Luis Alonso Gallardo Delgado: pionero en inversión conjunta de datos geofísicos


«El CICESE es una institución relevante en (el tema de) inversión conjunta...»


Semblanzas

Nació abajito del Popocatépetl, en el centro del estado de Puebla, en una pequeña localidad famosa por su floricultura y porque ahí encuentras tortillas de todos los colores: Atlixco.

Pero su nacimiento ahí fue prácticamente circunstancial. Vivió apenas un año en ese pueblo, reconocido como Zona Típica Monumental desde 1989 por su amplio patrimonio arquitectónico, pues su padre, siendo carpintero de profesión y maestro de secundaria por vocación, llevó a la familia primero al estado de Hidalgo y luego a Aguascalientes, donde finalmente creció y estudio nuestro entrevistado.

Nos referimos a Luis Alonso Gallardo Delgado, investigador titular del CICESE en Geofísica Aplicada, uno de los muy pocos mexicanos que tiene como tema de estudio la inversión conjunta de datos geofísicos. Pero no adelantemos vísperas. Mejor dejemos que Luis Alonso nos platique un poco sobre su juventud, sus estudios y aficiones, y sobre la manera como se incorporó al CICESE, primero como estudiante, luego como técnico y finalmente como investigador.

Platicamos con Luis Alonso justo un día antes de irnos de vacaciones. Al principio pensé que por eso estaba tan relajado, pero conforme fue transcurriendo la entrevista pude darme cuenta que en realidad esa es su personalidad: relajado, sereno, tranquilo. Una persona sencilla que sabe lo que dice, y lo comparte además de una manera muy didáctica y amena.

Su oficina es amplia, luminosa y bien organizada. De entrada, nos comenta que él es el menor de seis hermanos, “era el más pequeño y el más consentido”, admite con una sonrisa franca.

Creció en una ciudad de apenas 30 mil habitantes que se llama Pabellón de Arteaga, localizada 30 km al norte de la capital Aguascalientes. Ahí estudió la primaria y la secundaria.

Recuerda que desde chico siempre fue medio curioso, pues le gustaba hacer cosas diferentes a los demás. Como su papá era carpintero, tenía acceso a madera y herramientas, de manera que desde niño hacía sus propios juguetes, aunque admite que nunca fue buen carpintero.

En aquel tiempo acababa de salir el Pac Man, uno de los primeros videojuegos que, por lo mismo, “enganchó” a miles. Él no lo tuvo, pero como era bien vaguillo, inventó el suyo. “Era una especie de corralito. A una plataformita le puse clavos; con unos hilitos amarré los clavos e hice caminitos, así como el Pac Man. Le hice unos hoyitos al triplay y me ponía a jugar con él. Lo movía primero con las manos y luego le puse una palanquita para que subiera y bajara, y me entretenía las horas. Se los mostré a mis amigos y les gustó un montón, y al rato ya les cobraba tarifa (jajaja). ¡20 centavos el juego! Y era curioso porque venían y me pedían la maquinita, y me dejaban el dinero. Yo era muy mal negociante, pero se me hacía muy natural compartir el juego y sentir que había otra gente a la que le gustaba lo que yo hacía.

“También me gustaba dibujar animales. Hice una colección como de 80 dibujos y se me ocurrió fotocopiarlos. Luego los recorté y empecé a hacer álbumes. Se los di a mis amigos, y después me di cuenta que les gustaban y los estaban coleccionando. Eso fue en secundaria. Me llamaba la atención que mis compañeros echaban apuestas con mis estampitas, para ver quién la tenía y quién no. De haber sabido, hubiera pedido derechos de autor o algo así (jajajaja). Pero el hecho es yo era muy curioso y me gustaba inventar cosas diferentes”.

Otra cosa que lo marcó de chico fue el salir con sus hermanos al campo. Tenían la costumbre de salir a acampar, “y siendo yo el más chico, aunque no quisieran me tenían que llevar, si no mi mamá los regañaba. Entonces me iba con ellos y me gustó el ambiente: me gustaba limpiar los trastes con arena y ese tipo de cosas. Le agarré sabor a salir al campo”.

