El murciélago y el virus




Ciencias de la vida

Actualmente el mundo se encuentra en una encrucijada. La pandemia causada por el virus SARS-CoV-2 ha afectado múltiples aspectos de nuestra vida cotidiana, desde la dinámica laboral hasta el lavado de manos. Con el surgimiento repentino del virus y su acelerada tasa de contagios, es inevitable que surjan “teorías” sobre su origen. Que es una arma biológica o una conspiración para manejar la economía y controlar la vacuna -ya descubierta, pero solo disponible para la élite-, son solo algunos de los rumores que circulan por las redes sociales. Sin embargo, de entre tantos, uno de las más mencionados que se distribuye por internet como si fuera una tradición oral, es el de la “sopa de murciélago”.

Pseudo mito, el rumor de la sopa de murciélago plantea que el surgimiento del SARS-CoV-2 se dio en el mercado de carnes exóticas de la ciudad de Wuhan, China, debido al consumo de animales silvestres, en particular, murciélagos. Si bien parte de la información utilizada para la construcción de este rumor es verídica, resulta prudente cuestionar su origen y preguntarnos: ¿cómo sabemos que el virus proviene de un murciélago?

En un esfuerzo investigativo digno de aplauso, científicos alrededor del mundo han podido rastrear el virus hasta sus orígenes analizando su secuencia genética. Antes de revisar la hazaña realizada, debemos primero aclarar algunas definiciones.

¿Qué es el SARS-CoV-2?

Un virus. Una maraña, en este caso, de ácido ribonucleico (ARN) que mediante una membrana que contiene protuberancias o espículas de proteínas (la forma distintiva por la que se conoce a esta familia de virus, coronavirus, proviene de éstas) se adhiere a las células del cuerpo y luego las reprograma para crear más virus. Así, el virus se propaga a través del cuerpo causando los síntomas que ya conocemos hasta que el sistema desarrolla anticuerpos, entre otros mecanismos de defensa, que se encargan de deshacerse de él. Esta es una explicación suficiente para tener una noción muy general del virus causante de la pandemia que hoy vivimos. Sin embargo, para nuestros propósitos, es necesario adentrarnos un poco más.

Comenzando por el ácido desoxirribonucleico (ADN), una estructura molecular que se encuentra en el núcleo de la célula. Podemos visualizarlo como una escalera retorcida donde los pilares laterales, las “patas de la escalera”, están compuestos por desoxirribosa y fosfato, y cada uno de los escalones por dos de cuatro diferentes bases (adenina, citosina, timina o guanina).

La combinación particular de estas bases nitrogenadas y el orden en el que ocurren, genera una secuencia. Ésta contiene información para la creación de alguna proteína en particular; esto es lo que conocemos como un gen. Al conjunto de genes se le conoce como genoma. Así pues, “secuenciar el genoma” se refiere a descifrar los genes, las instrucciones para sintetizar las proteínas de alguna especie.

En contraste, el ARN, con una estructura muy parecida al ADN, posee unas diferencias importantes. Solo cuenta con un pilar, una “pata” compuesta por ribosa y un grupo fosfato, y cada uno de los medio escalones se compone de una de las cuatro bases (adenina, citosina, guanina y uracilo, esta última reemplazando la timina encontrada en el ADN).

El ARN será nuestro objeto de interés, pues el SARS-CoV-2 es un virus que se adhiere a una célula con las espículas de su membrana y descarga su material genético, lo que altera las instrucciones que recibe la célula. Así, de pronto ésta ya no funciona como debería; ahora está programada para generar más virus, los cuales se dedicarán a abordar a las demás células.

La secuencia del genoma de un virus es única. La capacidad de analizar el genoma de un virus nos da la capacidad de clasificar los que conocemos e identificar la relación con otros, lo que ayuda a entender mejor su comportamiento. Por ejemplo, ahora que hemos descifrado la secuencia del genoma del SARS-CoV-2 podemos compararla con otros virus conocidos y buscar similitudes.

