Jimena Carrillo Tripp y su fascinación por los virus




Semblanzas

Conocí a Jimena Carrillo Tripp en agosto de 1994 en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), cuando ella cursaba la licenciatura en Biología y yo llegué a Ensenada a trabajar al área de Difusión de dicha facultad.

Desde entonces, Jimena sonríe a la mínima provocación y se interesa e involucra en proyectos que atrapen su curiosidad o reten su intelecto. La recuerdo con su melena ondulada y larga, delgada, activa en clases, pasillos, eventos académicos, culturales, de divulgación, pero sobre todo enfundada en su bata blanca y fiel discípula de los doctores Meredith Gould y José Luis Stephano, quienes hicieron del laboratorio de Biología Molecular de la UABC la cantera de generaciones de biólogos comprometidos con la ciencia al servicio de la sociedad.

Con título en mano, la bióloga con especialidad en el área molecular partió en el verano de 1999 a Irapuato, Guanajuato, donde obtuvo el grado de Doctora en Ciencias con especialidad en Biotecnología de Plantas. Su estancia en aquella ciudad del Bajío se prolongó hasta 2009 cuando emigró a Estados Unidos y se mantuvo años como postdoctorante en la academia y la industria. Salvo visitas cortas y esporádicas, Jimena no regresó con miras a quedarse en Ensenada hasta enero de 2018. Se fue del puerto con pasaporte de estudiante, regresó tras concursar y ganar una plaza de investigadora titular A en el Departamento de Microbiología del CICESE.

Actuaria, más artista plástico, igual a dos científicos, un actor y una diseñadora

Nació en la hoy Ciudad de México, pero Jimena llegó niña a esta ciudad y por ello se considera ensenadense; la respaldan sus credenciales de la secundaria Migoni, del Colegio de Bachilleres y la UABC.

Cuando tenía siete años, en el entonces Distrito Federal, le tocó ver los estragos del temblor del 19 de septiembre de 1985 que marcó un hito en el registro sísmico nacional. “Lo recuerdo claramente. Mis hermanos y yo [Mauricio, Jimena, Rodrigo y Berenice, de mayor a menor] estábamos alistándonos, jugando en realidad, para salir a la primaria. Mi pobre madre batallaba con cuatro críos y la mañana era un caos. Me estaba vistiendo y de repente vi cómo unos avioncitos de Mauricio, que estaban colgados, se movían de más. En eso, el caos, mi mamá empezó a gritar y me indicó salir al marco de la puerta. Está temblando…”

Vivían por el Toreo de Cuatro Caminos, una zona no muy afectada por el sismo, así que Mauricio, Rodrigo y Jimena con su mamá salieron rumbo a la escuela. “En el camino sí nos tocó ver parte de la tragedia aunque yo, honestamente, tengo bloqueadas muchas cosas. Llegamos a la escuela, estaba cerrada, todo era un caos, sólo nos dijeron: `nos vemos hasta nuevo aviso, regresen a su casa, cuídense y compren agua embotellada´”.

El sismo del 85 en la Ciudad de México fue tan impactante que el gobierno federal creó un programa de descentralización; los empleados que se avocaron a éste mantuvieron sus plazas y recibieron apoyos para trasladarse a otras ciudades. Los padres de Jimena, ambos trabajadores del gobierno, aprovecharon la coyuntura. “Mi papá ya tenía la idea de salirse del DF, no quería que su familia creciera allá. Previamente habían recorrido ciudades con la idea de salir de ahí y Ensenada fue un lugar del que se enamoraron a primera vista. Así que a raíz del temblor, sus dos plazas fueron transferidas a Mexicali”.

Llegar en verano a la capital de Baja California no augura ventura. “Vivimos un año en Mexicali, llegamos en pleno verano y en muchos sentidos fue una experiencia muy chocante. Yo entré a quinto de primaria allá, sí llegamos a sentir la actitud de `¡Ay, chilangos apestosos!´, pero el objetivo era llegar a Ensenada así que después de un año allá llegamos a vivir al hotel que está enfrente del COBACH. Mis hermanos y yo nos la pasábamos en la alberca todo el día mientras mis papás salían a conseguir casa. A Ensenada llegué a cursar el sexto grado y de ahí brinqué a la secundaria Migoni, al COBACH, a la UABC.”

¿Cómo se trazó el camino de Jimena hacia la ciencia?

