Nopal de tuna: una propuesta de conservación comunitaria


La U. de G. y el CICESE estudian la conservación de paisajes ecoagrícolas



Ciencias de la vida

El hábitat natural de esta región tiene 450 años de estarse modificando, principalmente por pastoreo.

La vegetación primaria que alguna vez hubo aquí vio pasar las recuas de mulas que transportaban la plata desde la Real de Minas de Nuestra Señora de los Zacatecos (hoy Zacatecas) hacia la capital de la Nueva España. Esta Ruta de la Plata transcurría seguramente por el terreno que hoy ocupan huertas de nopal tunero y que antes, mucho antes, se utilizó primero para introducir ganado y posteriormente cultivos de temporal, actividades que propiciaron un proceso de modificación tan fuerte que las oportunidades de conservación hoy en día se creían prácticamente nulas.

De esa vegetación primaria (matorrales xerófilos -propios de zonas áridas y semi-áridas- y pastizales), la que no ha sido alterada por las actividades del hombre o por acontecimientos naturales, queda muy poco. En su lugar, sólo cultivos, matorrales y herbáceas secundarias. Obviamente, al modificarse la flora, la fauna asociada también cambió. ¿Cuánto? ¿O acaso desapareció? Sin estudios anteriores, es difícil saberlo.

Hablamos de una demarcación denominada los Llanos de Ojuelos, una singular región donde convergen cinco estados (Jalisco, Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí y Aguascalientes), localizada en la parte sur de la provincia de la Mesa Central. Es aquí donde, desde el año 2000, comenzó un estudio liderado por la Universidad de Guadalajara (U. de G.) y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), bajo la dirección de los doctores Mónica Elizabeth Riojas López y Eric Mellink Bijtel, y al que se sumó en los últimos cinco años la visión de análisis de paisaje del doctor Patrick Giraudoux, investigador del Laboratorio de Crono-ambiente de la Universidad de Franche-Comté, de Francia.

Los objetivos del proyecto

Ante la degradación tan fuerte que tienen los suelos y la flora en esta región, “nuestra primera intención era buscar una alternativa para recuperarlos, pero que también fuera productiva. Y nos encontramos que en esa zona hay una superficie importante de huertas para la producción de tuna; es decir, de nopal tunero, que es un cultivo perenne (que dura varios años en campo sin necesidad de volverlos a sembrar), basado en especies nativas y que requiere muy poco manejo”, comentó la Dr. Riojas, quien es especialista en ecología de fauna silvestre y conservación biológica en paisajes ecoagrícolas, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la U. de G..

Así, uno de los primeros objetivos del proyecto fue evaluar el papel que tiene el cultivo de nopal de tuna para la conservación biológica de esta zona semi-árida, cuyo proceso de modificación y degradación de suelos ha sido muy fuerte debido al pastoreo, sobre todo en los últimos 100 años.

“Nos dimos cuenta que (ese cultivo) retiene una biodiversidad comparable, en mamíferos y en aves, a los matorrales nativos que quedan en la región. En estructura es muy parecido porque predominan las formas de arbustos; luego también, por ser perenne y de bajo manejo, muchas herbáceas comienzan a desarrollarse y no tienen ningún problema para el manejo del cultivo. Esto atrae la fauna y lo que descubrimos es que aproximadamente 80 por ciento de las especies de roedores nativas para la región hacen uso de estos hábitats, y aproximadamente 60 por ciento de las aves terrestres conocidas para la región.

“Lo interesante es que estas especies de fauna no representan ningún problema para la producción del cultivo, ni tampoco los agricultores las ven como amenaza, porque en muchos casos ese es el problema con la fauna, que los agricultores la ven como amenaza porque se comen su cultivo o lo dañan, pero en este caso no. De hecho, los productores tienen una visión muy peculiar porque la mayoría de ellos lo emplazaron en lugar de cultivos de temporal, que no les rendían porque es una zona semi-árida, con baja precipitación y errática. Y con el nopal de tuna, como es una especie nativa, no necesitan dedicarle mucho: es un cultivo adaptado a las condiciones climáticas de la zona.

“Muchos de ellos están contentos pues aparte de la satisfacción económica que les trae el cultivo, ven que recuperan animales, animales que ya no se veían. Ahora los ven en sus huertas y de alguna manera los aprovechan: van y sacan un conejo, van y sacan una liebre, y también hablan sobre las plantas que crecen asociadas al cultivo, plantas silvestres, muchas de importancia medicinal. Entonces saben que van a su huerta y ahí las colectan”, señaló la Dra. Riojas, quien es además investigadora adjunta en el Departamento de Biología de la Conservación del CICESE.

