La libertad de viajar ligero: Rafael Cabral




Semblanzas

“Andar liviano de equipaje con lo justo, con lo absolutamente imprescindible y necesario para no gastar la única riqueza fundamental que tenemos, que es el tiempo de vida”. Pepe Mujica.

 

 

Rafael Cabral Tena se define a sí mismo como una persona tranquila que gusta de vivir en ciudades pequeñas. Dice no extrañar el caos, el tráfico o las largas filas para disfrutar un café en su natal Ciudad de México. Recuerda con cariño cada uno de los lugares y personas con las que ha tenido la dicha de coincidir. 

“Le tengo especial cariño a La Paz, B.C.S., por todo lo que viví allá siendo estudiante. También a la Ciudad de México porque es donde nací y crecí, pero al final son recuerdos que quedan ahí y en la vida hay que viajar ligero, sin apegos. Y ahora hay que ver qué pasa aquí, en Ensenada”, comparte sonriendo el investigador que recién se incorporó este año al Departamento de Ecología Marina del CICESE. 

El “viajar ligero” se ha tornado una filosofía de vida para Rafael, literal y metafóricamente, ya que en los últimos 15 años se ha mudado más de 15 veces de ciudad o domicilio. 

 

A lo largo de su vida creció influenciado por las ciencias antropológicas y médicas. Por ello no fue raro que cuando terminó el bachillerato la decisión de estudiar una carrera estaba dividida entre antropología y biología.  

“Mi madre es educadora y estudió un poco de antropología, al igual que algunos miembros de mi familia. El interés por las ciencias biológicas viene de mi padre, que es médico. Entonces eran dos disciplinas que me interesaban. Al final me decidí por biología y de hecho se pensó en la posibilidad de venirme a estudiar a la península de Baja California, ya sea al sur, en La Paz, o aquí a Ensenada”.

La idea de estudiar en la península le sonaba como una locura a su madre, pues Rafael tenía apenas 17 años y viajaría a un lugar que no conocía. Fue entonces que decidió quedarse en Ciudad de México y estudiar biología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

El gusto por el mar lo desarrolló en los viajes familiares que, “como buen chilango” eran a la costa de Acapulco. Sin embargo, el interés por estudiarlo se dio en una salida a campo durante sus estudios de licenciatura.  

“En las salidas a campo nos llevaban a Veracruz, ahí empecé a conocer la parte científica del mar. En ese tiempo encontré el gusto por estudiar los arrecifes de coral, todo ello gracias a las pláticas que tenía con mi profesor de zoología, el biólogo José Luis Tello Musi. Algo curioso (ríe) es que el primer examen de cnidarios lo reprobé y ahora me dedico a estudiarlos”, comparte Cabral. 

Tello Musi lo invitó a un curso de certificación de buceo en Veracruz. La primera inmersión, describe Rafael, estuvo llena de nerviosismo y emoción. Fue una experiencia tan gratificante que no le quedó duda que quería dedicarse a estudiar la ecología de los arrecifes.  

 

 

“Cuando terminé la carrera -comenta sonriendo- ya no estaba tan chico y ahora sí me fui a Baja California Sur, al Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR) en La Paz a estudiar un posgrado. Ahí trabajé con el Dr. Eduardo Balart en la restauración de un arrecife donde había chocado un barco de petróleos mexicanos. También conocí al Dr. Héctor Reyes Bonilla, con quien trabajé en mi doctorado, que es todo un experto en el estudio de arrecifes en el Pacífico”, expresa. 

Rafael Cabral comparte que el cambio de vivir en Ciudad de México a la ciudad de La Paz, fue radical. Pues podía sentir que respiraba aire puro y limpio, y además se podía trasladar fácilmente de un lugar a otro. 

Al terminar su maestría decidió regresar a la Ciudad de México, pero esto sólo fue por algunos meses ya que regresó a su segunda casa, La Paz, a continuar con su doctorado.

“Durante el doctorado estuve trabajando con crecimiento de corales y con isótopos estables en el Golfo de California. Tenemos datos de Bahía de Los Ángeles, Bahía Concepción, de La Paz. Básicamente fue contrastar cómo crecían los corales en cada sitio y ver si había cierta influencia de las condiciones de cada uno de esos lugares”. 

 

 

La Ciudad de México parecía que lo volvía a llamar. Ahora para realizar dos estancias posdoctorales trabajando en proyectos con corales en Oaxaca y Veracruz. Sin embargo, la fuerza de lo mares de península de Baja California fueron más fuertes que el caos de la CdMX. 

Se encontraba en un congreso en la ciudad de Chetumal cuando se enteró de la convocatoria para obtener un puesto de investigador en el Departamento de Ecología Marina del CICESE. 

“Estando en Chetumal mandé mis documentos. Me contestaron de recibido y después sentí que pasó una eternidad. Pero en realidad no fue tanto tiempo, me contestaron que había quedado entre los finalistas y debía venir a Ensenada a una entrevista y un seminario. Ese día todo fluyó muy bien, aunque yo estaba poquito nervioso. Después regresé a la CdMX y más o menos dos meses después me escribieron para decirme que había sido seleccionado y que el 10 de enero (del presente año) debía presentarme al CICESE”. 

Afortunadamente, comenta Rafael Cabral, tenía algunos conocidos viviendo en la ciudad, lo cual hizo más fácil su mudanza. Aunque, agrega, ya está dominando el arte de viajar ligero y no fue tan difícil volver a mudarse. 

 

 

A Rafael le interesa trabajar proyectos enfocados hacía la vulnerabilidad y resiliencia de ecosistemas costeros en zonas como Bahía de los Ángeles o la Bahía de San Quintín. 

“Acá estamos un poquito lejos de todos los arrecifes, el más cercano es Cabo Pulmo en B.C.S. A lo largo del Golfo de California hay muchas comunidades coralinas que vale la pena estudiar y del lado del Pacífico tenemos también algunos corales que crecen de manera individual, así como una pequeñas anemonas, pero que forman un esqueleto a su alrededor y eso casi nadie lo sabe. 

“Esos son un grupo de corales que casi nadie pela porque no forman grandes arrecifes ni toda esta fauna asociada, pero también ellos están en riesgo por cambios ambientales, el incremento de la temperatura, la disminución del pH. Al estar en aguas más frías los riesgos son distintos, entonces es interesante ver cómo pueden ser vulnerables o no a este tipo de fenómenos”, comparte el ahora investigador del Departamento de Ecologia Marina.

Rafael se muestra entusiasmado por su recién adscripción al CICESE. Goza su trabajo y la ciudad. Gusta de leer, caminar por la playa, ir al cine. En general –dice- le gusta llevar una vida tranquila en una ciudad pequeña. Disfrutar del tiempo de vida. 

 

Palabras clave: Cabral, Tena, Arrecifes, corales

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