“El viajero vuelve al camino”: Jonatán Peña Ramírez




Semblanzas

 

"No es verdad. El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso éstos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: 'No hay nada más que ver', sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino".

-Viaje a Portugal, José Saramago.

 

 

 

 

"El viaje no acaba nunca..."

Jonatán Peña Ramírez nació en Tulancingo, Hidalgo. Es el mayor de 5 hermanos. Su infancia transcurrió tranquila y armoniosa. 

Su madre, maestra de profesión, le inculcó el amor al estudio. Y su padre, el interés por los mecanismos que hacían funcionar una máquina, en este caso los trenes. 

La casa donde vivía Jonatán y su familia se encontraba cerca de las vías del tren. Las mismas vías que su padre recorrió una y otra vez en sus años de maquinista.

Cuando el tren pasaba por su casa, él y sus hermanos no dudaban en acompañar a su padre en su jornada. A pesar que era la misma ruta todos los días, la consideraban fascinante. 

“Los paisajes que llegas a ver cuando viajas en tren son increíbles. Al subirme sentía mucha emoción, era como si el tiempo se detuviera. Durante el viaje me la pasaba preguntándole a mi papá ¿cómo controlas el tren? ¿por qué aquí vamos más despacio? o ¿por qué aquí más rápido? Los mecanismos de la máquina me llamaban mucho la atención”, comparte Jonatán Peña. 

La admiración que sentía hacia su padre y el interés por las máquinas lo llevaron a tomar una decisión. ¡No había duda, de grande quería ser ferrocarrilero!

Su padre se negó. “El trabajo de ferrocarrilero es muy esclavizante, ustedes deben estudiar”, les mencionaba constantemente. 

“Mi papá trabajaba días festivos, domingos y vacaciones. Por eso nos decía que ser ferrocarrilero nos iba a esclavizar. Y cada que le decíamos, un hermano y yo, que queríamos dedicarnos a eso, nos apagaba la intención”. 

Jonatán, encontró la manera de satisfacer su curiosidad por el funcionamiento de las máquinas. Durante el bachillerato, eligió la carrera de Técnico Electromecánico en el CONALEP de su natal Tulancingo. 

El brinco a la universidad se dio de manera natural –comparte Jonatán-, pues el camino parecía ya estar trazado. Ingresó a la ingeniería en Electrónica y Telecomunicaciones en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). 

Durante el primer año de licenciatura combinó estudio y trabajo. Tarea que no fue nada fácil. 

“Trabajaba de 5 a 12 del día en el Departamento de Mantenimiento de una empresa que producía lácteos. A las 12:30 tomaba un autobús de Tula a Hidalgo, tardaba unos 45 minutos. Entraba a la universidad a las 2 de la tarde y a las 9 de la noche tomaba el autobús de regreso a Tulancingo, llegaba a mi casa a eso de las 10 de la noche. Sábado y domingo también trabajaba en la empresa”, expresa. 

Fue un año muy demandante. Del cansancio se quedaba dormido en el trayecto de Tula a Hidalgo. En ese momento pensó en que debía tomar una decisión, seguir con la escuela o continuar con su trabajo en la industria. Y decidió enfocar su tiempo y energía en estudiar. 

Estando ya enfocado en sus estudios se dio cuenta que había "algo" más allá de la ingeniería. Unos semestres antes de egresar, viajó a la Ciudad de México a una Feria de Posgrado. 

La fotografía de un atardecer naranja con una isla de fondo llamó su atención; era el CICESE. Ivonne Best, quien fue colaboradora en la Dirección de Estudios de Posgrado, le mostró las opciones de maestría y doctorado que ofrece el centro. 

“Vi que tenían la maestría en Electrónica y Telecomunicaciones, leí el plan de estudios y pensé ‘esto es para mí'”, comenta sonriendo Jonatán. 

Al egresar de la ingeniería solicitó entrar al CICESE y al CINVESTAV en Guadalajara. La respuesta de éste último llegó primero. Jonatán se encontraba realizando el curso propedéutico para entrar al CINVESTAV cuando recibió el correo de aceptación por parte del CICESE. 

“¡Me voy al CICESE!” 

 

 

“El fin de un viaje es sólo el inicio de otro…”

“¡¿Qué estoy haciendo aquí?!” Esto fue lo primero que pensó al bajar del avión y tener sus primeras impresiones de la ciudad de Tijuana. 

“Era la primera vez que salía, tan lejos, de mi casa. Cuando bajas del avión en Tijuana y ves el muro con un montón de cruces, piensas '¿a dónde me vine a meter?'. Pero conforme avanzas por la carretera escénica el sobresalto va pasando”.

Los primero días en la nueva ciudad fueron difíciles. Sin embargo, Jonatan no tardó mucho tiempo en adaptarse a la rutina que ofrece el CICESE y la ciudad.

Estudiar, jugar futbol, ir a la playa y visitar la ruta del vino, fueron algunas de sus actividades favoritas durante sus estudios de posgrado. 

