¿Estamos listos para enfrentar el cambio climático? No, al parecer...




Ciencias del mar y de la Tierra

El primer artículo que predijo un aumento en la temperatura asociado al incremento de CO2 en la atmósfera fue publicado en 1896. A partir de ahí, científicos, asesores gubernamentales y hasta expertos de la industria del petróleo anunciaron reiteradamente las perturbaciones que hoy están ocurriendo y que son consistentes con la teoría que fue publicada hace más de un siglo.

Por ello, el cambio climático representa un reto y una oportunidad no solo para la oceanografía en lo que resta de este siglo, sino también para los grandes capitales que ya se están moviendo hacia la ingeniería del carbono, creando empresas que se van a dedicar a remover este gas de la atmósfera, generando con ello un mercado que según Wall Street valdrá trillones de dólares.

“Estamos mejor equipados de lo que pensábamos para tratar este problema. Sabemos que las tecnologías (para dar con soluciones) existen pero tenemos que actuar pronto. La emisión aumento 1.3% de 1970 al 2000. Del 2000 al 2015 se duplicó. No estamos reduciendo la velocidad, la estamos acelerando”.

Esto lo señaló Sergio Sañudo Wilhelmy, investigador adjunto del CICESE (trabaja como profesor en Ciencias Biológicas en la Universidad del Sur de California), quien destacó tres puntos:

Que el cambio en el clima puede ser muy abrupto, no gradual como todos nos imaginamos, pues en los últimos 450 mil años ya se han presentado cambios de 10 grados en la temperatura promedio en un lapso de apenas 50 años.

Que el tiempo de residencia del CO2 es de cientos de años, por lo que prácticamente nada pasaría si en este momento se dejaran de quemar combustibles fósiles. Si acaso bajarían pocas décimas de grado en los próximos mil años.

Que se necesita considerar las llamadas emisiones negativas de CO2 (retirar o absorber el bióxido de carbono de la atmósfera) como acciones complementarias para tratar de mantener la temperatura apenas 2 grados por arriba del promedio actual. Las primeras compañías ya están haciendo ciencia para modificar la anhidrasa carbónica y desarrollar procesos para capturar o secuestrar carbono. En realidad no estamos todavía listos para hacerlo, pero tenemos el potencial.

Según explicó, la predicción del cambio climático empezó en 1896 con el artículo de Svante Arrhenius “On the Influence of Carbonic Acid in the Air upon the Temperature of the Ground”, publicado en la revista Philosophical Magazine and Journal of Science. Después de “tediosas calculaciones” hechas con lápiz y papel, encontró que si doblamos la concentración de CO2 en la atmósfera la temperatura del planeta va a subir de 5 a 6 grados. “Lo que ahora sabemos con IPCC (…) pero en ese momento a nadie le importó…”

Arrhenius ganó el Nobel en 1903 y se le considera el padre de la físico química, pero en lo que se refiere al cambio climático tuvieron que pasar casi cuatro décadas para que los científicos pudieran conectar el aumento de las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera con el incremento de la temperatura global de la Tierra.

Esto le correspondió a Guy S. Callendar, un “técnico de vapor” de la Asociación Británica de Investigación de la Industria Eléctrica y Afines, quien en 1938 publicó el artículo “The artificial production of carbon dioxide and its influence on temperature”.

Antes de este trabajo, todo mundo asumía que no importaba cuánto CO2 subiéramos a la atmósfera, pues iba a ser tomado por el océano. Callendar concluyó que esto no era cierto. “Por la combustión de combustibles, el hombre ha añadido 150,000 millones de toneladas de dióxido de carbono al aire en el último medio siglo. El autor considera que aproximadamente tres cuartas partes de éste permanecen en la atmósfera”. Y estimó que el incremento de la temperatura media será de 0.003 grados centígrados por año.

18 años después, en 1956, Gilbert Plass publica una serie de artículos en los que por primera vez calcula cómo la radiación solar e infrarroja afecta la absorción de CO2; es decir, el primer balance de masas relacionado con el cambio climático. Y concluye que el CO2 va a durar cientos de años en la atmósfera

Algunas de las cosas interesantes que Plass estima es que si se duplica el CO2 el planeta se calentará a 3.6ºC, y que los niveles de CO2 aumentarían 30% durante el siglo XX, lo cual aumentaría la temperatura promedio 1ºC en el mismo período.

Al siguiente año, Roger Revelle, quien era el director del Sripps Institution of Oceanography, publica un artículo sobre el intercambio de bióxido de carbono con el océano. Concluye que 80 por ciento del CO2 va a quedar en la atmósfera y, de paso, termina con la historia de que el océano va a capturarlo.

Para probar si sus cálculos son correctos, convenció a otro investigador de Scripps, Charles Keeling, para ir al volcán Mauna Loa, en Hawai, colecte muestras de CO2 y las analice en laboratorio. De ahí surge la famosa curva de Keeling que demuestra cómo hemos modificado y llevado la atmósfera de nuestro planeta a como estaba hace 3 millones de años.

Esto es: acabamos de superar las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera, y la última vez que tuvimos esa concentración en el planeta fue hace 3 millones de años. Lucy (Australopithecus afarensis), el antepasado más famoso del ser humano era, hasta donde sabemos, el único homínido que vivía entonces en la Tierra.

En 1975 (hace ya 23 años) Wallace S. Broecker publica en Science el primer artículo que explícitamente menciona las palabras “cambio climático” y “calentamiento global”. Se trata de “Climatic Change: Are We on the Brink of a Pronounced Global Warming?”

