Islas mexicanas: hogar y refugio de las aves marinas


Analizan información disponible de aves marinas del noroeste de México



Ciencias de la vida

Conocer las aves es conocer la salud del ecosistema. Al ser México un país megadiverso, que ocupa el tercer lugar en riqueza de especies y, según la CONABIO, el décimo primero en el conteo de aves con 1150 especies, resulta relevante conocer cuál es el estatus de las aves marinas en su ecosistema.

Del total de especies de aves conocidas hasta ahora, 109 son aves marinas, y 40 de ellas habitan en el noroeste de México. Varias poblaciones de estas especies se encuentran en un estatus de conservación vulnerable, en peligro o crítico, por diversas amenazas: introducción de especies invasoras, pérdida de hábitat y el compartir espacios con las actividades pesqueras.

En el noroeste de México las islas y archipiélagos son zonas vitales para las aves marinas, ya que usan estos lugares para reproducirse, anidar y criar. Después de la reproducción se dispersan a otras latitudes donde se alimentan el resto del año, por lo que México escala a un compromiso internacional en términos de conservación.

Con el objetivo de optimizar la protección de las especies y el ecosistema, un grupo de investigadores de cuatro instituciones mexicanas, entre ellas el CICESE, recopiló y analizó 119 documentos, entre programas de monitoreos de agencias gubernamentales, trabajos no publicados como tesis, reportes y literatura científica sobre las poblaciones de estas aves marinas. Este trabajo es clave para mejorar la investigación y los planes de conservación y manejo de estas aves y sus hábitats.

Sobre el estudio

El grupo de investigación desarrolló un modelo para asignar valores a las islas y archipiélagos de la península de Baja California que indica cuáles son las amenazas de las especies, los retos de realizar investigación para conservarlas y las oportunidades de acción. Con este Índice de Prioridad clasificaron las islas basándose en las características de la comunidad.

En el artículo “Retos y prioridades para la conservación de aves marinas en el noroeste de México”, publicado en mayo de este año en la revista científica Waterbirds, los investigadores documentan que los archipiélagos de Revillagigedo, San Benito, Coronado, San Lorenzo y también eIsla Natividad son los sitios más importantes para las aves marinas.

La literatura disponible que consideraron en este estudio abarca 97 años, entre 1922 y 2019. El estudio cubre 11 familias de: Diomedeidae (2 especies), Procellariidae (3), Hydrobatidae (4), Fregatidae (2), Phaethntidae (3), Sulidae (5), Pelecanidae (1), Phalacrocoracidae (4), Laridae (5 especies de gaviota), Alcidae (5) y Accipitridae (1); esta última no es marina, pero su conservación en islas es importante.

Para la mayoría de las islas mexicanas existen estudios y planes de manejo que tienen el objetivo de proteger a estas especies. Sin embargo, frecuentemente estas formaciones se utilizan también con fines de pesca comercial, lo que subraya la necesidad de analizarlas por el traslape de actividades.

Islas con prioridad

El archipiélago de Revillagigedo está en la cima de la lista de sitios con prioridad de conservación. Entre las especies que crían allí, está la pardela de Townsend, la única especie que crece en México considerada en peligro crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés). Históricamente, esta especie crecía en tres islas del archipiélago Socorro, Clarión y San Benedicto. El monitoreo a largo plazo que ha realizado el Instituto de Ecología confirma que permanecen las colonias en el Socorro y Clarión, pero la colonia de San Benedicto no se ha reestablecido después de la erupción del volcán Bárcena. En el artículo los investigadores incluyen que es de suma importancia continuar con el monitoreo en estas islas, para detectar los intentos de recolonización en San Benedicto.

Además, este archipiélago es el único sitio de México en donde crecen el albatros de patas negras, bobo de Nazca y el rabijunco cola-roja. Este sitio también es hogar de la única colonia subtropical de albatros de Laysan en el mundo.

El segundo sitio importante es el archipiélago de San Benito, hogar de más de 3 millones de individuos de diferentes especies, lo que lo convierte en el lugar con mayor abundancia de especies en el noroeste de México. Aquí habitan los mérgulos de Guadalupe (en peligro de extinción) y de Scripps (especie vulnerable), así como la alcuela oscura (también vulnerable).

El tercer lugar lo ocupa el archipiélago de Coronado, el lugar más al sur donde habita paíño cenizo (amenazado) y, a la vez, el sitio ubicado más al norte donde permanecen las colonias del paíño negro y el bobo café.

Pardela mexicana

El archipiélago de San Lorenzo es el cuarto lugar en la lista de prioridad. Esta zona hospeda a 13 especies de aves marinas. Algunas de sus islas albergan cantidades importantes de aves marinas, como la Isla Rasa, donde crece 95% de la población global de la gaviota mexicana (de Heermann) y el charrán elegante. Isla Partida hospeda 80% de la población global de los paíños negro y menor. El archipiélago también cuenta con un porcentaje grande de la población global de la gaviota de patas amarillas. Esta especie se cría en colonias pequeñas, por lo regula de menos de 100 nidos. Su población global se estima en 20 mil pares y principalmente se concentra en el Golfo de California.

