¿Cuánto carbono arroja la ciudad de Ensenada a la atmósfera?


Principal aporte: El tráfico de vehículos



Ciencias de la vida

 

Del total de emisiones de carbono a la atmósfera que arroja anualmente la ciudad de Ensenada (más de 400 mil toneladas), 70% ciento proviene del uso de vehículos y de la fábrica de cemento que opera aquí desde 1958, mientras que el tercer aporte significativo (13%) es la generación de electricidad, según un estudio realizado por el CICESE.

Si se buscara compensar estas emisiones y llegar a un equilibrio de cero impacto, sería necesaria un área verde de casi 11 mil kilómetros cuadrados; esto es, el equivalente a 4.6 veces el tamaño de la Ciudad de México.

Además, se compararon las emisiones de carbono que generan los habitantes de Ensenada con las que producen los residentes de Chula Vista, California, y resultó que las emisiones de CO2 equivalente son menores en este puerto que en aquella ciudad californiana: 3.6 toneladas por habitante por año contra 4.4, debido principalmente a que allá tienen mayor consumo per cápita de gasolina y energía doméstica, y a pesar de que Ensenada es una ciudad más industrial y con mayor densidad de habitantes por kilómetro cuadrado.

Estos resultados forman parte del artículo “Carbon Flux of an Urban System in México”, publicado por Stephen Bullock, Martín Escoto, Stephen Smith y Alejandro Hinojosa en la revista Journal of Industrial Ecology en 2011.

Para poner en contexto la importancia de las emisiones de carbono de las ciudades y su impacto en el cambio climático, el Informe Global sobre Asentamientos Humanos 2011 del programa Habitat de Naciones Unidas establece que las ciudades en el mundo son responsables por hasta 70% de la emisión de gases de efecto invernadero, mientras que sólo ocupan 2% de su suelo.

El corazón del problema radica en lo que sucede en las ciudades y en cómo administran su impacto en el medio ambiente, advierte el informe. “Pero también son lugares en donde se pueden hacer las principales acciones de  mitigación”, indicó el director ejecutivo de ONU-HABITAT, Joan Clos.

 

 

Un problema adicional es que las ciudades están creciendo. Se estima que para 2030, 59% de la población mundial vivirá en áreas urbanas, y en países desarrollados la cifra puede llegar a 81%. Mientras tanto, en los países en vías de desarrollo se proyecta un promedio aproximado de 55% para 2030.

Cada año se ve un aumento de 67 millones de nuevos residentes urbanos,  91% de los cuales se suma a ciudades de países en vías de desarrollo. En México la preeminencia urbana se alcanzó a finales de los años 70 y se estima que para mediados de siglo habrá más de 20 ciudades con más de un millón de habitantes.

De acuerdo a la Alianza de Ciudades sin Emisiones de Carbono, una iniciativa creada en 2014 en Copenhague y signada por 17 ciudades en 9 países, “para evitar los impactos más graves del cambio climático se requiere una reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de como mínimo un 80% en 2050. Como las zonas urbanas representan casi tres cuartas partes de las emisiones de la humanidad, conseguir este objetivo dependerá en gran medida de nuestra capacidad para replantear y reinventar las ciudades de manera que promuevan la prosperidad económica, la igualdad social, la mejora de la calidad de vida y la resiliencia al clima.”

Mientras esto ocurre, los datos de emisiones que arrojó el estudio del CICESE son difíciles de asimilar y comparar (de aprovechar, en los términos que propone el grupo de Copenhague para replantear y reinventar las ciudades) porque son muy pocas las ciudades mexicanas que tienen contabilizadas sus emanaciones.

¿400 mil toneladas de CO2 por año es la emisión que se esperaría para una ciudad como Ensenada? “Es difícil establecer qué es lo que se espera para una ciudad porque hay bien poquitas cuentas así, de ciudades”, señaló en entrevista Stephen Bullock, investigador del Departamento de Biología de la Conservación del CICESE. Y hay pocas porque metodológicamente es bien difícil hacer estimaciones así.

El estudio

Si bien la cuenca hidrográfica donde se asienta la ciudad de Ensenada cubre casi 5 mil km2 (69% revestida por tierras arbustivas naturales y bosques, y menos de 22% por campos agrícolas) el área estrictamente urbana cubría 68 km2 al momento del estudio (2005) con una densidad de población de 3.8 personas por km2. Estas cifras provienen de las secciones censales urbanas definidas en 2004 por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

El estudio concluye que la fuente más importante de carbón son los vehículos que circulan en la ciudad, superando a las emanaciones de la planta cementera (la quema de la roca para producir el cemento es un proceso que libera mucho bióxido de carbono). Ambas fuentes constituyen aproximadamente 70% del total.

