Asunción Lago: La revolución «ómica» en primera persona




Semblanzas

La frase le cae perfecto: “La vida me va llevando…”

Habría que agregar: la vida, la biología molecular y el mundo de los genes, ese que hoy las ciencias “ómicas” nos lo ofrecen traducido en millones de billones de datos. Es como si el guión que nos entrega la vida se hubiera empeñado en llevarla aceleradamente a recorrer una buena parte del mundo, pues en menos de 20 años pasó de vivir en Galicia a Estados Unidos, a Oaxaca, a Ensenada, de nuevo a Estados Unidos, luego a Portugal, Sevilla y de ahí nuevamente a Ensenada, la ciudad donde, dice, empezó su carrera en ciencia y donde espera terminarla…

En este periplo concluyó su licenciatura, la maestría, el doctorado y tres postdocs. Trabajó también bajo condiciones diametralmente opuestas: en una, con equipo y recursos, la otra, con muy poco equipo, en un laboratorio prestado y hasta alguna vez “cajueleando” componentes y reactivos (“eran otros tiempos”, argumenta sonriendo con un espléndido sentido del humor). Hoy lidera proyectos y un grupo de investigación que se está consolidando, al igual que las redes de colaboración internacionales que se puso a tejer.

Asunción Lago Lestón, quien es investigadora en el Departamento de Innovación Biomédica del CICESE desde 2015, nació en la punta noroeste de la península ibérica, en Galicia. “Soy de una de las rías bajas gallegas. Es un pueblo chiquito, un pueblo marinero, muy bonito, muy pintoresco que se llama Muros, en la provincia de A Coruña”.

¿Qué la llevó a matricularse en biología en la Universidad de Santiago de Compostela, cuando nadie en su familia tenía una formación ya no digas en ciencias, sino universitaria?

“No sé. Realmente creo que era mi vocación, algo me iba llevando hacía esa área, me gustaba, me interesaba. De niño uno fantasea con muchas cosas. La medicina siempre me atrajo, siempre pensé que iba a ser médico, pero después cuando vas descubriendo que puedes hacer investigación sin necesidad de ser médico (…) Creo que de los de mi generación, pocos, incluyendo a mi hermana, terminamos la formación universitaria y solo yo me he doctorado. Somos una primera generación que tuvo oportunidad de seguir estudiando. Y a mí se me daba bien. De niña me resultaba muy fácil, siempre me atrajo; debió ser esa curiosidad científica latente, que me atraía hacía la investigación.

“Mi mamá se dedicaba a sus labores y mi papá ha sido cocinero en la marina mercante. Es decir, que eran dos trabajadores, como muchos otros que se criaron en una España de posguerra. Soy un producto de la España de transición, de progreso, donde hubo muchas más oportunidades que pocos años atrás mucha gente no las tenía, como mis padres. Quizás por eso, soy una firme defensora de la educación pública y de poder dar oportunidades, porque puede haber muchos talentos escondidos que se quedan atrás si no hay esas oportunidades. Y una población educada ayuda al progreso de un país.

“Como que la biología de alguna manera, en la medida que fui descubriendo las opciones que ofrecía, resultó ser algo lógico, como muy natural, enfocarme a las cosas que me provocaban curiosidad”.

Además, parece que desde chica tuvo estas ganas enormes de conocer el mundo. Fácilmente pasó de Muros a Santiago de Compostela. “Supongo que tengo una capacidad de adaptación muy grande y yo soñaba con estudiar, con estar fuera, con visitar otros lugares. Mi mamá siempre me decía que la gente iba a pensar que en casa me trataban mal porque siempre hablaba de que me quería ir, quería viajar, vivir en otros lugares jajajaja… Decía: ‘quien te oiga va a pensar que no tienes a nadie que te quiera o que te tratan mal’, jajaja. Pero supongo que así era, había esa necesidad, esa curiosidad y de alguna manera era un poco el camino a seguir si querías continuar a estudiar”.

