Una vida junto al mar: Jaime Färber Lorda




Semblanzas

 

“El mar le parecía una de las cosas más maravillosas que había visto hasta entonces. Era grande y profundo, mucho más de lo que hubiera podido imaginar. Cambiaba de color, de forma, de expresión según la hora, el tiempo y el lugar”

La manera en que Jaime Färber Lorda se expresa del mar me hizo recordar ese fragmento de uno de los libros de Haruki Murakami. Sin importar si es el Antártico, el Pacífico, el Golfo de California o la Costa Azul de Francia, el mar lo sigue maravillando.

“Desde chico tuve la suerte de vivir cerca del mar. Vivíamos a unos 50 metros de la playa en Mazatlán y casi todos los días veíamos la puesta de sol y jugábamos en la playa. El hecho de ser de puerto te marca. No tener mar sería como vivir a medias”, comparte Jaime Färber, quien es investigador del Departamento de Ecología Marina del CICESE.

 

 

La vuelta al mundo de puerto en puerto

El viaje de Färber comienza en La Perla del Pacífico. Su infancia –cuenta- transcurrió tranquila y con muchas tardes de playa. Sus primeros estudios los cursó en el Instituto Cultural de Occidente, un colegio de misioneros Xaverianos, donde “a pesar que era una escuela religiosa, nunca nos inculcaron a la fuerza la religión”.

Fue en sus estudios de preparatoria donde personas del Tecnológico de Monterrey fueron a ofertar una carrera que, supuestamente, se abriría en su campus Mazatlán. La carrera era ingeniería bioquímica especializada en tecnología de alimentos y ciencias marinas.

“Estuve dudando si estudiaba medicina o la ingeniería del Tec; al final me decidí por el Tecnológico de Monterrey. Al principio la carrera se iba a abrir en Mazatlán y resultó que no. Así que tuve que estudiar la mitad en Monterrey y la otra mitad en Guaymas. Tengo muy bonitos recuerdos de esa época, sobre todo de Guaymas, éramos pocos en la escuela y Guaymas era chico, donde todos nos conocíamos”, expresó sonriendo.

Durante sus estudios formativos hubo dos personas que marcaron su carrera profesional. El primero fue el Dr. Fernando Manrique, quien fue su profesor de ecología y plancton, y el “culpable” de que se dedique a la ocenografía biológica. El otro personaje importante fue el abogado Raúl Cervantes Ahumada, considerado un enimente jurista mexicano con proyección internacional. Färber comparte que Cervantes Ahumada fue el primero en proponer el concepto de mar territorial en la década de los sesenta, y su libro "Derecho Marítimo" se utiliza como libro de texto para los estudiantes de la carrera en derecho.

 

 

“Cuando Cervantes Ahumada llegaba a Mazatlán nos invitaba a la pesca del pez vela y las primeras ballenas que vi fue con él. Siendo un abogado hablaba de una infinidad de temas. Era simplemente increible porque se metía a estudiar de todo: las leyes de medio ambiente, la embriología, cuando yo estaba llevando precisamente esa materia. Él quería entender la naturaleza. Sin duda fue un personaje importante en mi vida.

“Al egresar de la carrera primero di clases en el Instituto Oceanológico del Pacífico (IOP), lo que es ahora el CICIMAR (Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del IPN) que está ahora en La Paz, así que se me considera fundador de este centro. Cuando el IOP se fue a La Paz yo decidí cambiarme a una planta de procesamiento de camarón, yo era muy Mazatleco –sonríe-. Todavía pienso que hubiera sido un buen médico, pero no me arrepiento de mi decisión pues la ciencia nos da muchas satisfacciones, porque estamos contribuyendo con nuevas ideas e interpretaciones de lo que vamos encontrando”, comentó. 

Cuando llegó la hora de decidir un posgrado, Jaime Färber optó por la línea de alimentos y se mudó a Roma en una estancia de dos años, con una beca del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia.

“Tuve la suerte de vivir en Roma la dolce vita, donde aprendes a hablar más con las manos que con la boca. En ese tiempo, en Italia se vivían interesantes movimientos políticos y con ello también terrorismo. Me tocó tambien cuando Juan Pablo II fue nombrado papa, después de muchísimos años con papas italianos. Ese tiempo fue, sin duda, la escuela de la vida para mí. Era la primera vez que salía del pais por tanto tiempo, fue bonito y formativo”, comparte.

 

 

Al tiempo que vivía en Italia, dos compañeros que estudiaron con él en Guaymas se encontraban realizando estudios de posgrado en la Universidad de Aix-Marseille II, y en la Station Marine d’Endoume, en Francia. Färber no dudó en ir a entrevistarse con el director de la estación, Jean-Marie Pérès (considerado una eminencia de la oceanografía en Francia), para postularse al doctorado en Oceanografía Biológica.

Una vez que inició sus estudios en la Station Marine d’Endoume le propusieron unirse al crucero First International Biomass Experiment (FIBEX) para viajar a la Antártida. “¡Era mi primera campaña oceanográfica y fue a la Antártida!”, comparte sorprendido.