“En la maestría (2005 a 2007) trabajé con el Dr. Joaquín Álvarez. Diseñamos estructuras de control para sistemas mecánicos. Hicimos que un robot industrial realizara ciertas tareas, el laboratorio donde trabajamos estaba ubicado en la UABC de Mexicali”, comparte. 

Cuando Jonatán terminó sus estudios de maestría, les comunicó a sus padres su intención de continuar con el doctorado, pero ahora en el extranjero. 

— “¿Cómo le vas a hacer? ¿una beca para el extranjero? ¿estás seguro que te van a pagar el viaje?” 

Estas fueron algunas de las preguntas que le hacían sus padres tras comunicarles su decisión. 

“Mis papás estaban muy emocionados. No podían creer que me iba al extranjero. Les llamaba mucho la atención que les dijera ‘Me voy a ir a tal lugar’ y luego que llegara y dijera ‘Ya me voy’. Ellos me decían —‘¡Ah, no nada más es un plan, sino ya es un hecho!’”   

El lugar donde Jonatán había decidido estudiar el doctorado, era en la Universidad Tecnológica de Eindhovenen, en Holanda, con el Dr. Henk Nijmeijer. El Dr. Joaquín Álvarez lo puso en contacto con él y así inició todo.  

Junto con el Dr. Nijmeijer, Jonatán comenzó a trabajar en una de sus actuales líneas de investigación, sincronización de sistemas dinámicos.  

“La sincronización se podría entender como la coincidencia en el tiempo de dos o más eventos. El estudio y aplicación de este fenómeno requiere trasladar cuestiones de la naturaleza a cuestiones de aplicaciones. Por ejemplo, las aves baten sus alas al mismo tiempo para ahorrar energía, entonces, si tienes un grupo de drones, pues puedes hacer que estén sincronizados y que vuelen en una cierta formación de manera coordinada, para que el consumo y la fricción al aire sea mínima, y así te dure más la pila. Básicamente es tratar de entender por qué ocurre la sincronización en la naturaleza y después usar ese conocimiento para hacer que dos cosas que no hacen lo mismo, lo hagan”.

Al principio –comenta- estaba muy nervioso, ya que consideraba que su inglés no era perfecto. Sin embargo, el proceso de adaptación en Holanda se dio muy rápido. Un estudiante mexicano le brindó apoyo durante los primeros días y le mostró un par de lugares. 

“Donde vivía era un ambiente internacional. Mis vecinos eran de Pakistán, Turquía, Lituania y Francia. Estando en Holanda tuve la oportunidad de viajar, por congresos y para conocer, a Bélgica, Alemania, Italia y España” 

Al final el idioma no fue problema, a pesar de que “no podía hilar ninguna palabra en Holandés”. Su nivel de inglés fue suficiente para moverse en la ciudad y en su trabajo académico. 

Donde el idioma sí se convirtió en un reto fue en Japón.  

“Una vez terminado mi doctorado, tuve la oportunidad de realizar una estancia posdoctoral en el Instituto de Ciencia Industrial en la Universidad de Tokio y colaborar en el proyecto “Modelado matemático de sistemas y sus aplicaciones en el mundo real”. El proyecto era muy grande, trabajábamos como 50 doctores, la mayoría japoneses, y muchos millones de yenes”, expresa sonriendo. 

Japón ha sido el país que más ha disfrutado. Pues “está lleno de retos”, desde las barreras para comunicarse con sus colegas japoneses, la comida cruda, los empaques “extraños” en el supermercado, hasta dormir en tatami. 

“Lo que más me llamó la atención de Japón, fue lo ordenados y respetuosos que son lo ciudadanos. Por ejemplo, en el tren a pesar de que son miles de personas, nadie se empuja. Todos suben ordenadamente, eso me gustó mucho”, explica Jonatán.

 

 

“Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado…”

La añoranza por México comenzaba a hacerse presente. Al terminar el primer año de su posdoctorado en Japón, le ofrecieron la oportunidad de quedarse tres años más. 

“Del CICESE tenía muy buenos recuerdos. Creo que Ensenada ofrece calidad de vida, es una ciudad tranquila y agradable. Siempre decía que si algún día regresaba a México me gustaría regresar al CICESE” 

¡Y así fue! Jonatán regresó al centro para realizar una segunda estancia posdoctoral con su director de tesis de maestría, el Dr. Joaquín Álvarez. 

Tiempo después se abrió la posibilidad de someter un proyecto como Cátedra CONACYT, y desde septiembre de 2015 se incorporó como investigador de cátedra en el Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones del CICESE.

Jonatán se encuentra trazando caminos nuevos sobre pasos ya dados. El viajero vuelve al camino”.

 

Para conocer más del trabajo de Jonatán Peña puede:

-Escuchar: https://bit.ly/2RAygkM  

-Leer: https://bit.ly/2RCzWKn  

Palabras clave: Jonatan, semblanza, Electronica

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