Basado en el consumo de combustible calculó que en 2010 alcanzaríamos una concentración de 400 ppm de CO2 en la atmósfera, y 1.1º C de aumento en la temperatura promedio. En cuanto al CO2 se equivocó por 3 años, pues las 400 ppm se alcanzaron en 2013, pero la temperatura sí que aumentó un grado en 2010.

Hasta los años 90 había incertidumbre sobre qué tan rápido podría ocurrir el cambio climático, y pocos se preocupaban porque el hombre común solía pensar que el proceso tardaría cientos, si no es que miles de años. Pero en 1993, Willi Dansgaard, del Instituto Niels Bohr (Noruega) y sus colegas publicaron en Nature un artículo que puso a temblar a todo mundo.

“Evidence for general instability of past climate from a 250-kyr ice-core record”. El título no dice mucho, pero el estudio de Dansgaard muestra que hace 10 mil años el clima del planeta pasó de glacial a interglacial (un cambio de 10 grados en la temperatura) en apenas 50 años. Estamos hablando de un cambio abrupto que vamos a atestiguar (o sufrir, sobrellevar, tolerar, resistir o cualquier otro verbo parecido que se les ocurra) en el transcurso de una vida humana.

El último artículo al que hizo referencia Sergio Sañudo fue publicado en 2008. Es el primer reporte de que está bajando el nivel de pH en aguas costeras. “No hay forma de cambiar el pH mas que metiendo CO2. Esto no es grilla, esto no es balance de masas, no son modelos, estos no son cálculos hechos con computadoras. Estas son mediciones de un proceso químico: mete mucho CO2 y el pH te va a bajar”.

¿Por qué esto es problemático? El pH del océano ha permanecido alrededor de 8.1 y 8.2 por los últimos 10 millones de años. Lo que es muy preocupante para los biólogos, indicó el doctor Sañudo, es que “en la base de la red alimenticia encontramos al fitoplancton, y el fitoplancton toma el CO2. El problema es que, si recuerdan, la mayoría del carbono se encuentra como bicarbonato en el agua de mar. Por una enzima que se llama anhidrasa carbónica, el bicarbonato cambia a CO2 y así es como lo toma el fitoplancton. Lo que pasa es que la anhidrasa carbónica funciona (eficientemente) a un pH arriba de 9.5. Ya tiene problemas con el pH del agua de mar que está en 8.1. Si lo bajamos a 7.5 posiblemente la anhidrasa carbónica va a colapsarse (porque el pH es logarítmico). Y ya saben lo que nos espera: si el fitoplancton se va, se va todo lo demás…”

Sergio Sañudo destacó que las perturbaciones son consistentes con la teoría que se ha estado publicando desde hace 100 años. “El cambio ya llegó, solo es cuestión de saber qué tan mal va a estar”. Y para ello hizo referencia a impactos como el aumento en el nivel de mar, la destrucción de corales (“posiblemente ya sea muy tarde para salvarlos”), o el deshielo en los polos que podría afectar todas las corrientes oceánicas, por citar solo unos.

Para quienes ven esto como escenarios muy lejanos, presentó un reporte elaborado por la NOAA sobre cómo han aumentado los desastres asociados al cambio climático (huracanes, sequías, inundaciones, incendios forestales, tormentas severas, heladas), particularmente eventos que han provocado daños por más de un billón de dólares en Estados Unidos.

De 1980 al presente, es decir, con un aumento en la temperatura de apenas un grado, se han incrementado 5 veces este tipo de eventos. “¿Qué es lo que podemos esperar si lo subimos a 5 o 6 grados? No sé cuántos de estos desastres puede soportar México. Estamos esperando huracanes de categoría 6. Si pasa uno de éstos por la mitad del país, ¿qué va a pasar? Ya no podemos ignorar esto..”

Por eso considera estos escenarios como catalizadores de conflictos. Dijo que independientemente de lo que diga el presidente Trump, el congreso de Estados Unidos ya autorizó fondos para que sus fuerzas armadas se preparen y tengan capacidad de respuesta ante conflictos generados por el cambio climático.

Ante eso, preguntó: “¿Qué estamos haciendo en México..?”

Otro punto a considerar es hacia a dónde se están moviendo los grandes capitales para aprovechar las emisiones negativas de CO2 y la ingeniería del carbón, pues representan una oportunidad para abrir nuevos mercados.

Según Wall Street, estas nuevas industrias competirán por un mercado valuado en trillones de dólares. Pero no solo eso. Considerando el tiempo de residencia del CO2, que es de cientos de años, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) corrió mil escenarios diferentes (modelos numéricos) de lo que nos espera. De todos ellos solo 116 mantendrían la temperatura solo 2 grados por arriba del promedio actual, y de ellos 108 requieren emisiones negativas. Esto es, no basta con cortar de tajo las emisiones de CO2 a la atmósfera, sino que se requiere removerlo y guardarlo para estabilizar el clima.

“¿Estamos listos para hacerlo? No, no estamos listos. No sabemos dónde hacerlo ni cuándo hacerlo. No conocemos el transporte de masas. Tenemos el potencial de hacerlo, pero no lo hemos hecho. Pensamos que teníamos que hacerlo en el mar abierto, pero en un artículo que se publicó el año pasado se ve que hay una transferencia de carbono hacia aguas profundas aún en zonas costeras. Por eso necesitamos saber en dónde y cuándo hacerlo…”

Palabras clave: cambio climático, oceanografía, Sergio Sañudo

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