Sobre la electricidad, Stephen Bullock dijo que representó casi 13%, del cual aproximadamente 22% fue atribuible a la fabricación de cemento, bombeo de agua y a la fábrica más grande. Otro aspecto a considerar es que si bien la electricidad se produce en Rosarito es aquí donde se consume, por lo que la cuenta del gas que se requiere para generarla se sumó a la estimación de emisiones de Ensenada.

En este marco, la producción total de la ciudad fue de alrededor de 464 gigagramos de carbón por año (Gg C / año) en 2005, por lo que el flujo de salida per cápita fue de aproximadamente 1.8 megagramos de carbón por año (Mg C / año) con la economía actual (aproximadamente 6.6 Mg CO2 equivalente).”

Nota: 464 gigagramos de carbón equivalen a 464 mil toneladas. 1 megagramo equivale a 1 tonelada.

El aporte de estas tres variables (combustión, electricidad y producción de cemento) es tan grande que las otras contribuciones apenas si importan, pero aún así se consideraron.

Tal es el caso del calentamiento del agua y la preparación de alimentos (7%) y la respiración humana (6%) donde los cálculos se hicieron tomando en consideración sexo, edad y tipo de actividades. Los desechos sólidos (basura, 6%) se exportaron para su confinamiento, pero el flujo a la bahía fue menor (alrededor de 0.1 Gg C / año). La depositación local se limitó a lodo de aguas residuales (aproximadamente 2 Gg C / año, de las plantas de tratamiento de aguas negras), asfalto y a una producción primaria extremadamente baja dentro de la ciudad.

Si no consideramos los vehículos, la emisión interna de carbono fue de aproximadamente 18% (alrededor de 0.31 Mg C / persona / año). La energía doméstica (electricidad y propano) constituyó 8% del flujo de salida de C de la ciudad.

¿Y a dónde va todo este carbono? Los resultados demuestran que la atmósfera recibió 94% del flujo, el océano recibió 0.02% y el resto fue depositado en tierra.

Ahora bien, ¿cómo midieron el aporte de los vehículos? “Lo que medimos no es la cantidad de carros y qué tan eficientes son los motores, porque la mayoría no están registrados, y hacer un muestreo de ellos sería muy ineficiente. Entonces fuimos más directamente al combustible: cuánta gasolina se vende aquí. En un balance, lo que se vende en Ensenada es más o menos lo que produce Ensenada de gases. Es una ecuación simple. No nos preocupamos por cuáles compuestos químicos salen en la combustión (porque no todo es bióxido de carbono), pero sí podemos saber cuánto equivalente de bióxido de carbono sale de la combustión de esta gasolina”.

En esta cuenta se consideraron además de la gasolina, el diesel y el gas LP.

A su criterio, lo más importante que se puede hacer para disminuir estas emisiones es reducir el uso de los vehículos. El problema no está en usar motores más eficientes, sino en la mala planeación urbana que hace que la gente viva en un lado, que las escuelas estén en otro y los centros de trabajo en otro más alejado. “La gente lleva y trae a sus hijos de un lado para otro, y luego tienen que trasladarse para ir a trabajar. Hay gente que vive al sur de la ciudad y trabajan en El Sauzal, y todo el día están gastando gasolina para llegar, ya sea en el transporte público o en su propio carro. Si se pudiera reducir el movimiento de la gente, sería una disminución muy grande de emisiones”.

El artículo señala: “Las maquiladoras, que sumaron 122 empresas con 16,888 empleados en 2006, han sido un factor importante en el crecimiento de la población a través de la inmigración de otros estados en México. La proximidad a la frontera también ha significado un suministro abundante de automóviles con precios accesibles (usados), y se han hecho pocos esfuerzos para mejorar el tránsito masivo o para hacer cumplir las leyes sobre el registro de vehículos o las condiciones de operación”.

También es cierto que hoy en día se ven muchos más autos nuevos en Ensenada. “En 1991 cuando yo llegué a vivir a Ensenada había carros viejos por todos lados que se compraban como chatarra en el otro lado y los traían aquí. Y en los últimos 5 años hay mucha más gente que compra autos nuevos. Pero siguen entrando muchos (carros viejos) todavía”, señaló el investigador.

 

Salidas de C vs asimilación

Otro de los objetivos del estudio fue comparar el flujo de carbono urbano (es decir, cuál es el total de emisiones de carbono a la atmósfera que arroja anualmente la ciudad de Ensenada) con la producción y el metabolismo de los ecosistemas adyacentes.