En aquel momento la Universidad de Santiago de Compostela ofrecía la carrera de Biología en cinco años con tres especialidades: vegetal, animal y lo que se llamaba biología fundamental. “A mí siempre me atrajo la genética, la biología molecular, las bases, el fundamento de la vida, y esta especialidad se adaptaba perfectamente a mis intereses con materias como bioquímica, varias genéticas, virología…”

Por “avatares de la vida” terminó llegando a México luego de estar un tiempito en Estados Unidos. Llegó a Puerto Ángel, Oaxaca, a dar clases en la Universidad del Mar.

Uno percibe dos posturas respecto a sus impresiones de los seis meses que pasó ahí. Como experiencia personal: “No sé cuál sería el adjetivo más apropiado. Para mí era todo un mundo nuevo, muy interesante. Era muy atractivo, me gustó, lo disfruté, era un mundo muy diferente al que conocía. Fueron muy buenos tiempos y guardo muy buena memoria de aquello. Pero también ves la pobreza que está presente a tu alrededor. Recuerdo que llegué después del huracán ‘Paulina’ y el mercado de Pochutla estaba destrozado todavía; había huecos muy grandes en las carreteras. Pero para mí era una aventura nueva (…) y de alguna forma lo disfruté. En el fondo estaba en mi naturaleza el que (la adaptación) fuera relativamente fácil”.

Por otro lado, “…la Universidad del Mar en aquel momento tenía muy pocos medios. No sé como está actualmente, pero en 1998 no había mucho para desarrollar investigación”.

Asunción reconoce que ese gusanito de querer investigar terminó trayéndola al CICESE. Bueno, eso, y un compañero de facultad que hizo su doctorado aquí. Fue él quien primero le dio referencias de este centro de investigación. Siendo extranjera, se le dificultó conseguir una beca (en ese entonces no había, como hoy, subvenciones para estudiantes extranjeros), pero Elizabeth Ponce, quien acababa de incorporarse como investigadora en el Departamento de Biotecnología Marina la apoyó en todos sentidos. Así, a finales de 1998 entró aquí a la maestría teniendo a Elizabeth como directora de tesis.

Le pregunto entonces cómo fue el cambio de Oaxaca a Ensenada, siendo como son, dos méxicos… “¡Esa era mi frase! Cuando vine a Ensenada dije ‘este es otro México’”. El contraste fue notorio porque en esos seis meses pudo visitar Chiapas, Veracruz y Puebla. Y estaba también “la ilusión de hacer un poco de trabajo de investigación. El CICESE fue mi primera casa, fue donde yo empecé mi carrera de investigación ¡y parece que será donde voy a cerrarla! Jajaja…”

Otra cosa que Asunción destaca de Ensenada es el entorno marino, el paisaje, la bahía. “A pesar de que yo soy de puerto, la Bahía de Todos Santos es muy bonita. La miro muchas veces, siempre tiene algo para mi. Quizá porque soy de un pueblo marinero y las bahías, el mar o la ría siempre me proporcionan sensación de calma. Me pasaba allá, en Muros: mirar la ría o ir a mirar el mar en la zona donde está más agreste, siempre me gustaba, me reportaba cierta tranquilidad, me relajaba”.

En lo académico, terminar aquí su maestría fue todo un reto. Como no tenía una beca formal, el asunto de la financiación siempre fue complicado. Tuvo que dar clases en la UABC y Elizabeth le conseguía algún subsidio. Terminaron armando un buen proyecto, pero como su directora de tesis no tenía mucho tiempo de haber ingresado aquí, su laboratorio tenía carencias.

