Del amor por los peces a la física de fluidos: Enric Pallàs Sanz




Semblanzas

Cuando somos niños el verano suele ser una estación que promete traer nuevas aventuras. El mar, el bosque, los primos, dormir hasta tarde o explorar lugares inimaginables. 

A Enric Pallàs el verano le regaló una afición: el mar.

 

 

De pequeño –cuenta- veraneaba en la Costa Brava, a unos 60 kilómetros de su natal Barcelona. Los casi dos meses de verano los pasaba al lado de su padre junto al mar. El tener la oportunidad de pescar, nadar y bucear le hizo pensar que podría convertirse en una especie de explorador submarino al estilo de Jacques Cousteau.

El interés por el mar y los recursos marinos no fue sólo durante su niñez. Cuando se encontraba cursando el bachillerato su maestra de biología le recomendó que si quería estudiar la vida marina la mejor opción era empezar con la licenciatura en biología y especializarse en biología marina o zoología marina.

Pero Enric, había visualizado un camino directo, estudiar Ciencias del Mar en Las Islas Canarias. El primer día de clase de la materia de Oceanografía Física, el maestro se paró frente a casi 80 alumnos y exclamó: “seguro muchos de los que estáis aquí venís por la afición a los pececitos, las estrellas de mar y la admiración a Jacques Cousteau. Pues os habéis equivocado de carrera; aquí no se trata de biología, aquí estudiamos la física del océano”.

La idea de haberse equivocado de carrera pasó por la mente de Enric.

“Cuando escuché al profesor me quedé como ¡ups! yo quería ser como Cousteau y terminaría siendo físico marino. Como ya estaba ahí, ya había salido de casa, decidí quedarme y al final me gustó la carrera y del amor a los pececitos me dediqué a estudiar la física de fluidos”, compartió el ahora investigador del Departamento de Ocenografía Física del CICESE.   

Como la carrera en Ciencias del Mar era relativamente nueva en España, la decisión de estudiar un posgrado en otro país no fue cuestionada. Enric obtuvo una beca Leonardo y estudió modelización en la ciudad de Lieja, en Bélgica. La parte teórica del posgrado la realizó ahí, en Lieja, y la estancia de investigación en La Rochelle en Francia, donde trabajó con modelización del crecimiento de mejillones.

“Estando en Francia solicité entrar a varios doctorados, pero no hubo chance. El nivel era muy competitivo, los candidatos tenían dos o tres maestrías y me decían ¿sólo tienes una maestría? –comenta sonriendo-. No hubo oportunidad así que me quedé trabajando en una empresa de ostiones. Ese tiempo fue realmente la única vez que he trabajado fuera de la academia en mi vida. Fueron 6 meses recogiendo ostiones del agua y seleccionándolos como maquila, era un trabajo físico y metódico, nada creativo. Terminé el trabajo y me regresé a Barcelona”, comentó Enric.

 

 

En la capital catalana ingresó al doctorado en Oceanografía Física en el Instituto de Ciencias del Mar. Durante sus estudios Enric comenzó a trabajar con velocidades verticales y modelos de remolinos, una de sus actuales líneas de investigación.  

La vida de Enric parecía girar en torno a la academia, no había tiempo para más. De pronto, se encontró en una situación en la que no estaba ni disfrutaba del presente.

“En el doctorado lo que me pasaba es que me iba a dormir pensando en que no me salía un cálculo, me despertaba, manejaba y hasta comía pensando en ello y no me daba cuenta cuando ya estaba sentado en el escritorio pensando cómo resolverlo. No disfrutaba ni la noche, ni mi desayuno, ni el paisaje de casa al trabajo, cualquier cosa del presente no la veía. Mi mente estaba todo el tiempo en el trabajo y no me permitía disfrutar de otras cosas”.

Fue en la última etapa del doctorado cuando él y su pareja de entonces decidieron comenzar a practicar yoga. A los pocos meses realizaron un curso de formación para certificarse como maestros de esta disciplina.

“Me di cuenta que mi visión de vida era muy racional, muy al método científico”.

Enric decidió hacer un alto y respirar. Las respuestas que no le podía dar la ciencia las encontró en la vida espiritual, a través del yoga, la meditación y el surf.

“Empecé a estudiar la universidad en 1995 y para 2007 ya tenía 12 años dedicados a estudiar oceanografía. Después del doctorado, seguramente, seguía un posdoc y después una plaza ¿En qué momento iba a descansar? Entonces paré y dejé todo, me tomé un año sabático, tenía mis ahorros y me fui a viajar por el mundo”, platica Enric.