 ¡Ah!, sonríe y narra Jimena: es una historia súper divertida porque desde la infancia estaba convencidísima de que quería estudiar matemáticas. Me divertían mucho, me gustaban, eran mi pasión. Mi mamá es actuaria [Irma C. Tripp Franyuti],  estudió en la Facultad de Ciencias en la UNAM,  y como que desde ahí nació el gusto, llegó en los genes. Mi papá es artista plástico [José Carrillo Cedillo], él va por otras ondas… Hasta el COBACH estuve convencida de estudiar matemáticas, pero ahí, mi profesora de biología, la Dra. Alejandra Mora me enamoró de la biología, me movió el tapete totalmente y después de algunas conversaciones con ella me dije: “esto es lo que quiero hacer”.

En la Facultad de Ciencias, recuerda Jimena, vivió una época preciosa en muchísimos sentidos. En aquel entonces, dice, la facultad tenía un ambiente delicioso, había maestros y maestras excepcionales: César Migoni, Miguel Carrillo, Irma Rivera, Gloria Rubí, Carlos Márquez, José Delgadillo, Ernesto Campos, Nahara Ayala y, por supuesto, Meredith Gould, pilar para muchísimas generaciones. Todo mundo la recordamos; quienes tuvimos el privilegio de conocerla, compartimos la misma opinión: ella era un ejemplo a seguir como científica y persona. También el Dr. Stephano, ambos fueron “mis padres de carrera”; con ellos aprendí mucho, me di cuenta que estar en el laboratorio era lo que quería hacer toda mi vida; esa formación me preparó para lo que siguió. Estar en el laboratorio todo el día, hasta la fecha, es algo que hago y disfruto, lo mismo que salir al campo.

Cursando la licenciatura, Jimena aplicó y fue seleccionada para dos veranos de la investigación de la Academia Mexicana de Ciencias, experiencias que dieron claridad a un propósito: dedicarse a la investigación. “Primero fui al Instituto de Biotecnología de la UNAM, a Cuernavaca, donde vivía mi hermano Mauricio, quien ya estaba cursando su posgrado en Biofísica en la UAEM. Ahí tuve mi primera experiencia con la investigación en biotecnología, y agradezco mucho a la Academia, al Conacyt y a toda la gente involucrada en esos veranos porque son decisivos para seguir los caminos en la ciencia. El segundo verano fue en el CINVESTAV, en Irapuato. Comparé ambos lugares, terminé  felizmente mi licenciatura y me fui a Irapuato.”

Ahora, Jimena recibe “veranitos” porque reconoce la importancia que estos tienen para los estudiantes que quieren conocer de frente la realidad en ciencias. “Es muy difícil, sí, pero si te gusta la investigación, vas a regresar a pesar de todos los pesares. Yo pienso que quienes trabajamos en el CICESE, quienes podemos darnos el lujo de trabajar en lo que nos gusta y nos pagan, somos privilegiados. Venir a trabajar es un gusto, no una obligación. Y para mí, estar con los estudiantes, apoyarlos, me llena mucho.”

Yo en biología –dice Jimena– estaba enamorada, sigo enamorada de todos los seres vivos y los que no son tan vivos o se cuestionan si están vivos. En la licenciatura nunca tuve una clase de virología como tal, creo que a la fecha no existe, porque seguimos en el dilema de si los virus están vivos o no… independientemente de eso, los virus son las cosas más fascinantes que puedan existir.

A la licenciatura siguió el doctorado en ciencias con especialidad en biotecnología de plantas, en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV), Irapuato, donde Jimena trabajó con virus que infectan los cultivos de chile. “Primero trabajé con el Dr. Edmundo Lozoya; después, con el Dr. Rafael Rivera, experto en geminivirus, quien años después fue mi jefe por mucho tiempo.”

De investigación y cierre de ciclos

Concluidos el doctorado en 2004 y posteriores contratos como auxiliar de investigación e investigadora invitada, entre 2004 y 2009, Jimena consideró que era tiempo de salir de Irapuato. “Quería tener otras experiencias, salir al extranjero…” En el verano de 2009, viajó a Canadá, a un congreso sobre la interacción de plantas con patógenos y a buscar un postdoctorado. Revisó los pizarrones de oportunidades y en los últimos días encontró un post it, escrito a mano: “Busco candidato para posdoc, para trabajar en VIGS (virus induced gene silencing) en insectos”.

