Carolina Álvarez Delgado: De la perseverancia en los estudios y el trabajo




Semblanzas

Hace cinco años llegó al CICESE la Dra. Carolina Álvarez Delgado, quien actualmente ocupa el cargo de Investigador Titular A en el Departamento de Innovación Biomédica de la División Biología Experimental y Aplicada, después de haber pasado nueve años en la Ciudad de México en los cuales realizó sus estudios superiores y estuvo laborando en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La Dra. Álvarez nació en la ciudad de Tijuana, Baja California, y sus estudios hasta nivel preparatoria los concluyó ahí para posteriormente mudarse a Ensenada a estudiar la carrera de Biología en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Nos cuenta que siempre fue una alumna organizada, enfocada y de buenas calificaciones. Se esforzaba por entregar todo a tiempo. La secundaria la hizo en el Instituto Progreso, una escuela católica de niñas, pero cuando decide entrar a la preparatoria eligió todo lo contrario. Les pidió a sus papás que la inscribieran en una escuela pública y mixta; sin embargo, admite que no se sintió totalmente cómoda ya que el cambio fue grande y al cabo de un año solicita su permuta a la Iberoamericana en donde finalizó sus estudios.

Desde niña en el camino de las ciencias

A muy temprana edad ella sabía que quería ser científica. Llegó a considerar ser física, bióloga marina o estudiar matemáticas. De hecho, en el último momento ya para sacar ficha estaba indecisa entre estudiar la carrera de Químico Farmacobiólogo o Biología. Al final se decidió por esta última motivada a la vez por el reto de venirse a vivir a Ensenada. Piensa que tomó una buena decisión porque la carrera que estudió abre muchas puertas y que el campo de trabajo es bastante amplio: desde guardabosques, investigador, profesor o terminar en la farmacéutica, dependiendo del área de especialización.

Cuando cambia su residencia a Ensenada llega a vivir con su hermano mayor que también en ese momento estaba estudiando Biología. Comentó que su experiencia en la universidad fue buena, aunque admite que cree que pudo haberle sacado más provecho. Ahora en retrospectiva, considera que hubiera sido enriquecedor haber tenido otras experiencias fuera del aula como actividades al aire libre o extracurriculares. Su esfuerzo valió la pena, terminó sus estudios en el tiempo estimado y fue mérito escolar, pero ahora se pregunta: “¿de qué tanta prisa?” Pudo haber tardado un año más y tomar optativas en otras carreras como en Ciencias Marinas o ampliar la experiencia cultural alternándolo con los estudios universitarios.

Un nuevo reto: La Ciudad de México y la UNAM

La Dra. Carolina cuenta que pasó un año haciendo prácticas profesionales en el Departamento de Biotecnología Marina del CICESE, con la Dra. Elizabeth Ponce, cuando se le presentó la oportunidad de estudiar la maestría en Bioquímica en la UNAM. El reto fue grande: tuvo que preparase para el examen con la bibliografía que contaba aquí; se sentía confiada al haber sido siempre una alumna sobresaliente, sin embargo, el examen fue mucho más difícil de lo que esperaba. Menciona que para los alumnos que ya están en la UNAM y pasan al posgrado la transición es más sencilla porque ya llevan construido un andamiaje académico que la universidad les da. A su vez la escuela los prepara con cursos previos a la aplicación del examen de selección. No fue así para ella. Confiesa entre risas que no acreditó el área de bioquímica del examen general, que al final se le compensó con los resultados en las otras áreas y le permitió quedar seleccionada, pero ahora con el tiempo, lo ve curioso porque es el posgrado que eligió y posteriormente siendo maestra en la UNAM y ahora en el CICESE es la materia que imparte.

Una vez estando en la UNAM el desafío fue constante. Recuerda que en su primera clase de maestría en la materia de ciencias bioquímicas veían el tema de cinética enzimática (que trata de cómo trabajan las enzimas) y que no entendía nada. En ese momento creía que no iba a dar el ancho. En las otras clases le iba bien porque eran más afines al bagaje con el que ya contaba. La otra parte que le costó trabajo fue acostumbrarse a pasar de ser la alumna número uno (desde niña) a ser promedio.

En esta entrevista la Dra. nos comparte que el nivel de competitividad que vivió en la UNAM es mayor, que siempre hay alguien detrás de uno tratando de ocupar tu lugar; que el hecho de pasar tiempo en espacios tan grandes como Ciudad Universitaria también llega a ser abrumador. No obstante, para ella es claro que echándole muchas ganas se puede lograr el nivel académico y profesional. Ahora lo cuenta como anécdotas de cuando estudiaba allá, pero parte de ese “echarle ganas” fue trabajar en el laboratorio en domingos o en vísperas de año nuevo. La experiencia en la Ciudad de México le enseñó a trabajar muy duro durante largas horas, a ser más fuerte y por supuesto tomar el sentido de competencia en una escuela y ciudad de mayores dimensiones.

