Julia Sánchez: integración y congruencia teniendo como marco el CICESE




Semblanzas

La de Julia es una buena historia de integración y de congruencia. De integración no sólo porque ha sabido asumir a cabalidad los diferentes roles que ha buscado desempeñar (estudiante, esposa, madre, trabajadora, maestra) y el vivir en Ensenada hasta considerarla como “su tierra”, la que cuida y protege, habiendo nacido en Guadalajara, “ya que la tierra de donde es uno no es la que te vio nacer, sino aquella que te da para comer”.

Y de congruencia porque desde muy joven entendió que lo suyo era estudiar, el prepararse, crecer intelectualmente, algo que no ha dejado de hacer en todos estos años.

Julia es también una persona que ha estado casi tres décadas en uno de los grupos de trabajo que más presencia le ha dado a este centro de investigación, el de sismología, primero como estudiante de posgrado en Ciencia Computacionales (cuando esta maestría dependía del entonces Centro de Cómputo -hoy Dirección de Telemática-, y ocupaba el área de la planta baja del edificio de Ciencias de la Tierra) y luego como técnico, desarrollando una labor que integra aspectos de comunicaciones, electrónica y computación.

Entrevistamos a Julia del Carmen Sánchez Rodríguez en el laboratorio de procesamiento de datos de la Red Sísmica del CICESE (donde RESNOM es parte integral), donde se concentra la información que llega de las diferentes redes sísmicas que opera este centro de investigación. Ahí, sentados en medio de este espacio impresionante, rodeados de monitores que nos muestran literalmente el pulso a la península de Baja California y de la región noroeste de México, pudimos platicar de todo un poco.

De entrada, nos cuenta que su familia es de Guadalajara y que ella batalló bastante para romper con algunos de los tabúes que eran propios del siglo pasado.

Lo común era que saliendo de secundaria las muchachas estudiaran la Normal y terminaran siendo maestras. Al menos eso hicieron sus tías abuelas y tías y hermana, aunque algunas otras mujeres de su familia estudiaran licenciaturas en diferentes áreas.

Reconoce que siempre le gustó computación, pero en Guadalajara no tenían esa carrera. “Y no podía ir a otro lugar a estudiarla. Diferentes factores lo impedían, como el ser mujer e ir fuera, y también el económico, ya que tengo varios hermanos y a todos nos querían dar carrera profesional. Cabe hacer mención que mi papá era de las personas que te alentaban a estudiar, para él la única herencia que nos podía dejar eran los estudios. Todos mis hermanos tienen su carrera sufragada por mi padre.

“Platicando con mis profesores de prepa me llevaron a (la facultad de) ingeniería, a que viera las diferentes carreras que había. La carrera más afín a mis gustos fue la de ingeniería en Comunicaciones y Electrónica. Y estudié esa carrera”. Esto fue en la Universidad de Guadalajara (UdG).

Se trataba de una carrera que ya estaba consolidada en esa época, en un plantel bien estructurado.

Al entrar a la facultad le tocaron cambios importantes en la currícula y duración de la carrera. “Viéndolo en retrospectiva, es importante que nos ofrecieran una licenciatura en ingeniería con miras a la globalización y al conocimiento integral de diferentes áreas dentro de ella, como es el prepararte para administrar (contabilidad y administración) tú propio negocio, o conocer otras áreas de la ingeniería (lleve materias por ejemplo de ingeniería civil, mecánica y eléctrica), para con ello ser mejores profesionistas”.

Julia terminó su carrera con bastantes conocimientos como ingeniero, no sólo en un nivel personal, sino con una perspectiva de ver lo que la sociedad necesitaba. En un momento, además, crucial. “Salí de la carrera en los 80, entonces me tocó el paso de trabajar con una main frame a sentarte con una computadora de escritorio”.

Así, empezó a trabajar en un laboratorio de cómputo de la facultad, desarrollando cosas de computación a la par que veía las comunicaciones. En la UdG también dio clases. “En la industria privada incursioné en Cementos Guadalajara en el área del cambio de automatización de los sistemas (trabajar con lo nuevo microprocesadores) y en la capacitación del personal en esa nueva faceta de la industria”

- Cómo era en esos años la oferta laboral, las oportunidades. ¿Había trabajo para los egresados de estas carreras?