La metodología VIGS se basa en los sistemas de defensa de algunos organismos y durante su doctorado Jimena había trabajado con un sistema similar, con virus de plantas. “Era algo nuevo, justo lo quería, un reto diferente. Y es que, siempre les digo a los estudiantes, la virología es un universo; nadie puede venir y presumir su Libratus. Cada grupo de virus es muy especial, tiene características específicas, puedes pasar toda una vida estudiando un grupo. Pero yo siempre quiero aprender más; entonces, me salté radicalmente de hospedero, de trabajar con plantas a trabajar con insectos y además con virus que desconocía, con características genéticas totalmente diferentes; por lo tanto, la manipulación y el trabajo en el laboratorio son muy diferentes.”

Con esto en mente, el último día del congreso, Jimena conoció al asesor de la notita en el post it, el Dr. Allen Miller, se entrevistó con él, en diez minutos, superando nervios y un atropellado spanglish. Él la observó con una sonrisa disimulada, la escuchó y le dijo: “ah, sí, está bien, mándame tu CV. Regresa a México, haz lo que tengas que hacer  y me escribes, nos escribimos”. Consciente de que ese 2009 era su último año de trabajo en el CINVESTAV, Jimena regresó a México y se dedicó a escribirle “religiosamente”. El silencio de Miller no desanimó a la insistente candidata hasta que “creo que el pobre se cansó o no tenía muchos otros candidatos, pero me aceptó y ahí comienza otra etapa de mi vida, súper bonita; muy difícil, al principio, pero después me abrió muchísimas puertas y aprendí mucho, muchisísimo”.

De Guanajuato a Iowa

 En 2009, Jimena llegó a la Universidad Estatal de Iowa sin conocer a nadie más que al Dr. Miller. Al principio, dice, fue muy difícil, significó un reto muy grande por aspectos personales y académicos. “Enfrenté el estigma de que estar sola es lo peor que te puede pasar, y peligroso…, pero eché miedos a la basura. Y ahora con mucho orgullo puedo decir que ha sido una de las experiencias más gratificantes en mi vida, crecí personalmente, así que recomiendo: si no has vivido sola o solo, inténtalo, porque crecerás mucho como persona y te quitarás un montón de telarañas”.

De la jornada académica, nuestra entrevistada recuerda que al principio no fue fácil porque el sistema con el que estaban trabajando tenía muchos errores inherentes a lo que estaban tratando de hacer. “Yo trabajaba y no obtenía los resultados esperados, pensé que mis manos no estaban haciendo las cosas correctamente, dudaba, repetía el experimento con miles de controles hasta que me aseguré de que no era yo… y, entonces, a comunicarlo a mis jefes que en ese momento eran dos: Allen Miller y la doctora Bryony Bonning, expertos en virus de insectos. Por supuesto era impensable para ellos, ahora los entiendo, aceptar que una recién llegada, una mexicana que trabaja con virus de plantas, cuestionara su sistema de virus de insectos, sistema que habían replicado otros posdocs. La situación era difícil pero al final demostrando por qué estaba mal su sistema y venciendo muchos otros obstáculos, logré trabajar bien en el laboratorio, aprender técnicas nuevas y ganarme el respeto profesional de Miller y Bonning.”

Al tercer año de estar en la universidad, continúa Jimena, se unió al grupo la doctora Amy Toth. Ella trabaja con genómica y aspectos de comportamiento de avispas y abejas; el grupo sometió un proyecto para atender el problema de colapso de colonias de abejas que impactó fuertemente en Estados Unidos; querían saber cuál era la participación de los virus que infectan abejas en ese colapso. “El tema es bastante complejo; la afectación no era solamente por virosis sino asociada a otros patógenos, factores ambientales, etc. En ese momento era la oportunidad de conocer otro sistema de trabajo con virus y me dediqué mucho tiempo a montar sistemas de trabajo para estudiar virus de RNA que infectan abejas. Todas las técnicas que se tuvieron que desarrollar respecto a la virología cayeron en mis manos; fue una gran experiencia y a la fecha sigo colaborando con el grupo”.

 Después de cinco años de investigación postdoctoral en la Universidad Estatal de Iowa, estudiando virus que infectan insectos plaga, pulgones y también virus que infectan insectos benéficos, como abejas, Jimena trabajó dos años (2015-2017) como investigadora postdoctoral en el Departamento de Protección de Plantas de la empresa DuPont Pioneer, en Johnston, Iowa.