Un sistema autosuficiente

A diferencia de otros cultivos “tradicionales”, el nopal tunero tarda aproximadamente tres años en crecer lo suficiente como para dar tunas de valor comercial, en tamaño y cantidad.

Se comienza sembrando una penca madre, y entre cada penca madre hay tres metros de distancia, y entre cada hilera de pencas madre hay cinco metros, la distancia necesaria para que, durante la cosecha, puedan meter una camioneta y hacer la recolecta, que se hace a mano.

Como durante los primeros tres años de crecimiento la planta no es frondosa, aprovechan el espacio entre pencas e hileras para plantar calabaza, maíz o frijol, por lo que en esos primeros años se vuelve un cultivo de propósito múltiple. Posteriormente, para controlar las yerbas, dejan que el ganado entre a pastorear al mismo tiempo que, con las excretas, abonan la huerta, estableciendo así un control bastante peculiar.

“Es un sistema muy interesante, y de cierta forma autosuficiente cuando lo hacen de esa manera. Porque también hay cultivos de nopal tunero muy tecnificados, donde meten el tractor para quitar toda la yerba y tienen riego por goteo; pero sólo en los primeros años para que la planta ‘amarre’, como ellos dicen, y una vez que la planta ‘amarra’ retiran el riego por goteo y dejan de meter el tractor”, apuntó.

Por ser un cultivo de baja mecanización (la fruta se colecta a mano) y perenne, las huertas son poco visitadas por la gente, excepto durante la temporada de cosecha, que es entre julio y septiembre. Esto resulta muy atractivo para la fauna porque puede tener alimento a lo largo de todo el año.

“Semillas, insectos, plantas e incluso las propias frutas que van cayendo o no resultan de valor comercial, que la gente deja tiradas en la huerta, sirven de alimento para muchísimas especies no sólo de vertebrados sino también de invertebrados. Cuando se compara con los matorrales silvestres, andan en el mismo nivel de diversidad”, consideró la investigadora.

Proponiendo una estrategia de conservación comunitaria

“Aquí lo interesante es que este cultivo representa una entrada económica para la gente de la región, de tal manera que muchos de los agricultores o los dueños de parcelas, migran a Estados Unidos pero vienen durante el tiempo de la cosecha de tuna, porque les conviene venir a cosechar. Es un cultivo rentable, y al descubrir nosotros el valor ecológico que tenía, facilitará la posibilidad de proponer una estrategia de conservación comunitaria, porque la gente ya está convencida de que el cultivo es bueno”.

Sin embargo, los productores no tenían datos sobre su importancia ecológica ni todo lo que implicaba en cuanto a la conservación. Datos, por ejemplo, como los que obtuvieron de un estudio que hicieron hace seis años.

“Hicimos unos perfiles de suelo sobre un cultivo de nopal tunero que tenía en ese entonces unos 10 años de haberse establecido, y en un pastizal sobrepastoreado vecino al cultivo. Hicimos el perfil y vimos que la ganancia de suelo en un periodo de seis años era como de unos seis centímetros, lo cual es inmenso, porque esas ganancias se tienen en periodos de 30 años. Pero aquí fue impresionante la cantidad de materia orgánica y de capa arable que había recuperado el cultivo en un periodo de 10 años. Eso entraría perfectamente en ese esquema de pago por servicio, por ejemplo, retención de suelo, retención de agua y conservación de biodiversidad.

“Conforme hemos ido avanzando y entendiendo mejor cómo funciona el cultivo como hábitat, qué cosas son importantes o qué atributos físicos del cultivo son importantes mantener para que siga siendo atractivo para la fauna, hemos entendido que ésta necesita cierta cobertura a nivel de piso. Y aunque limpian las ‘calles’ (así le llaman al espacio que dejan entre hileras de pencas), de cualquier manera bajo las plantas de nopal, cuyo diámetro es aproximadamente de 60 centímetros, quedan muchas plantas.

