Canciones para hacer ciencia: playlist por Edgardo Sepúlveda




Semblanzas

“Hay una pieza de ópera para trabajar con proteínas. Hay algunos experimentos que tienen un soundtrack obligatorio, van muy bien”, ríe el investigador Edgardo Sepúlveda Sánchez Hidalgo al confesar su método de trabajo.

La cadencia de “El dueto de las flores”, uno de los temas más reconocidos de la ópera clásica “Lakmé” de Léo Delibes (estrenada en 1883), crea una atmósfera motivadora para Edgardo al momento de hacer geles de proteínas, en el laboratorio.

Edgardo, el investigador de más reciente ingreso en el Departamento de Microbiología, llegó al CICESE a principios de 2018, gracias al apoyo de la convocatoria de Cátedras Patrimoniales CONACYT. En este corto lapso de tiempo y - tal como él lo reitera - gracias a la fortaleza de este cuerpo académico, ha gestionado que éste forme parte de los grupos asociados de los institutos Max Planck, de Alemania.

Su día normal de trabajo inicia temprano: deja a su hijo en la escuela, llega a su oficina en el CICESE y dedica un par de horas a revisar correos nuevos y avances de proyectos, pide cotizaciones a proveedores y ordena productos y equipo. Después asesora a sus estudiantes de posgrado mientas ellos desarrollan sus experimentos.

¿Qué te gusta más de trabajar en el laboratorio?

“Cuando salen las cosas (ríe). Hay ciertos momentos en el laboratorio en el que obtienes un resultado, en el que sientes que todo lo que haces vale la pena. Hay otros experimentos que son muy minuciosos, tienes que hacer muchas cosas, todo eso lo disfruto. Tengo cierta música para ciertos experimentos. Escucho esta canción, para tal experimento”.

¿Dirías que es lo que más te gusta de la ciencia?

“También me gusta escribir los proyectos, es muy divertido, y enseñar… siempre espero que los alumnos aprendan bien y salgan bien preparados como investigadores independientes. Me gusta acudir y discutir temas en los seminarios, me doy cuenta que hay un grupo de personas que tienen un interés en específico. Eso me gusta mucho”.

Edgardo es microbiólogo de formación y trabaja en dos líneas: una básica, caracterizando reguladores transcripcionales - una familia muy novedosa-, y una aplicada, que desarrolla con las doctoras Rufina Hernández y Jimena Carrillo, sobre bioprospección de bacterias de Baja California que puedan ser usadas en la industria agrícola.

El joven investigador asegura que no tiene una especie de bacteria favorita. Considera que no se limita casi nunca a una especie en específico, pero con las únicas que no trabajaría son las bacterias patógenas, esas casi no le gustan. Ha trabajado con pseudómonas, rizobiáceas, hipertermófilas, entre otras.  

La trayectoria del Dr. Sepúlveda tiene un punto de partida muy nítido: su papá y su abuelo siempre le regalaban libros de ciencia para niños. En una ocasión le regalaron uno que se llama “De las bacterias al hombre: la evolución” del investigador Daniel Piñero, el mismo que unos años después le daría clases de genética durante la licenciatura, en la Facultad de Ciencias de la UNAM. “Al elegir mis materias, dije: ‘Yo tengo que tomar                                          Con compañeras y su tutor, David Romero,

clases con él’. Después me dio  otro curso                 en el Centro de Ciencias Genómicas (UNAM, 2008)         

de genética de poblaciones y ya después nos hicimos amigos. Le dije que él sembró en mí la idea de estudiar ciencia, aunque siempre le apenan ese tipo de reconocimientos”.

Durante la secundaria, Edgardo recuerda haber tenido una excelente maestra de biología, quien también contribuyó a la curiosidad de elegir un camino científico. Los recuerdos de adolescencia de Edgardo están acompañados por la emblemática canción “Sweet child O' mine” de la banda estadounidense de hard rock, Guns N’ Roses.

 

¿A qué lugares te ha llevado la ciencia?