“Cuando se cumplieron mis cinco años en la universidad, yo estaba cansadísima, agotada, porque en Iowa trabajaba para tres jefes, en tres laboratorios diferentes, con muchísimos proyectos. Trabajaba todo el día, todos los días, sólo me escapaba los fines de semana a jugar futbol o hacer manualidades, que también me gustan mucho, pero vivía para mi trabajo; hasta la fecha, creo, que sigo igual”.

Al final de su estancia, dos semanas antes de regresar a México, sin trabajo y cansada, una compañera de laboratorio, que estaba haciendo su maestría con Allan y trabajaba en DuPont Pioneer, en Johnston, una ciudad vecina, en Iowa, la convenció de aplicar a una posición que tenía abierta su jefe. Jimena accedió, envió su currículum al Dr. Xu Hu, quien a los dos días le habló por teléfono para acordar una entrevista de trabajo.

“Yo estaba preparando la entrega de cinco años de trabajo en la universidad y de mi departamento, vendiendo cosas, todo lo que implica una mudanza. Berenice, mi hermana, fue a ayudarme y la última semana ahí fui a la entrevista a DuPont. El proceso de selección en la industria es similar al de la academia: presentar un seminario, entrevistas con todos los jefes del departamento, con la gente del laboratorio donde vas a trabajar… Dediqué todo un día completo; regresé a mi casa, seguimos empacando y a horas de subirme al avión, mi futuro jefe me habló por teléfono y en su English chino me dijo ésta es una oferta formal de trabajo, necesito que me digas ahorita sí o no”.

Jimena aceptó y sólo viajó a México a renovar la visa de trabajo cuya obtención es fácil cuando se tiene una oferta de empleo. Dos años en la empresa, recuerda, también significaron una buena experiencia, para “vivirla en carne propia”. En la industria, reflexiona, hay gente extremadamente buena, muy capacitada, hacen investigación de punta, tienen todo el dinero del mundo para hacerlo y no les interesan las publicaciones per se; a ellos, les interesan los resultados confiables, replicables, que tengan una aplicación.

“En la industria trabajé como investigadora postdoctorante en un grupo que se llamaba de protección de plantas. Esa experiencia cambió mi perspectiva; por supuesto, a la industria la mueve el dinero pero creo que sí hay un interés real de buscar soluciones alternativas al uso de pesticidas e incluso de los transgénicos. La empresa donde trabajé hacía transgénicos y yo estudié en un instituto donde la transgénesis es simplemente un método de trabajo. En Irapuato, el Dr. Luis Rafael Herrera Estrella fue pionero en México en esta técnica, y no hay que satanizarla, hay que estudiarla e investigar.”

De la industria en EUA a la academia en México

Contenta, trabajando mucho en la industria donde, incluso, generó una patente, Jimena se enteró por su novio del concurso de una plaza académica en el CICESE. La convocatoria para el área de fitopatología describía un perfil ad hoc al de Jimena. En 2017 empezó los trámites y un primer contacto fue el Dr. Salomón Bartnicki quien le habló para decirle que estaba en el grupo de los candidatos. Concretado el proceso de selección, la doctora Meritxell Riquelme le habló por teléfono para decirle que había sido seleccionada y acordaron su ingreso para enero de 2018.

Al CICESE, Jimena llegó a incoprorarse al aún pequeño grupo de fitopatología, con Rufina Hernández y Edgardo Sepúlveda. “La verdad es que he sido muy afortunada, Rufina nos ha tratado muy bien, nos ha apoyado muchísimo, estoy muy agradecida con ella, ha sido un buen arranque gracias a ella, al doctor Bartnicki y las colegas del departamento”.

Del CICESE, comenta Jimena, recibí la oportunidad de venir a poner en práctica mi experiencia. “Yo quería regresar a México, pude quedarme en Estados Unidos pero la verdad no era mi objetivo. Retornar a Ensenada ha sido grandioso porque aquí vive mi familia, estoy cerca de mi pareja y puedo retribuir a la ciudad parte de lo que he recibido. Además, el CICESE es muy buen lugar  para hacer ciencia en México y la verdad logré mi sueño de adolescente cuando miraba hacia arriba, hacia donde está el CICESE, y pensaba ahí hay pura gente respetable, investigadores de peso. Ahora estoy contenta con mis colegas y consolidando mis líneas de investigación.”