“Entonces esos hábitats o esos parches que tienen mayor cobertura de vegetación, los usa la fauna, y por ser arborescentes (las plantas de nopal tunero son más bien como arbustos), muchas de las aves las usan para poner sus nidos, perchar y como punto de cacería, sobre todo las aves insectívoras. Hemos visto que de las 70 especies registradas que usan las huertas, 25 están anidando aquí. Lo interesante es que su época de anidación no se traslapa con la época de cosecha: comienzan a anidar más o menos en marzo o abril, los pollos para junio o julio ya salieron, entonces no hay interferencia del trabajo de cosecha con la anidación de las aves, ni tampoco con los trabajos de poda (para mantener la altura, de tal manera que sea factible alcanzar la fruta a mano) que se hacen después de la cosecha, cuando tampoco hay anidación.

“Otro aspecto reciente (un par de meses apenas que lo saben), es que aproximadamente 30 diferentes especies de abejas están usando las flores de nopal tunero. Ante la crisis actual de polinizadores, las huertas están siendo utilizadas por aproximadamente 30 especies de abejas de la región. Apenas estamos comenzando a averiguar las áreas de distribución de las abejas o si tienen problemas de conservación. De hecho, estamos trabajando todavía con algunas identidades de las especies”, indicó.

- Desde el punto de vista estrictamente académico, y siendo un proyecto que tiene bastantes años de haber iniciado, ¿qué otras preguntas tienen que responder?

“Estamos tratando de entender cuáles son los factores de tipo ecológico a escala mucho más fina, porque hemos trabajado a escala de parcela, pero todavía hay factores que no nos quedan muy claros. Por ejemplo, con aves. Sabemos que la cobertura está afectando la presencia de las aves, pero no tenemos muy claro cuáles son esos atributos finos que están afectando su presencia, porque en algunos datos que hemos obtenido resultan importantes los arbustos, pero luego en otros tenemos que las herbáceas. Entonces como que todavía nos hace falta contestar esas preguntas a un nivel de escala muy fina.

“Otro aspecto es que no hemos tenido parcelas fijas, es decir, que sea la misma huerta todos los años, sino que nos vamos moviendo dos o tres años en una huerta, dos o tres años en otra, y nosotros quisiéramos saber a largo plazo cómo están funcionando tres o cuatro huertas bajo diferentes esquemas de manejo. Una particularidad de este cultivo es que no hay una guía, como en el caso del maíz, que diga tantas plantas por hectárea y hay que poner esto cada tanto tiempo, sino que prácticamente cada productor es un esquema de manejo, porque ellos le van moviendo y haciendo según su entender, o según les dijo el compadre o según ven la condición.

“El otro gran reto que tenemos son los problemas que tienen con plagas en algunos lugares. No tenemos muy claro cuál sea el origen del problema, pero según los productores, es porque en un momento dado comenzaron a aplicar mucho insecticida. La mayoría de ellos nos dice: ‘desde que apliqué insecticida mi huerta se me vino para abajo, y dejé de aplicarlo porque me salía muy caro y no eliminaba las plagas. Y lo que vi es que después de tres o cuatro años mi huerta solita se recuperó sin que yo hiciera nada’. Pensamos que ahí hay una interacción con fauna benéfica, pues al aplicar insecticida también terminan con ella, pero no sabemos cuál es esa fauna benéfica, ni sabemos si realmente la esté afectando o no, o si esto se conjunta con ciclos de sequía. Todavía no tenemos muy clara esa dinámica, y sería una de las grandes preguntas, de los retos que tenemos, porque ya la importancia que tiene el cultivo a nivel regional está muy claro, y cómo interactúa con otros hábitats, incluso. Pensamos que las huertas pueden estarse comportando como hábitat puentes, donde individuos están migrando a establecer poblaciones en otros lugares, y que de alguna manera los cultivos de temporal están sirviendo como conexión entre las propias huertas de nopal tunero y los matorrales”, aseguró la Dra. Mónica Riojas.

Pero los retos que este grupo se ha planteado van más allá de lo académico. Los asuntos sociales y de comercialización ocupan también un espacio en la agenda de estos investigadores.

Ahora tenemos que trabajar en una propuesta, señaló Mónica Riojas, para que ellos, como asociación de productores, soliciten al gobierno que haya un programa de apoyo para este cultivo. “El problema que tenemos es que se trata de un cultivo en vías de extinción porque los apoyos vienen etiquetados para los llamados básicos (frijol o maíz), que no tienen buena producción en la región por la falta de lluvia. Casi siempre salen perdiendo; si acaso sacan algo es para su subsistencia familiar, y la gente está pensando seriamente en tumbar las huertas para jalar apoyo de Procampo”.

