La electrónica lo llevó a descubrir nuevos paisajes: Humberto Lobato




Semblanzas

El rancho…

A las 4:30 de la mañana el despertador comenzaba a sonar. Humberto Lobato, de apenas unos ocho años, un poco adormilado pues se encontraba en sus vacaciones de la primaria, se levantaba para comenzar una jornada rutinaria junto con su papá. A las 5:00 café y pan. A las 5:30 ya estaban de camino al rancho, que se encontraba a las afueras de su natal Tehuacán, Puebla.

Al llegar, sus primeras actividades consistían en lavar los instrumentos para ordeñar a las vacas. Éstas eran  llevadas del corral al pesebre, que previamente había sido provisto con pastura que desayunarían; así, favorecían una ordeña tranquila.

Después de la ordeña iban a los sembradíos de alfalfa. Ahí había que cortar la hierba, formarla en camellones para subirla a la camioneta y, una vez cargada, era hora de regresar a alimentar a los caballos. A los chivos se les sacaba a pastorear y a los puerquitos se les llavaba el “chiquero” y se les daba alimento de costal. 

Cuando regresaban a casa, después de desayunar comenzaban otras aventuras, o como lo refiere Humberto, “otro relajo: hacer queso”.

“Hubo una temporada en la que mis padres se metieron también al negocio del queso. Recuerdo que debíamos de estar pendientes al tratar la leche, a veces cuajaba pronto y otras se tardaba mucho. Había que estar checando a todas horas, incluso dos o tres de la mañana para agarrarla en su punto. Mis hermanos y yo ayudábamos a repartir la leche bronca y el queso a los vecinos, y otra gran parte se vendía a una tienda… mis padres siempre fueron muy trabajadores, y a mis hermanos y a mí, desde niños, nos inculcaron el hábito de trabajar, aunque muchas veces no me gustaba”, expresa Humberto.

- ¿Y los caballos?

“Ese también era otro relajo (ríe)”.

Los domingos, después de la rutina de cuidar a los animales del rancho era hora de comenzar con cuestiones de charrería.

“Preparar todo para las prácticas era un verdadero ritual: limpiar y subir al pickup las sillas para montar, la carona, la reata, los caballos, a veces los novillos, además de la vestimenta, que incluye la camisa pachuqueña, sombrero, chaparreras, botines y espuelas… todo limpio y bien acomodado, pues es parte del 'respeto al uniforme y a la tradición'.

“Practicábamos en el rancho de una amigo de mi papá. El lugar se llamaba San Isidro, cerca de Tehuacán. Llegábamos y separábamos a los animales en corrales y bajábamos las cosas. Comenzábamos la práctica como las 10 de la mañana y terminábamos pasadas las tres de la tarde. Mi madre nos alcanzaba a veces para comer ahí. Estábamos cansados pero había que enfriar a los caballos (que también acababan sudando), subirlos de nuevo al pickup y regresarlos a nuestro rancho para darles de comer. En ese ambiente crecí, mezclando la escuela, el trabajo en el rancho, el negocio de la leche, el queso, la alfalfa y los caballos… tuve una infancia muy bonita en ese aspecto. Me marcó mucho poder acompañar a mi papá en las actividades del rancho y ver el empeño y disciplina con los que hacía las cosas”, comparte Lobato.

La música…

El padre de Humberto es, sin duda, una gran inspiración en su vida. Después de la rutina del rancho y de desayunar en familia, se iba a trabajar a su consultorio pues es médico de profesión. Humberto cuenta que desde niño lo invitó a algunas cirugías –“Un parto, dos o tres cesáreas y la operación de una hernia”.

La medicina le llamaba la atención. Sin embargo, durante la operación de la hernia (que fue muy larga y con pocos elementos llamativos en contraste con las cesáreas) se aburrió, y en ese momento pensó que su camino profesional no iba por ahí.

Lo que comenzaba a llamarle más la atención era la música. A inicios de la década de los noventa, en el “Canal 5” de la televisión mexicana transmitían un video musical de una banda que mezclaba la rumba catalana con el rock.

