Sanidad acuícola e inocuidad: tema de investigación obligado, del cual CICESE es pionero y líder




Ciencias del mar y de la Tierra

El hallazgo en 2006 de Perkinsus marinus en las costas del Pacífico mexicano -un parásito que desde mediados del siglo pasado había afectado cultivos de ostión sólo en la costa este de Estados Unidos-; del herpesvirus de ostión en cultivos de Baja California; de la rickettsia del abulón también aquí, y las investigaciones sobre mortalidad de atún en encierros a consecuencia de florecimientos de microalgas, han colocado al CICESE y a Baja California como referentes en materia de sanidad e inocuidad de organismos acuáticos.

Esto además ha permeado hacia productores y autoridades de manera que, junto con la academia, buscan implementar ahora medidas de control, seguimiento y erradicación para tener cultivos de moluscos, crustáceos y peces, saludables y aptos para consumo humano.

Esto lo informó Jorge Cáceres Martínez, investigador del Departamento de Acuicultura del CICESE, en el X Simposio Internacional de Sanidad e Inocuidad Acuícola que se realizó en Ensenada, en donde dijo además que el principal reto que enfrenta el sector es, además de la enorme sobrepoblación mundial que demanda cada vez más alimento e impacta y contamina el mar, el incremento de temperatura asociado al cambio climático.

En este simposio (ver nota relacionada), él y Ernesto García Mendoza presentaron dos ponencias. Una sobre “El protozoario Perkinsus marinus en moluscos bivalvos del Pacífico mexicano: ¿un reto sanitario?”, y “Mortalidad de atún aleta azul (Thunnus thynnus orientalis) cultivado en Baja California, México, asociada con un crecimiento de Chattonella marina”.

¿Por qué estos temas? Porque son los más relevantes, uno en moluscos y el otro en cultivo de peces marinos, señaló el doctor Cáceres. “Perkinsus marinus es un protozoario parásito que se descubrió en la costa este de Estados Unidos a mediados de los años 40. Causó en ese entonces mortalidades muy importantes que afectaron la industria ostrícola (en esa zona y) ha seguido produciendo mortalidades. Debido a esa peligrosidad, la Organización Internacional de Salud Animal (OIE) lo consideró como parásito de declaración obligatoria, es decir, como una enfermedad de declaración obligatoria. Eso obliga a todos los países en donde se encuentra este organismo a informarlo ante esta organización y tomar medidas de prevención y de control”.

Sin tener un efecto tan devastador como en Estados Unidos, este protozoario se encontró en nuestro país desde esos años, en aguas del Golfo de México. Sin embargo, de forma inédita Jorge Cáceres y su equipo lo encontraron en Nayarit en 2006 “y a partir de ahí hemos seguido estudiando el efecto de este parásito en las poblaciones de ostiones de importancia comercial en la costa del Pacífico mexicano, incluso en poblaciones naturales de ostión”, incluido Baja California.

A Jorge Cáceres le gusta contar una anécdota. Sucede que en 1994, cuando entró a trabajar al CICESE, “llegué a San Quintín y pedí muestras para estudiar las enfermedades de los ostiones. En ese momento los productores se fueron de espaldas. Dijeron: ‘No te creo que estos animales se enfermen, y ¡tampoco creo que alguien se dedique a estudiar las enfermedades de estos animales!’ Les dije que como cualquier ser vivo los ostiones se pueden enfermar”.

A partir de ahí empezaron a estudiar las enfermedades de los moluscos en este centro de investigación. “Con mucho orgullo te puedo decir que en el CICESE fuimos pioneros en el estudio de estas enfermedades en todo México y hemos descubierto, en colaboración luego con el Instituto de Sanidad Acuícola (ISA), las principales enfermedades de moluscos que se presentan en el país: Perkinsus marinus, por ahí de 2006; el herpesvirus del ostión, que también fue por esas fechas, y la rickettsia del abulón (también llamado síndrome de deshidratación). Las tres son enfermedades de declaración obligatoria y no sabíamos que existían en México”.

Respecto al estudio sobre mortalidad de atún aleta azul que se cultiva en encierros cerca de Ensenada, dijo que Chattonella marina es una microalga que antes no aparecía en aguas de esta zona y que si lo hacía, no trascendía a más. De repente comienza a florecer en cantidades importantes y se descubre que produce una enorme toxicidad para los peces marinos y en particular para el atún cultivado en estos encierros. Su enorme toxicidad afecta el tejido de las branquias a nivel sistémico, por lo que el pez colapsa y muere.