“Me acogió Jorge de la Rosa (†), quien era miembro de mi comité de tesis. Tenía un laboratorio de biología molecular, o no sé si solo de Jorge o también de Faustino (Camarena Rosales, también de la UABC), los dos tenían un laboratorio muy bien armado. Entonces digamos que tuve la oportunidad de desarrollar mi tesis en los dos campus. Aparte, tenía compañeras de laboratorio de la UABC que enriquecieron mucho las discusiones y el trabajo que hacíamos. Entre ellas se encontraban Clara Galindo y Yolanda Schramm, amigas y actuales colaboradoras. Encontré que básicamente ya no me faltaba nada, ellos me apoyaban en mucho, con todo”.

- Tu tema de tesis es básicamente expresión de genes de camarón en diferentes condiciones de estrés. ¿Cómo llegaste a este tema?

“Me licencié en biología fundamental, con lo cual tenía un background bastante grande en genética y biología molecular. Siempre el mundo de los genes me interesaba. Mi primer contacto fue Pilar Sánchez Saavedra, porque era la coordinadora del posgrado en ese momento, y ella me redirigió con Elizabeth Ponce. Estaban muy de moda los estudios, que todavía se hacen, en camarón blanco (Litopenaeus vannamei), pero yo quería darle un enfoque más molecular y Elizabeth trabajaba esto también. Venía del Instituto de Biotecnología de la UNAM y tenía entonces cierto interés en este tipo de líneas. Estudiamos neurohormonas adaptadas a cultivo pero buscando cuál era la expresión de esas neurohormonas en diferentes condiciones de temperatura y de salinidad para intentar optimizar el cultivo de esta especie. Pero siempre tratando de entender cuál era su fisiología a nivel molecular, cómo se regulaban los genes que controlan su  adaptación a estas condiciones. Y nos fue bien. Con todas las limitaciones conseguimos hasta un artículo de mi maestría. Hicimos un buen equipo con Elizabeth en ese sentido, del interés sobre el trabajo y la línea, y funcionó. Defendí mi tesis en 2001”.

- De ahí cómo decidiste el doctorado. ¿A dónde y por qué?

“La vida me ha ido llevando, las oportunidades fueron surgiendo… Sí, así es. Justo cuando terminé me invitaron a trabajar en la Universidad de California en Riverside. Era un contrato por seis meses para trabajar en un proyecto de expresión génica en Arabidopsis. Al mismo tiempo a través de una compañera con la que coincidí en el laboratorio de Jorge (de la Rosa), que estuvo seis meses de estancia en el laboratorio de Ester Serrão y Gareth Pearson en la Universidad del Algarve, en la ciudad de Faro, al sur de Portugal. A su regreso me comentó que buscaban gente con experiencia en biología molecular. Los contacté y me dijeron que sí yo me comprometía a llegar a Portugal en seis meses ellos me esperaban. Y así fue. Hice mi estancia en Estados Unidos en la Universidad de California como posgraduate research, y según terminé me planté en Portugal para trabajar como técnico en uno de los proyectos que ellos tenían. Allí también me gustaron las líneas de trabajo que estaban trabajando, tuvimos buena relación y decidimos avanzar hacia el doctorado. Esto fue en 2001 en Estados Unidos y ya en Portugal a finales de 2001 al 2002. Al doctorado entré un año después, a finales de 2003”.

- ¿Cuál fue tu tema de tesis en el doctorado?

“Expresión génica jajaja, ¡para variar! La expresión estudia el funcionamiento, la fisiología de un organismo estudiando  cómo se expresan los genes bajo una condición particular. Es algo muy dinámico. Fue con camarón durante la maestría, con Arabidopsis en el período de Estados Unidos, o sea, plantas, y acabé trabajando con una macroalga en un proyecto muy interesante porque estudiábamos adaptación local de poblaciones naturales y lo relacionamos con especiación. Ahí ya estamos mezclando la fisiología, con una parte más evolutiva, pero desde el punto de vista de adaptación bajo presión selectiva. La idea era estudiar un poco cómo esas especies estaban adaptadas a ambientes muy fraccionados, que están en lo que se conoce como los límites de distribución de esa especie y qué genes estaban involucrados en ese proceso. Fuera de ese límite la especie no está preparada para sobrevivir”.

