Entender cómo se realiza y organiza hoy la ciencia: el reto para la SEP y el CONACYT




Vinculación

Para poder apoyar la investigación científica, una de las necesidades más apremiantes es entender el cambio que ha tenido en los últimos 30 años; cómo se organiza y realiza hoy en día. Ese es el reto para nuestras autoridades de la SEP y el CONACYT: entender los desafíos de la ciencia colaborativa moderna.

Hoy por ejemplo vemos publicados artículos firmados por 20 o 30 investigadores, todos de diferentes instituciones, y tenemos un número creciente de doctores en ciencias (hasta 60 por ciento de los egresados) cuya meta no es dedicarse a actividades de profesorado.

Y mientras los nuevos científicos interactúan con otros especialistas y realizan actividades alternativas, heterodoxas, el enfoque en la formación y ejercicio profesional no ha cambiado en nuestro país. Las universidades no se han dado cuenta de esto y siguen ofreciendo las mismas carreras verticales, y en los posgrados no hay programas horizontales de intercambio ni grados conjuntos con instituciones del extranjero.

Esto lo comentaron Guillermo Aguilar Sahagún y Exequiel Ezcurra durante la charla “De la investigación a la gestión: una de cal por las que van de arena”, en la que compartieron sus experiencias tanto en investigación como en la gestión de política científica, toda vez que ambos tienen carreras de amplia trayectoria en los dos lados de la cancha.

Al margen de comentar lo que un investigador necesita para hacer bien su trabajo, ambos abordaron lo que los jóvenes investigadores están haciendo. Y lo primero que destaca es que 60 por ciento de los jóvenes que acaban un doctorado no desarrollan una carrera científica tradicional.

“¿Estamos formando más doctores de los que somos capaces de asimilar?” En parte. Es claro que el sistema académico en México no crece en la misma proporción. No hay plazas; por lo tanto, quienes egresan de un doctorado buscan actividades alternativas.

Ese 60 por ciento que no sigue “el camino completo” de una carrera académica o en el profesorado (faculty, sería el término en inglés), hoy lo vemos ejerciendo en ONG, en museos de ciencias, haciendo documentales, o trabajando como gestores o en el CONACYT, o están siendo contratados en empresas. Porque sí las hay que contratan. “Interactúan con otros especialistas y terminan haciendo una mezcla de actividades muy interesante”, dijo Guillermo Aguilar.

Para él, las universidades no se han dado cuenta de esto y siguen ofreciendo las mismas carreras verticales de hace muchos años. Son instituciones que no cambian sus rígidos planes de estudio ni tienen ese enfoque que ahora está requiriendo la formación y el ejercicio profesional.

En estos años hemos pasado de tener un 100 por ciento de doctores cuyo objetivo era conseguir una plaza académica con definitividad, a tenerlos realizando actividades alternativas, heterodoxas.

Por eso uno de las necesidades más apremiantes es entender ese cambio; entender cómo se está organizando y realizando la ciencia colaborativa moderna. “Ese es el reto: que nuestras autoridades de la SEP y del CONACYT entiendan los desafíos, para poder brindar apoyos”, indicó Exequiel Ezcurra.

Otro aspecto que abordaron es la marcada necesidad que tienen los investigadores de contar con estudiantes y becarios. Es algo indispensable y muy rico; sin embargo en los últimos 30 años se han tenido muy pocos becarios en México.

El CONACYT empezó el programa de posgrados de excelencia y hoy se tienen muy buenos programas. Pero si se quiere hacer una buena integración de la ciencia se tiene que ayudar a que becarios, por ejemplo del CICESE, pasen 3 o 4 meses en universidades de California y viceversa, “porque una institución como ésta que tiene un buque oceanográfico, redes sismológicas, excelentes investigadores y sitios en dónde hacer investigación, resulta atractiva para que los estudiantes norteamericanos también vengan aquí…”

Exequiel Ezcurra, quien es director del Instituto de la Universidad de California para México y Estados Unidos (UC Mexus), informó del paquete que tiene actualmente este instituto de 150 becarios mexicanos haciendo doctorado en universidades de California, y de cómo pretende ser replicado por otras entidades de Estados Unidos.

Así como hay un programa Erasmus en Europa en el que los estudiantes pueden estar en diferentes países tomando cursos porque éstos están homolgados, “podríamos pensar en un programa horizontal de intercambio intelectual fecundo entre Estados Unidos y México. Aunque también hay otros modelos en los que las instituciones mexicanas deberían reflexionar”.

Mientras tanto, el “nuevo” CONACYT podría intervenir para impulsar el otorgamiento de grados conjuntos de instituciones mexicanas y extranjeras, un desafío que hasta el día de hoy no se ha podido abordar.

Pero no todo fue hablar de millenials, quienes hasta parece que no les interesa ya no digas un doctorado, sino terminar una licenciatura o tener una perspectiva a largo plazo; también abordaron el caso de los profesores de edad avanzada que no dejan sus plazas para que los jóvenes entren a los laboratorios. En el Instituto de Biología de la UNAM, donde trabajan unos 50 investigadores, el promedio de edad era de 66 años y tenían una profesora de 100 años ¡que seguía en activo!, dijo un asombrado Exequiel Ezcurra

Ante este panorama, el programa de Cátedras Patrimoniales que echó a andar el CONACYT en 2014  fue “como una bocanada de aire fresco”. Sólo que hubo apenas cuatro generaciones y al parecer hasta ahí llegó. En la primera generación a estos catedráticos les daban 500 mil pesos como apoyo para integrarse al proyecto. En la segunda el apoyo se redujo a 250 mil pesos, y a partir de la tercera ya no dieron nada.

Pero a cambio las exigencias no bajaron: tenían que ser evaluados cada año en el Sistema Nacional de Investigadores; sólo podían publicar artículos relacionados con su proyecto y, sin apoyo monetario, hubo quien tuvo que comprar equipo con sus propios recursos para poder trabajar.

¿Sobrevivirá este programa en el “nuevo” CONACYT? Nadie lo sabe.

Sobre los expositores, Guillermo Aguilar ha sido investigador en el área de física y tiene una amplia trayectoria desempeñando puestos gerenciales en instituciones públicas y científicas, lo mismo que Exequiel Ezcurra, solo que él en el área de biología y ecología, y más recientemente en el extranjero.

Ambos sostuvieron esta charla con investigadores, estudiantes y personal del CICESE en el marco de los festejos del 45 aniversario de esta institución.

Palabras clave: Exequiel Ezcurra, Guillermo Aguilar, charla, investigación, gestión

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