Ernesto García es pionero en el estudio de florecimientos algales nocivos (FAN) o mareas rojas en México, y en este caso trabajó conjuntamente con el grupo de patología de Jorge Cáceres. El primero desde el punto de vista del fitoplancton y el segundo con trabajo in situ del impacto en los encierros.

El tema de enfrentar este tipo de mareas rojas representa un reto enorme porque no se puede controlar el medio ambiente. “Esto se presenta de manera natural y las medidas de control son muy difíciles, muy costosas. Implican conocer muy bien la dinámica del florecimiento algal y en dado caso poder desanclar las jaulas y llevárselas a zonas donde no se tenga este efecto (los FAN son eventos muy locales), y esto es muy costoso. Por otro lado está el efecto en la producción y después el qué hacer con los animales que mueren. Todo eso tiene un impacto tremendo”.

Jorge Cáceres indicó: “Ahí hay un área de investigación muy importante, obligada para la piscicultura marina y en la cual el CICESE ha tenido un papel protagónico muy importante. Además de la trayectoria de Ernesto García, nosotros ahora empezamos a incursionar en peces marinos, y también nos hemos convertido en punteros en ese tema. Hemos sacado las primeras publicaciones de las enfermedades de atún cultivado en esta zona. Estamos trabajando con Seriola (jurel) y recientemente nos acaban de aprobar un proyecto con totoaba. Esto es: parte de nuestras baterías ahora apuntan a atender el problema de la salud de los peces marinos en cultivo, que es otro reto importantísimo”.

¿Qué tan importante? “Baja California produjo en 2017 arriba de 7 mil 500 toneladas en acuacultura y maricultura, sobresaliendo la engorda de atún aleta azul y el cultivo de ostión en el sur del estado, con un valor estimado de 779 millones de pesos”, según informó en la apertura de este simposio el secretario de Pesca en la entidad, Matías Arjona Rydalch.

Agregó: “Baja California es una región líder en acuacultura y maricultura. Somos un estado con ocho cuerpos de agua certificados y tenemos 11 más en proceso de certificación. Con eso se colocaría en primer lugar nacional dentro del Programa Mexicano de Sanidad de Moluscos Bivalvos (PMSMB). El reconocimiento de áreas clasificadas es la base para el desarrollo potencial de la acuacultura en la entidad, ya que esta condición da una certeza estratégica para la consolidación de proyectos en marcha y alienta nuevas inversiones con la consecuente generación de empleos y atracción de divisas”.

Por ello es importante la consideración que hace el doctor Cáceres: “Cualquier especie marina se ve afectada por enfermedades de manera natural. Pero en este nuevo escenario de cambio climático, con aumentos de temperatura e impactos de la contaminación, los animales que están confinados en encierros en el medio ambiente, donde no puedes controlar las condiciones, pueden sufrir procesos de mortalidad importantes como los que han venido ocurriendo con los encierros de atún, pues los animales no son capaces de escapar”.

En el simposio se programaron además tres talleres organizados por el Comité Estatal de Sanidad e Inocuidad Acuícola de Baja California (CESAIBC, principal organizador de este foro), el ISA, CICESE, la Facultad de Ciencias Marinas de la UABC y la Universidad de Arizona. Uno en particular destacó Jorge Cáceres: “Riesgos de transferencia de carga parasitaria en el cultivo de moluscos”, que se desarrolló en el Departamento de Acuicultura del CICESE.

“Planeamos un ejercicio muy didáctico en el cual recibimos muestras de ostiones de diferentes lados, de los cuales previamente conocemos cuál es su carga parasitaria. El ejercicio consistió en tomar ostiones de esta zona, que están limpios y sanos, y ver qué pasa cuando introduces especies que vienen con muchos parásitos. Esto de alguna forma ilustra el enorme problema que se genera cuando tomas animales de un lugar y los llevas a otro sin conocer su estado sanitario. Confiamos en que este taller ayude a fortalecer la visión de proteger la producción (los cultivos) de enfermedades. Los talleres siempre son muy útiles porque ponen en contacto a la gente con los problemas reales. Las manos se mojan, tocas el animal y ves de primera mano lo que está ocurriendo”.

Palabras clave: sanidad acuícola, inocuidad, CESAIBC, ISA, Jorge Cáceres

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