“Había trabajo y bien pagado. Te puedo decir en ese momento la mayor parte de mi generación quedamos bien colocados. Algunos trabajan en Telmex, en aeropuertos en distintas partes de México, en CFE. Otras de mis compañeras trabajaban en FICA, que es filial de ICA. Como eran carreras que estaban consolidadas y era lo que se estaba dando en el campo de la empresa, que empezaban a meter sistemas electrónicos y empezaba un poco lo de la autonomía, teníamos un campo bastante amplio para trabajar”.

- ¿Y cómo surge la idea de venir a Ensenada?

“Yo estaba trabajando y ganaba buen sueldo. Conocí a otro compañero, tuvimos una amistad más completa y nos hicimos novios, y él, también es ingeniero, tenía la idea de seguir estudiando. Yo hasta ese momento estaba bien económicamente, por lo que mi familia me decía: ‘fíjate lo que estás dejando, y lo que vas a dejar. Si tú te vas a estudiar vas a dejar un salario, un trabajo y todo por una beca del CONACYT’. Pudo creo que también el deseo de seguir estudiando y el amor, porque en ese tiempo decidimos casarnos y decidimos venirnos los dos a estudiar aquí al CICESE. Como primera opción queríamos irnos a España y la segunda opción era el CICESE. En ese momento (1987, 1988) el CONACYT tuvo problemas económicos para que los estudiantes fuéramos becados al extranjero, entonces al ser la segunda opción el CICESE, escogimos venir a Ensenada”.

Respecto a cómo supo del CICESE, Julia recuerda las pláticas con Amanda Gómez y algunos otros egresados de la UdG, que estudiaron en CICESE y regresaban a la Facultad y contaban sus experiencias.

 “El primer contacto en el centro fue con Varuní Arredondo, que estaba en ese tiempo atendiendo a los estudiantes; fue quien nos recibió la información. Mandamos nuestros papeles, curriculums, todo, para ver si nos aceptaban en la maestría en Electrónica y en Computación porque, como te decía, Electrónica estaba allá arriba (en Física Aplicada) y computación estaba aquí (en Ciencias de la Tierra). Vimos que nos aceptaron; entonces nos casamos el 25 de julio. Salimos de luna de miel y de la luna de miel venimos a parar a Ensenada. Esto fue en 1987. Por eso digo que van a ser 30 años que llegué aquí”.

- ¿Qué te pareció Ensenada?

“Llegamos un domingo y todos los hoteles ocupados. Era verano, todos los americanos venían para acá y pues no había cuartos. El chofer nos llevó a un lugar, nos quedamos y por los cambios de temperatura mi esposo se enfermó, llegó ardiendo en fiebre, a un lugar que no conocíamos. Con medicamentos que traía por ahí se recuperó. Venimos a presentarnos al CICESE el lunes. Las instalaciones estaban dispersas: Ciencias de la Tierra y Física Aplicada estaban aquí; en la 17 y Ruiz estaban otras, y en la Espinoza otras más. Todo estaba dividido. Llegamos a la 17 y Ruiz, platicamos y vimos que todo estaba bien, y entonces sí, a buscar dónde vivir.

“Empezamos a preguntar a otros estudiantes y nos dijeron que todo estaba muy caro. Traíamos un colchón de dinero pero pensamos que se iba a acabar. ¿Y cuándo va a llegar la beca CONACYT? ¡Pues quién sabe!

“Llegamos a un puesto a comer algo y el señor nos dijo ‘ustedes no son de aquí, ¿verdad?’ Le dijimos ‘somos de Guadalajara’. Entonces nos dijo que ocupábamos vivir en una casa donde nos renten un cuarto. Yo tengo una conocida, dice, le voy a contar. Vengan mañana; ella viene los lunes por la tarde. Al otro día fuimos; dicho y hecho. La señora era de El Sauzal, que no era lo que es ahorita; era lodo, piedras, estaba la pesquera con unos olores horribles. Llegamos, la señora muy amable nos muestra la habitación; has de cuenta un departamento aparte. La cocina era enorme; es mía, nos dijo, pero pueden cocinar. El cuarto con su baño y su walking closet. Baratísimo. ¡Pues nos quedamos! La escuela a unos pasos, el camioncito para venir, y desde entonces no he salido de El Sauzal. Y sigo viviendo ahí.

- ¿Y qué impresiones del CICESE?

