¿Y si el destino nos alcanza?


Los retos del cambio climático



Ciencias del mar y de la Tierra

El cambio climático es un asunto complejo. No tanto porque no pueda entenderse, pues en ese sentido la ciencia ha estado aportando mucho en los últimos años, sino por las implicaciones económicas, políticas, ambientales y de dimensión humana que trae aparejado.

Es además un asunto moral y ético, toda vez que un cuarto de la población mundial, los más acomodados, generan la mayor parte de una contaminación cuyas peores consecuencias las sufren los otros tres cuartos, los más pobres, que poco tienen que ver con el origen de esa polución.

Por ello las Naciones Unidas han definido el cambio climático como “…uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo y supone una presión adicional para nuestras sociedades y el medio ambiente. Desde pautas meteorológicas cambiantes, que amenazan la producción de alimentos, hasta el aumento del nivel del mar, que incrementa el riesgo de inundaciones catastróficas, los efectos del cambio climático son de alcance mundial y de una escala sin precedentes”. Y advierte: “Si no se toman medidas drásticas desde hoy, será más difícil y costoso adaptarse a estos efectos en el futuro”.

Para entender por qué está cambiando el clima globalmente debemos entender primero el efecto que ha tenido la huella humana en la producción de gases de efecto invernadero (GEI).

Hablando en términos de tiempo geológico, estos gases, según el mismo documento de las Naciones Unidas sobre cambio climático, “se han producido de manera natural y son esenciales para la supervivencia de los seres humanos y de millones de otros seres vivos ya que, al impedir que parte del calor del sol se propague hacia el espacio, hacen la Tierra habitable. Un siglo y medio de industrialización, junto con la tala de árboles y la utilización de ciertos métodos de cultivo, han incrementado las cantidades de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera. A medida que la población, las economías y el nivel de vida crecen, también lo hace el nivel acumulado de emisiones de ese tipo de gases.”

Algunos hechos importantes han podido relacionarse científicamente.

  • La concentración de GEI en la atmósfera terrestre está directamente relacionada con la temperatura media mundial de la Tierra;
  • Esta concentración ha ido aumentando progresivamente desde la Revolución Industrial y, con ella, la temperatura mundial;
  • El GEI más abundante, el dióxido de carbono (CO2), es resultado de la quema de combustibles fósiles.

Para el Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), creado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la conclusión de su quinto informe de evaluación es categórica: el cambio climático es real y las actividades humanas son sus principales causantes.

Hasta los principales detractores del cambio climático parecen ya aceptar estos hechos. El presidente Donald Trump reconoció al menos que el interés económico de Estados Unidos está por arriba del impacto negativo al medio ambiente, al anunciar el primero de junio el retiro de este país del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Es como si dijera: sí generamos un impacto negativo al medio ambiente, pero es poco (según mis cifras) y por lo tanto, me vale.

Gracias al IPCC sabemos lo siguiente:

  • De 1880 a 2012 la temperatura media mundial aumentó 0.85 °C.
  • Los océanos se han calentado, las cantidades de nieve y hielo han disminuido y el nivel del mar ha subido. De 1901 a 2010, el nivel medio mundial del mar ascendió 19 cm. La extensión del hielo marino en el Ártico ha disminuido en cada década desde 1979, con una pérdida de 1.07 × 106 km2 de hielo cada diez años.
  • Debido a la concentración actual y a las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que el final de este siglo presencie un aumento de 1 a 2° C en la temperatura media mundial en relación con el nivel de 1990 (aproximadamente 1.5 – 2.5°C por encima del nivel preindustrial). Así, los océanos se calentarán y el deshielo continuará. Se estima que el aumento del nivel medio del mar será de entre 24 y 30 centímetros para 2065 y de 40 a 63 centímetros para 2100 en relación al periodo de referencia de 1986-2005. La mayoría de los efectos del cambio climático persistirán durante muchos siglos, incluso si se detienen las emisiones.

