mutacuun rë cjuatacun: Zoila Mora Guzmán




Semblanzas

 “Yo pienso que ser indígena es nacer y crecer con limitaciones. Imaginen ser indígena y mujer. No puedes sobresalir, no tienes las mismas oportunidades que los hombres. En mi cultura, la mazateca, la mayoría de las mujeres son sumisas, los hogares están dominados por hombres y por ello muchas de nosotras no podemos seguir estudiando.

"Mis padres fueron una gran motivación. De cinco hermanos, soy la única hija y lo que me 'tocaba' era estar atrás de un metate haciendo tortillas. Mi papá me decía desde chiquita: 'tú vas a estudiar'. Eso me ayudó a no detenerme, a buscar oportunidades que no muchas mujeres indígenas tienen”

Para que una mujer indígena, en México, continúe con sus estudios hasta nivel superior, la motivación no es suficiente. Día a día se enfrentan a violencias estructurales e institucionales que impiden su caminar en distintos ámbitos.

En México una de cada cuatro mujeres indígenas no cuenta con escolaridad, una de cada cinco tiene secundaria completa. El 29.5% de estas mujeres, mayores de 15 años, son analfabetas y solo 3.6 % tiene estudios superiores(2).

Zoila Mora Guzmán, forma parte de ese 3.6 %

Nació en Chiquihuitlán de Benito Juárez, en Oaxaca. Este municipio se encuentra enclavado en la sierra mazateca. Su madre y su padre son campesinos. Siembran maíz, frijol, café, amaranto, ajonjolí y chile.

“En mi pueblo lo primero que hueles al despertar es el humo; eso quiere decir que las tortillas y el café ya están puestos en el fogón. Cuando me levantaba, desayunaba un taco de salsa y café. ¡Y listo!, a la escuela. Mi abuelita era quien cuidaba de mí, porque mi mamá y mi papá se iban a trabajar al campo durante todo el día.

"Las noches eran las que más me gustaban. Mi papá y yo nos acostábamos en el petate a contar las estrellas. Una vez vi una luz que pasó por el cielo, le pregunté a mi papá que qué era eso. Y me dijo '-Es un avión, es para volar. Ahí viaja gente profesionista y acuérdate que tú te vas a preparar y algún día te vas a subir a uno'. Eso me emocionó mucho”, compartió Zoila.

Las escuelas en la comunidad de Zoila eran pequeñas. En ese tiempo –cuenta- quien tenía la oportunidad de estudiar, lo hacía bajo la modalidad de telesecundaria y telebachillerato comunitario.

Durante las vacaciones de secundaria y bachillerato, Zoila, se veía en la necesidad de trasladarse a la Ciudad de México a trabajar.

La oportunidad de estudiar en su comunidad llegaba hasta el bachillerato. Por ello se mudó a la ciudad de Oaxaca, que está a ocho horas de camino, para iniciar con sus estudios de licenciatura.

Hija ahora tienes alas para volar a dónde tú quieras. Sé que no nos vas a defraudar”. Esas fueron las palabras de sus padres al momento en que abordaba el camión para trasladarse a la ciudad de Oaxaca.

“Cuando mis padres me dijeron eso, yo les contesté que hoy comenzaba nuestro sueño, y que no les iba a fallar. Sus palabras me mantuvieron fuerte durante los cinco años de mi carrera. Estudié ingeniería en Agronomía en el Instituto Tecnológico del Valle de Oaxaca (ITVO)”.

La vida que llevaba en Oaxaca no era muy distinta a la de Chiquihuitlán. Pues -comparte-, no podía llevar un estilo de vida “citadino”. Solo le alcanzaba para el pasaje de ida y vuelta. Tuvo que dejar de frecuentar a su primer grupo de amigas, pues no “encajaba en su mundo”. Poco a poco encontró compañeras “como ella”.   

Zoila, comparte que “el dinero te limita, dicen que no lo es todo, pero es necesario para muchas cosas; por ejemplo, para comer.

“Con este grupo de amigas no nos podíamos dar el lujo de comer en la cafetería. Nos sentábamos bajo los árboles y comíamos tacos de frijol o quesadillas. Toda la carrera fue así. No nos íbamos de pinta, ni de fiesta. En ese aspecto fue muy limitante y difícil para nosotras”.

