CIGoM concluye primera etapa de proyecto oceanográfico: cumple con hitos y entregable




Ciencias del mar y de la Tierra

Gracias al trabajo y esfuerzo de varios equipos asociados al Consorcio de Investigación del Golfo de México (CIGoM) se alcanzaron exitosamente, al cierre de la primera etapa del proyecto financiado por el Fondo Sectorial de Hidrocarburos SENER-CONACYT, los tres grandes logros que estaban comprometidos: modificar un vehículo submarino de control remoto, integrar un simulador virtual de gliders para el entrenamiento de operadores, y seleccionar con base en censos aéreos, qué especies de cetáceos y en qué lugares se marcarán para seguirlos satelitalmente.

Además, se completó y entregó el único producto definido como entregable en esta etapa, el manual de procedimientos y protocolos de muestreo en cruceros oceanográficos y de intercalibración de metodologías de análisis en laboratorios.

Con ello y con la presentación de los avances técnicos y financieros, la Subcomisión de Evaluación del Fondo Sectorial CONACYT-SENER-Hidrocarburos avaló los resultados obtenidos en la primera etapa del proyecto “Implementación de redes de observaciones oceanográficas (físicas, geoquímicas, ecológicas) para la generación de escenarios ante contingencias relacionadas a la exploración y producción de hidrocarburos en aguas profundas del Golfo de México”, y recomendó la liberación de la segunda ministración de recursos del proyecto, el más importante en el ámbito oceanográfico que se realiza en aguas mexicanas y que cumplirá dos años de actividades en marzo de 2017.

El responsable técnico del proyecto, Dr. Juan Carlos Herguera García, investigador de la División de Oceanología del CICESE, informó que entregaron la documentación relacionada con el entregable y los tres grandes logros de esta primera etapa (llamados hitos) comprometidos a la fecha de revisión del proyecto, así como los avances técnicos y financieros, a la Subcomisión de Evaluación de este fondo sectorial el pasado 24 de febrero.

Sobre los avances en la primera etapa del proyecto, dijo que la parte financiera se cumplió en 85 por ciento, mientras que el avance técnico alcanzó 97 por ciento, que representa un avance global de 40 por ciento para todo el estudio.

Se debe recordar que este proyecto fue convenido a cinco años en tres etapas. La etapa 1 se estableció a dos años y concluye en marzo de 2017; la segunda abarca dos años más (concluye en 2019), y la tercera durará un año (termina en 2020).

El Dr. Herguera explicó que los hitos correspondientes a esta primera etapa son tres grandes logros que “nos abren las puertas para poder realizar otras actividades que antes no podíamos llevar a cabo porque no teníamos ese avance instrumental”.

Estos hitos son: 1) el ROV de la UNAM modificado y operando; 2) un simulador virtual interactivo de gliders Spray y Slocum considerando la dinámica de los gliders y de las corrientes marinas, para el entrenamiento de los operadores, y 3) censos aéreos de cetáceos terminados para seleccionar las especies y zonas en las que se hará marcaje satelital.

Sobre el primero de estos hitos, dijo que la UNAM tenía un robot submarino que era puramente observacional. Es decir, que estaba dotado solamente con una cámara para detectar y visualizar organismos y objetos en lugares normalmente inaccesibles para los humanos, como es el mar profundo.

La propuesta fue reconvertir este vehículo operado remotamente (ROV, por sus siglas en inglés) de un medio observacional en un vehículo capaz de muestrear sedimentos y rocas del fondo del mar. Las modificaciones que el equipo del CIDESI integró en este robot submarino fueron un brazo robótico para colectar muestras de sedimentos y rocas del piso oceánico y una base modular donde acumular las muestras obtenidas (núcleos de sedimentos de hasta 10 cm de diámetro y 15 cm de penetración).

De esta manera, explicó el investigador, se podrán colectar sedimentos a profundidades de hasta 1500 m, y en diferentes medios ambientales, como sedimentos del talud continental y chapopoteras submarinas. Las muestras que se obtengan en este tipo de afloramientos serán analizados por grupos de microbiólogos y geoquímicos, interesados en caracterizar la información genética de los microorganismos y sus consorcios en los procesos de degradación de hidrocarburos y gases asociados.