Además, les falta apoyo para buscar una mejor estrategia de comercialización pues, como la temporada de producción es muy breve, los mercados se saturan y tienen muy poca oportunidad de colocar el producto. Aunque oportunidades sí hay, como las que está aprovechando “un grupo pequeño de Zacatecas que ha logrado posicionar la tuna en Estados Unidos, sobre todo en Texas. Ellos están exportando creo que alrededor de 100 toneladas de tuna al año, mínimo, y son los que surten a todas las grandes cadenas comerciales de supermercados del noroeste de México. Pero es un grupo de 30 productores que se puso muy abusado”, refirió la especialista.

La intención, aseguró, es que ese esquema se repita con otras asociaciones de productores que hay en la región; que haya un apoyo gubernamental específico para los productores del nopal tunero y que además, dado el valor ecológico que tiene el cultivo, la tuna que pudieran facturar en todos los mercados (Estados Unidos, Japón y en México) lleve una leyenda que diga algo similar a “Esta fruta proviene de un cultivo que propicia la conservación de la diversidad”.

- Pero ustedes como grupo académico, ¿tienen este personal especializado en cuestiones de comercio, de mercadotecnia? ¿Cómo ha sido la experiencia de socializar todo esto con los productores?

“Nosotros hemos hablado con ellos y tenemos identificados a los líderes natos de la comunidad, que son dos o tres, pero con una capacidad tremenda de gestión. Es a través de ellos que les hemos dado información y pláticas, desde lo que es un servicio ecosistémico o la importancia de la diversidad, y ya han utilizado algo de nuestra información para atraer apoyos. Pero se ha quedado en un grupo muy pequeño.

“La idea es trabajar fuertemente sobre esto de los servicios ecosistémicos y proveerles los datos necesarios, porque ellos son los que tienen la capacidad de gestión y los contactos. Y aunque no cuentan con los datos duros para poder argumentar a favor del cultivo, se han movido y han sabido encontrar las rutas.

“Queremos brindarles esta información de una forma que la puedan manejar y llevar a las autoridades, porque entre los productores hay gente muy preparada de manera lírica y tienen muy clara la importancia ecológica de su cultivo, pero no saben cómo presentarlo. Eso es lo que nosotros haríamos con ellos: proveerles esta información para que ellos mismos lo vayan haciendo. Algunas veces les hemos facilitado los contactos, por ejemplo con gente de inocuidad alimentaria o gente que posiblemente pueda ayudarlos en la comercialización. Nosotros sólo somos la vía, porque ellos son los que tienen más claro cuáles son sus necesidades y su capacidad de manejo”, informó Mónica Riojas.

Al hablar de “nosotros”, se refiere no solamente a Eric Mellink (investigador del Departamento de Biología de la Conservación del CICESE) y a ella misma. En estos años, el colectivo académico que ha participado en el proyecto incluye a Jaime Luévano Esparza, también del CICESE, y a unos 20 estudiantes de licenciatura y posgrado, tanto de la U. de G. como de este centro de investigación, además de gente que ha venido realizado su servicio social y prácticas profesionales, esencialmente de la universidad tapatía.

Destacó la participación del Dr. Patrick Giraudoux, de la Universidad de Franche-Comté, de Francia, cuya investigación se centra en la ecología de la fauna y la salud de los ecosistemas. Mónica Riojas reconoce que comenzaron la investigación “…en escala local, es decir, una huerta, dos huertas. Pero la colaboración del Dr. Giraudoux ha venido a abonar en un análisis a nivel de paisaje, es decir, a nivel regional, para determinar qué tan importantes son las huertas por la cantidad de diversidad que retienen en la región. Actualmente sabemos que, comparadas con otros cultivos de temporal, están muy por arriba en diversidad que retienen; con pastizales también están muy por arriba, pues son comparables a matorrales nativos de la región”.

Sobre el financiamiento de los estudios, dijo que el más fuerte ha venido del fondo mixto del estado de Jalisco, así como de la convocatoria de Ciencia Básica del CONACYT. “Esto nos ha permitido operar, además de la voluntad de los productores, que nos permiten el acceso a sus huertas”, concluyó.

Palabras clave: Nopal, Llanos de Ojuelos, conservación, Mónica Riojas, Eric Mellink

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