Investigadores que crean empresas: las primeras dos, en el CICESE




Vinculación

A pesar que desde 2009 México tiene una política en el sector de ciencia y tecnología que fomenta el emprendedurismo, la comercialización de la propiedad intelectual y la formación de empresas por parte de investigadores, el desconocimiento en esta materia ha generado una parálisis respecto a lo que este sector ofrece.

No obstante el panorama, en el CICESE dos de sus investigadores han creado las dos primeras empresas de base tecnológica que bajo este esquema son reconocidas en nuestro país. Así lo señaló el Lic. José Antonio Medina Fanjul, especialista en temas jurídicos y normativos de propiedad intelectual, al participar como conferencista en el marco de la celebración del Día Mundial de la Propiedad Intelectual organizada por el CICESE el 17 de abril.

Bajo el tema “Artífices del cambio: las mujeres en la innovación y la creatividad”, la Dirección de Impulso a la Innovación y el Desarrollo (DIID) de este centro presentó un programa que incluyó, además de la conferencia “Investigadores que crean empresas: mitos y realidades” a cargo del Lic. Medina, el panel “Las mujeres en la innovación y la creatividad”, en el cual participaron tres investigadoras del CICESE: las doctoras Carmen Paniagua, Pilar Sánchez y Patricia Juárez.

Al empezar el foro, Concepción Mendoza Díaz, titular de la DIID, dijo que el proceso y la actividad de la innovación encabezadas por mujeres empieza a observarse cada vez más en el CICESE. “Empezamos a tener inventoras que dirigen sus trabajos en esto, principalmente en las áreas de acuicultura, biotecnología marina y ecología marina”.

Dijo que en el CICESE existe un porcentaje considerable de mujeres involucradas en la investigación que ya consideran la relevancia de proteger la propiedad intelectual que están generando, así como los beneficios que aporta a su trabajo y a la formación de recursos humanos. “Cada vez vemos más audiencia de mujeres y eso nos da mucha satisfacción. Creemos que es algo que va a sumar e incrementar de manera considerable los indicadores del centro”.

En su charla, José Antonio Medina dijo que México cuenta con una Ley de Ciencia y Tecnología que no solamente plasma la política gubernamental del sector y crea el régimen especial que lo encuadra, sino que es el marco normativo conceptual que permite aprovechar las oportunidades de vinculación y de explotación de la propiedad intelectual.

En otras palabras: contamos con una política abierta al emprendedurismo y a la comercialización de la propiedad intelectual (PI), pero el desconocimiento en esta materia (por parte de las instituciones de educación superior y las otras instancias –públicas y privadas– que integran el sector de ciencia y tecnología) ha generado una parálisis, “y apenas hoy estamos interesándonos en esto”.

Además no todos los investigadores tienen el perfil para vender PI, ni los contactos ni el acceso al ecosistema que les permitiría aprovechar todas las condiciones para lograrlo, pero “para eso están los especialistas (como la DIID del CICESE) que deben orientar sobre cómo transitar esos caminos”.

Los que tienen esa capacidad, agregó, lo tienen que hacer porque eso es lo que el país requiere: convertir la ciencia, la tecnología y la innovación en elementos fundamentales de la cultura general de la sociedad.

Recordó que toda la explotación de la PI se hace a través de la vinculación, y ésta puede impulsarla un investigador de dos maneras: a través de su propia institución o creando una empresa.

Si es en la institución, ésta debe crear alguna unidad de vinculación y de transferencia de conocimiento bajo el esquema que quiera (SAPI, sociedad anónima u otro). Entonces el investigador pide permiso y desarrolla un proyecto en esa unidad. Si después de experimentar un año (o el tiempo que dure el permiso) eso no funciona, tiene la posibilidad de reincorporarse a su institución. Pero en caso que sí sea rentable, puede incluso renunciar a ella para incorporarse de lleno al negocio.

En el segundo caso el investigador se convierte en emprendedor. Creas tu propia empresa o eres accionista para lucrar y generar tus propios recursos pero sin estar del todo desvinculado ni de la institución ni de la solución de problemas sociales.