Fueron dos meses de trabajo donde pudo recopilar muestras de krill antártico para su tesis de doctorado. El fruto del crucero le ha permitido realizar, a la fecha, siete publicaciones.  

“Viajar a la Antártida fue una experiencia extraordinaria. Vi olas más grandes que el barco. Cuando llegamos a las Islas Crozet, había muchísimos pingüinos, era una colonia que se calculaba como un cuarto de millón, sólo en esa isla. Era como ver un estadio de futbol pero lleno de pingüinos. Íbamos en las lanchas y nadaban junto a nosotros, eran rapidísimos. Cuando nos bajamos se nos acercaban a picotearnos, supongo que porque invadíamos su territorio; sin duda fue un crucero muy bonito, tengo muy gratos recuerdos”.

Al terminar el doctorado un miembro de su comité de tesis lo invitó a realizar una estancia posdoctoral en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en Mónaco. Durante un año se dedicó a estudiar ciclos biogeoquímicos.  

 “Cuando estaba en el OIEA no vivíamos en Mónaco porque era carísimo. Vivíamos en Niza, en la Costa Azúl. En ese tiempo yo ya estaba casado y mi hijo acababa de nacer. En Mónaco, a pesar de que no estaba estudiando krill, sino los ciclos biogeoquímicos, aprendí muchísimo”, comentó.

Después de vivir en Italia, Francia y en Mónaco, era hora de regresar a México. El Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, en su Unidad Académica Mazatlán, le había ofrecido un puesto. Sin embargo, la respuesta tardó mucho y Färber buscó otras opciones. La decisión estaba entre Hermosillo, La Paz y Ensenada.

“En ese tiempo el CICESE estaba creciendo y pensé que sería la mejor opción. Me entrevisté con Saúl Álvarez Borrego, quién era director en esa época y me ofreció trabajo. Ensenada me gustó por el clima, la ciudad sin duda ha cambiado mucho los últimos 20 años. Al principio fue difícil adaptarse, en esa época no existían las becas de repatriación, ni esas cosas.  Pero ahora ya decidí que soy ensenadense y me gustaría hacer muchas cosas por la ciudad”, expresó Jaime Färber.

 

 

Siendo investigador del Departamento de Ecología Marina, entre 1995 y 1997 realizó una estancia sabática en el OIAE en Mónaco, por invitación. Durante ese tiempo estudió los ciclos biogeoquímicos en un ciclo anual de muestreo. Lo anterior dio como resultado, hasta ahora, dos publicaciones acerca de los patrones de difusión del isotopo 210Po/210Pb en la Bahía de Mónaco en relación, principalmente, con el zooplancton.

En el periodo de 1997 a 2001 fungió como jefe del Departamento de Ecología Marina. Durante este tiempo organizó tres coloquios sobre Oceanografía del Pacífico Oriental. “Me tocó diseñar la portada y editar dos de los libros derivados del coloquio. Este evento también dio como resultado que me invitaran como editor en la revista Deep-Sea Research II, con 27 trabajos sobre la zona del Pacífico Oriental, desde la zona Antártica de Chile hasta Canadá. Fui el primer editor latinoamericano en esa revista”, señaló.

Desde la fecha de su contratación en este centro de investigación, Jaime Färber Lorda se ha dedicado a estudiar zooplancton, ecología de zooplancton marino, principalmente eufásidos, pero ahora en la zona tropical. Agregó que es considerado uno de los primeros mexicanos en investigar las zonas mínimas de oxígeno (ZMO).

“Lo que nos interesa conocer ahora es la respuesta del zooplancton a las zonas mínimas de oxígeno (ZMO). Estas zonas son muy interesantes porque tenemos muy poco oxígeno a partir de unos 50-60 metros, lo que también reduce el pH del agua de mar. En las ZMO muchas especies no entran, entonces su hábitat se ve limitado. Lo que nos interesa es saber, entre otras cosas, cómo es que el krill tropical entra a estas zonas y se adapta, ¿cómo le hacen? y hacer un balance de carbono de la trama trófica de la zona. Eso nos interesa investigar, por ello estamos invitando a estudiantes interesados en desarrollar tesis de posgrado en el tema. Este es un proyecto de Fronteras de la Ciencia, con apoyo del CONACyT”, compartió.

Färber Lorda agrega que nuestra institución tiene mucho potencial aun por explotarse, considera que se podrían entablar colaboraciones más estrechas entre divisiones. En cuanto a la ciudad de Ensenada indica que  “hay muchas cosas que pudiéramos proponer  -como institución- a nivel municipal para mejorar nuestra ciudad. Tenemos muchos problemas, la contaminación del mar, la falta de agua. Ensenada es una ciudad que necesita mejorar su imagen. Tener más zonas peatonales, tal vez festivales de cine, de música. Es una lástima que siendo una ciudad tan bonita con tantos espacios naturales que se pudieran aprovechar, como el mar, esté tan abandonado. Creo que, como institución, podemos contribuir con  nuestro trabajo de investigación a la mejora de nuestra ciudad”, finalizó Jaime Färber.

 

Palabras clave: Farber, Lorda, Ecología

anterior