La forma en la que se clasifican los virus es generalmente a través de un “árbol”, donde cada uno de sus brazos (órdenes) tiene ramas (familias), y cada una de estas ramas tiene otras más delgadas (subfamilias), y así hasta llegar a los géneros y las especies.

Hasta ahora, lo que conocemos del SARS-CoV-2 nos ha permitido clasificarlo de la manera siguiente:

Pertenece al orden de los Nidovirales; es un virus con genoma de ARN y el método de infección comienza al adherirse el virus en la superficie de la célula. Dentro de este orden, el SARS-CoV-2 forma parte de la familia Coronaviridae, nombrados así por su estructura esférica con protuberancias de proteínas, asimilando a una corona, con tamaños entre 65 y 125 nanómetros de diámetro. Esta familia se divide, además, en dos subfamilias, y si seguimos el rastro de este virus, una de ellas se divide en cuatro subgrupos, de entre los cuales el SARS-CoV-2 pertenece al grupo Betacoronavirus.

¡Pero aún hay más! La necesidad del virus de ser asimilado por las células de cada individuo para reproducirse nos indica que con cada hospedero habrá un pequeño cambio en el virus, el cual quedará registrado en el genoma.

Entonces, la secuencia genética del virus en una persona en Italia tendrá una pequeña diferencia con la secuencia genética del virus de una persona en Estados Unidos, pero ambos compartirán la marca del paciente original de Wuhan, China.

Así, los genetistas encargados de realizar el análisis del SARS-CoV-2 han realizado un trabajo monumental para comprender la naturaleza del virus y tratar de encontrar su origen. Para esto, se descifró la secuencia genética del SARS-CoV-2 y se comparó con otros virus conocidos. Se encontró que el virus más semejante es un betacoronavirus encontrado en murciélagos, el cual comparte aproximadamente 96% del código genético. Sin embargo, aunque estas similitudes parezcan sentencias para la culpabilidad de los murciélagos, en el artículo “A Genomic Perspective on the Origin and Emergence of SARS-CoV-2”, de los científicos Yong-Zhen Zhang y Edward C. Holmes, se hace énfasis en no olvidar las limitantes geográficas de tal teoría. La muestra más parecida al SARS-CoV-2 fue encontrada en murciélagos en la provincia de Yunnan, a más de 1,500 kilómetros de Wuhan, por lo que se sugiere la consideración de intermediarios, como los pangolines malayos.

Así que la “teoría” de la sopa de murciélago tiene una parte de verdad al considerar a este quiróptero como posible origen del virus, pero también es una simplificación de los delicados procesos que ocurren en la naturaleza. La realidad es que aún resulta incierto el origen de este virus, pero gracias al esfuerzo de miles de científicos alrededor del mundo cada vez estamos más cerca de descubrirlo.

Referencias:

Li, X., Wang, W., Zhao, X., Zai, J., Zhao, Q., Li, Y., & Chaillon, A. (2020). Transmission dynamics and evolutionary history of 2019‐nCoV. Journal of Medical Virology, 92(5), 501-511. https://doi.org/10.1002/jmv.25701

Wan, Y., & Chatterjee, K. (s. f.). RNA | Definition, Structure, Types, & Functions. Encyclopedia Britannica. Recuperado 2020, de https://www.britannica.com/science/RNA

Zhang, Y.-Z., & Holmes, E. C. (2020). A Genomic Perspective on the Origin and Emergence of SARS-CoV-2. Cell, 181(2), 223-227. https://doi.org/10.1016/j.cell.2020.03.035

Para conocer de manera más detallada la clasificación del SARS-CoV-2:

Rehman, S. ur, Shafique, L., Ihsan, A., & Liu, Q. (2020). Evolutionary Trajectory for the Emergence of Novel Coronavirus SARS-CoV-2. Pathogens, 9(3), 240. https://doi.org/10.3390/pathogens9030240

 

 

Palabras clave: Sopa de murciélago, virus, covid-19, SARS-CoV-2

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