Aclaró que tanto la Ley de Ciencia y Tecnología, la Ley de Responsabilidades Administrativas, los lineamientos de vinculación y la normatividad interna de cada centro público de investigación o institución de educación superior son instrumentos legales que establecen reglas claras respecto a cómo debe ser la participación del personal académico en estas empresas de base tecnológica, las cuales deben incubarse en coordinación con las instituciones.

Dijo que los únicos casos de éxito en México son las dos empresas que formaron los doctores Alexei Licea Navarro y Jorge Olmos Soto, investigadores del CICESE en Innovación Biomédica y en Biotecnología Marina, respectivamente, que están perfectamente sustentadas en la normatividad vigente y que han sido reconocidas por el CONACYT. Estas empresas son Nova Proteins, S. A. de C.V., y ADN Test Laboratorios, S.A. de C.V., respectivamente.

No hay en estos casos ningún conflicto de interés porque éste únicamente procede en dos eventualidades: cuando el investigador participa en una empresa y obtiene recursos sin hacerlo del conocimiento de la institución, o si por cumplir con la empresa, el investigador incumple con las obligaciones que tiene para con la institución.

Durante la jornada se realizó el panel “Las mujeres en la innovación y en la creatividad”, que fue moderado por la doctora Patricia Juárez. Las participantes (Carmen Paniagua y Pilar Sánchez) llegaron a la conclusión de que pueden combinarse actividades de ciencia básica y aplicada, siempre y cuando se tenga un buen equipo de trabajo, se prioricen los objetivos y se cumplan metas conforme a la agenda.

“Podemos seguir haciendo investigación básica o investigación aplicada. Lo principal es preguntarnos hacia dónde queremos ir (porque el) conocimiento que vamos encontrando tiene un valor comercial y con él se pueden generar empresas y mayores fuentes de trabajo”, comentó Pilar Sánchez Saavedra.

“Por mi parte me sigo viendo en mi laboratorio por muchos años y más bien me veo licenciando lo que encuentro, no precisamente poniendo una empresa”, agregó.

Carmen Paniagua dijo que las nuevas generaciones de estudiantes, por lo menos en el área de acuicultura, han llegado con una mentalidad más enfocada a la autogestión y al emprendimiento científico.

Y agregó: “Si los estudiantes quieren ser emprendedores científicos, yo les diría que no tengan miedo, hay que lanzarse y si les gusta, les puedo asegurar que es muy apasionante desarrollarse en el ámbito de la innovación. Porque claro que es importante la investigación básica, pero si queremos que México salga adelante económicamente, tenemos que innovar”.

Para finalizar, los organizadores entregaron reconocimientos al personal que ha participado en acciones de innovación en el CICESE. Siete trabajan en la Dirección de Telemática y desarrollaron un sistema de gestión de seguridad de la información denominado ISecBay. Ellos son Lidia Elena Gómez Velazco, Raúl Rivera Rodríguez, Ismael Gutiérrez Lugo, José Eleno Lozano Rizk, Zarina Talamantes Álvarez, Cecilia Cora Calvario y Genaro Contreras Gutiérrez.

Siete más laboran en la Unidad de Transferencia Tecnológica Tepic (UT3) del CICESE, quienes desarrollaron la aplicación “Conoce Tepic” basada en realidad aumentada (ver nota aquí). Ellos son Amara Janeth Aguilar Partida, Doris Janeth Contreras López, Ismael Espinosa Curiel, Edwin David Herrera García, Juan Martínez Miranda, Humberto Pérez Espinosa y Luis Roberto Ramos Aguilar.

También se reconoció la labor de los doctores Alexei Licea, Pavel Lugo y Jorge Olmos; los dos primeros por el trabajo que han hecho al desarrollar y licenciar pruebas de diagnóstico para la empresa UNIMA utilizando anticuerpos de tiburón, y a Jorge por su labor al frente de ADN Test Laboratorios S.A. de C.V.

 

Palabras clave: propiedad intelectual, emprendedurismo, innovación, DIID

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