado su sistema educativo al de una verdadera federación, donde los 16 estados que la conforman compiten entre sí con la calidad de sus universidades. Tienen una escolaridad obligatoria de 10 años, y la mitad de los jóvenes que estudian van a la universidad mientras que la otra mitad asiste a escuelas de oficios. Así, las universidades son casi gratuitas y la educación dual la pagan las empresas.

En Alemania el número de investigadores por cada millón de habitantes ha crecido de cerca de 2 mil 700 que se tenían en 1968, a casi 4 mil 500 en 2014; en México el número se ha mantenido alrededor de 250 desde 1968. Y mientras en prácticamente todo el mundo se ha reconocido que la llamada “sociedad del conocimiento” es responsable del crecimiento de las economías mundiales, en nuestro país se está criticando esto aduciendo que se trata de un modelo que solo ha beneficiado a empresas extranjeras. Se apuesta por una educación superior gratuita, obligatoria y democrática, y se define además como un derecho humano.

Raúl Rojas tiene una vasta experiencia en el modelo alemán. Su trabajo le valió el reconocimiento en marzo de 2015 como profesor del año en aquel país. Además, ha recibido premios por su trayectoria académica en Gran Bretaña, Suecia y Estados Unidos. En México recibió las medallas “Lázaro Cárdenas” y “Heberto Castillo”, y en diciembre de 2015 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de Tecnología.

Destacó en su charla un comparativo del gasto en investigación que hace Alemania y otros países respecto al que ha hecho México en los últimos años. Así, en 2014 el gobierno alemán destinó 2.84% de su Producto Interno Bruto (PIB) a investigación, que resulta dos puntos debajo de lo que invirtió Corea del Sur (4.29%), Israel (4.10%), Japón (3.58%) o Finlandia (3.17%), pero superior a Estados Unidos (2.74%).

México, que por población ocupa el lugar 11 en el ranking de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el lugar 15 por PIB y el número 70 por PIB per capita, no solamente está muy por debajo de países como Alemania (aquí, apenas 0.54% del PIB va a investigación, lo que sitúa a México en el lugar 56 de este ranking), sino que el gasto en educación está totalmente federalizado.

En países donde la ciencia es prioritaria, la discusión sobre la misma, el empuje hacia la formación de nuevos investigadores y las actividades de divulgación viene directamente de las academias de ciencia. Mientras en México se determinó en el nuevo gobierno cortar los apoyos presupuestales a estas agrupaciones bajo el argumento de que, “como en otros países”, vivan de las cuotas de sus agremiados, la Royal Society de Gran Bretaña recibe 85 millones de libras anuales de gasto federal; las academias francesas reciben 55 millones de euros y tienen activos por 900 millones más; en Alemania la academia Leopoldina, que es nacional, se subsidia con 88 millones de euros anuales y en España, que adoptó el modelo de academias francesas, recibe 6.2 millones de euros anuales en transferencias.

Recientemente, el vocero de la presidencia se refirió a los “huachicoleros” de la ciencia diciendo que en el CONACYT del sexenio pasado hubo más desfalcos en los recursos destinados a empresas que en la llamada “estafa maestra”, y que en todo el mundo los principales desarrollos tecnológicos han surgido de centros y universidades públicas, el doctor Rojas negó que esto fuera cierto. Por el contrario, enalteció el trabajo de los grupos de investigación asentados en el sector privado.

En Alemania, dijo, 70% de la investigación surge de las mismas industrias, y en el resto de Europa es igual: la inversión privada supera por mucho la del sector público. Lo mismo en Estados Unidos, Japón, Corea o China.

México, por el contrario, es un país manufacturero donde no se genera conocimiento en las empresas. De hecho, el flujo de talento no pasa por la investigación industrial, sino que se queda en las universidades y, si acaso, pasa a centros de investigación como el CICESE, que son públicos.

A esto hay que agregarle una creciente deuda externa y una base tributaria (que es la que financia la ciencia) tan reducida que es, de hecho, la más baja entre los países de la OCDE: mientras Dinamarca llega a 45.9 (por ciento del PIB), México tiene apenas 17.2, menor incluso que Chile o Turquía.

Por eso, consideró que México necesita un verdadero pacto federal en materia de educación e investigación. Además, necesita un sistema de centros de investigación como en Francia, Alemania o España, por lo que ahora es el momento de abogar por la independencia y fortalecimiento de los centros públicos de investigación, incluido el CICESE, junto con los otros 26 que integran el sistema de centros del CONACYT.

 

Palabras clave: Raúl Rojas, conferencia, arquitectura de la ciencia

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