El equipamiento y los medios económicos del laboratorio le permitió trabajar ya con proyectos de secuenciacion muy grandes. “Aún no existía la secuenciación masiva pero ya trabajábamos con microarreglos; empecé a trabajar con datos, con muchos datos, y con muchos genes a la vez. Ahí fue digamos en donde empecé a trabajar en el campo de los análisis holísticos, los análisis de muchos genes a la vez, entrando más a lo que ahora hago que es metagenómica y transcriptómica”.

La historia entre que termina su doctorado en Portugal y su ingreso al CICESE pasa, según sus propias palabras, por una crisis económica muy grande y tres posdoctorados.

El primero lo hizo ahí mismo, en Faro. El segundo en Sevilla, en el Centro Andaluz de Biología de Desarrollo (CABD), el primer instituto español especializado en esta área. Ahí trabajó poco más de dos años estudiando la expresión de los genes que controlan los pasos en el desarrollo; de cuando una célula es una célula primordial y luego se va especializando. “Trabajamos en la paso de células progenitoras a células precursoras, tratando de entender cómo se van dando los distintos patrones de desarrollo que van  formando los órganos diferentes (la organogénesis). Eso está regulado por diversos genes: unos se encienden, se expresan, y otros dejan de expresarse, se apagan. Y según se van expresando o apagando, se van produciendo los distintos patrones, los cambios, que permiten el  desarrollo de un organismo”.

En este caso trabajó con Drosophila, un género de moscas pequeñas que tienen unos ojotes. “Aprendí mucho de genética clásica haciendo cruces de diferentes mutantes, porque con los mutantes tú juegas con ese tipo de cosas: si bloqueas un gen ¿qué le va a pasar al desarrollo? Nosotros estudiamos cómo ocurre el desarrollo del ojo; cómo a partir de un ojo primordial se llega a uno bien formado”.

Pero en 2011 llegó la crisis a España y los recortes dramáticos a nivel presupuestario. Si trabajabas asociado a un proyecto, como Asunción, de repente ya no hubo manera de que te pudieran seguir contratando. Programas de contratación de investigadores como el “Ramón y Cajal” para investigadores sénior o el “Juan de la Cierva” para investigadores junior, se saturaron. Sin dinero para proyectos ni vías para contratar gente, vino el reventón total.

Pudo regresar a Portugal, al laboratorio de Rodrigo Costa en la Universidad de Lisboa para trabajar con metagenomas por los siguientes dos años (tercer posdoc). Sin embargo, Asunción como que ya quería pisar más en firme, por lo que empezó a buscar opciones: Alemania, Reino Unido, Estados Unidos.

“Alemania era de los pocos países europeos que todavía mantenía cierto ritmo de inversión en investigación, por lo que estaba yendo mucha gente para allá. Hice muchas estancias durante mi doctorado en Alemania y me daba un poco de pereza irme para allá. Quedaba cerca pero… una ya se va cansando. Me gusta viajar, me gustaba la aventura, pero como que ya empezaba a querer asentarme. Sobre todo porque me estaba moviendo de posdoc en posdoc, y es una situación muy difícil para establecer líneas de investigación propias, porque dependes de que haya proyectos disponibles en la misma línea de investigación y trabajas en las líneas de otros. Y más o menos conseguí hacer cosas que me gustaban, pero me daba cuenta que los cambios iban ralentizando mi productividad. Y esto no ayuda si te quieres establecer”.

En esas estaba, con el dilema de si tendría que aprender un cuarto idioma (el alemán), hacer maletas a Inglaterra o moverse a Atlanta (Estados Unidos), cuando uno de sus contactos en México, Clara Galindo Sánchez (su compañera en la maestría, por cierto), le comunicó que estaban abriendo puestos de trabajo en el CICESE. Ella misma se iba a presentar para una plaza en el Departamento de Biotecnología Marina (que finalmente ganó).