“¡Hermosas! Conoces gente muy amable que te recibe con mucho amor; que te atiende: ‘¿qué necesitas, qué ocupas?’. Fue de las cosas que me enamoró de la gente: que siempre buscaban apapacharte, el cuidarte, protegerte, el ‘¿en qué te puedo ayudar?’ Eso se me hizo algo fabuloso. El que te aceptan.

“Entonces comenzamos nuestras clases. La maestría en cómputo en ese momento estaba en pañales. Había dos cubículos; los de la generación de arriba tenían cubículo y los que entraron con nosotros no teníamos cubículo ni nada. Entonces yo me iba al cubículo que tenía mi esposo en Física Aplicada. En ese momento vimos la necesidad de que ocupábamos una computadora para nosotros, y la compramos. Fuimos de los estudiantes que teníamos computadora en casa, de las primeras.

- ¡Pero eran carísimas esas máquinas!

“Una de las cosas que tanto él como yo teníamos era apostar por lo que necesitas para aprender. Y aún ahorita sigo haciéndolo: apuesta por lo que necesitas. ¿Cuesta? ¡Sí! Pero, ¿cuánto te va a servir?”

Respecto al tema que empezó a desarrollar para su tesis de maestría, Julia comenta que lo hizo bajo la dirección de Fernando Favela, quien trabajaba en sismología. Se trataba de hacer un sistema de control de tiempo, esto es, un radio que pudiera pasar el tiempo universal coordinado, en un proyecto que Alfonso Reyes tenía en el puesto central de control del sistema de transporte colectivo Metro, en la Ciudad de México.

Por cuestiones personales y porque Fernando Favela se fue de sabático, no pudo continuarlo. Como ya habían pasado los dos años que tenía para la maestría, Alfonso Reyes le ofreció trabajo, y aceptó. Al mismo tiempo comenzó a dar clases en la UABC en la carrera de Electrónica, primero dando Métodos Numéricos y Electrónica Digital después.

A finales de 1994 nació su hijo Max, “entonces ya tenía que dedicarme a mi trabajo, mis clases, mi hijo, mi casa, mi marido, era todo completo. ¿Pesado? Sí, es pesado, pero cuando tú amas hacer las cosas se te pasa el tiempo. Sigues amando tu trabajo y lo sigues haciendo, y lo haces con ganas. Porque una de las cosas que veo es que cuando haces con amor tu trabajo, no importa a veces ni el pago. Porque quieres lo que tienes. Como te decía, me vine a la maestría con una beca del CONACYT, y viví con una beca del CONACYT y no me importó: no me importaba tener lujos, no me importaba el no poder hacer la vida que yo llevaba en Guadalajara. Me importaba que yo estaba haciendo lo que me gustaba”.

Hacer lo que te gusta en un proyecto tan relevante como el que tenía Alfonso Reyes en el Metro de la Ciudad de México, es notable. Julia empezó haciendo ese sistema de control de tiempo, “y después me dediqué a todo lo que era comunicaciones; es decir, a poder transmitir la información que se tenía del edificio que teníamos instrumentado y traerla a Ensenada de una forma rápida y expedita. De manera que a la ocurrencia de un sismo inmediatamente nosotros tuviéramos aquí la información, pudiéramos procesarla y mandarla nuevamente allá, todo en cuestión de dos o tres horas.

“Dentro del proyecto del Metro tuve en suerte verlo crecer y apoyar en los cambios que tuvo en lo referente a instrumentación y comunicaciones, ya que sufrió todos los cambios tecnológicos que se surgieron entre 1990 y 2013, que es la duración que tuvo este proyecto”.

Con evidente orgullo Julia recorre su vista por la serie de monitores que nos rodean en ese momento en el laboratorio de procesamiento de datos de la Red Sísmica del CICESE, y comenta: “Lo que estás viendo aquí, presentado de esta manera, Víctor Wong lo trajo de lo que nosotros teníamos en una pantalla allá en el laboratorio de Alfonso. Él dijo: ‘yo quiero algo así, aquí’”.

De hecho, el trabajo de Julia en el Departamento de Sismología ha sido un constante vaivén entre el laboratorio de Alfonso Reyes y RESNOM. Trabajó primero con Alfonso hasta 1992; en ese momento la recomendó con el entonces director de la División de Ciencias de la Tierra, José Manuel Romo Jones, quien la asignó a RESNOM, con Luis Orozco y Oscar Gálvez, quienes instalan y le dan mantenimiento a los equipos y estaciones. Estuvo ahí hasta 1995. Entonces regresó con Alfonso Reyes porque se había quedado sin personal de electrónica, y ahí se mantuvo hasta 2013, en que Víctor Wong, entonces jefe de Sismología, tomó la determinación de cambiar lo que era el laboratorio de RESNOM y convertirlo en el centro de acopio de datos que vemos hoy. Y aquí se mantiene hasta el día de hoy: “Siempre he trabajado con cuestiones de comunicación, de computación; hago trabajo administrativo y trabajo técnico”.

