Juan Madrid, por una investigación original e independiente




Semblanzas

Semblanza publicada en febrero del año 2000. Se reproduce el texto original en honor a la memoria de Juan Antonio Madrid González, uno de los fundadores del CICESE, quien falleció el 27 de septiembre de 2019.

Llegó a Ensenada en 1973, meses antes de la inauguración del CICESE. Norteño de nacimiento (Torreón, 1943) declara su gusto por el mar, la jardinería, la música. Instalado en su "torre de marfil", Juan se emociona al hablar de un problemita que le está quebrando la cabeza –teoría pura y dura–, nos da su visión de 26 años en el CICESE, habla de tres necesidades apremiantes: una investigación original e independiente, una mística institucional y una cultura de la innovación, conversa sobre sus planes futuros y, de pasadita, reflexiona acerca de la situación actual de la UNAM.

De la UNAM al CICESE

La entrevista sucede en su cubo, en el primer piso del edifico de Ciencias de la Tierra, en medio de libros, textos, dos computadoras personales, un pizarrón tapizado de fórmulas matemáticas, un mapamundi... Sentado frente a su computadora empieza titubeante...

¿Pues, qué te puedo decir? Cuando cumplimos 20 años, estuvo aquí CONACYT haciendo un video y entrevistas. Les decía que yo inicié este asunto pero durante muchos años estuve alejado de la cuestión administrativa y de repente cuando volteé a ver ya era una institución grandotota.

En 1973, yo era investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM. Apenas tenía ocho meses de haber regresado de Toronto, donde estudié la maestría, cuando alguien habló del CICESE; además, había una red sismológica en Baja California operada por la UNAM, Caltech y Scripps y nadie quien la atendiera. Yo quería salirme de la Ciudad de México aunque fuera por una temporada.

Fui con Cinna Lomnitz, que era mi jefe, y le dije que quería venirme a Ensenada a atender la red sismológica y que sabía que Nicolás Grijalva estaba tratando de levantar el CICESE. Cinna estaba escribiendo algo, levantó la cara y me preguntó: "¿Cuándo te quieres ir?"

–¡Ya, sólo dame una semana para preparar mis cosas!, contesté.

Juan Madrid (atrás, extrema izquierda), junto con Nicolás Grijalva y los primeros estudiantes del CICESE.

Después de Ensenada, siempre junto al mar

En ese tiempo, ya tenía dos hijos y me vine con la familia manejando desde la ciudad de México. Cuando entré a Ensenada, llegando por el valle, y vimos y olimos el mar, dijimos aquí nos quedamos... había cocteles de camarón, de abulón. Claro, si no se hubiera hecho CICESE hubiera regresado al D.F., pero llegué el 9 de marzo de 1973 y en septiembre del mismo año se creó oficialmente el centro. Dije "ya la hice", trabajé seis meses más para la UNAM y luego renuncié para quedarme aquí.

Yo había vivido en Torreón, que es de donde soy, en medio del desierto; luego en México, que es una urbe horrible; después en Toronto, junto a un lago, pero cuando llegué aquí...¡ahhh! Buceábamos con los estudiantes, hacíamos prácticas de campo y, cuando atendíamos la estación, viajábamos hasta La Paz por brechas. A mí me encantó todo esto y mis hijos lo disfrutaron cantidad. Al cabo de muy poco tiempo me di cuenta de que Ensenada es un lugar excelente para vivir en paz, hacer cosas. Después de Ensenada he decidido que no vuelvo a vivir en otro lugar que no tenga mar.

De sueño a institución formal y de prestigio

A los cuantos meses de mi llegada, la UNAM cedió la red al CICESE y comenzó la actividad sismológica. Duré como jefe del Departamento de Geofísica de 1973 a 1975. Entonces, Alfonso Reyes terminaba sus estudios de doctorado en La Joya y para atraerlo aquí le cedí la jefatura. Yo había contratado a Cecilio Rebollar, Luis Munguía y Armando Albores, que venían del Poli, conmigo éramos cuatro investigadores, una masa muy pobre. Por eso cuando se presentó la oportunidad de contratar a Alfonso, le cedí la jefatura y me desligué de la actividad administrativa hasta 1991, cuando volví a entrar a la jefatura y me di cuenta de lo que habíamos evolucionado, de cuánto equipo habíamos adquirido, cuántos investigadores nuevos habían llegado, qué tipos de trabajos se estaban produciendo aquí.