“¿Y por qué no?”, pensó. “Ensenada tenía muchas ventajas. Era un lugar que yo conocía y donde tenía una red social. Además sabía que (aquí) tenía posibilidades de desarrollar una carrera de investigación relativamente buena; esto es, que si quieres, sí puedes. No iba a estar tan limitada como recuerdo aquellos tiempos de la Universidad del Mar o el primer laboratorio de Elizabeth (…) La desventaja era alejarme mucho de mi familia, y ya en esta etapa de mi vida mis papás estaban muy mayores, no como cuando yo andaba por aquí ‘revoloteando’, conociendo mundo. No venías para quedarte un año o dos o tres, sino que ya vienes con una idea de establecerte un poco más y ahí se te queda la familia”.

Otros factores pesaban: la inseguridad, la implantación del narco en los últimos años, la calidad de los servicios públicos (transporte, pavimentación, servicios médicos, educación) comparado con Europa. Pero “…lo que más pesaba era el timing con mis papás. Me causaba conflicto y todavía me causa. Pero ahí están ellos: quieren que tú seas feliz y así que te dan todo su apoyo, aunque sea con mucha pena…

“Así es como llego nuevamente al CICESE. Surgen plazas en Biotecnología y Acuicultura pero cuando me decido o ya estaban ocupadas o no la consigo. Ambas fueron ocupadas por dos compañeras de maestría de aquella época. Entonces abren varias plazas a la vez en Innovación Biomédica, incluyendo una que se ajustaba más a mi perfil y decido presentarme. La Unidad de Innovación Biomédica se abrió en unas condiciones muy buenas. Tiene más flujo de dinero para trabajar a muy buen ritmo y tiene excelentes equipos”.

- Más que ser testigo, tu viviste el desarrollo de las nuevas ciencias “ómicas” (que son una revolución) desde dentro. ¿Qué experiencia sacas de esto?

“Creo que todavía estamos al inicio, sobre todo en la parte metagenómica. Es decir, el conocimiento que se está teniendo de los microorganismos como tal, porque no había tecnología que permitiera verlos, nos está dando muchísima información y respuestas a cosas que no se sabía bien cómo funcionaban. Desde el área clínica se ve que la microbiota que contenemos la necesitamos para tener una buena salud; que los desequilibrios en esta microbiota nos causan desde simples desajustes gastrointestinales a padecimientos como pueden ser obesidad, diabetes, cáncer o enfermedades mentales, porque se ha asociado con autismo e incluso con depresión. Empezamos a entender cómo una sociedad que se ha dirigido hacia la asepsia total esta enfrentando problemas en las nuevas generaciones, porque realmente se necesita cierto grado de contacto con los microbios para que podamos enriquecer nuestra microbiota saludable que es la que nos ayuda a funcionar bien y educar a nuestro sistema inmune. Se empieza a hablar de que la microbiota es un órgano extra en el cuerpo, como el corazón o el hígado. Sin ella nuestra salud se resentiría mucho; necesitamos los microbios para una vida saludable.

“Se ve también a nivel ecológico. Se está conociendo la grandísima diversidad que hay. Se habla de nuevas clasificaciones dentro del árbol de la vida. Ya se está postulando una nueva rama, la formada por un grupo bacterias que hasta la fecha no se han podido cultivar y que todas han sido detectadas gracias a las tecnologías de secuenciación. Por eso creo que estamos entrando en una nueva era, (la de) conocer cómo funcionan estas comunidades, cómo funcionan sus asociaciones con el ambiente, en el mar o en el suelo, o simplemente aquellas que viven asociadas a nosotros u otros organismos”.