Con diversos planes de trabajo en el campo semiárido de Ensenada, Jimena ha logrado convenios y colaboraciones con colegas de varios sectores, como el Comité Estatal de Sanidad Vegetal, con quienes Rufina trabaja desde hace tiempo. “En virus de la vid hay muchísimo trabajo por hacer, ya lo empezamos, ya tenemos colaboración con el comité y con los sectores involucrados, también estamos haciendo divulgación, entrenamientos, capacitaciones, diagnósticos.

“Con el comité hicimos un primer proyecto del cual derivaron dos tesis de licenciatura  sobre virosis en vid transmitidas por el piojo harinoso, que es otro de mis modelos de estudio ahorita, todos en vid. El proyecto de maestría de José Luis Duarte, mi primer estudiante de maestría, versa sobre los virus que pueden infectar al piojo harinoso. Ya conozco algunos personajes clave en el sector como Camilo Magoni, que es uno de los vinicultores fuertes.

“En cuanto a hortalizas, dado que el tomate (o jitomate) es de los cultivos más fuertes en Baja California estamos atendiendo un problema, un virus emergente, estamos trabajando para apoyar a los productores, con conferencias, talleres y directamente en las empresas. A nivel nacional es un problema serio, por lo cual SENASICA (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria) ya ha implementado normas para diagnosticarlo y contenerlo. Una opción podría ser que el CICESE tenga un laboratorio acreditado, pero está complicado para el grupo de fitopatología porque se necesitan muchas condiciones y no tenemos personal técnico de apoyo para dar este tipo de servicios. Tanto Rufina como el Dr. Bartnicki han tenido en vista el afianzar mejor el grupo de microbiología agrícola y tener un espacio físico para tal, pero hay que considerar todo lo que ello implica y conjuntar el trabajo de muchísima gente.”

Entre flores, plantas y gatos

Además de su tiempo completo dedicado a la academia, Jimena Carrillo disfruta trabajar en su jardín, convivir con sus “nenes consentidos” (tres gatos) y realizar diversas actividades. “La casa de mis papás es un taller, yo no vivo ahí, pero vivo cerca y toda mi familia es proactiva; nos gusta construir, crear. Hacemos costura, cerámica, carpintería, stained glass… hay  muchas cosas por hacer”.

Con la ciencia y el arte como su brújula materna y su norte paterno, Jimena se siente afortunada de haber crecido en esta familia integrada por mamá, actuaria; papá, artista plástico; Mauricio y Jimena, dos científicos; Rodrigo, actor y director de teatro, y Berenice, diseñadora gráfica. “Todos como familia estamos muy orgullosos de mi papá y lo que nos ha enseñado, ha sido un gran guía, es un artista plástico reconocido y con mucha trayectoria. También admiro mucho a mi mamá porque ha apoyado mucho a mi papá y porque ella también es una persona muy creativa, amorosa y emprendedora. Tú vas a su casa y ella hizo tal closet o tal mesita. Creo que yo heredé esa parte. Cuando estoy en mi casa, además de limpiar (no tan seguido como debería) o cocinar, trabajo en mi propósito de armar un jardín de suculentas y hago arreglos diversos en la casa.

“Desde que estaba en Ciencias era así, en el laboratorio de Meredith y Stephano nosotros hicimos las mesas, las adornamos, las barnizamos; nos apropiamos de los espacios y los hicimos nuestros para trabajar a nuestro gusto. Meredith y Stephano eran `pobres´, no traían dinero en la bolsa porque lo que tenían lo usaban para comprar cosas para el laboratorio o los chicos. Entonces, aquí, así empecé; afortunadamente tenemos Los Globos de donde salió mi primer congelador, mi primer refrigerador… muchas cosas son globazos, pero ahí están y funcionando en el laboratorio.”

 A punto de concluir esta entrevista que sucede en su pequeño cubículo, en su “pecera”, en el cuarto piso del edificio de la División de Biología Experimental y Aplicada (norte), Jimena no oculta su alegría por estar de vuelta en Ensenada, “mi tierra”, cerca de su familia y pertenecer al CICESE donde “tengo excelentes colegas y es un honor estar aquí.”

Palabras clave: Jimena Carrillo Tripp virus microbiología

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