Sus padres la apoyaban con los gastos. Le enviaban dinero que obtenían de la venta de su cosecha. En ocasiones, Zoila compraba pan en la ciudad, se lo enviaba a su madre para venderlo en Chiquihuitlán y después de la venta le enviaban las ganancias.

El historial académico de Zoila se caracterizaba por tener excelencia académica. Sin embargo, durante un semestre la situación económica fue más limitante. Decidió trabajar como empleada doméstica.

La Organización Internacional del Trabajo (OTI) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) informaron que, en 2019, casi 100% de las empleadas domésticas en México trabajan sin contrato. Que 81% lo hace por necesidad económica y por factores asociados a la pobreza y marginación. Y que más de 10% tiene jornadas semanales superiores a las 48 horas.

“Comencé a bajar de calificaciones. Llegaba cansada de trapear, de lavar, te cansas mucho. Mis padres me dijeron que ya no trabajara, que ellos buscarían la forma de trabajar más para apoyarme. Mi madre me dijo que mi mayor herencia serían mis estudios, y así fue”.

Cuando se encontraba en la fase terminal de su carrera en ingeniería en Agronomía, tuvo la oportunidad de realizar el servicio social con la Dra. Claudia López.

“Hice mi servicio social con la Dra. López. Ella trabajaba con Pleurotus ostreatus; hacíamos activación micelial del hongo y prácticas de inoculación en semillas de trigo. Al estar en el laboratorio me di cuenta que eso era lo mío. Ella me animó a contactar al Dr. Neftalí Ochoa, del CINVESTAV en Irapuato, quien trabajaba con modificaciones genéticas de chile serrano. Entonces me fui a Irapuato a hacer mis residencias profesionales. Estuve seis meses y el Dr. Ochoa me invitó a su equipo de investigación; existía la posibilidad de entrar a la maestría al CINVESTAV”, comparte Zoila.

 

 

Realizar un posgrado en un centro CONACYT era el sueño de Zoila. Desafortunadamente no pudo cumplirlo. Las limitaciones económicas, incluso con el apoyo de una beca de posgrado, una vez más fueron la principal barrera, pues no podía costear su proceso, traslado y estancia.

Zoila pensó: “Sí, era su sueño, pero no el momento”.

La maestría y el doctorado los realizó en Oaxaca. La maestría en ciencias en Desarrollo Regional y Tecnológico, con orientación en Bioquímica. Trabajó con una planta endémica de Oaxaca, Taxus globosa. Aislaron hongos endófitos para la producción de paclitaxel, un anticancerígeno.  

Para el doctorado se enfocó en una hierba conocida en Oaxaca como la “hierba del cáncer”. Colaboró en un proyecto con la Dra. Socorro Pina para determinar la actividad biológica de esta hierba, Tournefortia mutabilis, en diferentes líneas celulares de cáncer de mama.

“Cuando terminé el doctorado estaba en mi fase de mamá 100% pues tuve a mi hijo y durante ese tiempo salió una convocatoria bajo el programa de  “Estancias Posdoctorales para Mujeres Indígenas en Ciencia, Tecnología, Ingenierías y Matemáticas”, del IDRC-CONACYT-CIESAS(3). Vi la lista de académicos que podía recibir posdoc y me interesó la línea de investigación de la Dra. Patricia Juárez, del CICESE(4)”.

Zoila, comenta que cuando vio la ubicación geográfica del CICESE pensó que sería complicado mudarse de Oaxaca hasta Baja California. Rodolfo, su esposo, le comentó que toda su familia la apoyaba, que sí podían lograrlo. Zoila decidió esperar.

“Meses después de la primer convocatoria, vi que salió la segunda. Volví a pensar en el traslado y todo lo que involucraba mudarnos con un hijo pequeño. Pero me animé y le escribí a la Dra. Patricia Juárez. Tiempo después hicimos una video llamada y comenzamos con el trámite.  

“Después de todos los trámites pudimos someter mi postulación. Los resultados los iban a dar el 31 de agosto de 2018, ese día casi no dormí, me quedé hasta medianoche para ver si aparecía algo en mi CVU. Horas después seguía apareciendo 'en espera'. Opté por irme a dormir un poco triste pensando que me habían rechazado”, explicó Zoila.