Respecto a lo que ha sido su paso por el CICESE en estos tres años considera: “Creo que he tenido mucha suerte y un buen timing. Estoy en el proyecto CIGoM desde el inicio, como investigadora externa, para trabajar temas de metagenomas y metatranscriptomas ambientales. Comencé a trabajar en el proyecto cuando se empezó a organizar en 2013. El proyecto arranca a principios de 2015, coincidiendo con mis inicios en CICESE, por lo que ya traía abajo del brazo dos subproyectos dentro de dos líneas del CIGoM. A pesar de los recortes recientes y a pesar de que el dólar subió y que nuestros presupuestos se han ido reduciendo, siempre he podido trabajar desde que llegué, mejor o peor, pero siempre trabajando. Y eso creo que ha sido muy, muy bueno. En ese aspecto, ¡chapeau!

“Llegué y me gané también uno de los proyecto del fideicomiso del CICESE. Fue una pre-propuesta aprobada en la convocatoria de Problemas Nacionales del CONACYT, pero se me traslapó la fecha de enviar el proyecto, porque andaba cerrando el proyecto que aun tenía vigente en Portugal. ¡Gran disgusto! Vi la convocatoria aquí del CICESE, y pues reorganicé la propuesta que tenía al formato que solicitaban aquí y la envié. Y pegó”.

- ¿Ves al CICESE como el sitio donde podrías desarrollar tu carrera y terminarla, incluso?

“Sí, sí lo veo. Hoy por hoy están difíciles las cosas en México. También depende de cómo se organice el país, y obviamente de mi vida personal. Pero en principio sí lo veo. Además, tengo una red de contactos grande en Europa, como la que estoy creando aquí en México y Estados Unidos”.

Fue gracias a estos contactos como pudo organizar aquí en septiembre del año pasado el cuarto Taller de Bioinformática bajo el tema “Análisis de metagenomas y metatranscriptomas ambientales”, en el cual participaron profesores de la Universidad de California en Davis, entre ellos Titus Brown, una especie de rock-star bioinformático (ver nota).

A él lo conoció en una de las Gordon Research Conferences, uno de esos congresos de frontera que se organizan en localidades aisladas donde se fomenta la interacción entre las grandes figuras con estudiantes de doctorado o con investigadores junior.

Titus ofreció una conferencia magistral. Él trabajaba en ese momento en la Universidad Estatal de Michigan pero estaba por mudarse a Davis. Asunción venía de Europa, pero tenía ya un pié en Baja California. Quedaron de contactarse.

Dicho y hecho. La ocasión fue este taller de bioinformática. En un momento Asunción quiso traer a Javier Tamames de la Huerta, del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC (Madrid), muy buen bioinformático y uno de los contactos de su red europea, pero no había suficientes recursos por ambos lados. “Contacté a Titus y como ellos ya tienen cierta experiencia ofreciendo cursos continuamente, como que lo tenía bien organizado. Sin problema aceptó. Estuvieron aquí y ahora ya les quiero mandar algunos estudiantes. Me han dicho que sí, ya se está moviendo bien esta red”.

Y no es la única. Desde que llegó al CICESE se involucró en una red binacional que se llama CaliBaja, una iniciativa de colaboración en la que también participan el sector privado y las cámaras empresariales de ambos lados de la frontera.

Para finalizar la entrevista, le preguntamos a Asunción sobre sus aficiones y preferencias. “Me gusta mucho viajar, pasear, leer y salir con amigos y familia, pero sinceramente casi todo mi tiempo acabo dedicándolo al trabajo, no sé si es porque son los primeros años empezando a establecer el laboratorio. Me gustaría decir ‘¡Me encanta el hiking, y me la paso subiendo montañas los fines de semana!’, pero no (…) He tenido mucha suerte, tengo muchos medios, pero no tengo horas al día para empezar organizarlo todo (…) Ya creo que empiezo a aprender a distribuir mejor los tiempos, ya voy adquiriendo un buen ritmo de trabajo, con el grupo ya casi establecido y con una dinámica de trabajo bastante buena, así que ahí vamos. Supongo, o quiero creer, que en breve tendré más tiempo de dedicarle a la parte personal”.

Palabras clave: Asunción Lago, metagenómica, transcriptómica

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