Agua en Ensenada: más abasto, pero persiste la escasez




Ciencias del mar y de la Tierra

De acuerdo con la ONU, “el agua está en el epicentro del desarrollo sostenible y es fundamental para el desarrollo socioeconómico, la energía y la producción de alimentos, los ecosistemas saludables y para la supervivencia misma de los seres humanos. (…) Es el vínculo crucial entre la sociedad y el medioambiente”.

Es además una cuestión de derechos. La demanda comercial del recurso debe conciliarse con un abasto que satisfaga las necesidades de las comunidades.

Naciones Unidas clasifica como “extremadamente bajo” el abasto per capita en Baja California. En esta región semiárida el agua es un recurso deficitario para los productores y habitantes de valles agrícolas, ciudades y pequeñas comunidades de la zona costa, especialmente de la ciudad de Ensenada, cuyos habitantes han visto racionado el suministro desde 2013.

En este contexto, la puesta en marcha de la primera etapa de una planta desalinizadora que aportará 250 litros por segundo - l/s- de agua a esta ciudad permitirá cubrir mejor las necesidades de sus habitantes, pero no resuelve el déficit porque el problema de la falta de agua es multifactorial. Y en este caso, los agentes que motivaron la crisis hace cinco años siguen ahí, en espera de que los podamos entender y solucionar.

El Consejo de Cuenca de Baja California y municipio de San Luis Río Colorado (CC02) de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), llegó a las siguientes conclusiones a principios de 2014: “…la falta de infraestructura de captación pluvial tiene como consecuencias que cerca de la totalidad de la precipitación que ocurre en esta región escurra hacia el mar. Los elevados costos para el transporte del vital líquido, han obligado al CC02 a depender en gran medida del agua subterránea, sobre todo fuera de la zona de influencia del agua proveniente del río Colorado. El inadecuado manejo que los acuíferos han sufrido en los últimos años, ha llevado a éstos a una situación de sobreexplotación. La falta de agua para la agricultura en la región de la zona costa ya ha comenzado a afectar a cultivos, principalmente en la zona costa que es dependiente exclusiva de los acuíferos. A este problema de gestión inadecuada del recurso hídrico se le suma la disminución de la recarga que conlleva la sequía meteorológica, así como los impactos generados en el medio ambiente por la misma, particularmente a los ecosistemas costeros”.

Hasta principios de 2018 la ciudad de Ensenada dispone de poca agua:

Porque el agua que proviene del principal aporte en la entidad, el río Colorado, no se ha distribuido equitativamente en Baja California

De acuerdo al portal web del gobierno de Baja California, el volumen de agua disponible para la entidad es de 3 mil 250 millones de metros cúbicos (Mm3), de los cuales 65% son aportados por el río Colorado y 35% por aguas subterráneas. El distrito de riego 014 (valles de Mexicali y San Luis Río Colorado) concentra 88% del total de recursos hidrológicos, pero por mal manejo en la conducción del agua y por sistemas inadecuados de irrigación este valle pierde más de mil millones de metros cúbicos de agua al año, según explica un reporte del Instituto de Estudios Legislativos del Congreso de Baja California publicado en 2007.

Tal cantidad de agua sería suficiente para abastecer a 12 millones de personas, según este estudio.

Las ciudades de Tecate, Tijuana y Rosarito tienen agua de los acuíferos asociados a este caudal, y les llega por un acueducto que se erigió en 1980. Como nunca se construyó la derivación hacia el Valle de Guadalupe, Ensenada no ha recibido una cuota de 9 millones de metros cúbicos por año que fue convenida por decreto presidencial. Por ello, su abasto ha sido cubierto históricamente por los acuíferos Maneadero, Ensenada, La Misión y Guadalupe, que según la CONAGUA están sobreexplotados desde 2009.

Por la demanda creciente de la población

Tomando en cuenta la demanda de agua de la población (gasto promedio en l/s), Ensenada tiene escasez desde 2006. En 2014 se agudizó el problema al presentarse un déficit de 177 l/s; esto es, mientras la ciudad requería 890 l/s, el organismo operador, la CESPE, sólo podía proporcionar 713 l/s, según su entonces director, Arturo Alvarado.