La canción empezaba con algo así:

Close your eyes and I´ll kiss you

Tomorrow I’ll miss you

Remember I´ll always be true

[…]

 

La canción era All my loving interpretada por la agrupación catalana de “Los Manolos”. A Humberto, le llamaba la atención ese tema, pues su padre y su tío tocaban guitarra clásica.

La madre de Humberto, profesora de español, se dio cuenta del interés que mostraba cada vez que “Los Manolos” salían al aire con aquella interpretación. Su madre le dijo que ellos tenían “esa canción” en una colección de discos de vinil.

“Fue muy chistoso, cuando mi madre puso All my loving yo no la escuchaba igual, yo esperaba las guitarras acústicas. Resulta que pues la canción original es de The Beatles… y después de escuchar tres o cuatro veces la canción, quedé enganchado. Después dije 'voy a escuchar el otro lado del disco' y después ya no era solo el otro lado, sino el otro disco y así llegué a disfrutar hasta las últimas canciones de la colección: While my guitar gently weeps, Golden slumbers, Carry that weigh,…

El sonido de las guitarras del cuarteto de Liverpool fue lo que sedujo a Humberto desde niño a explorar el mundo del rock. Su padre compartió con él sus conocimientos de guitarra acústica. Posteriormente tomó algunas clases de piano, pero decidió seguir con la guitarra y cuando ingresó a bachillerato le regalaron de cumpleaños su primera guitarra eléctrica.

“Empecé a tocar rock en una banda con amigos y a hacer experimentos, jugar con potenciómetros y circuitos, variar posiciones de la pastilla, y así me empezó a interesar la música y la electrónica. Al paso de los años, me di cuenta de que la electrónica estaba en todos lados, y cuando decidí estudiar la carrera, me inclinaba más por la ingeniería en electrónica o la música, que por la medicina.” indica.

La electrónica…

Después de tener diversos acercamientos con la electrónica, trabajando con kits, radios para armar y amplificadores de audio sencillos, Humberto debía decidir entre estudiar ingeniería en electrónica o música; eligió la primera.

Sus estudios universitarios los comenzó en 2001 en la Universidad de las Américas-Puebla (UDLAP). La experiencia de vivir solo, en otra ciudad, y de estudiar en esa universidad fue muy grata, pues indica que sus maestros eran disciplinados y contaban con un buen nivel académico. Además, debía de mantener la beca.

“Cuando llegué a la etapa de tesis, había varios temas interesantes. Me llamó la atención uno acerca de analizar con transformadas espectrales la señal proveniente de una guitarra y ver si el instrumento era de buena o mala calidad. Pero, curiosamente, y aun no comprendo exactamente por qué, hubo otro que me llamó más la atención: antenas para comunicaciones móviles. Se trataba de analizar y diseñar antenas en una estación base para comunicación celular, que son antenas grandes y, además, diseñar antenas de microcinta. Mi trabajo fue una codirección entre un profesor de la UDLAP y el Dr. Alonso Corona Chávez, de INAOE. Él fue quien mempezó a guiarme al mundo de las microondas”, explica.

Decidió continuar con sus estudios de posgrado en la UDLAP. El Dr. Alonso Corona seguía siendo su codirector de tesis, aunque ahora el trabajo de Lobato se enfocó en filtros de microondas con metamateriales.

Al terminar la maestría, los planes de Humberto para el doctorado eran continuarlo en Inglaterra. Sometió ingreso a cuatro universidades y lo aceptaron en tres. Sin embargo, en ese tiempo sucedieron una serie de eventos poco favorables para ir a estudiar fuera del país; sus hermanos recién habían entrado a la universidad y no tendría tanto apoyo económico por parte de sus padres, además de otras situaciones familiares de salud. La decisión de Humberto fue esperar un poco.

El Dr. Alonso Corona le ofreció un contrato temporal en INAOE como ingeniero de investigación. Después de la experiencia de trabajo, Lobato decidió iniciar sus estudios de doctorado en ese instituto.

“En 2010 inicié el doctorado en el INAOE y de 2011 a 2012 hice una estancia en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Me considero una persona disciplinada, creo que ejemplo de mis padres trabajadores (a veces exageran) y por ello, durante mi estancia, afortunadamente pude obtener no solo experiencia académica y resultados (conferencias, publicaciones), sino también muy buenas amistades y momentos de diversión. Conocí además varios lugares turísticos y museos de California y anexos, y las tiendas enormes de música, como los Guitar Center”, comparte.

