La salud pública dependerá de la acuacultura, México en alto riesgo




Ciencias del mar y de la Tierra

“La pesquería de todas las especies a nivel mundial desde hace 30 años ha llegado a su máximo sustentable. Se habla que 60% de las especies está en su máxima explotación y muchas de ellas sobreexplotadas; es la acuacultura la que está dando una alternativa a dicha problemática”.

Sin embargo, aun cuando la importancia de la acuacultura en la salud pública es notable, en México el consumo aparente de productos marinos es 12 kg por año, por persona. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que para mantener una buena salud el consumo adecuado de productos del mar debe ser de tres veces por semana. Con base en ese dato, existe un déficit de 14 kg en la población mexicana, pues el consumo neto es apenas un tercio de lo que se pesca.

Pablo López Domínguez, comisionado de Políticas Públicas y Asuntos Institucionales del Colegio de Oceanólogos de Sonora, señaló lo anterior en el seminario “La salud pública dependerá de la acuacultura: México en alto riesgo”, que ofreció el pasado viernes 9 de noviembre en el CICESE como parte de los festejos conmemorativos del 45 aniversario de este centro de investigación.

Informó que mientras nuestro país gasta menos de 1% del producto interno bruto (PIB) en investigación, una enfermedad como la diabetes costó directamente 1.11 del PIB y cinco veces más que el presupuesto asignado a la SAGARPA y a ciencia y tecnología. “Nos encontramos en los últimos lugares en cosas importantes, pero somos los primeros en aspectos negativos. En México, 1 de cada 2 personas se encuentra fuera del rango de colesterol y triglicéridos; 1 de cada 3 niños padecen obesidad y 7 de cada 10 adultos son obesos, lo que genera enfermedades crónico degenerativas”, comenta Pablo López Domínguez.

De hecho, agregó, en la actualidad 1 de cada 3 mexicanos muere a causa de enfermedades crónicas degenerativas.

Hizo referencia al estudio que lleva por nombre “Efecto de la falta de inclusión de pescados y mariscos en la alimentación de niños y niñas”, aplicado a menores de entre 6 y 12 años, siguiendo el protocolo de cambios en los niveles de colesterol, triglicéridos, ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido araquidónico (AA), en escolares dentro del programa “Prospera” en Zapopan, Jalisco, con ayuda de la Universidad del Valle de México (UVM).

El estudio incluyó la realización de una intervención para capacitar a las madres de familia en la preparación adecuada de productos del mar, con el fin de hacer conciencia de la importancia de su preparación e inclusión en la dieta de los niños.

A su vez, con el fin de fijar el hábito en los pequeños, se les contó un cuento que ayudó a que ellos mismos pidieran incorporar este tipo de alimentos en su dieta. Se prepararon platillos a base de calamar, tiburón, huachinango, atún y sardina. En nivel de aceptación, el calamar quedó en primer lugar, y quedó claro que se deben realizar tres movimientos para incluir estos alimentos en la dieta de los niños: intervención educativa, clínica y nutricional.

Por medio de estudios de dislipidemia (trastorno de lípidos y lipoproteínas en la sangre), se encontró que 100% de los niños presenta inflamación celular, la cual provoca la activación falsa del sistema inmunológico. El desactivador para este problema es la ingesta de omega 3 y ácido heptanoico, junto con ejercicio físico. Esto, en conjunto, realiza la función de una vacuna. Una vez que se activa la inflamación celular las probabilidades de tener una enfermedad crónica degenerativa son de 58%.

La nutrición antiinflamatoria es la capacidad de ciertos alimentos para reducir la activación del gen NFKB. Para ello es necesario reducir el consumo de omega 6, y cuidar el balance entre el omega 3 y 6. Actualmente ese balance se encuentra en 1 a 4, la media nacional es de 1 a 12, y en Jalisco se encuentra en 1 a 20. Como solución se propone aumentar el consumo de omega 3 y reducir el consumo de omega 6, acompañado de ejercicio físico.