Vale la pena una aclaración. En repetidas ocasiones se dice que el nivel medio del mar ha ido aumentando porque los océanos se expandieron debido al hielo que se derrite por el calentamiento. Esto es impreciso. El Dr. Manuel López Mariscal, investigador del CICESE, aclara que el océano no se expande porque se derrita el hielo, sino por el aumento de la temperatura. "El incremento del nivel del mar debido al cambio climático tiene dos componentes: la expansión debida al calentamiento del mar (aumento de temperatura) y la masa adicional (incremento de volumen) debida al hielo que se derrite y que está sobre tierra, como en la Antártica, Groenlandia, Alaska y los muchos otros glaciares en otras partes del planeta.

"Una cuestión importante es que el hielo que está flotando (por ejemplo el hielo del Ártico) no contribuye al incremento del nivel del mar cuando se derrite. El hielo flota porque cuando el agua se solidifica (se hace hielo) se expande ligeramente. Cuando se derrite se vuelve a contraer y, por tanto, recupera su volumen original y no contribuye al incremento de volumen de los océanos. Pero el hielo que esta sobre tierra cuando se derrite y llega al mar, ese sí contribuye al incremento del nivel del mar".

En México, ante la necesidad de coordinar los esfuerzos de investigación relacionados con el ciclo del carbono, y para responder al llamado de las contrapartes de Estados Unidos y Canadá en el desarrollo de un programa trinacional del carbono en Norteamérica, el Instituto Nacional de Ecología (INE) de la SEMARNAT impulsó un par de reuniones que culminaron con la conformación del Programa Mexicano del Carbono (PMC) en noviembre de 2005.

Su coordinador general, el Dr. Fernando Paz Pellat, reconoció en la más reciente reunión de este programa celebrada en mayo de 2017 en Ensenada, que “nos vendieron la idea de hacer ciencia para generar elementos para la toma de decisiones en políticas públicas, algo que no estamos muy acostumbrados en la parte de ciencia, a tocar tierra, y menos en el ámbito de políticos. Empezamos ese ‘noviazgo’ relativamente extendido, […] empezamos a generar unas cosas que no le gustaron al gobierno, nos peleamos y todavía seguimos en el intento de reconciliarnos”.

¿Pero qué cosas encontraron las instituciones científicas mexicanas? “En términos de emisiones e inventarios nacionales de CO2 (nuestros números) tienen enormes diferencias con las partes oficiales, y esto a veces es conflictivo porque México genera comunicaciones en temas de gases de efecto invernadero y establece compromisos a nivel internacional que son vinculantes en el ámbito de la Comisión de Naciones Unidas para el Cambio Climático”, señala el Dr. Fernando Paz.

¿Y por qué estudiar el carbono? ¿Por qué no cualquier otro elemento de la tabla periódica? El Dr. Luis Eduardo Calderón Aguilera, investigador del CICESE, responde: “El carbono está en nuestras vidas en todo momento y en todos lados. Emisiones, consumo, carbohidratos, hidrocarburos, flujos, reservorios, almacenes, todo tiene que ver con el carbono. El carbono es la base de la vida; la fuente de energía, los combustibles, son carbonos. Todo son unidades de carbono, de una o de otra forma, unidos con otros elementos, para constituir lo que somos y lo que vemos. Para donde voltees vas a encontrar que hay carbono en ese compuesto, en ese ser vivo o en cualquier otro material”.

 

El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático ha indicado que con base en la mejor información disponible se han construido modelos matemáticos que permiten generar distintos escenarios de los impactos que se pueden presentar para el año 2100 a consecuencia de este proceso global. “Los diversos modelos coinciden que la temperatura en México aumentará 4ºC en la zona fronteriza con Estados Unidos de América, y se estima que el resto del país aumentará entre 2.5 y 3.5 ºC. En cuanto a la precipitación, se espera que disminuya en promedio entre un 5 y 10% (entre 22 a 4.5 mm/mes menos), aunque los diferentes modelos no coinciden en sus estimaciones”.

Por sistema o sector, los escenarios que enfrentará México son:

Fuente: Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático

En el caso de Baja California, la Dra. Tereza Cavazos Pérez, investigadora del CICESE, dijo que debemos ser optimistas, pero también realistas. “Baja California es el estado más seco de México por estar en una región semiárida en donde llueve muy poco al año, con ríos no permanentes. Esto plantea una problemática real. Las evidencias comprueban que la lluvia ha disminuido en los últimos 30 años, las temperaturas han aumentado y esto trae consecuencias importantes que debemos tratar”.