Explicó que una de las grandes ventajas de utilizar un ROV en aguas profundas, es que se puede observar directamente el ambiente del lugar donde se colectan los sedimentos porque se está viendo en tiempo real en un monitor de video.

Tradicionalmente, agregó, geólogos y microbiólogos han tratado de colectar estas chapopoteras submarinas desde la superficie lanzando nucleadores hasta el fondo para extraer núcleos de sedimentos. El éxito de estas colectas es muy bajo debido a que aun y cuando se conoce exactamente dónde se encuentra la chapopotera cuando se lanza el nucleador desde una embarcación oceanográfica, se pierde de vista a los pocos metros por debajo de la superficie del mar y no hay manera de controlar con precisión la trayectoria del nucleador varios centenares de metros en un mar en continuo movimiento. Si el fondo marino está a tres kilómetros, el descenso del nucleador puede tardar hasta tres horas y al final no sabes nada del sitio donde cayó. Puedes tardar meses, a veces años, solamente para entender el entorno del sitio de donde proviene la muestra.

Un ROV cambia esto radicalmente al poder manipular de una forma precisa su destino y poder observar el fondo del mar directamente; de ahí la importancia de haber alcanzado este hito gracias al trabajo que desarrollaron en el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial (CIDESI), que también participa en el megaproyecto.

El segundo de los hitos alcanzado es un simulador virtual con el que los operadores de gliders podrán entender su comportamiento tomando en cuenta la profundidad y el movimiento de las corrientes marinas, tal y como podría ocurrir en un océano con corrientes. Este simulador virtual también fue desarrollado por personal del CIDESI.

De entrada, Juan Carlos Herguera explicó que los gliders o planeadores submarinos son vehículos autónomos que trabajan ininterrumpidamente durante semanas o meses en condiciones extremas (hasta mil metros de profundidad). Están equipados con sensores para obtener información en tiempo real sobre parámetros físico-químicos del agua de mar (conductividad, temperatura, profundidad, clorofila, oxígeno, entre otros), y pueden ser operados de manera remota con instrucciones (en el sistema operativo) de la misión, como la ruta, profundidad o la información que debe recorrer.

Señaló que este simulador permite a los pilotos de gliders conducir virtualmente el vehículo bajo el agua, modificando o manipulando las inclinaciones de navegación (el ángulo pitch y el ángulo roll), además de que posibilita el conocer y predecir su comportamiento bajo distintas condiciones. De esta manera, permite entender la interacción entre piloto y la respuesta del glider en un medio en el que las corrientes pueden modificar su trayectoria.

Respecto al tercer hito, dijo que concluyeron no solamente los reconocimientos aéreos, sino también en barco, de las especies y zonas en las que se hará marcaje satelital de cetáceos. Este proyecto está a cargo de los doctores Oscar Sosa Nishizaki y María Concepción García Aguilar, del CICESE, quienes han sido pioneros en este tipo de estudios sistemáticos para la caracterización de los patrones de movimiento y agregación de estos grupos de cetáceos en el sur del Golfo de México, región de la que se tiene muy poca información respecto a la abundancia y diversidad de estas especies en aguas mexicanas.

Con las marcas satelitales que colocarán en selectos especímenes se podrán conocer sus trayectorias individuales y de agregación dentro del golfo. Algunas de estas marcas graban información sobre la temperatura y profundidad durante los buceos de estas especies a grandes profundidades para forrajear, y se podrá conocer cuánto tiempo permanecen sumergidos y a qué temperaturas y si tienen lugares preferentes donde forrajear en el fondo.

Es una información muy fina que permitirá caracterizar cómo utilizan el hábitat este grupo de especies pelágicas y determinar, a través de modelación matemática, su probable distribución a lo largo del tiempo y sus lugares preferentes de residencia que ayuden a caracterizar las zonas más sensibles en el caso de un derrame de hidrocarburos de gran escala.

Finalmente, Juan Carlos Herguera se refirió al entregable comprometido, que fue el “Manual de procedimientos de muestreos durante los cruceros oceanográficos y resultados del proceso de intercalibración y control de calidad de los laboratorios analíticos”, que estuvo a cargo de la doctora Sharon Herzka Llona (CICESE) y de él directamente.

