Biofloc: una alternativa prometedora para el cultivo de totoaba en estanques




Ciencias del mar y de la Tierra

La totoaba es una especie marina protegida y en peligro de extinción. Llega a medir hasta dos metros de longitud y es endémica del Golfo de California, desde el Delta del Río Colorado hasta el Río Fuerte en la costa de Sinaloa y Bahía Concepción, en Baja California Sur. Por su alto valor comercial y situación actual, esta especie no se puede pescar; sin embargo, está permitido su cultivo. En Baja California se ha desarrollado su cultivo varios años atrás, siendo la UABC la institución pionera en intentar su reproducción.

“La totoaba es una especie que tiene un crecimiento rápido, es muy tolerante y resistente. Crece en condiciones que en principio son marinas, pero algunas experiencias de cultivo en condiciones confinadas, como en estanques, nos permiten suponer que es relativamente tolerante a un ambiente de menor calidad ambiental, en contraste con las condiciones marinas”, comentó el Dr. Benjamín Barón, investigador del Departamento de Acuicultura del CICESE.

Con la intención de evaluar si es factible su cultivo en esas condiciones, el Dr. Benjamín Barón realizó un experimento empleando la tecnología de biofloc, que de manera común se utiliza para el cultivo de tilapia. Este experimento derivó de una tesis y su objetivo fue evaluar diferentes concentraciones de biofloc para cultivar juveniles de totoaba y su efecto en el crecimiento y estado de salud.

La tecnología de biofloc se caracteriza por el desarrollo de comunidades microbianas que utilizan los desechos nitrogenados y la materia orgánica del medio para transformarlos en biomasa microbiana; esto reduce el uso de grandes volúmenes de agua y minimiza el impacto ambiental, promoviendo el desarrollo sustentable en la acuicultura.  

“En el caso de los camarones y tilapia, usan como alimento esos agregados de bacterias y microorganismos, los digieren y asimilan, y de esa manera se depura la calidad del agua. Por otro lado, al aprovechar los microorganismos como alimento se pueden reducir los costos de reproducción”, agregó.

La totoaba es una especie carnívora que, en principio, no puede aprovechar el biofloc porque se alimenta de peces pequeños, no de bacterias. Sin embargo, esta técnica permite depurar la calidad del agua por lo que el objetivo inicial del proyecto era mantener la calidad del agua. El problema para cultivar en estanques es que las condiciones se vuelven adversas: la temperatura aumenta, la salinidad también, el agua es más turbia y se debe tener un mayor cuidado en la cantidad de partículas que se encuentran suspendidas en el agua.

Para el cultivo de totoaba se debe suministrar un alimento formulado que, en su mayor parte, es aprovechado por los peces. Lo que no se aprovecha, junto con la materia fecal y otros residuos orgánicos, es metabolizado por las bacterias y vuelto a poner a disposición de los peces como alimento. Así, lo que tenemos es un doble aprovechamiento del alimento, aplicado en especies que se pueden alimentar de los agregados de microorganismos (incluidas las bacterias).

De antemano, se sabe que la totoaba no consume biofloc. Sin embargo, el exceso de partículas se pueden eliminar utilizando un filtro. La materia orgánica filtrada tiene un importante contenido de proteínas, por lo que se puede reincorporar al alimento formulado.

“Después del primer experimento se pensó que el biofloc puede ser útil, pero es necesario mejorar el control de las concentraciones de flóculos, porque en el primer ensayo que hicimos se promovió la eliminación total de los desechos nitrogenados de los peces. Esta estrategia produjo grandes concentraciones de partículas en los tanques y los filtros resultaron inadecuados para eliminarlas”, aclaró el Dr. Barón.

Aparentemente, la totoaba no puede vivir en un entorno con una concentración tan grande de flóculos, debido a que estas partículas, al reducir la visibilidad en los estanques, dificulta que la totoaba capture el alimento por lo que no pueden consumirlo de forma eficiente.

Además, las partículas afectan la salud de sus branquias.

Por medio de un cuidadoso análisis histológico se observó la alteración de los tejidos que integran las branquias. Aunque dichas alteraciones no eran tan graves como para ocasionar la muerte, sí afectaron sus funciones.

Las branquias son órganos multifuncionales; su principal función es la respiración, pero también ayudan a desechar compuestos tóxicos y para regular la concentración de sales en la sangre. Las partículas que se encuentran suspendidas en el agua en grandes concentraciones tienen un efecto mecánico (abrasivo) en las branquias, afectando su forma y por lo tanto su función.