Luis Alonso recuerda que cuando fue a la prepa, “seguí siendo muy dedicado en mis estudios. Me gustaban mucho las matemáticas, era apasionado en esas cosas, y me gustaba leer los libros de matemáticas más avanzados que los que llevaban mis compañeros. Me ponía a hacer planas y planas de integrales y a buscar integrales diferentes. Quería averiguar cómo eran esas integrales que tenían tres rayitas en lugar de una, y que eran más elaboradas que las que veíamos en prepa. Agarraba los libros de la serie Schaum (que eran de universidad) y le daba, porque me gustaba.

“Llegó el momento en que tenía que escoger una carrera y entré en conflicto porque me gustaban las matemáticas, pero no me gustaba ser tan abstracto como para no saber después en qué aplicarlas. Y aparte me gustaba salir al campo, ver las cosas, acampar con mis hermanos, y no encontraba un punto donde yo pudiera conjuntar esas dos cosas. Empecé a investigar y di con una carrera que se llamaba geología, que sonaba interesante, porque sales al campo y te la pasas investigando cosas. Por otro lado estaba la carrera de física. Me gustaban las matemáticas, la física, llevaba puros dieces en la prepa y siempre había sido curioso. Pero ninguna me llenaba por completo.

“En las páginas de un folleto de orientación vocacional encontré una intermedia, que era geofísica, y dije ‘¡ahhhh, de aquí soy!’ Así decidí ser geofísico”, señaló.

El Instituto Politécnico Nacional (IPN), la UNAM y el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero ofrecían la carrera. “A unos primos que tengo en la ciudad de México les pedí que me avisaran cuando fueran los exámenes de admisión, y mi prima por alguna razón no me avisó. Cuando llegué ya prácticamente la convocatoria de la UNAM se me había pasado. Afortunadamente ese mismo día era la del Poli. Fui inmediatamente y metí mi solicitud. Esto fue en 1986, para entrar en 1987. Así me fui a vivir a la ciudad de México”.

- ¿Cómo fue el cambio de vivir en Aguascalientes, que es provincia y se vive muy tranquilo, a vivir en la ciudad de México?

Como muchos de mis parientes son de México, iba seguido y siempre me quedaba con ellos. Por eso, has de cuenta que “caí en blandito”. Además, entre mis parientes tengo unos tíos muy tranquilos, así como era yo. Ellos me dieron hospedaje los cinco años.

- ¿Cómo sentiste el ambiente del Poli? ¿Cómo era estudiar geofísica, una carrera que, según creo, no era de las más solicitadas?

Al principio había 20 estudiantes, pero obviamente de esos 20 la mitad querían irse a otras carreras como mecánica, ingeniería civil y demás, sólo que no habían encontrado cupo. Por eso habíamos muchos ahí. Ya para el tercer semestre la mitad se habían ido y quedamos nueve.

La carrera cumplió mis expectativas. Llegué y me sentí como pez en el agua. Llegando comencé con clases de matemáticas y de física, que es lo que me gustaba. También hice prácticas de campo acompañando a los de la carrera de geología, por lo que todo fue muy natural. Y como yo venía muy bien preparado, pues ya traía integrales dobles y triples, pues me regresaron a las sencillas (jajaja).

- ¿Era natural también que pensaras en un posgrado o fue algo que surgió durante la carrera?

Desde que era chico pensaba en llegar hasta donde tuviera que llegar. ¿Por qué? No sé. Es algo que nunca me lo he preguntado. ¿Quién me sembró eso de querer estudiar hasta el fin de una trayectoria? Mi papá no; él era carpintero. Mi mamá era ama de casa. Mis hermanos estudiaron licenciaturas y demás, pero el único que siguió más allá de la licenciatura, y el único que se fue por el lado de las matemáticas fui yo.

Terminé la ingeniería en Geofísica en 1992. Fueron 9 semestres y como llevé buen promedio en toda la carrera no hubo necesidad de hacer una tesis muy elaborada. Agarré un tema sencillo, desarrollé un programa asesorado por el Dr. Gerardo Ronquillo y acabé en tres meses. Presenté mi examen, y al mismo tiempo que estaba presentando mi examen ya tenía planeado venir a hacer la maestría al CICESE.