Además de inflamación celular, en algunos casos los niños presentan dislipidemia, enfermedad crónico degenerativa sobre los niveles excesivamente elevados de colesterol y grasa en la sangre. Uno de cada dos niños presentaba la enfermedad; esto es, un 49%. “Esta es la primera generación que va a ser enterrada por sus padres, pues la expectativa de vida se reducirá a 25 años”, dice Pablo López Domínguez.

Como acción instantánea, se les entregó a las madres de familia una hielera con un kilo de pescado cada mes, con lo que se logró disminuir 2.41% el sobrepeso y 2.23% la obesidad (considerando ambos se redondea en 5%). Gracias al consumo de ácido docosahexaeoico (DHA), incrementó el nivel cognitivo de los niños, ayudando al desempeño escolar y el aumento en sus calificaciones. Por otro lado, dentro del segundo estudio realizado en el lago de Chapala, donde consta que existe consumo de pescado, únicamente 17.96% presentaba inflamación celular.

Como causa de violencia, la alimentación forma parte de las causas que la provoca, ya que no se traen en la sangre los elementos de racionamiento.

La Dra. Marcela López, titular del área de Investigación Clínica en Humanos de la Secretaría de Salud en Jalisco, declara: la nutrición antiinflamatoria en niños en edad escolar de 6 a 12 años actuará como una vacuna para enfermedades crónicas degenerativas, y esto es aceptado por la Organización de la Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO) 

Como solución a esta problemática, se propone sumar la ciencia, el desarrollo tecnológico, la producción, educación y salud, por medio del Programa Mexicano de Escuelas con Sustentabilidad Alimentaria (PROMESA), donde se incluya a 7.5 millones de niños. Se necesitan 750 mil toneladas de alimento, tres veces más de lo que se produce actualmente, para impactar a escuelas de tiempo completo. El país necesita 5.5 millones de toneladas para abastecerse.

La accesibilidad a los productos es una de las estrategias que se busca implementar pues 80% de la población mexicana no tiene acceso a productos marinos por ubicación y altos precios. Tres de los puntos que se buscan solucionar con esta estrategia son:

- Desarrollar la acuacultura.

- Generar cerca de 200 mil empleos directos y 1 millón de empleos indirectos.

- Disminución del gasto en salud pública y aumento en la productividad en investigación, desarrollo y tecnología.

Esto, por medio de reformas estructurales y administrativas, entre ellas la desincorporación política de la acuacultura del régimen pesquero, la descentralización como acción para hacer más efectiva y eficaz la administración de los recursos naturales, y un plan económico.

Para ello se realizó una reunión con el equipo de transición del nuevo gobierno en la que participaron la SAGARPA, la Dra. Carmen Paniagua, investigadora del CICESE, él en representación del Colegio de Oceanólogos de Sonora y representantes de los gobiernos de Yucatán, Campeche, Tamaulipas, Tabasco y Baja California, cuyo propósito fue construir un puente entre la ciencia y la tecnología por medio de una propuesta que separe la acuacultura y la pesca de la actual Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentable.

Como la Ley Reglamentaria del artículo 5to constitucional los faculta para generar propuestas de políticas públicas y participar en las cámaras de diputados y senadores, propusieron una reforma estructural que derivará en una Ley de Pesca Responsable y, aparte, en una Ley de Acuacultura Sustentable.

Informó también que con base en datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), actualmente se produce el mismo nivel de alimentos por medio de la acuacultura que por pesca, y que para 2025, 57% de los productos acuáticos que se consumirán serán producidos por medio de la acuacultura. Actualmente el consumo de estos productos en México es parecido al de otros países subdesarrollados.

Por ello, uno de los mecanismos que se utilizaría para acercar estos productos a personas de bajos recursos, es reestructurarlos haciendo una pulpa (del producto marino) para extraerle el mayor provecho y, así, lanzarlos al mercado. Su precio de producción estimado sería de aproximadamente 10 pesos, y para financiar esto se buscaría aumentar 10% las importaciones de bebidas azucaradas, “todo esto con el fin de ayudar a la salud de la población de la mano con la acuacultura”.

 

Palabras clave: acuicultura, Pablo López, Colegio de Oceanólogos, salud pública

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