Cuando regresó a México un compañero de la UCLA le envió por correo una convocatoria. Era para una plaza de investigador en el CICESE que se había publicado a nivel internacional. Uno de sus profesores y codirector de tesis en el INAOE, el Dr. José Luis Olvera, es egresado del centro y le dio excelentes referencias del CICESE.

“Yo no conocía Baja California y apenas había escuchado del CICESE. Le pregunté a mi codirector y me dijo que la ciudad estaba muy padre y que el instituto era uno de los más importantes en México. También me dijo que, en cuanto a investigación en microondas, es uno de los pioneros y referencia en el país. Primero había que terminar el doctorado, hablé con mis codirectores, Alonso y José Luis, y vimos que prácticamente ya tenía los requisitos, hasta más, para doctorarme. Entonces terminé el doctorado en poco menos de cuatro años, y decidí enviar mis documentos al CICESE”.

Después de pasar por el proceso de selección, Humberto fue elegido para formar parte del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones.

Nuevos paisajes…

Humberto Lobato llegó a Ensenada en octubre de 2013. “Solo, sin guitarra, sin novia”. El ahora investigador del CICESE comenzó a sentir que la ciudad de Ensenada tenía cierto parecido a como era Tehuacán en su infancia; la amabilidad y la confianza de la gente fue lo que hizo sentir cómodo.

“Tehuacán era como Ensenada, una ciudad tranquila, los vecinos se conocían, interactuaban. Cuando era niño en las noches los amigos de la cuadra salíamos a jugar futbol a las calles o andar en bici, incluso hasta las 10 u 11 de la noche. Los que visitaban Tehuacán decían que querían pasar su vejez ahí. Como a finales de los noventa (en Tehuacán) empezaron a llegar comercios de todo tipo, y con ellos más inseguridad, más asentamientos en desorden, como lo que está pasando ahora tristemente en muchas ciudades del país”.

A pesar de ello, cuenta que cuando llegó a Ensenada le fascinó pues tuvo la oportunidad de visitar distintos lugares en donde ofrecen buena comida, vino y música. La cercanía con Estados Unidos también era algo que encontraba benéfico, pues podía visitar a sus compañeros de la UCLA e ir a las tiendas de música del “otro lado”.

El ambiente en el que se desenvuelve fuera del centro también le parece agradable, pues se trata de gente muy cercana a la ciencia o a la música, en su mayoría del mismo ámbito académico. Su pareja, su hijo y él disfrutan de caminar, escuchar música en vivo, jugar futbol, visitar parques y sitios naturales en Baja California y en San Diego, y de las diversas actividades que se desarrollan en el puerto y en el Valle de Guadalupe.

“Mi hijo nació en Puebla, pero ya es prácticamente ensenadense. Mi novia y yo nos hemos involucrado en actividades como yoga, danza con bebés, maternidad y paternidad conscientes, aprovechando que están de moda. Hemos hecho buenos amigos. Como ya va creciendo mi hijo, lo metimos a un curso de escalada y de música. Cuando se queda conmigo por las tardes, me acompaña a los ensayos con la banda de rock/blues en la que ahora participo; le gustan canciones de The Beatles y Pink Floyd (ríe) y los trenes”, comenta.

Humberto se siente muy agradecido por los ejemplos, experiencias y oportunidades que le han brindado, tanto sus padres como las personas con las que ha colaborado en la UDLAP, el INAOE, la UCLA y actualmente el CICESE, donde su trabajo se enfoca en el diseño de circuitos de microondas multi-modo y multi-banda, metamateriales, antenas, y en técnicas de microondas para la caracterización de materiales.

Ha logrado publicar sus trabajos de investigación en revistas importantes y ha obtenido dos premios internacionales en el área de circuitos de microondas. Continúa jugando futbol y tocando guitarra.

Para conocer más acerca de su trabajo, visite el siguiente enlace http://bit.ly/CICESELobato

Palabras clave: Lobato, Electronica, Puebla

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