- ¿Cómo fue que te enteraste del CICESE?

En un principio me imaginaba estudiando en cualquier lugar, en el extranjero o donde fuera. El CICESE para mi no existía, no estaba en el mapa. Apareció cuando un compañero egresado del Poli decidió venirse a estudiar. Esa fue la primera vez que escuché que existía el CICESE, pero no supe más. Cuando verdaderamente me animé fue cuando alguien que había salido del Poli, que yo sabía que era buen estudiante, con buena fama, se vino a estudiar la maestría y fue luego a darnos una platica. Estoy hablando de Oscar Uriel Velasco Fuentes. Él fue el culpable de que me viniera para acá, y ya lo sabe, se lo dije el otro día.

Escuché su platica y por supuesto me gustó un montón. Por aquel entonces él se iba a ir a Holanda. Pensé que eso estaba muy bien. Había terminado la maestría rápido e iba a hacer el doctorado en otro lado. Concluí que debían enseñar muy bien en el CICESE.

De los folletos que llevaba le pedí el de Geofísica Aplicada, vi las materias y pensé en inscribirme. Metí mis papeles: en aquel tiempo era la carta de intención y otros requisitos de Servicios Escolares, y de manera natural fui cayendo aquí.

Llegué en agosto de 1992. Nunca había venido a Baja California ¡y aquí sí que fue un choque cultural! Llegué a Baja California, acostumbrado a un pueblo de los del sur de México, de repente llego a un pueblo, digo pueblo porque se me hacía chiquito (200 mil habitantes), y empiezo a ver el estilo de las casas, de madera ¡yo cuándo había visto una casa así de madera! Con sus tejas tipo americano, un estilo diferente. Dije, “qué raro, ¡como que esto no es México!”

Aparte estaba el mar, ¡pero no hacía calor! Siempre que voy a cualquier lugar, el mar es sinónimo de que empiezas a sudar, al menos eso era lo que yo conocía del sur de México. Y aquí no. Parecía que estaba en Estados Unidos, pero seguía siendo México. La cultura tiene cosas muy mezcladas; bueno, al menos yo lo sentí así. Diferente, pero esa diferencia le dio el toque de autenticidad a un posgrado. Te sientes como si estuvieras haciendo un posgrado no en tu misma ciudad, en tu misma universidad. Casi como si estuvieras en el extranjero, de tan diferente que lo sentí.

- ¿Y cómo viste el CICESE?

Ya estaban estos edificios. Me sentí como en el arca de la ciencia. Sentí el impacto de que aquí se hacía algo diferente a lo que había visto en el Poli y en otros lados allá. Que tengan los estudiantes (cada quien o por grupos pequeños) cubículos especiales para cada uno de ellos, todos concentrados haciendo una cosa interesante, realmente me ubicó: “estás en otro lugar; estás en un posgrado”. Así lo sentía: lo absorbí inmediatamente.

Mi historia en el Poli fue buena; saqué de los mejores promedios, me dieron mis reconocimientos, pero aquí es otra historia. Tienes que demostrar que lo que tú eres vale la pena y mereces un grado. Y pues a darle duro. Aquí fue la primera vez que estuve yo solo. Mi círculo se convirtieron mis compañeros y me integré con el grupo de amigos.

- ¿Cuál fue el tema de tesis con el que empezaste a trabajar en la maestría?

Venía de ingeniería geofísica. Llegué aquí y tomé todos los cursos que me ofrecieron. Todos los cursos significa que tu espectro es muy amplio: podrías trabajar en métodos basados en electromagnetismo, en métodos basados en mecánica, es decir, en sísmica, o en métodos basados en campos potenciales, es decir, gravimetría y magnetometría. Esto es, en varias ramas de la geofísica.

Cuando llegó el momento de decidir el tema de tesis, todos me gustaban y no podía decirme. Pero algo que sí sabía es cómo trabajaban algunos investigadores. Por eso le pregunté al Dr. Enrique Gómez sobre los temas que pudieran ser interesantes. Me comentó dos tópicos interesantes que él tenía: uno con datos electromagnéticos, y otro con datos de gravedad y magnetismo que estaba trabajando con Marco Antonio Pérez. Los vi un rato, los exploré y escogí trabajar con datos potenciales, con el Dr. Marco Antonio Pérez con quien acabé haciendo mi tesis de maestría.