Explicó que con el cambio climático los eventos extremos serán más frecuentes, como “El Niño” de 2015 y “La Niña” 2016-2017. El primero de estos fenómenos se había caracterizado por lluvias intensas en invierno y la segunda por lo contrario, sequías extremas en esta región. La sorpresa que enfrentamos fue un “Niño” seco y una “Niña” que trajo tormentas desde octubre de 2016 y hasta mayo de 2017.

Este tipo de sorpresas, agregó, generan incertidumbre en los patrones de circulación del clima a nivel global, por la complejidad para predecirlos. Escenarios de incertidumbre sobre la lluvia hacen prácticamente imposible planear con tiempo suficiente qué hacer con los cultivos y la disponibilidad de alimentos (actividad económica importante en esta región), o crear planes de contingencia ante lluvias intensas, incluso en cómo aprovechar en otras actividades toda esa agua de lluvia que se vierte al mar.

“Si hay años como éste, es porque el océano Pacífico está más caliente de lo normal en esta zona y favoreció la entrada continua de los ríos atmosféricos. Las sorpresas climáticas se asocian con la variabilidad climática. El hecho de no saber con anticipación qué va a ocurrir no nos permite planear a largo plazo los diferentes sectores”, aseguró.

Esto, que la doctora Cavazos planteó a escala local, es fundamental para buscar estrategias de mitigación y adaptación a este fenómeno cuando hablamos de una escala planetaria. Por ello se debe fomentar el estudio y el entendimiento del ciclo del carbono; profundizar en el conocimiento sobre la manera en que la atmósfera, los océanos, ecosistemas terrestres y el clima del planeta evolucionarán en el futuro.

En la Síntesis Nacional 2016 que editó el PMC, Gustavo Sosa Núñez, del Instituto de Investigaciones “José María Luis Mora”, publicó el artículo La ciencia del ciclo del carbono en América del Norte: Investigación científica y cooperación internacional, en donde establece: “Tomando en cuenta que América del Norte es fuente importante de CO2 a la atmósfera, con 1856 millones de toneladas métricas de carbono (MMTC), con una variación posible de 10%, ésta región contribuye con 27% de las emisiones globales de  gases de efecto invernadero (GEI) (King  et  al.,  2007), desde hace más de diez años. De los tres países, Estados Unidos contribuye al 85% de emisiones, Canadá con el 9%, mientras que México participa con el 6%. La  causa principal es la conversión de combustibles fósiles en electricidad, con 42%; mientras que el sector transporte tiene el segundo lugar con el 31% de emisiones”.

Considera que es complicado calcular cuántos millones de toneladas de carbono se remueven anualmente de la atmósfera, por la incertidumbre de cómo responderán los bosques y otros sumideros de carbono (incluyendo los océanos), ante los cambios en el clima y la presencia de mayores concentraciones de CO2 en la atmósfera.

Sin embargo, aún y cuando el enfoque científico y de investigación es el que destaca en las iniciativas trilaterales de cooperación, la participación de cada país, o mejor dicho, el perfil de quienes participan por parte de los gobiernos, refleja las prioridades diferenciadas que éstos dan a la ciencia del carbono.

En el caso mexicano, señala Gustavo Sosa en su artículo, “…aunado a la ausencia de participación –e interés– por parte de dependencias gubernamentales (mexicanas) a participar en el desarrollo, valoración y promoción de la investigación sobre la ciencia del ciclo del carbono, no existe una adecuada implementación de la política nacional de cambio climático. Esto a pesar de ser uno de los pocos países que cuentan con un marco legal al respecto. Tampoco se considera como tema de la agenda de seguridad nacional. En esta dinámica, conforme transcurra el tiempo y los efectos del cambio climáticos sean más visibles –y reconocidos como tales– la investigación sobre la ciencia del ciclo del carbono puede adquirir la importancia política que inherentemente tiene en el plano de las ciencias naturales”.

 

Palabras clave: cambio climático, ciencia del carbono, Programa Mexicano del Carbono, calentamiento global

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