A la mañana siguiente Zoila se fue a trabajar. En ese momento se encontraba dando clases en la Universidad Regional del Sureste. El desánimo continuó por la mañana. Cuando regresó de sus labores se dio cuenta que en la pantalla de su celular tenía algunas llamadas de la doctora Juárez.

Tomó su celular, abrió la aplicación de WhatsApp y leyó un mensaje de Patricia Juárez: “Zoi, te aceptaron”. Zoila, lloró de emoción, había llegado ese momento tan esperado; trabajar en un centro de investigación.  

“Fue un momento muy feliz, pues era mi sueño. Cuando le marqué a la doctora Paty, quien también estaba muy emocionada, me dijo que habíamos sido tres mujeres seleccionadas a nivel nacional. Fueron muchas emociones y locura, pues debíamos estar ya instalados en Ensenada el 1 de octubre. Vendimos algunas cosas, pasamos unos días con la familia y llegamos a Ensenada”.

El CICESE –menciona Zoila- es un mundo diferente. Las instalaciones, la comunidad académica, la posibilidad de vinculación, el cúmulo de conocimiento “¡Esto es lo que yo quería!”

 

 

La convocatoria de “Estancias Posdoctorales para Mujeres indígenas en Ciencia, Tecnología, Ingenierías y Matemáticas”, solicitaba al postulante un proyecto académico, uno comunitario, la publicación de un artículo, realizar una estancia en el extranjero y reforzar el aprendizaje de inglés.   

El proyecto académico que propusieron Zoila y Patricia Juárez se denomina “Efecto del TGFBR3 en la prevención y tratamiento de la metástasis ósea debido al Cáncer de Mama”, y el comunitario “Diversidad botánica medicinal mazateca con actividad anticancerígena”.

“Para el proyecto académico vamos a trabajar con proteoglicanos involucrados en la metástasis ósea del cáncer de mama. Una de las proteínas involucradas en los procesos metastásicos es el factor de crecimiento transformante Beta (TGF-B). Esta molécula tiene un papel dual en los estadios tempranos de cáncer; funciona como un supresor de tumores, pero en un estadio avanzado hace todo lo contrario: promueve la proliferación de células cancerosas, tanto en la migración, invasión y metástasis” explicó Zoila.

El proyecto comunitario consta de una monografía para documentar la diversidad botánica medicinal de la cultura mazateca, que utilizan para tratar el cáncer. También charlas, donde Zoila cuenta su historia con el objetivo de inspirar a jóvenes indígenas, así como talleres de acercamiento a la ciencia en diversas escuelas en comunidades de la sierra mazateca.

“Para la monografía vamos a hacer entrevistas con curanderos de la región, colectar plantas y escribir sobre éstas. En caso de que no haya reportes de alguna planta, haremos estudios de citotoxicidad”.

La estancia posdoctoral tiene una duración de tres años (2018-2021). Zoila, llegó al CICESE el 1 de octubre de 2018. Próximamente realizará una estancia en la Universidad de Indiana, como parte de los apoyos que el programa le ofrece.

“El día que llegamos a Ensenada le dije a mi esposo, -¡Pellízcame, pellízcame para ver si esto es cierto! Y es cierto, estamos viviendo un sueño. Estamos trabajando en mi formación como científica. Estar en el CICESE me servirá para regresar a Oaxaca con muchas bases sólidas. Me siento muy contenta y agradecida con la doctora Paty, con el CICESE por abrirme las puertas, y con el programa por la oportunidad”, finalizó Zoila.

 

1) (Título) Amor al conocimiento, en mazateco de Chiquihuitlán.

2) Estimaciones de la Encuesta Intercensal 2015 del Consejo Nacional de Población (CONAPO).

3) Estancias Posdoctorales para Mujeres Indígenas en Ciencia, Tecnología, Ingenierías y Matemáticas del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo, canadá (IDRC)-CONACYT-Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

4) Dra. Patricia Juárez, investigadora del Departamento de Innovación Biomédica del CICESE. Más información en: http://bit.ly/PatriciaJuarez

Palabras clave: Zoila, posdoc, CaMa

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