En 1993 me dio un “ataque” de soledad. Yo ya tenía novia antes de venirme al CICESE. Estaba etiquetado, pedido y casi dado. Por eso me casé ese año y traje a mi esposa a Ensenada. Ese mismo año, ella tuvo una oportunidad de trabajar en Monterrey y la aprovechamos. Sin embargo, no pude irme con ella inmediatamente porque no había terminado mi trabajo de tesis, sino hasta un poco después. Es así que la tesis la vine a acabar de escribir en Monterrey, cuando ya trabajaba, pero el CICESE me “volvió a llamar”, en el sentido de que quise regresar.

En Monterrey era jefe de departamento. No tenía mal puesto, era bien pagado, en un departamento de investigación y desarrollo que, de hecho, lo “inventaron” para aprovechar mis conocimientos, porque no existía.

Trabajaba en el INEGI en la época de Salinas, en un programa que se llama Procede, cuando se empezaron a medir los ejidos para que la gente tuviera título de propiedad en su parcela y pudiera hacer con ella lo que quisiera.

El objetivo de este departamento era desarrollar software que se aplicara en modelado geodésico, en el INEGI a nivel nacional. Y por ahí está mi nombre en dos o tres softwares que desarrollé. Hacía investigación en el área de procesado de datos de estación total y GPS, pero no era igual, no es lo mismo. Además no me gustó el ambiente.

En una de esas veces que el Dr. Enrique Gómez fue a visitar a sus papás (él es de Nuevo León), fui a verlo a su hacienda jajajaja y le dije que me interesaba regresar si hubiera una oportunidad de trabajar como técnico. No me prometió nada, pero al menos le planteé mi inquietud, y él me conoce bastante bien.

Ese año, en diciembre de 1997 se dio la oportunidad y vine a parar aquí el primero de enero de 1998 a trabajar como técnico.

Estaba asignado al Departamento de Geofísica Aplicada y realmente no tenía un jefe inmediato. Me reportaba más bien con el jefe de departamento y tenía la libertad de hacer muchas cosas. Podía participar en casi cualquier proyecto de investigación y, cuando se requería, podía echarles la mano en salidas de campo.

- ¿Fuiste el primer técnico del CICESE que ingresó al Sistema Nacional de Investigadores? Eso marcó un hito en la institución…

Si, fui el primero, cuando regresé de Inglaterra. Había en total equis número de investigadores, ¡y un técnico…! Pero eso fue en 2005.

- Está bien, no nos adelantemos. Mejor platícanos ¿cómo, cuándo y por qué decidiste obtener el doctorado?

Siempre tenía la espinita del doctorado, obviamente. Mi intención era hacerlo en otro lado, para traer cosas nuevas. Había unas becas que ofrecía el programa Supera, de la ANUIES, con la intención de mejorar el profesorado de los centros de investigación, universidades e institutos tecnológicos. Deje pasar dos años, casi tres trabajando como técnico. Desde luego eso no me impedía dar clases ni me impidió participar como miembro de comités de tesis de estudiantes. Andaba muy activo de lleno en la investigación, por lo que nunca pensé estar alejado del perfil de un investigador.

En 2000 sentí que tenía tiempo suficiente para pedir ese tipo de beca y empecé a escribir a profesores con los que me hubiera gustado ir a trabajar. Escribí a uno en San Diego, otro en Vancouver, y el otro en la universidad de Leicester, en Inglaterra. De los tres, uno tenía muchos estudiantes, el otro pidió que le mandara los papeles a la secretaria, y el tercero me contestó con una carta diciéndome que estaba perfecto. Entonces ¡el primero que dijo que sí fue el que se sacó el premio gordo! Jajajaja Los tres eran muy buenos en teoría de inversión y obviamente, me fui Leicester en el año 2001.