La Comisión Estatal del Agua (CEA) estableció en un foro organizado por el Colegio de Ingenieros Civiles de Mexicali en septiembre de 2014, que a mediano plazo (2020) Ensenada tendrá una demanda de 1,014 l/s, y de 1,294 l/s en el largo plazo (2030). Sin embargo, estas cifras son relativas. El entonces presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Ensenada, Marco Antonio Coronado Valenzuela, dijo el 2 de agosto de 2016 en una mesa de trabajo de la CESPE con el Grupo Interdisciplinario del Agua y organismos colegiados del municipio, que mientras el abasto es de 847 l/s, la demanda estimada -incluyendo los consumos domésticos, industrial y comercial-, es de 1,759 l/s.

La disparidad de cifras entre la CONAGUA y los empresarios de Ensenada ocurrió cuando ya operaban dos de las tres obras que anunció el gobierno del estado que reducirían este déficit: el acueducto inverso Tijuana-Ensenada que comenzó a operar en diciembre de 2015 abasteciendo supuestamente 300 l/s, y la perforación y rehabilitación de dos pozos de agua potable en la parte alta del Cañón de Doña Petra.

Por la sobreexplotación y salinización de los acuíferos

El abasto histórico de agua en el municipio de Ensenada proviene de 10 acuíferos, y todos (excepto uno, el de San Vicente) están sobreexplotados, según estableció desde 2010 el Instituto Municipal de Investigación y Planeación de Ensenada (IMIP), en el Programa Integral del Agua del Municipio de Ensenada (PIAME).

 

Porque la extracción desmedida de arena disminuye la recarga de acuíferos

A escala nacional, sólo 4.8% del volumen de agua que llega por precipitación se infiltra al subsuelo de forma natural y recarga los acuíferos, de acuerdo al Programa Nacional Hídrico 2014-2018 de la SEMARNAT. En Baja California, hasta 2013 existían 872 concesiones para extraer arena, principalmente en los cauces de los arroyos Guadalupe, Agua Caliente, El Barbón, El Carmen, San Carlos y Las Ánimas, según el Programa Integral del Agua de Ensenada (PIAE) elaborado por el IMIP y el reporte Panorama Minero del Estado de Baja California elaborado por el Servicio Geológico Mexicano en 2013.

Sin embargo, la extracción ilegal continúa. Apenas el 14 de marzo de 2018 la PROFEPA dio a conocer la suspensión total temporal de actividades de un proyecto de aprovechamiento de arena en una superficie de casi tres mil metros cuadrados en las inmediaciones del arroyo Guadalupe porque el dueño del predio no pudo acreditar autorización alguna de la SEMARNAT.

La remoción excesiva de arena afecta los acuíferos de dos maneras: disminuye la protección del acuífero ante fuentes superficiales de contaminación, y al establecerse un nuevo lecho con un nivel más bajo (alcanzando incluso el nivel freático del acuífero) el cauce del arroyo pasa a ser un escurrimiento superficial, perdiendo así la capacidad de almacenamiento subterráneo, según explicó Rogelio Vázquez, investigador del CICESE, en una nota publicada en la revista electrónica TODoS@CICESE en 2003.

Porque llueve poco en Ensenada

La precipitación anual promedio en Ensenada es de 250 mm, apenas un tercio del promedio nacional (773.5 mm), y menos de una décima parte (9.8%) del promedio máximo anual que ostenta Tabasco.

Además, a partir de 1999 inició un periodo de sequía cuya severidad ha pasado de “moderada” a “extrema”. El meteorólogo del CICESE, Santiago Higareda Cervera, informó que hasta abril (el último mes donde estadísticamente se esperan lluvias en Ensenada) de 2018, la precipitación total anual era de 62 mm, lo que convierte la actual temporada en la más seca de los últimos 68 años, por abajo de los 89.8 mm que se presentaron en la temporada 2001/2002.

Además de que llueve poco, Ensenada, al igual que el resto de Baja California, no tiene infraestructura para captar los escurrimientos que aportan las muy escasas precipitaciones. Su única presa, la “Emilio López Zamora” (al construirse tenía una capacidad útil de 2.61 Mm3), está azolvada.