Se trata de dos tomos. Uno describe los protocolos de muestreo que han seguido en cada una de las campañas oceanográficos, y el otro explica qué metodología se siguió en el análisis de muestras en los diferentes laboratorios de las instituciones participantes.

Consideró que esta información generada es básica y fundamental para poder comparar los resultados que se están obteniendo y para programar cómo se deberán hacer las cosas a futuro. Reconoció que en la toma de muestras a bordo de embarcaciones oceanográficas, lo normal hasta este proyecto ha sido que cada institución se haya basado en usos y costumbres desarrollados por cada institución durante el proceso de colecta y análisis de muestras. El gran reto de este proyecto es unificar criterios durante la colecta de las muestras para minimizar los errores asociados a los resultados, y que los resultados tengan información relevante sobre las condiciones promedio y la variabilidad del sistema físico, biogeoquímico y ecológico independiente del laboratorio o grupo que las colecte y mida.

Esta necesidad de estar midiendo con el mismo criterio, agregó, es particularmente crítica cuando queremos comparar resultados de diferentes laboratorios analíticos. Tenemos el caso en el Cosorcio CIGoM de tener tres laboratorios haciendo mediciones de la misma variable, como es el caso de nutrientes y metales disueltos en el agua, metales en sedimentos, hidrocarburos, que aplican metodologías de medición diferentes y cuyos resultados deben de ser comparables para poder utilizarlas conjuntamente en la síntesis que tenemos que hacer de los resultados al final del proyecto.

Este manual, indicó, describe las metodologías que utiliza cada laboratorio y cómo de comparables son sus resultados con el resto de los laboratorios. Esta tarea tiene varias consecuencias que son muy importantes para la oceanografía en el país, primero al ser un proceso que estimula la discusión, puesta en práctica y desarrollo de las mejores prácticas de colecta y análisis que fundamenten el trabajo que estamos realizando. Por otro lado estas prácticas, protocolos y metodologías aseguran la precisión de los resultados y permiten fundamentar científicamente nuestro conocimiento sobre cómo funciona el gran ecosistema del Golfo de México, una necesidad prioritaria para garantizar su manejo sustentable, la seguridad y salud de su población costera ante las presiones que las actividades humanas están introduciendo en este gran ecosistema.

La reunión de febrero convocada por la subcomisión de evaluación de este fondo sectorial sirvió no solamente para valorar el entregable y los tres hitos comprometidos, sino también para darle seguimiento a los avances generales del proyecto e identificar los problemas que pudieran alterar el cumplimiento de los objetivos.

Entre éstos, Juan Carlos Herguera diferenció los problemas que surgen de manera natural en el aspecto humano y en el administrativo, los asociados exclusivamente a la conversión del ROV y aquellos de organización interna.

Destacó entre los problemas actuales la depreciación que ha tenido el peso frente al dólar. Explicó que hace tres años, cuando proyectaron la segunda etapa (que está por iniciar), les impusieron como techo máximo el valor de 15 pesos por dólar. “Tres años más tarde nos encontramos que el dólar está en 20 pesos. Hemos perdido la tercera parte de lo que habíamos proyectado. Ahora tenemos que trabajar para cubrir ese déficit y asegurar que cumpliremos exitosamente con los objetivos que propusimos originalmente en el proyecto.

“Sin embargo, a pesar de estos problemas, ésta es sigue siendo una extraordinaria oportunidad que nos dieron a la comunidad oceanográfica en México para generar el conocimiento necesario que ayude a observar y entender cómo funciona este mar territorial estratégico para el país, conocimiento esencial para poder hacer frente de una forma racional ante un derrame de hidrocarburos de gran escala. Como extraordinario también ha sido el gran trabajo desarrollado en los dos últimos años por todos los grupos de investigadores, posdocs, estudiantes, técnicos y personal de la administración que tendrán ocasión de comprobar en la próxima Reunión Anual del Cosorcio CIGoM que se celebrará en la ciudad de Ensenada, durante los días 3 al 7 del próximo mes de abril”.

 

Palabras clave: CIGOM, Juan Carlos Herguera, fondo hidrocarburos, SENER, CONACYT

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