Me quedé sorprendido con mucho gusto porque en 1973-1975, incluso con Alfonso Reyes aquí, parecía un sueño el poder llegar a ser una institución formal y de prestigio. Esto ha evolucionado muy bien, a pesar de cosas con las que los investigadores no estamos de acuerdo, como el crecimiento excesivo de la administración. ¿Por qué? En los setentas, ochentas, veíamos que el 80% del presupuesto de la UNAM se iba en sueldos y el resto para investigación, operación. Nosotros teníamos 50% para sueldos e igual porcentaje para operación, que era lo ideal, pero con el paso del tiempo –como ocurre en todas las instituciones públicas en México– el CICESE fue creciendo y empezando a burocratizarse. No hay forma de echar eso atrás, sin embargo nos hemos desarrollado bien.

A mí me ha tocado escuchar en Europa, en reuniones grandes con gente importante, que se nombra al CICESE como ejemplo de institución de prestigio que logra consolidarse en un país en vías de desarrollo. Cuando uno escucha eso, se siente rete a gusto. Estos pensamientos son frecuentes en mí. Desde mi casa, vivo cerca de aquí, veo el CICESE y recuerdo cuando estábamos en las calles Gastélum y Nueve. Era una situación chistosa porque tú entrabas en el cuarto, había tres escritorios y sobre éstos tres letreros que decían Departamento de Corrientes, Departamento de Oleaje y Departamento de Mareas. De eso a lo que tenemos hay un gran salto y demuestra que las cosas se pueden hacer en México cuando hay ganas, cuando no prevalece la política sino un ideal –como el de desarrollar una institución– y cuando hay mentes jóvenes que se avientan a hacer las cosas.

Mística por la excelencia

Con los estudiantes de esa época, viajábamos a La Joya y pensábamos: "¿Cuándo tendremos una cosas así?". Ahora, aunque todavía no llegamos a ese nivel de excelencia en instalaciones y actividad, estamos acercándonos. Creo que de alguna manera nuestros directores –hablo en general– deberían infundir esa mística por querer alcanzar los niveles de excelencia que tenemos enfrente: Scripps, UCLA, Santa Bárbara, Stanford.

Para mí sería interesante que alguno de nuestros directores promoviera como meta a determinado tiempo llegar a esos niveles de excelencia en publicaciones, producción de tesis relevantes...

¡Ah! porque aquí tenemos un pequeño problema, muchos de nuestros investigadores manejan cajas negras, es decir, programas que ellos no han desarrollo sino que sólo aplican. Eso los limita porque no están manejando la esencia del programa. Su investigación es dependiente, no podrían hacer sus estudios sin esos programas; ahora, esa dependencia, de alguna manera, es inevitable porque la ciencia se ha desarrollado tanto que lo que importa es manejar grandes volúmenes de datos para obtener resultados y para ello necesitas programas específicos. Debemos generar ese conocimiento aquí dentro, hacer que nuestros investigadores tengan la capacidad de desarrollar sus propios métodos y no depender de lo que se desarrolla en Estados Unidos, Europa u otros lugares porque esa falta de independencia se refleja en la calidad de las tesis: les falta originalidad.

Investigación independiente y original

Para que un investigador sea realmente científico debe lograr que su investigación sea independiente y original; por ejemplo, si estudiamos sismología y lo que nos interesa es conocer una región, podemos tomar los métodos ya desarrollados para analizar los datos. Así, nuestra inferencia valiosa será sobre la región: cómo está constituida, cuáles son sus características, su respuesta al estímulo sísmico, saber si debajo hay agua, petróleo o un campo geotérmico... Describir todo esto sería el valor de la investigación que no tendría como meta el desarrollo de metodología sino la aplicación de un método ya desarrollado. Es una investigación importante pero no original.

En todas las universidades de primer mundo, la búsqueda de metodología es constante: métodos matemáticos aplicados a la geofísica, biología, medicina, física...Aquí, nuestra investigación es dependiente, aunque en vías de hacerse independiente: platico con los investigadores y estudiantes y cada vez hay mayor seriedad y profundidad.

– Juan, ¿cómo lograr una ciencia independiente cuando en cierta medida, tu calidad como científico está determinada por tu permanencia al Sistema Nacional de Investigadores, al número de artículos que publicas en revistas de prestigio internacional?

–En el SNI no están midiendo a nadie como científico, sólo miden el número de publicaciones, pero no se fijan si la publicación tiene la calidad adecuada. Fíjate, las publicaciones científicas como el Geophysical Journey o el Journey of Limnology and Oceanographic publican 20 artículos en promedio, cada mes. ¿Cuántos artículos han salido en 40 años que tienen publicándose? Miles. Pero ¿cuántos de esos artículos son realmente buenos? Quizá sólo de 10 a 15% sean métodos nuevos, herramientas de trabajo para el análisis geofísico, físico; el resto es basura, basura bien hecha que pasó los filtros del arbitraje.