El viaje para darle la vuelta al mundo tenía dos propósitos: buscar buenas olas y meditar. La ruta: Barcelona-México-Fiji-Australia-Tailandia-Indonesia-India-Barcelona.  

 

 

Al llegar a México lo que más le sorprendió fue su infraestructura, la calidez de la gente y la buena comida.

“Me encantó, me quedé dos semanas. Se me secó la nariz por la contaminación, resentí la altura y al principio me enfermé del estómago, pero me adapté y al final hasta comía tacos afuera del metro. Después de Ciudad de México me fui a Oaxaca a surfear, Lagunas de Chacahua, Huatulco y Puerto Escondido. Después bajé a Boca del Cielo (Chiapas) y me pasé a Guatemala, para agarrar un camión hasta Costa Rica. Un mes más tarde regresé a México para continuar el viaje a Fiji, Australia, Indonesia y Tailandia, todo para hacer surf”, expresó.

El viaje para buscar buenas olas había terminado. De Tailandia tomó un vuelo a la India, donde pasó medio año haciendo yoga y meditando. Este tiempo –comenta- fue uno de los mejores de su vida a nivel personal y espiritual. Pues descubrió la meditación en silencio.

“En la meditación en silencio el problema no es no poder hablar, el problema es escuchar tu mente durante esos días. Al inicio tu mente tiene mucho protagonismo y no te deja meditar, pero poco a poco se va debilitando, lo que nos permite ver realmente lo que somos, no la mente que todo el día está pensando en lo que tienes qué hacer, sino la que nos deja disfrutar del presente. Este viaje fue muy enriquecedor a nivel personal, el regresar a la academia me fue muy difícil”.

 

 

Si iba a regresar a la academia –señala- debía ingresar a una institución mundialmente reconocida. Solicitó una estancia posdoctoral en el Instituto de Oceanografía Scripps en San Diego, California, con una beca que ofrecía el gobierno español. La petición de beca no fue aceptada. Enric decidió quedarse en la India. Sin embargo, al poco tiempo un investigador de Scripps le ofreció una beca para trabajar en su investigación.

“Acepté la propuesta de Scripps. Llegué a Estados Unidos en agosto de 2008. Del posdoc salieron dos artículos, me puse al día en el ámbito de la academia pero fue bastante difícil. Pasé de un país muy espiritual, donde a la mayoría de la gente no le importa tanto el materialismo a uno basado en el consumismo; fue un poco duro”, compartió.

El ámbito académico parecía estar cubierto. Pero la dinámica de la sociedad estadunidense no terminaba de agradarle. Su compañero de cubículo, un mexicano, le comentó del trabajo del Dr. Julio Candela en el CICESE. Enric entabló comunicación con él para ver la posibilidad de realizar una estancia posdoctoral en el centro. El Dr. Candela le propuso visitar la institución y dar una charla frente a algunos investigadores de la División de Oceanología.

“Di la plática y el agrado fue mutuo. Todo lo que me faltó en el año y medio que estuve viviendo en Estados Unidos lo tuve aquí en un día. Cuando acabé de dar la charla me invitaron a comer, éramos como 15 investigadores. Después de ahí fuimos al Hussong´s donde mi ex pareja y yo terminamos bailando rancheras. Al día siguiente fuimos a un rancho a comer. Definitivamente me recibieron muy bien”.

 

 

Poder realizar un posdoctorado en el CICESE -considera Pallàs- era una oportunidad muy satisfactoria a nivel interpersonal y académico. La estancia duró alrededor de tres años, después de ese tiempo se abrió convocatoria para una plaza como investigador asociado, aplicó y fue seleccionado. A partir de 2016 forma parte de la plantilla de investigadores titulares del Departamento de Oceanografía Física.

“El CICESE en oceanografía está arriba de muchas instituciones reconocidas a nivel mundial. Aquí hacemos muchas cosas con las que sueñan los oceanógrafos. Ensenada y la península me gustan; disfruto del surf, de la playa, del Valle de Guadalupe y de conocer nuevos lugares. Entonces, en la parte académica y personal estoy contento. Aquí sigo en esta ola”, finaliza sonriendo.

 

 

 

 

Palabras clave: Pallas, Enric, Surf

anterior