“Después de la licenciatura, hice la maestría y el doctorado en el Centro de Investigación sobre Fijación de Nitrógeno de la UNAM, que ahora se llama Centro de Ciencias de Genómicas (CCG), ubicado en Cuernavaca, Morelos.

“Luego me fui a hacer un posdoctorado a la Universidad de Tübingen, en Alemania, con una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD). En ese momento, una canción muy popular en aquel país fue “Ein Kompliment” (Un cumplido) de la banda Sportfreunde Stiller. Ahí trabajé dos años, en especial con actinobacterias. Luego me llegó un correo de uno de mis héroes científicos, Stephen Farrand, de la Universidad de Illinois, para saber si quería trabajar con él. Me fui dos años a esa universidad en Urbana-Champaign, hasta que él decidió retirarse. Entonces, recibí un correo de la Universidad de Tübingen para saber si quería regresar a trabajar a Alemania, pero ahora en el Instituto Max Planck de Biología del Desarrollo.                                              En la Universidad de Tübingen, con Lina Thoma (2010)

 

“Científicamente me enfoqué mucho en investigar en Alemania. Muchos investigadores en el CCG son alemanes y siempre me sentí compatible con ellos. Durante mis estancias en Tübingen e Illinois, tuve la oportunidad de conocer Francia, Holanda, Italia, Grecia, España y otras partes en Estados Unidos, por asistir a congresos y reuniones de científicos”.

Con el equipo de futbol del Departamento de Evolución de Proteínas del Instituto Max Planck de Biología de Desarrollo (Tübingen, 2016)

¿Alguna lección que te ha dado la ciencia?

“Sí. Una de las cualidades que obtienes cuando terminas el doctorado es aprender a lidiar con la frustración. Esto me lo dijo un investigador alemán que trabaja en México, Otto Geiger, del CCG, porque hacer ciencia involucra mucha frustración por experimentos que no salen o se echan a perder; cuando tus publicaciones no son aceptadas; cuando no te dan dinero. Te frustras. Aprendes a lidiar con la frustración y a mantener una actitud propositiva y optimista de que las cosas van a salir en su momento”. 

¿Qué consejo das a las nuevas generaciones de científicos?

A los más chicos les recomiendo que se acostumbren a trabajar bien, que no dejen las cosas a la mitad, que las hagan de calidad. Que no se queden solo en el estudio, sino que busquen actividades culturales. Una de las cosas importantes de salir al mundo e interactuar con otros investigadores y hablar de cultura, te ayuda: hablar con griegos y demostrar que tú entiendes su historia y que has leído la Odisea, hablar con los alemanes y les platicas de Humboldt y de sus tribus antiguas. Eso me ayudó muchísimo. Conocer mucho sobre cultura a veces te ayuda más que tener una memoria excelente. Les aconsejo que lean mucho, se interesen por las culturas del mundo y que aprendan otros idiomas, no solo inglés. Alemán, por ejemplo, es un idioma muy bonito, al que muchos le tienen miedo.

A los que ya están encaminados en la ciencia, además de lo anterior, que planeen su futuro desde temprano. Que todos los pasos que den los piensen en función de qué quieren hacer en el futuro. Si no, corren el riesgo de toparse con pared. Y que ser investigador no es el único oficio que puede hacer un científico. Aquí mismo en Ensenada, a mí por eso me encanta, la UABC es una institución clásica de ecología y protección al medio ambiente. Te encuentras a mucha gente que se dedica al cuidado de medio ambiente. (Los egresados del posgrado) pueden dedicarse a la conservación, gestión, a la política… necesitamos científicos y biólogos en todos lados”.

Con acordes de “Alma llanera”, canción que hizo popular Jorge Negrete en 1950, Edgardo aprende a tocar guitarra en sus ratos libres, de manera autodidacta. También disfruta mucho nadar ya que le ayuda a lidiar con la frustración, y leer novelas de Stephen King. “El terror no siempre me gusta, pero el autor sí. Es muy bueno, todo el antisemitismo que describe de fondo, eso que no sale nunca en las películas, se desarrolla muy bien en los libros”, menciona en entrevista.