¿Cómo pedirle a CONACYT que califique bien con base en publicaciones, si incluso en Journals buenos se filtra basura? Hay una gran subjetividad en este asunto, al enviar una publicación me puede tocar un referi blando u otro que es muy riguroso, regresa el texto con comentarios de los árbitros, te hace trabajar más, pero éste es un ejercicio enriquecedor y aprendes muchísimo.

Hay revistas en las que se paga la publicación cara y las restricciones son menores, hay revistas, como la Geophysical Journal International, que no te cobra un centavo pero para que te publiquen debes pasar buenos filtros. A esas publicaciones tenemos que llegar. A eso deberíamos aspirar incluso aquí adentro. Creo que Oceanografía hace algo similar, calificar sus trabajos antes de mandarlos a publicar. ¡Excelente! Aquí, en Ciencias de la Tierra, esto no se da... Bueno la institución tiene sus brillos por aquí y por allá en diversos aspectos, pero es muy satisfactorio ver que se ha logrado con la ayuda de todos.

Se quieren resultados inmediatos

– Juan, hemos visto que en la parte académica ha habido avances significativos. ¿Cómo has sentido la relación del CICESE con los sectores productivos y social?

Ha habido algo en función de ciertas necesidades; por ejemplo, en sismología, la CFE se apoyó mucho tiempo aquí, para muchos estudios; sin embargo, también ha ido creando sus propios sismólogos y se ha ido desligando de nosotros. En otros aspectos, imposible; a fines de los setentas, Paco Suárez y yo tratamos de obtener datos de Pemex para vincularnos, lo único que logramos fue una promesa, incluso nos dijeron que ya habían enviado la información; nunca llegó. Ellos no querían.

Pero vincularnos es difícil porque en México la iniciativa privada no está interesada en la investigación, salvo cuando obtendrá un beneficio político o económico inmediato. Su lógica es ¿para qué gastar aquí millones de pesos en algo que ya está hecho en Estados Unidos? En lo inmediato parece que resulta más barato pero se pierden muchas cosas, fundamentalmente desarrollo o lo que llamamos el know how, el aprender a saber realmente cómo se hacen las cosas.

Creo que la iniciativa privada en México no ha comprendido que la investigación científica no produce resultados inmediatos, que es una inversión a largo plazo pero muy segura porque, cuando se encuentran las soluciones, las ganancias fluyen. Eso pasa en Estados Unidos, las compañías tienen ingenieros diseñadores pagándoles un montón de lana nada más por estar diseñando cosas, se pasan tres o cuatro años y el señor aparentemente no ha hecho nada pero de repente hace algo que reditúa todos lo que le han pagado y mucho más; aquí, se quieren resultados inmediatos y baratos. Está muy lejos de entender la fenomenología y es muy rapiñosa, quieren todo para ella. Asómate a Estados Unidos, a los museos, a las entradas verás los letreros que dicen que se sostienen gracias a las aportaciones sistemáticas de 20, 30 compañías; aquí quisiéramos ver eso.

– ¿No es un círculo vicioso? La empresa en un país en vías de desarrollo no tiene dinero para invertir...

No es cierto, la empresa sí tiene dinero. El día que me digan que los empresarios son pobres, yo voy a llorar ¿por qué, entonces, nosotros en qué categoría quedamos?, ríe, Juan, irónicamente. Lo cierto es que hay poca cultura de innovación en el país. Sería importante que la ciencia apoyara el desarrollo de un país como el nuestro, en vías de desarrollo, más porque en México abunda el talento, la imaginación, la capacidad de improvisación para arreglar las cosas. La i. p. junto con el gobierno deberían promover esa habilidad casi indígena de resolver los problemas casi improvisadamente, creo que habría muchos resultados pero la i.p. no quiere soltar dinero y el gobierno está dentro de su patrón muy establecido, como las mulas, sólo quiere ver en una dirección.

No interesa la educación

Pero vivimos en un país muy extraño: ¿Qué acaba de pasar con la UNAM? Finalmente el problema derivó en el uso de la fuerza pública, yo creo que eso debió ser desde el principio. Creo que Zedillo se vio lento y temeroso del efecto político, pero estaba en todas las de la ley.

– Juan, pero ¿hasta qué punto, ante un año electoral, se dejó crecer el problema para capitalizarlo con fines políticos?

