El Taller de Ciencia para Jóvenes fructifica


Ana Huerta / Ciencias médicas



Vinculación

Cuando los científicos del CICESE, UNAM y UABC dan la bienvenida a los participantes del Taller de Ciencia para Jóvenes, externan la invitación para que los estudiantes descubran y refuercen su vocación por la ciencia.

Ana Patricia Huerta Guevara, quien fue tallerista en 2006, optó por el camino de las ciencias médicas.

Hace algunas semanas, el señor Osvaldo Huerta envió un correo electrónico a la Dirección General del CICESE. Junto a una redacción emotiva, el papá de Ana compartió fotografías de la defensa de tesis doctoral que su hija realizó en la Universidad de Groningen, en los Países Bajos. En el cuerpo del correo extendió un agradecimiento a los organizadores del Taller de Ciencia para Jóvenes por motivar a los estudiantes. Agregó: “En estos tiempos difíciles en nuestro México, donde la ciencia y la cultura no se valoran, a mi esposa y a mí nos pareció importante mandarles este agradecimiento”.

Desde Ámsterdam, donde reside actualmente, Ana compartió con TODoS@CICESE sus recuerdos del TCJ y la trayectoria académica que le siguió a esa aventura.

“Siempre sorprendía a mi papá porque él sabía que yo tenía inquietud por la ciencia, pero no sabía que constantemente buscaba en internet talleres científicos y otras actividades como las olimpiadas de matemáticas en las que pudiera participar”, mencionó Ana. “De repente llegué y le dije: ‘Papá, encontré esta convocatoria, hice una solicitud y me aceptaron, ¿puedo ir?’. Él se sorprendió, pero al mismo tiempo estaba feliz de que yo intentara solucionar mis dudas para saber si (ciencia) era lo que quería estudiar”.

Ana y su familia son de Puebla. Así que para sus papás fue complicado aceptar que Ana viajara hasta Tijuana para después dirigirse a Ensenada. “Estuvimos muy emocionados. Siempre me han dado mucho apoyo, tanto para participar en el TCJ como para salir del país. Su respuesta siempre ha sido ‘Adelante. Tienes todo para lograrlo’”, compartió Ana.

Pasión e inspiración

“La ciencia me ha enseñado a tener mucha paciencia, a ser resistente, a decir ‘Bueno, esto no funcionó como lo planeé. Tenemos que seguir intentándolo’. Es algo que vi desde este taller”, agregó.

Recuerda que, por su interés en la biología, en el TCJ tomó un curso de biología marina. A pesar de ser un área un tanto alejada del camino que tomó en las ciencias médicas, los investigadores que impartieron este curso explicaban su trabajo con tanta pasión, que fue una experiencia muy significativa. “La pasamos muy bien. Es una experiencia muy padre conocer a otras personas con tus mismos intereses, en esa edad tan difícil. Sentirte parte de un grupo, saber que no eres el raro, saber que hay personas que tienen esa curiosidad científica, personas que también quieren saber qué pasa y por qué”.

Para Ana, en el taller destacó el ambiente amigable durante los cursos impartidos y la visita al Observatorio Astronómico Nacional que se ubica en la Sierra de San Pedro Mártir, al sur del municipio de Ensenada. Tradicionalmente, este viaje incluye un par de paradas en la costa, dedicadas a la geología y su observación. “Hay cosas que tal vez uno no se plantea, sobre todo porque mi interés principal no era la geología; pero cuando te lo explican y lo ves, es algo que se queda en ti. Lo vi directamente de los expertos”, agregó.

Después de la experiencia, Ana estudió la licenciatura en Bioquímica en la Universidad de Las Américas Puebla, con una beca completa. Continuó su formación académica en la Maestría en Innovación Médica y Farmacéutica, y posteriormente en el doctorado en Ciencias Médicas; ambos programas educativos de la Universidad de Groningen, con el apoyo de las becas CONACYT y de la misma universidad.

Actualmente trabaja en Ámsterdam para MRC Holland, una empresa dedicada a ofrecer a laboratorios y hospitales herramientas para diagnosticar enfermedades genéticas; aquellas que puedan ser heredadas o detectadas a partir de las diferencias en el número de copias en los genes. Con estas herramientas es posible ver la tendencia que tiene una persona a padecer cáncer y enfermedades con deficiencias mentales, entre otras.

Al pasar el tiempo, Ana se ha dado cuenta que una de las cosas que más disfruta de la ciencia es la infinidad de preguntas, ya que nunca se terminan.

“Algo que siempre me ha llamado la atención es el estereotipo de que la educación en México no es lo suficientemente fuerte, pero lo es. Yo nunca he tenido un problema relacionado a ello, incluso cuando llegué a pensar ‘A lo mejor los demás en el laboratorio saben más que yo’. Desde el momento en que inicié mi maestría siempre me sentí preparada. En el TCJ descubrí, y es algo que se quedó mucho en mí, que en México hay investigación de punta, que tiene científicos exitosos que pueden hacerlo y que existen instituciones donde se hace investigación de calidad. Es enriquecedor saber que la ciencia en México tiene ese potencial”, comentó.

A los estudiantes interesados en aplicar a los siguientes TCJ, Ana les comparte: “No duden en intentarlo, no duden porque van a poder responder muchas preguntas sobre la vida científica, de los triunfos y retos. Es una oportunidad excelente de ver a los científicos en su quehacer diario. Además, es una actividad excelente porque puedes preguntar lo que quieras.

“Nos divertimos muchísimo. Es una forma de tener una experiencia independiente de la familia y pasarla con personas que tienen tus mismos intereses. Me encantó estar cerca del mar y conocer nuevos lugares. Lo recomiendo mucho porque me ayudó a elegir un área científica y tomar el reto”, finalizó.

Palabras clave: TCJ, taller, jóvenes, vocación, científica

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