Entregaron el premio «B. O. Dodge 2018» a investigadores de Microbiología del CICESE




Ciencias de la vida

La comunidad Neurospora, el colectivo académico internacional que utiliza este hongo filamentoso como modelo de estudio, entregó el pasado 20 de octubre su máximo reconocimiento, el “Premio B. O. Dodge 2018”, a Salomón Bartnicki García, Ernestina Castro Longoria, Meritxell Riquelme Pérez y Rosa Reyna Mouriño Pérez, investigadores del Departamento de Microbiología del CICESE.

En su reunión anual celebrada en el Centro de Convenciones Asilomar, en Pacific Grove, California, correspondió a Barry Bowman, profesor emérito del Departamento de Biología Molecular, Celular y del Desarrollo de la Universidad de California en Santa Cruz y miembro del Comité de Políticas de este grupo científico, entregar el premio en la reunión “Neurospora 2018”.

Entre colegas de numerosos países, primero dio una breve semblanza sobre la importancia del trabajo que desarrolló Bernard Ogilvie Dodge (sobre todo en los años 20 y 30 del siglo pasado) sobre citología, morfología, patología y genética de hongos, particularmente del género Neurospora, que sentaron las bases de los descubrimientos que le valieron el Premio Nobel a George Wells Beadle y Edward Lawrie Tatum en 1958.

Explicó que este premio se entrega a personas que han hecho contribuciones generales para la comunidad académica dedicada al estudio de Neurospora. Así, destacó el desarrollo que ha tenido el grupo del CICESE alrededor de la figura de Salomón Bartnicki; enfatizó la cantidad y calidad de las reuniones académicas que han organizado, la gente que han formado y la cantidad de artículos conjuntos que han generado. Por todo ello, consideró que se trata de uno de los mejores grupos que estudian Neurospora a nivel mundial.

El galardón, uno para cada investigador, consiste en un bloque circular de cristal en tono azul, donde destaca el grabado: “Por sus contribuciones excepcionales a la comunidad de investigación de Neurospora”.

Al recibir el premio, el doctor Salomón Bartnicki enumeró los factores que contribuyeron al éxito (grande o modesto) de este núcleo académico.

- La contratación de un profesorado talentoso y dedicado a la investigación.

- La disponibilidad de estudiantes que provienen del país y el extranjero, y de becas por parte del CONACYT para sustentar sus estudios.

- La colaboración internacional con colegas de Estados Unidos. Esto ha sido posible por la cercanía de este centro de investigación con la frontera y al hecho de que cinco campus de la Universidad de California y el propio CICESE se localizan en un círculo de apenas 180 millas.

- La adquisición de equipo de avanzada gracias a financiación adecuada. Con esto se refiere a que el CONACYT, como parte de su repatriación (en el año 2000) le entregó un millón de dólares. Este dinero sirvió para adquirir un microscopio confocal y uno electrónico. “Las investigadoras decidieron tomar ventaja de esos microscopios e hicieron maravillas”.

- Las bondades de Neurospora crassa para hacer investigación, manipulaciones moleculares y para hacer microscopía avanzada.

Destacó que en poco más de 15 años han publicado 52 artículos, graduado 20 maestros y 8 doctores en ciencias, y han participado con 369 ponencias en congresos alrededor del mundo (30 en Asilomar) solo con investigaciones sobre Neurospora.

Al recibir su premio, Ernestina Castro agradeció al Comité de Políticas del grupo Neurospora e hizo una pequeña semblanza de su labor académica, un quehacer que empezó estudiando copépodos (unos pequeños crustáceos marinos que forman parte del zooplancton) en la Universidad de Southamptom, en el Reino Unido.

Regresó a Ensenada y comenzó una estancia posdoctoral en el Departamento de Óptica del CICESE desarrollando algoritmos matemáticos para identificar automáticamente estos organismos marinos, con el doctor Josué Álvarez Borrego.

A continuación se enteró que estaba por constituirse aquí un grupo de investigación en microbiología y se entrevistó con Salomón Bartnicki, quien le propuso incorporarse al proyecto. Reconoció que lo tuvo a él como uno de sus grandes colaboradores, al igual que Stuart Brody, de la Universidad de California en San Diego.

En su momento, Meritxell Riquelme relató que nació y estudio biología en Barcelona. En 1992 viajó a la Universidad de California en Riverside para hacer su maestría en patología de plantas. Fue ahí donde oyó hablar por primera vez de un renombrado profesor mexicano llamado Salomón Bartnicki que se dedicaba al estudio de hongos.

Ernestina Castro, Meritxell Riquelme y Rosa Mouriño

El año 2000 fue importante para ella. Obtuvo su doctorado, al día siguiente se casó y enseguida se fue a Inglaterra con su esposo a un posdoc en Oxford. Poco después coincidió en un congreso en Guanajuato con Bartnicki, Ernestina Castro y Rosa Mouriño. Al terminar su posdoc la reclutaron en CICESE en 2004.

Además de presentar la evolución que ha tenido su laboratorio y grupo de investigación, destacó la colaboración que el personal del Departamento de Microbiología del CICESE mantiene con investigadores alemanes, la cual comenzó en 2008 avalada por la Fundación Alemana de Investigación Científica (DFG) y el CONACYT, y que continúa vigente y productiva.

La cuarta galardonada, Rosa Mouriño, al presentar su semblanza dijo que obtuvo su título en medicina en 1984 en la UNAM, donde estudió también una maestría en epidemiología para luego comenzar a trabajar ahí mismo en investigación médica. Vino después a Ensenada pero no había investigación médica en el CICESE ni en ningún hospital local, por lo que tocó puerta en la División de Física Aplicada donde comenzó a trabajar en un dispositivo óptico digital automático para identificar Vibrio colerae en muestras marinas y, con ello, resolver algunas preguntas ecológicas sobre esta bacteria. Así, obtuvo su doctorado en 3 años en Ecología Marina, pero trabajando en el Departamento de Óptica.

Hizo después una estancia posdoctoral de dos años en el Scripps Institution of Oceanography trabajando con bacterias marinas. Fue ahí donde Salomón Bartnicki la llamó para ofrecerle una plaza en el CICESE. En una primera instancia declinó la invitación, pero en su último día en Scripps la contactó nuevamente. Ante tal insistencia aceptó participar en estudios de microscopía confocal trabajando con el citoesqueleto de Neurospora, porque le pareció interesante. Como ella misma dice de su relación con este hongo: “No fue amor a primera vista, pero sí una relación de larga duración”.

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Palabras clave: Premio, reconocimiento, Dodge, microbiología, Neurospora

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