–Yo creo que el origen de esto es eminentemente político. Los paristas luchan por una educación gratuita, entonces, su interlocutor no es la UNAM sino el gobierno, con la promulgación de leyes que se hacen en el congreso y no en la universidad. Pero estos burros castigaron a la UNAM, totalmente equivocados... Para mí, ésta es una muestra de que al gobierno no le interesa mucho la educación. ¿Por qué te digo esto? Porque veo la importancia del CICESE ¡es una institución aislada! De aquí a la próxima institución educativa de alto nivel tienes que recorrer aproximadamente dos mil kilómetros, hasta Sonora o La Paz. ¡Claro, institución mexicana! porque de aquí a San Francisco te encuentras 20 o 30 universidades muy buenas.

Es importante que un lugar como el CICESE se reproduzca en muchos lugares, que haya muchas instituciones así porque no sólo son valiosas sino estratégicas para el desarrollo nacional. CICESE se fundó gracias a la universidad, Nicolás Grijalva era universitario, yo, otros. Esto se fundó como un proyecto del Instituto de Geofísica que originalmente iba a ser un proyecto de Oceanografía y se amplió con mi llegada y la de Harold Johnson, en 1973. El CICESE existe gracias a la UNAM. La universidad tiene una súper influencia nacional y si el gobierno no hace algo para salvar a una institución de importancia estratégica es que no le interesa la educación. Es mi conclusión, Zedillo temió del momento político, en aras de la autonomía universitaria, se solapó una acción delictuosa. Hay hechos históricos, como la segregación racial en Estados Unidos, de uso claro, eficiente y correcto de la fuerza pública. Los negros no podían ir a la escuela porque eran agredidos por los blancos, entonces, entró el ejército pero no para reprimir sino para imponer el orden.

Para mí, el problema de fondo es la falta de interés por la educación. La universidad ha sufrido un daño tremendo no sólo en tiempo de clases, en profesionistas que no se titularon a tiempo. La universidad va a tardar un tiempo en reconstruirse y en cinco o seis años habrá una ausencia de mano de obra intelectual y técnica en el país. Tendrá sus consecuencias mucho más fuertes de las que se preveen ahorita.

La red sismológica

– ¿Qué piensas de la actual red sismológica comparada con aquélla que tenían en 1973?

–Si me dieras la red que teníamos en 1973 funcionando bien, la preferiría porque la actual no se ha desarrollado como red sismológica. Llegó un momento en que estuvo más o menos bien pero con un máximo de once estaciones sismológicas que son muy pocas. Los gringos al sur de California tienen una red con más de 200 estaciones. Además después de ese máximo de once estaciones –cuyo esplendor fue hace cinco o seis años, cuando la dirigió Javier González: él se preocupaba directamente de ir a revisar los aparatos–, la red empezó a decaer.

Siempre tuvimos el problema del presupuesto por eso no se desarrolló. La red inicial la heredamos, la pagaron los americanos, la siguiente se hizo aquí con tecnología de telecomunicaciones local que causó asombró en Kinemetrix (compañía que fabrica sismógrafos). Cuando supieron que habíamos resuelto el problema de grabación a distancia (telemetría) se quedaron muy asombrados, vinieron a ver. Se hizo muy buen trabajo, eso fue por los ochenta y tantos hasta el 1992, 93 que tuvo su apogeo y luego ha venido declinando por falta de cuidado, presupuesto... sin embargo, a cambio de no tener una red, se han comprado instrumentos, redes pequeñas y se ha entrado en asociación con instituciones americanas que proveen buenos instrumentos. No nos quejamos de instrumentación sino de no tener una red bien establecida, pero hay sismógrafos para trabajar, cada investigador tiene los suyos y se dedica a diferentes proyectos pero no tenemos una red sismológica permanente que sí nos hace falta pero hay que invertir de pérdida un millón de dólares.

Hemos buscado muchos apoyos, el estado ha respondido con interés pero con lentitud; el gobierno federal hace sus esfuerzos, a veces hay empréstitos del Banco Mundial o el BID que son específicos para eso. En 1992 tuvimos un auge en la compra de equipo pero la burocracia es tan terrible que Cecilio y yo, en ese tiempo, firmamos un proyecto por cinco estaciones (más de 300 mil dólares); a fin de cuentas se obtuvo una sola estación por retrasos internos, de CONACYT y del banco, se sumaban las burocracias y una petición que debía estar en dos o tres meses se tardaba mucho. Después de año y medio llegó la primera estación; luego, tuvimos una devaluación, total de cinco adquirimos una. Y siempre llegamos al mismo razonamiento: si la iniciativa privada invirtiera...