Para entender esto se estimó inicialmente la producción primaria neta de la vegetación seminatural y la agricultura en esta cuenca, una variable esencial que mide, entre otras cosas, la entrada de energía a la biosfera y la asimilación de CO2 terrestre. Para esto se consideró un estudio previo (2007) donde participó el mismo grupo académico del CICESE, al que le sumaron datos tomados de satélite, de modelos globales basados en el clima y datos de campo de una cuenca similar en el sur de California. Así, se estimó en 400 g C / m2 / año.

Pero en un ecosistema existe una respiración significativa debida al crecimiento y mantenimiento de plantas, animales y microbios. Por ello la productividad neta del ecosistema debe ser menor a la productividad primaria neta, que se refiere solo a la de las plantas verdes.

J. T. Randerson y colegas, en un estudio publicado en 2002 en la revista Ecological Applications, sugiere que en general la productividad neta del ecosistema alcanza apenas 10% de la productividad primaria neta. Así, se estimó que la productividad primaria neta de Ensenada es de 40 g C / m2 / año. “Esta estimación está respaldada por una cifra similar (…) de aproximadamente 50 g C / m2 / año, que recientemente (2007) se derivó de estudios de covarianza de vórtices en un área algo más húmeda del sur de California.

“En comparación, el flujo de salida de C a la atmósfera desde Ensenada en 2005 fue de aproximadamente 6.421 g C / m2 / año. Esto indica que el flujo de C urbano a la atmósfera era aproximadamente 160 veces la cantidad de carbono capturado en los ecosistemas seminaturales vecinos, sobre una base área. Se necesitarían unos 10,916 km2 del paisaje actual para compensar a Ensenada (sin considerar la descomposición de los desechos depositados en la tierra), que se extendería mucho más allá de la cuenca hidrológica natural de 4,900 km2”.

Esto es: Se necesitaría una cobertura de vegetación verde equivalente a 4.6 veces el tamaño de la Ciudad de México (2 mil 370 km2) para compensar (capturar) las emisiones de CO2 a la atmósfera que genera Ensenada.

Comparan Ensenada con Chula Vista

En el estudio se cotejaron y compararon algunos patrones (uso doméstico de electricidad, CO2 equivalente por superficie, per cápita y a partir de gasolina, densidad poblacional, entre otros), de Chula Vista, California, y de Ensenada, porque son casos de estudio que comparten algunos rasgos geográficos (vegetación nativa, clima) pero diferente cultura y tipo de economía.

Por ejemplo, Ensenada depende de pozos locales para su abastecimiento de agua y tiene un largo historial de racionamiento, a diferencia de Chula Vista, donde casi toda se importa. Esto lleva a otra diferencia notable: el verdor de ambas ciudades. En Ensenada el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI) promedio es muy bajo (0.06, a finales de primavera de 2005), mientras que en Chula Vista se puede medir hasta la productividad primaria neta que aporta la ciudad (NDVI promedio de 0.18).

El consumo doméstico de electricidad también puede reflejar contrastes transfronterizos. El de Ensenada es solo 40% del consumo por hogar en Chula Vista, a pesar de tener más ocupantes por hogar. Un factor que contribuye a esta diferencia puede ser la rareza tradicional en Ensenada de los sistemas de calefacción y refrigeración de espacios domésticos, debido en gran parte al rango de temperatura moderado por el océano y por la pobreza relativa de sus habitantes.

La comparación adicional de Chula Vista y Ensenada se ha limitado al flujo de C a la atmósfera (CO2 equivalente): si se excluye la planta de cemento, las dos ciudades son sorprendentemente similares en emisiones per cápita: 3.6 Mg / per cápita / año en Ensenada, versus 4.4 en Chula Vista, en 2005. La similitud aparentemente se debe a que Ensenada es una ciudad más industrial, a pesar de que Chula Vista tiene un mayor consumo per cápita de gasolina y energía doméstica que Ensenada.

El estudio concluye: “Los cambios en los factores externos han impulsado cambios en el funcionamiento de la ciudad a través de una variedad de vocaciones en aproximadamente 130 años. ‘Sostenido’ es una palabra familiar en la retórica de la política pública, pero el objetivo es el crecimiento sostenido, no las condiciones sostenidas. De 2000 a 2005, la población aumentó 14.7%, y en el mismo período, el consumo per cápita de combustibles para motores de combustión aumentó 9.3% (mientras que el consumo de electricidad per cápita fue esencialmente constante), lo que representa un deterioro sustancial afectado por elección personal y cultura, fuerzas del mercado, ‘planificación’ urbana y políticas federales (…) También resalta los roles de la cultura, la historia y el entorno natural al afectar la estructura del flujo de carbono, así como la desproporción con la productividad neta del ecosistema local, a pesar de la persistente limitación en la disponibilidad de agua de la ciudad”.

 

Palabras clave: CO2, carbono, emisiones de carbono, Stephen Bullock

anterior