En el quinto lugar de prioridad está la Isla Natividad. A pesar de estar cerca del archipiélago de San Benito, esta isla es importante porque alberga 95% de la población global de la pardela negra. Estudios recientes de esta especie indican que su población es mucho menor (42 mil criadores en promedio) al compararla con su estimación previa de 76 mil 570 criadores.

Los retos

Entre los principales retos encontrados a partir del análisis, se encuentran la poca información disponible, la falta de seguimiento a monitoreos por especie y las condiciones difíciles para acceder a algunos sitios de observación, sobre todo donde anidan las aves marinas.

Observaron que la poca información disponible es anacrónica, lo que no permite llegar a conclusiones concretas sobre abundancia de las poblaciones, en relación con la variabilidad temporal de las colonias; se limita a documentar si la especie habita o no, en determinado lugar. Por lo tanto, las abundancias reportadas pueden estar subestimadas.

Los investigadores incluyen que algunos planes de manejo de las áreas naturales protegidas presentan datos de presencia y ausencia. Sin embargo, en ocasiones carecen de registros sobre la residencia de la especie, si migra o se cría en la isla. Por ello, la información sobre presencia y ausencia es dudosa.

Otro factor es la irregularidad de visitas a las islas para la estimación del tamaño de las colonias de aves marinas. Se desconoce si las poblaciones aumentan, son estables o disminuyen. Como los números pueden estar subestimados, el grupo de investigación enfatiza la necesidad de hacer ciencia básica a mediano y largo plazo que se enfoque en las tendencias poblacionales, la influencia de la variabilidad ambiental, las alteraciones y los impactos de los humanos sobre las poblaciones.

Los estudios más detallados que analizaron fueron desarrollados por instituciones académicas de Estados Unidos, estos se centran generalmente en las colonias del Golfo de California.

A pesar de que la literatura consultada cubre un mínimo de la información necesaria, como el tamaño de la población y ecología, ésta ayuda a guiar el futuro de la investigación.

Otra de las observaciones fue que, de los 119 documentos utilizados, 93 fueron creados a inicios de 1990, década en que aumentó significativamente el número de publicaciones. Sin embargo, algunos de los datos analizados fueron recabados hace más de 20 años.

Agregan que la falta de acceso a documentos previo a la era digital puede crear resultados parciales. Una gran cantidad de información sobre el estatus de la población de aves marinas mexicanas está en literatura gris y en ocasiones es de baja calidad o no se tiene acceso a ella.

Los investigadores determinaron que otro de los retos para estimar el tamaño de las poblaciones son las condiciones de difícil acceso a los sitios de anidación. Algunas especies anidan en acantilados y madrigueras; otras tienen hábitos nocturnos.

Por lo tanto, establecen que el número total de especies e individuos presentes en la región puede ser mayor. Para asegurarlo con certeza, los investigadores coincidieron en la necesidad de incrementar los esfuerzos de investigación para obtener un monitoreo más detallado que utilice nuevas tecnologías y métodos de detección, como los conteos con drones y el monitoreo acústico.

Petrel mínimo

Las prioridades

A partir de esta revisión, los investigadores enfatizan que lo más importante es actualizar la información a partir de más investigación científica básica que utilice nuevas herramientas y técnicas para determinar los tamaños poblacionales y sus tendencias. Esto permitirá crear una línea base para comparar con estudios futuros.

Recientemente, con el uso de drones es posible generar fotografías aéreas y construir ortomosaicos georreferenciados para contar madrigueras de aves marinas con un error de detección de 5.6 por ciento. Por ejemplo, con este método y considerando la ocupación de las madrigueras, han estimado que la población de pardela negra oscila en 45 mil pares de reproductores en la Isla Natividad.

Otra técnica es el uso de marcajes y seguimiento satelital para identificar la distribución de las especies, así como el análisis de isótopos estables para determinar la dieta y los movimientos que realizan fuera de la temporada de crianza. Estos métodos han sido aplicados recientemente, en 2019, por la Dra. Cecilia Soldatini y su equipo de trabajo en la Unidad La Paz del CICESE.

Concluyen que hay una falta de información sobre aves marinas en el noroeste de México que necesita recabarse para cumplir con las obligaciones establecidas en la Convención de Diversidad Biológica, la Ley General de Vida Silvestre de la SEMARNAT (2000) y diferentes acuerdos internacionales para proteger a las especies que habitan en las islas de aguas territoriales mexicanas.

En este estudio participaron los investigadores Yuri Albores Barajas, Roberto Carmona y Víctor Ayala Pérez (Universidad Autónoma de Baja California Sur), Horacio de la Cueva (CICESE), Cecilia Soldatini (CICESE Unidad La Paz), Juan Martínez Gómez (INECOL) y Enriqueta Velarde (Universidad Veracruzana).

Mérgulo de Craveri

Palabras clave: Islas, aves marinas, Baja California, conservación

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