Estando en Inglaterra nunca pensé en quedarme allá. Siempre me enfoqué a que tenía mi beca por tres años y que al cabo de ese tiempo tenía que regresar y responder un poco a México, pues me estaban apoyando. Llegué en 2001 y mi mente estaba en que en septiembre de 2004 tenía que regresar. Me enfoqué en terminar mi doctorado en el tiempo que me dieron, y eso fue lo que hice.

Mi tesis de doctorado se llamaba inversión multidimensional de datos geofísicos, pero terminó siendo inversión conjunta de datos geofísicos.

- Al regresar en 2005 seguías siendo técnico. ¿Cómo se da el proceso para que te contrataran como investigador?

Desde antes de regresar ya tenía las publicaciones suficientes (cinco artículos publicados) así que metí mis papeles tanto para promoción como para SNI. El SNI resultó aprobado, mientras que mi promoción en el CICESE tuvo que esperar hasta mi examen de grado. Bueno, dije yo, hice lo que tenía que hacer. Las cosas llevan su tiempo; no queda más que seguir pateando el balón. Y si metemos gol, pues qué bueno.

Asi, en 2006, luego de estar un año como técnico, fue que ingresé como investigador. Por eso salí antes como técnico en el SNI.

- Explícanos ahora sí el tema en el que trabajas, para los que no sabemos nada de geofísica.

Es una manera integrada de estudiar la tierra. En el sentido de que, digamos, aquí está la tierra (usa su escritorio que tiene superficie de vidrio. Lo cubre con un cartón y coloca un folder abajo). Yo no puedo ver nada de lo que hay abajo. Y te pregunto ¿qué es lo que hay aquí abajo escondido? Eso es lo que hacemos en exploración. Empezamos a hacer ciertos análisis. Lo primero que digo es basado en mi vista. Si mando una onda electromagnética o recibo una onda electromagnética que se refleja allá abajo, pues veo algo anaranjado. ¿Pero qué es esa cosa anaranjada? No sé, pero te puedo decir que es cuadrada. Eso es una buena señal. ¿Qué tenemos que hacer para saber qué es? A lo mejor, en vez de usar solamente la vista mandamos una onda acústica, que es como si la tocaras. La tocas y ves qué tan suave está y dices: está rígida. Quiere decir que no es espuma, sino un cuerpo sólido que está ahí metido. Si yo pasara un imán y el imán no siente nada diferente, entonces sabes que esa cosa que está ahí no es magnética, y descartas que este hecha, por ejemplo, de fierro.

El objetivo es tratar de usar varias técnicas simultáneamente para tratar de detectar no solamente que abajo hay algo, y qué forma tiene, sino saber qué tipo de material es. Es algo que uno hace por ejemplo, cuando catas un vino. Ves su color, cómo se adhiere a la superficie, detectas el aroma y lo pruebas. Bueno, pues es lo mismo en geofísica. La mayoría de los geofísicos, hasta hace muy poco tiempo utilizaban solamente uno de sus “sentidos” para detectar qué es lo que hay abajo. Por ejemplo, la gravedad terrestre, el viaje de ondas elásticas o el viaje de ondas electromagnéticas. Ahora, que se utilizen varios métodos y todos al mismo tiempo es algo más novedoso. Es algo que se inventó cuando estaba yo terminando el doctorado, por eso me precio de ser de los pioneros en ese rubro. De hecho, si tú haces una búsqueda en Internet sobre inversión conjunta, ahí va a salir el CICESE. De entrada todas mis publicaciones son de las primeras que hablaron de ese tema, y segundo, han sido de las más consistentes porque tanto mis estudiantes como yo siempre nos hemos dedicado a eso. Realmente CICESE es una institución relevante en la inversión conjunta. En lo particular, eso me mantiene en una dinámica muy interesante con estudiantes y con otras instituciones.

- ¿Cómo ves entonces el desarrollo del CICESE en esta tu área? ¿Más estudiantes, más colaboraciones y participación en proyectos?

Regresé como el llanero solitario. Pero en la actualidad la participación se ve en la diversidad de estudiantes que están interesados en el tema y que trabajan asociados conmigo.. Este es uno de los momentos en que he tenido un núcleo importante y variado de estudiantes y estoy muy orgulloso de ellos. Trabajan en temas muy diversos y casi todos están haciendo inversión conjunta.