El trabajo actual

– ¿En qué estás trabajando actualmente?

¡Ay, híjole!, responde emocionado: "Estoy trabajando en una teoría muy bonita, acá en mi edificio de marfil, estoy desarrollando un método para invertir tiempos de viaje sismológicos, para obtener los modelos de velocidad en la tierra; pero es un método analítico, lo cual nunca se ha hecho ya que todos los métodos desarrollados son numéricos. Está interesante porque me metí con cuestiones de topología, teoría de transformaciones... ¿tú entiendes de esto?

Ante mi cara de interrogación, explica: "Mira, si yo tengo un medio de velocidad constante hay unas cosas que se llaman rayos –que son líneas rectas, como rayos de luz– pero si la velocidad varía con la profundidad (se hace más grande), entonces, en lugar de ser líneas rectas son círculos. El enfoque matemático del problemas es: si yo hago que la velocidad varíe de una constante a algo que cambia con la velocidad, cuál es la regla que me transforma esta línea recta en círculo. Eso da lugar a una serie de complicaciones... Fue un problema en el que pensé durante mucho tiempo, no pensé que pudiera resolverse y ahora estoy obteniendo resultados, pero hay que quebrarse la cabeza. No queda de otra.

Seguir trabajando o jubilarse

– Juan, cuéntanos tus planes futuros, ¿harás un doctorado?

Estoy en eso, a la mejor. Me estaba inscribiendo aquí, pero hay un chavo que quiere hacer su tesis de maestría conmigo y por formalismos se decidió que no podía ser estudiante si estaba dirigiendo una tesis. Se me hizo feo decirle al estudiante que no, así que me esperaré un año durante el cual pienso terminar este trabajo que debe ser una tesis doctoral. Si los logro convencer probablemente saque el doctorado aquí, en un par de años, pero no tengo gran interés.

Tu me preguntas por planes, yo tengo reconocidos por la institución 24 años y medio. Para el próximo año tendré 25, ya me puedo jubilar aunque no sea con sueldo completo, a la mejor decido retirarme: quiero dedicarme a las plantas, quiero tener un invernadero porque me gusta mucho sembrar plantas comestibles: lechugas, espinacas, brócoli, repollos, pimientos, todo eso tengo en mi casa. Y pienso que en el futuro podría dedicarme a plantas exóticas, caras. Me gusta mucho la jardinería, de hecho si volviera a decidir qué estudiar elegiría música o jardinería. No sé, podría seguir trabajando o jubilarme, no lo he decidido.

Mis hijos están lejos: uno en el D.F., otra en Guadalajara viviendo con su chavo y la otra está haciendo un doctorado en matemáticas en Cambridge, con ella me contacto más seguido; de hecho le tengo un problema, ella los resuelve más rápido que yo. Como te decía me metí en rollos de topología y ésa es su especialidad. A la mejor podría publicar un Madrid y Madrid.

El diablo metido en casa

Yo estoy muy contento de ver que un esfuerzo que comenzó hace más de 25 años fructificó y se ha convertido en una institución de primera clase. Me gustaría mucho que nuestros directores tuvieran una mística de ese tipo para llevara a nuestra institución a algo mejor. Mi esperanza es que corrijamos estas pequeñas cosas que te digo y lleguemos a un grado en el que podamos decir que nuestra investigación es realmente original e independiente, entonces, podremos decir que estamos haciendo ciencia de adeveras; mientras tanto, estamos obedeciendo a un patrón establecido por CONACYT, que es el del SNI, que yo considero el diablo metido en casa porque fuerza a los investigadores a producir aunque su producción sea de baja calidad; desde luego no toda es de baja calidad, pero al hacerse numerosa de una manera forzada y pasar los filtros de las revistas la producción realmente no es buena.

Me gustaría realmente ver trabajos relevantes que repercutieran en la ciencia a nivel internacional, trabajos originales como fuentes de metodología, de teoría, de conocimiento. Estamos en ese camino, yo no creo que aún hayamos logrado la excelencia aunque en algunos aspectos de geofísica aplicada y sismología, creo sí hay trabajos muy buenos pero el porcentaje es bajo; de cien por ciento quizá 15% sean buenos, buenos, buenos.

Cuando anunció su retiro hace 3 años, en septiembre de 2016, amigos y colegas se reunieron con Juan Madrid para darle una merecida despedida. Entre anécdotas e historias, reconocieron su trabajo y su posición como uno de los fundadores del CICESE. ¿Quieres conocer esta historia? Sigue esta liga...

Palabras clave: Juan Madrid, fundadores, sismología

anterior