Contrario a lo que fue su experiencia de licenciatura, manifiesta que aprovechó todo el abanico de posibilidades que le dio la Ciudad de México: se embebió en la cultura, frecuentaba la cineteca, visitó muchos lugares, pero considera que lo que tenía que aprender ahí ya lo había adquirido y se sintió lista para volver a Baja California. Quería regresar a pasar más tiempo con su familia y ver el mar.

Su tiempo en la UNAM culminó cuando estaba en su segundo año de posdoctorado adscrita al Instituto de Ciencias Biomédicas de la UNAM en la sede del Hospital de Pediatría. A pesar de que su jefe le ofreció renovar el contrato un año más para que se quedara, ella declinó la oferta. Comenta que por esas fechas tuvo la suerte de que se abriera la plaza que ocupa actualmente en el CICESE y dedicó todo su tiempo para prepararse y obtener este puesto.

Su trabajo en el CICESE

Su día en el CICESE lo divide en tres actividades: dar clases a sus alumnos de maestría; trabajar una codirección de tesis con el Dr. Alexei Licea Navarro y su investigación en tratamientos dirigidos. El tema y propósito de estos dos últimos están relacionados.

De su trabajo de investigación nos compartió que es un proyecto de moléculas mitodirigidas para el tratamiento de enfermedades asociadas a la disfunción mitocondrial. Explica que hay dos tipos de enfermedades por fallo en la función mitocondrial: las primarias que son enfermedades de tipo congénito, es decir, vienen por herencia materna y son poco comunes, y las secundarias, que ella estudia, son las que pueden desarrollarse como la diabetes y enfermedades neurodegenerativas (Parkinson y Alzheimer). Estos padecimientos tienen en común que la función de la mitocondria se ve comprometida. Profundiza, que no se sabe si ese es el origen de la enfermedad. Lo que sí se sabe es que hay correlación entre la enfermedad y la disfunción. En el caso de la diabetes tipo 2 se ha establecido cierta causalidad.

Continúa explicando que muchos de los alimentos que consumimos, sobre todo los procesados, pueden arruinar la función mitocondrial impidiendo en algunos casos metabolizar adecuadamente los ácidos grasos. Además, similar a lo que sucede con el ADN del núcleo celular, el ADN de las mitocondrias puede dañarse con la exposición a los rayos UV y es hasta 10 veces más sensible a este efecto.

El interés de la Dra. Álvarez se centra en la protección de la mitocondria o en revertir su daño.  El objetivo es ayudar a mejorar el pronóstico de las personas que padecen este tipo de enfermedades a través de tratamientos mitodirigidos, o sea, moléculas que van directo a las mitocondrias para reparar el daño. Se está haciendo de esta forma para evitar afectar otras partes de la célula, incluyendo el núcleo, que pudieran activar otros procesos que no se desean. En este proceso interviene una hormona con una etiqueta que la lleva a la mitocondria. Para realizar esta síntesis química se trabaja en colaboración con el Dr. Rafael Vazquez Duhalt y la Dra. Kanchan Chauhan, personal del Centro de Nanociencias y Nanotecnología (CNyN) de la UNAM.

El proyecto en el que trabaja aún está en fase in vitro (en células), pero a mediano plazo espera probarlo en animales que ya presentan una enfermedad con disfunción mitocondrial y dependiendo de los resultados buscarán hacer un piloto. Comenta que el camino desde que se investiga un nuevo tratamiento hasta que ya se puede utilizar es larguísimo. Añade con una sonrisa que le tiene cariño a su investigación y desea verla despegar.

El gusto por la lectura y la escritura

Ya casi para concluir la entrevista mencionó que su materia favorita en la preparatoria era Taller de Lectura y Redacción. Reconoce la importancia de saber expresarse correctamente de forma escrita. Considera que la lectura es fundamental para desarrollar una buena redacción y que el hábito de ir a la biblioteca y tener en físico el libro no debería perderse. A ella le gusta leer. Echa mano del material con el que el CICESE cuenta en la biblioteca para preparar sus clases y ha revisado que hay una selección de literatura clásica ahí mismo. Cuando no está leyendo ciencia o divulgación científica le gusta leer novelas que es su subgénero literario favorito y añade que leer al aire libre lo disfruta más.

Al finalizar, hizo la recomendación del libro “Proust era un neurocientífico”, de Jonah Lehrer, en el que el autor reconcilia arte y ciencia explicando cómo ocho artistas modernos se adelantaron a su época y descubrieron verdades de la mente humana, a través de su arte, que la ciencia apenas está redescubriendo. Entre estos artistas menciona a Marcel Proust, Virginia Woolf e Igor Stravinski.

 

Palabras clave: Carolina Álvarez, Innovación Biomédica, semblanza

anterior