“Lo que sigue en estos momentos es tratar de controlar la concentración de partículas en el agua, porque aunque tienen un efecto benéfico en algunos parámetros de la calidad del agua, al ser tan abundantes también tienen un efecto negativo en estos peces”, señaló el Dr. Barón

Se busca controlar la cantidad de partículas para después reincorporarlas al alimento; de esta forma se regula el crecimiento de los agregados microbianos (biofloc), para que esta comunidad microbiana cumpla con su función. “Se terminó el primer experimento y se quiere iniciar otro con una menor concentración de bioflóculos, para evaluar si la totoaba puede crecer y desempeñarse adecuadamente”, agregó. 

La primera fase de este experimento formó parte de un proyecto que hicieron con la empresa Biodiversidad Acuícola S.A. de C.V., con recursos del Programa de Estímulos a la Innovación (PEI) del CONACYT. Actualmente, dicha empresa cultiva camarón, pero tiene contemplado en sus planes de desarrollo el cultivo de peces, por lo que la totoaba se vuelve un candidato perfecto para hacerlo. Para concluir con la primera etapa se realizó un informe que fue entregado a la empresa; el proyecto terminó en diciembre del año pasado.

“Normalmente en los proyectos de investigación participan nuestros estudiantes de posgrado, ellos nos ayudan a responder algunas preguntas relacionadas con el tema de investigación. De otra manera no hay recursos suficientes para financiar nuestras investigaciones y las tesis de los estudiantes que hacen sus posgrados”, comentó el Dr. Barón.

Se busca dar seguimiento a la segunda etapa del proyecto, pero se necesitan recursos para continuar trabajando. Debido a las condiciones financieras actuales que vive México se vuelve complicado, por lo que el proyecto se encuentra en pausa.

Recientemente los laboratorios ya han establecido protocolos para la reproducción y cultivo de huevos y larvas de totoaba, y para la engorda a escala comercial. La primera empresa que lo ha conseguido de forma exitosa se encuentra en La Paz. Cuenta con su propio laboratorio de producción de semilla, que posteriormente cultivan.

En 2011, el Centro Reproductor de Especies Marinas del Estado de Sonora (CREMES) comenzó a trabajar el cultivo de totoaba. Este centro depende del Instituto de Acuicultura del Estado de Sonora, con el que actualmente trabaja el CICESE.

En Sonora y Sinaloa hay una cantidad importante de granjas que se dedican al cultivo de camarón. En ellas, diferentes empresarios han manifestado su interés por cultivar totoaba, pero los cultivos se harían en estanques en tierra en vez de jaulas marinas. Si se puede hacer en esas condiciones, se abre la oportunidad para cultivarla en esos sitios que están disponibles para el cultivo.

Existen varias diferencias entre el cultivo en jaulas marinas y estanques. Por una parte, las jaulas marinas son dispositivos que se colocan en el mar, los más comunes son jaulas flotantes elaboradas con malla y pueden tener forma circular o cuadrada. Ahí se colocan los peces y se les da alimento hasta que alcanzan una talla adecuada, se cosechan y se comercializan.

Por otro lado, los estanques en tierra se ubican generalmente en terrenos cerca del mar. Se hace un hoyo en el suelo y se coloca una cobertura plástica (lines) para después llenarse con agua; en ellos se cultivan los peces.

Otra de las diferencias es que en el mar, las corrientes marinas arrastran todos los desechos que se producen y los depositan en el fondo. Ahí, la fauna que habita en el suelo marino los puede consumir. Esto no causa un impacto muy grande, aunque todo depende del tamaño del cultivo.

En un estanque esto no ocurre. Los desechos de los peces se acumulan, y esto hace que se contamine el agua del estanque. Pero si se utiliza un sistema de biofloc, las bacterias y otros microorganismos degradan esta materia orgánica y no permiten que el tanque se contamine. “Mi hipótesis es que sí es factible cultivar totoaba con este método, pero hay que controlar las cantidades de biofloc porque su acumulación es una limitante en esta tecnología”, agregó el Dr. Barón.

No hay muchos antecedentes en el uso de esta técnica para el cultivo de peces marinos carnívoros. Sin embargo, existe un trabajo publicado para el lenguado japonés (especie que se cultiva con mucho éxito en Asia) utilizando biofloc. Es el primer antecedente con el que se cuenta, pero desafortunadamente el trabajo no explica con detalle cómo controlan los efectos negativos del biofloc.

Palabras clave: totoaba, biofloc, Benjamín Barón

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