Uno de ellos trabaja con datos aéreos, combinando métodos electromagnéticos, magnéticos, en algo que nunca se ha hecho en México. La intención es que él se convierta en el primer especialista capaz de integrar esas cosas en México, y uno de los primeros en el mundo. Y va por ese camino. Otro estudiante  de doctorado está haciendo algo similar: métodos electromagnéticos y métodos sísmicos aplicados a exploración petrolera en el mar. Su área de trabajo está en la exploración petrolera y obviamente va a ser el primero en México y esperamos que sea de los mejores en el mundo.

En pocas palabras: hay un buen grupo, nutrido, de estudiantes, todos trabajando en temas afines, lo que muestra la versatilidad del tema de investigación en el que estoy trabajando, y la oportunidad que tenemos en México.

Aparte de eso, en la mayoría de mis proyectos estoy asociado con otros investigadores del CICESE. No me he cerrado a trabajar aislado, y sería medio inútil porque se supone que hago integración de datos y con ello viene la integración con grupos de investigación.

- Para tener un contexto, ¿qué otras instituciones en México están haciendo algo similar? ¿Y en el mundo? ¿Quiénes están a la par de este centro?

En México no hay. En el extranjero, de los primeros que empezaron a seguir la filosofía y metodología fue en Estados Unidos. Ahí hay varios centros de investigación y universidades: Berkeley Lab, Colorado School of Mines, la universidad de Utah, el MIT, la universidad de Wisconsin. Todos ellos están trabajando en el tema y por supuesto, todos están enterados de mi trabajo y muchos están basados en lo que he hecho.

- ¿Empresas? Porque esto tiene aplicaciones por todos lados…

Hasta donde sé, existen varias compañías de servicios que ya agarraron la tecnología, la absorbieron y la insertaron. En ese sentido “se me adelantaron”. Ya que yo no me dediqué a comercializarla de esa manera, y aún no he descubierto la fórmula en el CICESE. La he querido encontrar pero, o me enfoco un poco más a la investigación o me enfoco al servicio y al desarrollo tecnológico, que no lo veo mal. De hecho, yo quisiera llegar allá.

- El "paper" es el "paper"…

Si, es primero. Le tengo que dar prioridad a la investigación. Pero sí es parte de mis expectativas porque dentro de lo que creo, es que sí se puede integrar muy bien lo que es la parte del servicio a la industria y a la sociedad, con la investigación. Es algo a lo que aspiro.

Viene una primera camada de software y de desarrollos en conjunto con el grupo de investigación que tengo. Hay que ver qué vamos a hacer con todo eso. Debemos sacarle todo el provecho que se pueda, y si el CICESE se beneficia, si México se beneficia, pues adelante.

- Fuera del ámbito académico estrictamente, ¿qué aficiones tienes? ¿Qué te gusta hacer en el tiempo que tienes libre?

Por supuesto me gusta caminar, disfrutar un poco las ciudades, el campo. Disfrutar el mar. Me gusta hacerlo siempre con mi esposa y si es posible con mis “chamacos”, que ya están bien grandotes. Son dos: niño y niña.

Me gusta leer en los tiempos que tengo para relajarme un poquito. Me gustan los libros un poco de fantasía, de dragones y demás. Me distraen bastante y me emocionan, así como una buena película.

Hasta últimamente tenía una vida, digamos, volátil. empecé estudiando aquí, y luego trabajé en Monterrey, regresé al CICESE y luego me fui a Inglaterra, regresé, luego me fui a Australia y regresé. Por todos lados he andado. Y dentro de todo eso, siempre había estado cambiando de escenario: rentando casa aquí, rentando casa allá. Hasta recientemente que me reincorporé al CICESE me estoy estableciendo más calmadamente. Compramos nuestra casa y le estoy agarrando el sabor a acondicionarla para que siempre me de gusto estar en ella, disfrutándola.

Soy tranquilo en muchos aspectos y pocas veces hablo de cosas personales. Por eso se me hace grato que me preguntes este tipo de cosas.  Para mi es como hacer una pausa en el tiempo, reflexionar, descubrir y compartir con todos.

 

Palabras clave: Luis Alonso Gallardo, inversión conjunta, geofísica

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