Y en medio de este ir y venir retomó en 2012 un asunto que tenía pendiente: se matriculó en la UABC y en dos años concluyó la maestría en Tecnologías de la Información y Comunicación, cerrando así una etapa que había quedado trunca.

“Durante todo ese tiempo continué preparándome porque siempre me ha llamado la atención el conocer, el aprender, el nunca dejar las cosas a un lado sino siempre aprender algo. Uno de mis lemas es: el día que me acueste y no haya aprendido algo nuevo, ese día fue perdido. Me gusta aprender las cosas, sean técnicas o de las personas, porque tengo una brecha generacional con mi hijo. Él es muy joven, entonces la edad no debe ser entre nosotros algo que nos limite. Trato de ver lo que hay y lo que quieren conocer los jóvenes, para poder entenderlo.

- Has estado en un grupo que le ha dado gran proyección al CICESE. Mucha gente conoce al CICESE por la investigación que se hace en sismología. ¿Qué se siente ser parte de este grupo de trabajo y haberlo apoyado?

“Me siento muy orgullosa, primero, de trabajar en el CICESE, y de trabajar en RESNOM. Como les digo, el sismo de 2010 marcó un parteaguas: fue el RESNOM de antes, y el RESNOM de ahorita. Y me tocó ser parte del antes y el después.

“Es un orgullo para mí decir que trabajo en el CICESE. Mucha gente me dice ‘¿en administración, eres secretaria?’ ‘No, trabajo en un laboratorio y los invito a que vengan, a que lo conozcan. Hacemos muchas cosas’. Una de ellas y que me fascina apoyar, es que recibimos a grupos y platicamos con ellos. Que te pregunten ‘¿qué hacen, qué no hacen, cómo lo hacen?’ es un gozo, una satisfacción enorme. Es un alimento al espíritu el poder platicar con los chicos e invitarlos”.

- Con los años que tienes aquí de trayectoria, ¿qué sientes que te falta por lograr o qué metas quieres cumplir?

“Quiero estudiar un doctorado. Todavía quiero estudiarlo, y no tanto porque me vayan a subir un puesto o me vayan a contratar como investigadora. No. Siento que eso va a abrir más mi conocimiento y voy a poder dar algo extra en donde estoy, porque para mí el aprender algo es abrirte las puertas, ver otras cosas y entender más a todas las personas. Eso es lo que quiero estudiar”.

Aparte de su vida académica, a Julia le encanta aprender idiomas, “pero soy penosa para hablarlos. He estudiado inglés, francés. Lo puedo escribir, lo puedo leer, pero a la hora que tengo que hablarlo, ¡en blanco! Y escucho lo que dicen y le digo a la persona con la que está hablando, ‘está diciendo esto’, pero no me puedo comunicar; me falta eso”.

Además, es muy afecta a ver series; las que tienen que ver con leyes (La Ley y el Orden le fascina), de médicos, Juego de Tronos, ¡y es la fan número uno de Dr. Who! “Me gusta ver las series porque a veces son más dulces que la vida real. El ver las noticias en la televisión me causa mucha tristeza, porque sabes que está ocurriendo, fehacientemente. Pero si lo ves en la televisión, dices ‘¡ah, pero es una serie, no es la vida!”, y eso me causa menos tristeza”.

Un comentario final de Julia: “Antes de despedirme, quiero hacer una mención muy especial Alejandra Núñez, con la cual he formado un maravilloso equipo de trabajo desde que ella ingresó a CICESE a realizar sus prácticas profesionales, hasta convertirse en uno más de nosotros. Y a Alfonso Reyes Zamora (recién jubilado) por todos los años que laboramos juntos, las enseñanzas que me dio y la amistad que conservamos.

“Gracias por la entrevista y hacerme recordar toda mi vida y todo lo bueno que CICESE y Ensenada me han brindado”.

Palabras clave: Julia del Carmen Sánchez, RESNOM

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