Porque no se reutiliza el agua tratada

En la ciudad de Ensenada operan cinco plantas que proporcionan tratamiento secundario a las aguas que recolecta el sistema de alcantarillado; esto es, se remueve materia orgánica pero no las sales minerales. En conjunto, su rendimiento (64.38%) está por abajo del rendimiento promedio de las 38 plantas que funcionan en Baja California (68.7%), y solamente arriba de Mexicali (62.86%). Sin embargo, el porcentaje de aprovechamiento para reuso es el más bajo del estado, con apenas 1.36%. En contraste, Mexicali reutiliza 75% de sus aguas tratadas. Esto lo señala el CC02 de la CONAGUA en su “Programa de medidas preventivas y de mitigación de la sequía. 1ª versión”, publicado en 2014.

Entre mayo de 2013 y mayo de 2014, el volumen acumulado de agua residual tratada en las cinco plantas que operan en Ensenada fue de poco más de 6.7 millones de metros cúbicos (Mm3), de acuerdo a Walter Daessle Heuser, investigador del Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC, quien presentó la ponencia “Utilización de aguas tratadas en Ensenada” en el “Foro del Agua: problemáticas y soluciones”, organizado por la CANACINTRA- Ensenada en marzo de 2014.

De ese volumen, en 2014 el ejido Nacionalista Sánchez Taboada, de Maneadero, comenzó a utilizar aguas tratadas de la planta El Naranjo para regar flor de ornato y forraje. En 2017 se aprovechaba una superficie de 160 hectáreas, y en enero de 2018 comenzó una segunda etapa que incrementó a 360 hectáreas la superficie beneficiada, aprovechando un flujo de 120 l/s. El proyecto espera alcanzar las 500 hectáreas en ese valle, cuyo acuífero está sobreexplotado y presenta intrusión salina. 

Al detectar que el agua era vertida en un depósito y no inyectada, en julio de 2015 se inició una investigación a cargo del doctor Marco Antonio Pérez Flores, investigador del Departamento de Geofísica Aplicada del CICESE para monitorerar el comportamiento en el subsuelo del agua tratada descargada en la zona de Maneadero.

 

 

Otra propuesta para utilizar aguas tratadas en actividades agrícolas está por concretarse en el Valle de Guadalupe. El gobierno de Baja California anunció en marzo de 2018 una inversión de 1,500 millones de pesos para construir un acueducto que llevará agua tratada de la planta La Morita, de Tijuana, para el riego de uva en el valle. Según el gobernador Francisco Vega de Lamadrid, la capacidad será hasta de mil l/s, el costo sería “un poco arriba de 10 pesos” y garantizaría un crecimiento de la superficie de siembra de vid de 3 mil a 10 mil hectáreas.

Por el deterioro de la infraestructura hidráulica urbana

La coordinación de Desarrollo Institucional de la CESPE reconoció en 2014 que casi 20% del agua que se distribuye en la ciudad se pierde en fugas. El entonces director de este organismo operador, Arturo Alvarado, dijo ese mismo año que en la zona centro 95% de los sistemas de distribución tienen más de 40 años de antigüedad.

Como se puede apreciar, los desafíos del agua son enormes en Baja California y en Ensenada. Conocer los problemas relacionados con su gestión y administración (por ejemplo, Baja California tiene cinco años sin que exista un Plan Estatal Hídrico, mientras que en enero de 2017, con el voto unánime de los 25 diputados locales, el congreso local derogó una polémica Ley del Agua que había provocado una movilización ciudadana sin precedentes en la historia de la entidad) es igual de relevante que las investigaciones geohidrológicas que realizan universidades y centros de investigación.

Estudios del agua en el CICESE

En el caso de este centro de investigación, el agua ha sido un tema prioritario para sus geólogos y geofísicos, quienes han buscado desarrollar conocimiento y aplicar metodologías para explorar, monitorear y modelar los recursos hídricos en sus aspectos de precipitación, recarga de acuíferos, flujo de agua subterránea, procesos de desalinización, así como en el diagnóstico y monitoreo de la calidad del agua.

Uno de estos especialistas es el doctor Rogelio Vázquez González, quien se ha dedicado a observar las estructuras subterráneas que pueden contener y conducir el agua utilizando métodos que pueden compararse con la auscultación que realizan los médicos al interior del cuerpo humano.