 

Otra actividad que disfruta mucho es estar con su hijo de tres años y medio. Entre los dos arman trenes y sus vías, y juegan con cochecitos. “Mi hijo va a decir chilo, en lugar de chido”, afirma.

Con su familia en La Noche de las Ciencias 2018 (CICESE)

Descentralizando la ciencia mexicana

¿Qué oportunidades consideras que otorga el CICESE y que tal vez no podrías obtener en otros lugares?

“Por mi experiencia en cátedras, el CICESE es una institución ejemplo para otras instituciones, en cuanto a cómo nos tratan. Aquí las cátedras son investigadores independientes, tienen las obligaciones y los privilegios de un investigador independiente. Aquí tengo el apoyo de mis compañeras del departamento, muy sólido. Creo que nada de lo que he hecho hasta ahora sería posible sin el apoyo de las doctoras Rufina, Meritxell, Rosa, Ernestina, Diana, Jimena y el Dr. Salomón Bartnicki. Eso es súper importante. En muchas instituciones de México, a las cátedras los tratan como estudiantes y eso no les permite desarrollarse. En cambio, el CICESE es una institución muy particular por todo el apoyo que nos da.

“El tener colegas interesados en trabajar en conjunto, la actitud de este departamento es muy propositiva, muy colaborativa, hay pocos conflictos. Es un laboratorio fuerte, con grupo de trabajo fuerte, que hace trabajo de calidad. Como dicen ‘todo lo que logras lo haces porque estás sentado en hombros de gigantes’, eso me ha facilitado a mí, al llegar al CICESE. Incluso, el CONACYT fue muy claro en recomendar al CICESE cuando yo estaba aplicando a las cátedras”.

El Dr. Edgardo Sepúlveda con estudiantes en el CICESE

Sobre Max Planck

Cuando Edgardo se encontraba en el Instituto Max Planck de Biología del Desarrollo, en Alemania, trabajaba con el Dr. Andrei Lupas, investigador reconocido por su trabajo con reguladores y cristalización de proteínas. Edgardo recibió una notificación sobre una reunión que sostuvo el CONACYT con Max Planck, en la que detectaron que había muchos mexicanos trabajando en estos institutos alemanes y que no había ninguna colaboración fija entre México y Max Planck.

“Entonces, Max Planck tiene un programa que se llama Grupos Asociados, para investigadores fuera de Alemania. Estos grupos reciben anualmente apoyo económico para desarrollar un proyecto con un investigador de Max Planck. Del CONACYT nos escribieron para saber quiénes estaban interesados en aplicar a cátedras y regresar a México, con el compromiso de después aplicar al programa de Grupos Asociados.   

“Mi jefe lo propuso, ya que (la invitación para Grupos Asociados) tiene que salir de ellos. Cuando salieron los resultados de Cátedras, me contrataron y así fue como llegué a México. En enero de este año aplicamos, y en agosto nos aprobaron”, comenta.

Con este apoyo, actualmente trabajan en caracterizar a una familia de reguladores transcripcionales en bacterias, una familia muy particular ya que sus reguladores constan de un dominio de transporte de solutos y una histidina quinasa. Es la única familia de proteínas en la que estos dos dominios forman parte de una misma proteína. “Es una familia nueva y novedosa que queremos caracterizar, saber cómo funciona la señalización, cómo censa lo que sea que cense, porque algunas cosas todavía no sabemos cómo funcionan”.

Edgardo afirma que le gusta mucho Ensenada y la vista del CICESE que cautiva y motiva.

“Una de las cosas que yo quería hacer al venir, era ayudar a la descentralización de la ciencia. Yo soy producto de la UNAM, y es absurdo que todo esté en el centro del país. Una de las cosas que aprendí en Alemania es que el federalismo es importante para el país”, finalizó.

Palabras clave: Sepúlveda, Microbiología, Genómica, música, Alemania, Max Planck

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