El estudio de la infiltración del agua subterránea es similar –comenta Rogelio Vázquez– ya que, gracias a mediciones realizadas en la superficie del terreno, se producen imágenes de los materiales que conforman el subsuelo, sus propiedades físicas, porosidad y conductividad hidráulica, entre otros, con tonalidades grises similares a las reveladas en una radiografía humana.

Así llegan a saber si los terrenos tienen suficiente impermeabilidad o no como para formar un acuífero, o bien la relación entre materiales más o menos conductores. También les interesa la presencia de agua salada, salobre o agua dulce y si el acuífero tiene mezclas de estos tipos de agua para diagnosticar si es potable o requiere tratamiento.

Más recientemente se ha dedicado a monitorear la calidad del agua que llega a los hogares de Ensenada, la cual proviene de distintas fuentes.

En el Foro Universitario del Agua organizado por la UABC en mayo de 2017, Rogelio Vázquez explicó que para conocer esto hicieron una práctica sencilla: tomaron muestras del agua que llega a sus casas, por intervalos de dos semanas.

Analizaron estas muestras a partir de los parámetros más elementales: medición de pH, conductividad eléctrica, densidad de sólidos totales disueltos y el equivalente en porcentaje de cloruro de sodio.

Encontraron que al sur de la ciudad, zona abastecida por el acuífero de Maneadero (que está sobre explotado), el agua contiene 2 mil 500 partes por millón (ppm) o más, de sólidos totales disueltos; mientras que al norte de la ciudad va de 600 a 700 ppm. La norma internacional sobre calidad de agua indica que ésta no debe exceder de mil ppm. Es decir, la zona sur de Ensenada recibe agua de menor calidad del acuífero de Maneadero, que por ser costero presenta intrusión de las sales del mar y no recarga por sí solo.

 

 

Otro aspecto que se estudia en el CICESE es la contaminación. La doctora Zayre González Acevedo, investigadora en geociencias ambientales, explora la relación entre el agua, la tierra, los contaminantes y la salud. A través del reconocimiento de sustancias tóxicas presentes en acuíferos que penetran el subsuelo e ingresan por las raíces de las plantas y pueden afectar la salud humana, investiga la remoción de sustancias como el arsénico, selenio y antimonio presentes en el agua, y cómo se pueden eliminar o remover de esos sustratos para regresarles sus cualidades productivas y saludables.

En sus investigaciones busca incluir y eliminar los efectos causantes de enfermedad o muerte humana, ya que si las personas consumen aguas contaminadas con arsénico, empezarán a acumularlo en sus cuerpos.

Otro aspecto a estudiar es la disponibilidad del agua pensando en cómo las investigaciones puede beneficiar a varios sectores, pues son generadas desde la visión de diversos usuarios: gobierno, productores agrícolas y pecuarios.

El doctor Thomas Kretzschmar y su equipo de investigación saben que el volumen de agua subterránea (en acuíferos) alcanza poco más de un millón de metros cúbicos disponibles al año, y que esta cantidad representa apenas 30 por ciento del agua disponible para consumo humano en la entidad. Sin embargo, los acuíferos que abastecen Ensenada están sobre explotados; es decir, que se extrae más agua de la que se recarga de manera natural. El problema es más grave pues esta zona es semiárida, por lo que las pocas lluvias que ocurren aquí no alcanzan a recargarlos.

Las investigaciones de Thomas Kretzschmar se han centrado en el Valle de Guadalupe, donde su grupo busca determinar la cantidad de recarga de los acuíferos a nivel de cuenca hidrográfica, la eficiencia en la irrigación, la utilización de aguas tratadas como uso de riego alternativo, el impacto de la extracción de arenas en la disponibilidad del agua, así como el estrés hídrico en las plantas y su susceptibilidad a enfermedades.

Pero el agua y los sistemas de saneamiento no pueden estar separados si hablamos de desarrollo humano. “Ambos son vitales para reducir la carga mundial de enfermedades y para mejorar la salud, la educación y la productividad económica de las poblaciones”, establece el informe sobre el agua de la ONU.

Palabras clave: agua, desabasto, geohidrología

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